A vueltas con las coaliciones incómodas

Lluís Camprubí

En el último artículo, “Volver a pensar las grandes coaliciones” , planteaba que si estamos convencidos de lo real de la emergencia climática y del riesgo de la internacional reaccionaria para la democracia y el multilateralismo, y en particular de la pinza Putin/Trump como amenaza para la UE, entonces tenemos que actualizar la política de acuerdos y alianzas. Durante las últimas décadas la política de acuerdos y alianzas para la izquierda transformadora y el ecosocialismo político ha estado orientada a intentar romper el consenso neoliberal, lo cuál era el reto de época, intentando buscar acuerdos con la socialdemocracia para desligarla de liberales y conservadores. El neoliberalismo en estos momentos parece bastante tocado, especialmente en su declinación internacional, aunque no los monstruos que ha contribuido a generar. Ahora, pues, se requieren otras alianzas y acuerdos para frenar la emergencia climática y la involución reaccionaria. Y como se trata de una urgencia -no tenemos el lujo temporal de replegarnos unos años para ninguna de las dos tareas- no podemos esperar a que nos vuelva a ser propicio el ciclo electoral. Estar siempre que se pueda en la construcción de los nuevos consensos y en el Gobierno supondrá una mejor contribución a frenar estas dos amenazas existenciales que estar en la oposición construyendo alternativa a largo plazo.

Alguien -con muy buen criterio- me decía que avanzar hacia nuevos consensos y Grandes Coaliciones inclusivas (ecosocialismo más socialdemocracia más liberales más conservadores, excluyendo a la extrema derecha) que atiendan estos retos sería lo deseable aunque en lo doméstico políticamente esto parece imposible (polarización, subjetividad afectiva de todos los actores, alineación estratégica PP-VOX…). Siendo esto una obviedad, insistía yo en la necesidad de ir haciéndolo posible, empezando con la predisposición y si es necesario dar algún paso/señal unilateral hacia ello. También puede ser útil aprender alguna lección de los verdes alemanes (más allá de las obvias discrepancias) en cómo construir coaliciones sociales, económicas y políticas incómodas, algo que los sectores más avanzados del ecosocialismo vienen apuntando como necesidad para hacer posible la descarbonización. A ello hay que sumar el seísmo geopolítico que estamos viviendo en directo y un nuevo momento constituyente europeo que probablemente modificará prioridades y alianzas a todos los niveles.

La cuestión europea e internacional ganará relevancia y centralidad en este nuevo contexto. Un reciente artículo muy sugerente de Kate Mackenzie y Tim Sahay “Europe enters its metal era” apunta que la condición de posibilidad para una Europa soberana recae en la defensa y en la energía. Ambos pilares son importantes: construir una defensa europea integral y con todas las capacidades (de orientación defensiva pero con plenas capacidades disuasorias) y una transformación verde para ser libres del chantaje autoritario, sea de Putin o de Trump.

Construir la defensa europea y su autonomía estratégica (incluyendo el paraguas nuclear europeo) requerirá acciones y decisiones que hasta ahora se habían podido dejar en el campo de la retórica. La divisoria entre europeístas y partidarios del repliegue nacional se irá volviendo más difícil de saltar. El atlantismo como refugio para no dar pasos en la construcción europea ha caído. Tampoco aguanta ese antiatlantismo identitario de izquierdas (funcional al otanismo, sea dicho) que sin embargo se negaba a poner recursos y capacidades para la autonomía estratégica europea. Es posible que la subordinación de las extremas derechas locales a la pinza Trump-Putin y el reforzamiento de su voluntad de desnaturalizar la UE complique su colaboración con las derechas democráticas. En este nuevo escenario, todos los actores deberán preguntarse si queremos estar dentro o fuera de esa mayoría social y política amplia, sea a nivel europeo y/o doméstico. Algo que a nivel europeo se viene dando, si los verdes europeos no son expulsados de esa mayoría.

En el caso español, siguiendo el consejo que apuntaba Nacho Álvarez, no se trata de repetir una gran coalición al uso. Se pueden dar distintas formas y articulaciones en qué deberán colaborar PSOE, PP, el espacio que representa Sumar y el grueso de fuerzas nacionalistas. La presencia de todos estos actores en un futuro gobierno puede ser deseable -y mayor garantía para realizar los cambios necesarios- pero la coyuntura y la aritmética marcará cuál puede ser la configuración asumible de colaboración orientada a empujar en la misma dirección en cada momento. Construir nuevos consensos y mayorías políticas amplias para transitarlos deberá ser hecho todo a la vez.

2 comentarios en “A vueltas con las coaliciones incómodas

  1. Este blog no tiene parangón: un rojo hasta el tuétano abogando por coaliciones con el PP! Impresionante 🙂

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