Verónica Ugarte
Carolina Herrera contó en su día que ella no salía de su barrio. Claro, vive en la 7ª Avenida, uno de los más exclusivos barrios de Manhattan. Un jersey de su nueva colección cuesta casi mil euros. Chatarrilla para sus clientes habituales, o los de esos círculos.
La edición de San Valentín de la gorra MAGA cuesta en la tienda de la Trump Tower US$ 55,00. Un artículo de primera necesidad si eres su votante, fan, creyente. Y por ese precio sé perfectamente que no está hecho por manos blancas, sino por costureras explotadas en barrios lejanos, quienes, como los rednecks, nunca podrían entrar en el corazón del imperio de Donald. Una noche en su hotel son 2,000 euros. Si, cualquiera de sus votantes se lo puede permitir.
¿Y por qué reflexiono acerca de esto? Simple. Uno de las diatribas del nuevo Presidente es afirmar con contundencia que China no compra a EEUU. ¿Por qué habrían de hacerlo? ¿Es que no sabe que la mano de obra en China es mucho más barata? Que sus gorras en China me costarían 9 euros más el envío.
Eso es lo que ocurre cuando no se vive dentro de la realidad. Las marcas chinas que se mueven alrededor del planeta tienen éxito porque son baratas, mala calidad, pero baratas. Y eso es mucho para quienes esperan con ansias el ingreso de la nómina en el banco o deben mirar centavo a centavo para poder pagar las facturas.
Si a eso agregamos que la sanidad pública es un derecho al cual debemos la lucha por su protección, si un niño de cuatro años, clase media, se cae en el parque y se rompe un brazo, solo la ambulancia cuesta circa 600 euros a los padres. No quiero hacer el resto de matemáticas.
¿Es consciente de los verdaderos problemas que sufre su país? No. Es un WASP, no ha salido de un grupo exclusivo de ricos, y si se perdiese en Queens, no sabría ni hacer una llamada telefónica.
La ignorancia es el mal imperecedero contra el cual estamos fallando. El ciudadano medio se cree cualquier tontería que le haga sentir un poco mejor en su sofá, cerveza en mano, después de otra jornada donde las horas pagadas no llegan a llenar la nevera, pagar el alquiler, calefacción, agua. Y de ahí que el discurso derechista que se enarbola contra el inmigrante, el diferente, tenga tanto auge, tanta cabida. Porque es mucho más fácil creerle a alguien que aparece en la caja idiota que es la televisión, a darte cuenta de que tu propia miseria puede romperse de otras maneras. Exigiendo los derechos que tu Constitución te da. Y tal vez eso es quijotesco, porque al final es el dinero quien lo mueve todo.
Y es en este punto cuando personajes como Elon Musk son tan peligrosos. A estas alturas ya ha comprado a los Gobiernos de Meloni y Orban, los dos únicos que de momento no han firmado la condena contra EEUU por no haber entregado a Netanyahu a los Tribunales Internacionales.
El conservadurismo casi ha desaparecido. La extrema derecha está en segundo lugar en Francia; en los próximos comicios alemanes es muy probable que desbanque a los socialistas y también quede en segundo lugar. Desde hace años es una fuerza política importante en Holanda, Austria.
En Madrid han tenido su Cumbre. Las mismas amenazas, los mismos discursos. Se alían con Trump y Milei. Los planteamientos sin fundamento que solo buscan comprar el voto mediante mentiras, apoyándose en la ignorancia y el mal entendido nacionalismo.
Ante la amenaza de la subida del 25% de aranceles, Canadá, con un Trudeau embestido, lanzó uno de esos gritos a favor de Canadá. Por su parte, Sheinbaum lo sentó ante un tablero de ajedrez. Ella aceptó movilizar al ejército hacia la frontera para detener la riada de inmigración ilegal y los envíos de fentanilo, y obtuvo no solo un mes de gracia con los aranceles, también la investigación de cómo llegan a México armas que solo pertenecen al ejército de EEUU y acaban en manos del narcotráfico. El dos por uno fue gracias a la calma y aplomo. Porque es así como se le debe hablar a Trump.
Mientras tanto, Musk tiene un poder insólito: es director del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), siendo designado como “empleado especial del gobierno», lo que le permite un empleo federal temporal con o sin sueldo. En otras palabras hace lo que quiera sin tener que informar a nadie que no sea Trump.
Con ello se le ha dado la llave para excesiva información. Afortunadamente algunos representantes hacen su trabajo y han logrado que un juez federal impida que acceda a registros del Departamento del Tesoro. La información es la clave para cualquier negocio. Porque ese es el papel del dueño de Tesla y no el de servir a su país. Recientemente afirmó que “Italia era para los italianos”, dando apoyo a Meloni y dejando clara su postura racista. Nacido en la Sudáfrica del apartheid y enviado a vivir a EEUU poco antes de la liberación de Nelson Mandela, está claro que es un afrikaaner con todo lo malo.
¿Pero qué lo que verdaderamente falla? La educación en el sistema; la izquierda ha fallado estrepitosamente en ese punto y tenemos jóvenes de 20 años que no saben qué es una Stolperstein. No han leído a Mann, Camus, Machado. No conocen la Historia de los vencidos y de los vencedores.
Esa ignorancia lleva a la indiferencia. A que no salgas a la calle a exigir la vivienda, la educación, la sanidad. Que no protejas lo que es tuyo después de años de lucha por parte de tus abuelos. Que no te importe hablar solo un idioma porque no te han enseñado que los idiomas te muestran otras culturas y puedes viajar a mundos diferentes mediante libros. Y puedes empezar a tener consciencia de clase. Y puedes luchar contra quienes atentan contra tus libertades: los ricos y poderosos.
“Siempre se es responsable de lo que no se intenta impedir”. J.P. Sartre.
Probablemente hay una responsabilidad política en la forma que le hemos dado a la educación y la alegría con que hemos abrazado las renunciado a las formas de aprendizaje tradicional, en beneficio de modelos educativos con muchas imperfecciones. En buena medida porque si la calidad del profesorado es regular, a la que entramos en la calidad de los expertos en educación (pedagogos, etc) la cosa es mucho más preocupante. Y mejor no me extiendo n este punto para no herir sensibilidades…
Pero luego están las relaciones familiares y sociales que hemos construido desde abajo. Como hemos gestionado las m/paternidades, que uso le hemos dado a la tecnología de la comunicación. Y de esos Frankenstein también esas criaturas….