Juanjo Cáceres
Quienes piensan que los debates no mueren, sino que se transforman, tal vez no estén del todo en lo cierto. Lo vimos muy claro el día que unas fuerzas especiales estadounidenses penetraron en Venezuela, se llevaron por la fuerza a su presidente y lo pusieron ante un tribunal neoyorquino. Todo eso sucedió en un suspiro y no generó debate alguno. Como si fuera lo más normal del mundo, los estadounidenses empezaron a dictar normas a los restos de lo que quedaba del gobierno venezolano y estos se pusieron a las órdenes del Gran Hermano yanqui. En Europa las cancillerías se limitaron a oscilar entre el llanto y el quejío.
Pero el Gran Hermano no tenía bastante y advirtió que haría lo mismo con Groenlandia. En esta ocasión, además de llanto y quejío, hubo algo de zapateado, e incluso hay quien asegura que oyó sonar la guitarra de Paco de Lucía desde el más allá. Pero los efectos políticos de tanto homenaje a la cultura popular fueron los mismos. Se dice que hay vecinos groenlandeses que ya contemplan el cielo con telescopios, a la búsqueda de algún vehículo aéreo, mientras que los niños, cuando algún ruido les despierta, dicen a sus madres: «Mamá, ¿ya están aquí los americanos?».
Entre los mejores quejíos está el de la primera ministra de Dinamarca, que no solo anunció el advenimiento del final de la OTAN en caso de anexión de Groenlandia, sino también las siete plagas de Egipto y la llegada de los jinetes del Apocalipsis. Y a punto estuvo también de hacer sonar una trompeta y de anunciar las sanciones más duras de la historia, pero ya no le dio tiempo.
Mucho mejor le fue al resto de mandatarios de la UE, que en lugar de hablar mucho y mal, hablaron poco, se marcharon a una parroquia, rezaron un padrenuestro y dijeron amén. Pero amén a todo. Y para solaz de los presentes apareció por allí Kaja Kallas, quien tras reconfortarles y abrazarles, les recordó a todos que esto al final es una ganga y que la única amenaza real es la de Putin.
Fue así como el mundo cambió irreversiblemente. Como si fueran futuros herederos, ciertos gobernantes de varios países no hacían más que pensar: «Cuándo se morirá el viejo este», pero en realidad ya habían sido desheredados. Primero de la idea de Europa que legaron sus antecesores. Después de su autonomía de pensamiento y actuación. Y finalmente del espíritu pacifista débilmente forjado durante 80 años, en ese proceso que sustituyó la diplomacia por encima de todo por el rearme cueste lo que cueste.
Y sí, pudiera considerarse que no es como para tomárselo a broma, pero la cuestión es que se trataría más de una parodia. La oscuridad que se cierne sobre nosotros es tan innegable como la incapacidad de hacerle frente que las viejas entidades europeas ponen de manifiesto. Europa se desparrama entre el Brexit, la crisis francoalemana y la expansión de la extrema derecha, mientras los nuevos señores del mundo, que ni mucho menos son solo mandatarios, establecen el nuevo orden mundial.
Como en la muerte de una estrella, la luz tardará en abandonarnos pero ese agujero negro que ahora lo absorbe todo es real y no hay escapatoria ante su fuerza gravitacional. Nos daremos cuenta cuando nos veamos arrastrados por él, derechitos a su más profunda oscuridad.
Reflexionar para poder debatir. Una de las herramientas clave que son necesarias y que hemos ido perdiendo.
¿Se puede debatir con EEUU? Con o sin Trump soy negativa. Se impone la política del más fuerte y de quien tiene más de gastar y perder.
Ahora mismo, Francia insumisa, dejando caer que quiere abandonar la OTAN. La fracturada UE? Y el loco de DC, el agujero negro es muy grande.