Los perros de Pavlov

Alfons Salmerón

Hace casi cuarenta años caía en mis manos un libro cuyo recuerdo todavía hoy me acompaña, Un mundo feliz de Aldous Huxley. Nos lo había recomendado la profesora de Ética, cuando se enseñaba ética en los institutos, y el azar quiso que aquel mismo mes fuera el libro escogido por mi madre del catálogo de Círculo de Lectores.

Ha llovido mucho desde entonces, tanto que aquel chaval de apenas dieciséis años, introvertido y curioso a partes iguales que empezaba a adquirir conciencia y compromiso social,  apenas podía imaginar que aquella distopía que lo atrapó durante unas semanas se pareciera tanto a la realidad que hoy vivimos.

Me vino a la memoria aquel libro hace un par de semanas mientras me documentaba para preparar una charla sobre salud digital para una escuela del municipio donde resido. No sé si tienen muy presente aquel texto que, junto a la otra gran distopía del siglo pasado, 1984, tanto nos hizo reflexionar sobre el control social, pero lo cierto es que el tiempo en el que vivimos se parece bastante a aquella sociedad, que inspirada en los principios del conductismo, aplicaba un eficaz modelo de dominio de clase unánimente aceptado por sus súbditos, en el que el control y la gestión del placer devenía el instrumento imprescindible para disolver lo colectivo al servicio de la productividad y la elevación de la libertad individual a los altares de la jerarquía de valores.

En la era del capitalismo digital vivimos atrapados en el algoritmo y el circuito de la dopamina de las redes sociales. Aparece en la pantalla un estímulo que por alguna razón te gusta, tu cerebro libera dopamina y repite hasta la extenuación la misma conducta esperando la misma recompensa hasta que quedamos atrapados en un bucle interminable de expectativa y frustración. Así lo explica la campaña de prevención en salud digital que unas compañeras han preparado para las familias usuarias del servicio público en el que trabajo con el objetivo de prevenir de los efectos nocivos que el uso de las pantallas tiene en el desarrollo infantil. Pavlov le llamó a ese mecanismo condicionamiento clásico. No estoy descubriendo nada nuevo. Hace décadas que se aplica a las estrategias publicitarias, pero los cachorros de Slicon Valley exprimieron al máximo todo su potencial.

Sus efectos en la salud mental y el desarrollo infantil son ya evidencia científica. Una epigenética nociva para el neurodesarrollo y la salud mental. Trastornos del desarrollo del lenguaje, de la relación y la comunicación, trastornos de aprendizaje y déficits en las funciones ejecutivas guardan una correlación significativa con la exposición a las pantallas de los más pequeños. En los adolescentes, se ha hallado evidencia en su relación con la depresión y el riesgo de suicido entre otros.

Si lo llevamos al campo de la Sociología, podríamos hablar de sus efectos perniciosos en el establecimiento de vínculos sociales y comunitarios. Estamos más conectados que nunca y paradójicamente, nunca estuvimos tan aislados. Cada cuál en su burbuja de autoerotismo digital viviendo en un espejismo libertad, que sólo lo es en apariencia. El algoritmo dos dicta lo que tenemos que consumir, las canciones que debemos escuchar, las películas o series que tenemos que ver, el último cachibache tecnológico que hemos de adquirir para conseguir las cuotas más altas de la ansiada libertad.

Si lo miramos desde el campo de la ética y la filosofía, resulta muy inquietante comprobar cómo llevamos décadas ofreciendo de manera gratuita lo más íntimo de nosotros a corporaciones sin escrúpulos. Quien controla el big data controla el poder, el poder que les hemos cedido gratuitamente.

Es probable que no existiera una estrategia política premeditada detrás de todo esto, pero resulta muy tentador pensar lo contrario cuando observamos a todos los gigantes del capitalismo digital sentados en la mesa de Trump. No se conforman con haber conquistado el poder económico, sino que también aspiran ahora a conquistar todo el poder político. Visto así, la realidad se parece demasiado a un mal sueño o a la más inquietante distopía política, como la que dibujaba Huxley en su mundo feliz.

El orden internacional que conocíamos hasta ahora está siendo sustituido sin ningún tipo de oposición por una oligarquía de estos nuevos emperadores. Asistimos atónitos desde la pantalla de nuestro smartphone a un nuevo orden que desprecia todos los consensos de los que nos habíamos dotado desde mediados del siglo pasado, y apenas podemos sentir el miedo de un incipiente escenario internacional que dinamita las instituciones democráticas en nombre de la libertad individual del hombre blanco.

Un nuevo fascismo global, que da menos miedo porque lo vemos a través del filtro de la pantalla, intoxicados de Dopamina. ¿Cómo puede explicarse si no la prácticamente inexistente respuesta social que ha tenido, y lo digo en pasado porque ya se ha producido sin remedio, el genocidio de Palestina? ¿Cómo se explica que nos mantengamos congelados ante la propuesta de Trump de convertir Gaza en una especie de ribiera maya en el Mediterráneo? ¿Cómo no estamos ya en la calle ante las propuestas de deportaciones masivas? Me pregunto si hubiera sido posible hoy en día la respuesta pacifista a escala mundial que tuvo hace más de 20 años la Guerra de Irak. Mucho me temo que no y la nueva era digital en la que estamos inmersos tiene mucho que ver en ello. Mientras la barbarie avanza seguimos ensimismados detrás de la pantalla, intoxicados de dopamina, esperando una recompensa que nunca llega. Seguimos salivando, inmóviles esperando la comida en lugar de salir a buscarla. Como los perros de Pavlov.

4 comentarios en “Los perros de Pavlov

  1. Muy bien expuesto. En lo de «Me pregunto si hubiera sido posible hoy en día la respuesta pacifista a escala mundial que tuvo hace más de 20 años la Guerra de Irak. Mucho me temo que no y la nueva era digital en la que estamos inmersos tiene mucho que ver en ello.» hay una confluencia clara con lo que otros señalamos respecto a que esta vez lo del cambio político viene más complicado por el tema de las redes. Experimentamos cambios cognitivos que están afectando a nuestras actitudes y conductas, de modo que o salimos de ese mátrix o el mundo será de los que lo gestionan.

  2. Muchas cosas, pero curiosamente el miércoles iba de camino a una reunión política en el metro y el chaval veinteañero que iba a mi lado leía lo leía en papel. Yo no lo leí.

    De la repuesta de Irak, juegan 2 cosas la posición del entorno del PSOE en su momento y que EEUU es una aliado militar nuestro claro, e Israel es otra cosa. Lo de aliado igual es demasiado benevolente respecto a nuestra posición.

    Respecto a todo lo tecnológico está cierto sentido de la comodidad y por otro lado que nos conmina en redes a una respuesta rápida. Y cualquiera que haya visto una película de timadores a lo Tony Leblanc, se da cuenta que cuando nos piden una respuesta rápida, en este caso a que impartamos justicia, nos están timando.

  3. Yo me reafirmo en la irresponsabilidad paternal. Es más sencillo no lidiar con un hijo pegado a una pantalla desde bebé que inculcar valores a través del ejemplo y la lectura.

  4. Hamás, Irán y Hezbolá han hecho declaraciones explícitas llamando a la destrucción de Israel. En contraste, dentro de Israel existe una comunidad árabe-palestina con derechos políticos, ciudadanía y representación parlamentaria, lo que no encaja con la idea de un Estado genocida en el sentido de la Convención de la ONU.

    Si Israel tuviera una política sistemática de exterminio de los palestinos como grupo, no existiría una comunidad árabe-palestina con derechos dentro del país. La violencia en Gaza y Cisjordania responde a un conflicto militar y territorial, no a una política de exterminio absoluto.

    Sin embargo, la dureza de la represión, los bloqueos y la destrucción masiva de infraestructuras en Gaza han generado acusaciones de crímenes de guerra o crímenes contra la humanidad, que son diferentes del genocidio.

    Reconstruir Gaza sin garantizar que Hamás no retome el control es un problema estratégico para Israel y para la comunidad internacional.

    Algunas opciones que se han discutido incluyen una administración internacional temporal ; que la ONU o una coalición de países árabes gestionen la reconstrucción sin Hamás ; y quizá un Gobierno palestino alternativo con la finalidad de transferir el control a la Autoridad Palestina, muy debilitada desde 2007.

    Al mismo tiempo se estudia condicionar la ayuda internacional para asegurar que los fondos y materiales no sean desviados para reconstruir la infraestructura militar de Hamás.

    El problema es que Hamás sigue teniendo apoyo en Gaza y cualquier intento de control externo puede generar resistencia. Israel no quiere una ocupación prolongada, pero tampoco permitir que Gaza vuelva a ser una base de ataques.

    Es deseable que la comunidad internacional condicione con su colaboración la gestión de la posguerra para evitar que el ciclo de violencia se repita y modere el uso de la fuerza y los crímenes de guerra que de ella se derivan.

    Nunca han sucedido las revoluciones en los modos de producción sin desajustes y de una forma previsible .

    Ante la ansiedad de Trump por firmar órdenes ejecutivas quemando etapas y apartando de un manotazo las reservas legales – ya se están presentando resistencias en la mayoría de los estados – es probable que surjan una maraña de obstáculos de cualquier orden que produzcan los famosos efectos indeseados .

    Y aun con todo , no existe un fascismo global .

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