Carlos Hidalgo
El sábado, cuando me dijeron que Guillermo Fernández Vara había empeorado gravemente, no quise pensar en lo que podía pasar después. No conocí al expresidente de Extremadura personalmente, más allá de haber conversado brevemente con él en un par de ocasiones, pero sí conozco bien a personas que estaban muy en contacto con él. Y a nadie le escuché una mala palabra. Todos coinciden en que era tal y como parecía: modesto, agradecido, buena gente, conciliador, honrado hasta la exasperación y con vocación de servir a los demás.
Normalmente nadie se cree que alguien con esas cualidades personales pueda llegar a nada en política y menos a presidente de una comunidad autónoma.
Lamentablemente se ha puesto de moda hablar de la política como un gran juego de intrigas, donde se está por el poder por el poder. Sin embargo, muchos militantes socialistas describen su vida en el partido como participar de una segunda e inmensa familia. Y Fernández Vara, sin duda, vivió su vida de esa manera.
En el PSOE de Extremadura son pioneros en muchas cosas. Con Rodríguez Ibarra decidieron sacudirse los complejos existentes sobre su tierra y convertir la educación pública, la sanidad y los servicios en algo universal y al alcance de toda la ciudadanía. Y hoy en día en Las Hurdes disponen de mejor conexión de fibra óptica que en muchos barrios de Madrid.
Con Fernández Vara pasaron a tener fábricas de chips y empresas de ingeniería donde mucha gente solo imagina dehesas o pueblos con una sola calle.
Cuando el PSOE perdió la presidencia de la Junta de Extremadura por primera vez, Guillermo, como le llamaba casi todo el mundo, se lo tomó como una cura de humildad. No buscó las culpas en terceros, aunque era muy fácil contar los diputados regionales y ver que José Antonio Monago fue presidente gracias al ansia de protagonismo del representante extremeño de Izquierda Unida. En aquel momento Fernández Vara valoró volver a su plaza de médico forense en el Instituto de Medicina Legal de Badajoz, pero le tuvieron que convencer para que se quedara y ayudase a mantener a su federación unida y ayudar a transitar el periodo en la oposición. Durante todo ese tiempo, siguiendo la dirección marcada por su predecesor, Fernández Vara, se encargó de seguir modernizando al partido también.
El PSOE extremeño es de las primeras federaciones del PSOE en usar Internet para funcionar y para comunicarse. Y lo ha sabido hacer evitando las payasadas en TikTok o la inundación de publicaciones clónicas, que rayaban en la vergüenza ajena, como pasaba con el equipo de redes de Susana Díaz. En Extremadura se planteó y se usa para ser una extensión de la política que se quería ejercer: directa, sincera, honrada y sin golpes de efecto baratos o “zascas”.
A Guillermo le ha alcanzado prematuramente el fin que nos espera a todos, pero tengo fe en que en su manera de ser perdure y en que la política que practicó tampoco desaparezca.