Juanjo Cáceres
Si alguna duda había de que la cuestión de la vivienda se ha situado en el centro del conflicto social, las movilizaciones de unos días atrás contribuyeron a despejarlas. En ese país de propietarios llamado España, hay un importante sector de población que no lo es. Dicho sector se divide entre aquellos que no están emancipados a pesar de su voluntad de estarlo y aquellos que conforman la España de los inquilinos. Unos inquilinos que, si viven en una de las dos grandes ciudades del país, parecen asumir que no heredarán, ni podrán convertirse en propietarios, en siete de cada diez casos.
Bien podríamos decir que en 2024 esto nos dibuja dos Españas completamente diferentes: la de los que no tienen que preocuparse de este problema, porque ya tienen su vivienda o porque cuentan con los recursos para financiar su compra, y la de los que viven con una espada de Damocles sobre ellos, porque en cualquier momento pueden perder su hogar en beneficio de población de paso o porque, pese a leyes y regulaciones de dudosa eficacia, pueden ser incapaces de responder a una escalada de los precios de alquiler.
El problema principal que vive este sector social es sobradamente conocido. A una oferta ya endémicamente precaria de alquileres, se habría sumado en los últimos tiempos la fuga de la oferta hacia los pisos de temporada o pisos turísticos, lo que habría comprimido aun más el mercado y habría dejado sin opciones habitacionales a un gran número de personas. Entretanto, la implantación de la regulación de los pisos de alquiler, al menos en Cataluña, habría logrado contener el crecimiento de los precios y posiblemente a mejorar la estabilidad de los contratos, pero las sospechosas caídas de los contratos de alquiler y la ausencia absoluta de capacidad inspectora por parte de la administración, hacen pensar que la realidad que esconden las estadísticas podría ser algo distinta de lo deseable.
Desde un punto de vista racional, parece que los dos objetivos que habría que perseguir deberían de ser devolver a los pisos su función residencial de manera estable, impidiendo que se puedan derivar a uso turístico, y aumentar de manera suficiente la oferta de pisos de alquiler. No obstante, los colectivos que se movilizan estos días reclaman una bajada del 50% del precio de los alquileres y promueven la huelga en el pago de renta como medida de presión sobre caseros e inmobiliarias. Por su parte desde las administraciones siguen promoviéndose medidas poco útiles (como el bono joven para el alquiler) y compromisos de construcción de miles y miles de viviendas, que se anuncian rápido pero se ejecutan muy lentamente o no llegan a materializarse nunca. A ello hay que añadir, por ejemplo, el muy confuso tratamiento en el IRPF de las nuevas deducciones sobre las rentas del alquiler en zonas tensionadas, donde las condiciones para alcanzar el 90% de deducción son epopéyicas y solo se pueden cumplir en comunidades autónomas que hayan declarado zona de mercado residencial tensionado, algo que aun tienen pendiente de hacer la mayor parte de las mismas.
De todo este escenario se deduce un buen número de situaciones problemáticas. Es cierto que, desde un punto de vista social, es inaceptable que el alquiler de una vivienda suponga la extracción de una parte tan elevada de las rentas del trabajo, hasta el punto de que para vivir en ciertos lugares haya que entregar un sueldo completo. Pero igualmente lo es que el bajísimo peso de la oferta pública de vivienda de alquiler en España impide, por un lado, corregir las tensiones en el mercado de alquiler, y por el otro, atender las necesidades de la población con ingresos más bajos. Pese a lo dramático de la cuestión de la vivienda, que tan claramente evidenció la crisis de 2008, a la misma no le siguieron políticas públicas lo bastante profundas para afrontar el problema y es por ello que a medida que avanzamos en la presente década, avanza también la precarización de las condiciones residenciales en amplios sectores de la población. No ha ayudado a ello el enorme desajuste entre el ámbito donde se concentran las competencias -en las comunidades autónomas- y la capacidad financiera de esas administraciones, muy maltrecha precisamente tras la crisis de 2008 y que hubieran necesitado de un claro apoyo de las administraciones de ámbito superior.
El diagnóstico que se deduce de ello es que, mal que nos pese, es complicado que el Estado pueda arreglar el problema mediante acciones unilaterales. Primero, porque va a ser incapaz de compensar el déficit de recursos en el parque público de alquiler. Segundo, porque el crecimiento esperado de población y del número de familias juega en su contra. Tercero, porque probablemente sería necesario algo que no tenemos: unas comunidades autónomas maduras, capaces de hacer políticas poblacionales -no solo de vivienda- y planes estratégicos de vivienda de alquiler, que tomen en consideración no solo los municipios -ámbito, por cierto, especialmente ineficiente para actuar sobre el problema, por su escasísima capacidad financiera y regulatoria-, sino las regiones metropolitanas e incluso las zonas menos pobladas, que es donde además más probablemente se acumulan residencias vacías. O cuarto, y no menos importante: porque a amplios sectores de la población este problema no les afecta y además una parte es muy reticente a cualquier medida, bien porque no quiere alquilar o bien porque está obteniendo una buena renta de alquiler al tener varios pisos a su disposición.
Puede que esté equivocado, pero mi sensación hoy en día es que arreglar este problema necesita más voluntades de las que existen ahora mismo, mayor capacidad de hacer políticas públicas de las existentes y también necesita tiempo. No diré con ello que abandonen toda esperanza los que miran al Estado como su salvador, pero no porque no lo crea, sino porque no me gusta ser tan taxativo públicamente y tampoco ayuda el perder la esperanza en el actor más relevante para afrontar esta cuestión.
Ello nos abre a su vez dos preguntas: cómo podemos conjugar políticas de choque que atenúen el problema, con medidas a largo plazo que den solución a la precarización de la vivienda que sufren miles de familias e individuos y qué hacemos entretanto por nuestra cuenta. Esto segundo quizás sea lo más interesante, porque es sobre lo que podemos actuar y a ello dedicaremos espacio la próxima vez que volvamos sobre el tema. Pero les dejo dos preguntas para calentar:
¿En qué momento pensaron que el sacrificio económico que supone el alquiler, en que se produce la pérdida del 100% de la renta, era mejor que la compra, donde, incluso tratándose de una compra con hipoteca, la parte sacrificada no es tan elevada y deja de existir cuando se completa el proceso de compra?
¿Y en qué momento renunciaron a ser una generación tras la que los hijos pudieran vivir mejor que los padres y dejó de importarles que los “pactos generacionales” acabaran siendo tan tremendamente desfavorables para la población trabajadora más joven?
Nadie se va a perder . Todo lo que está ocurriendo era previsible y de nosotros depende en buena medida lo que ocurrirá . Desde el número de inmigrantes que vendrán , las variaciones de las tasas de natalidad , los alimentos que se consumirán , el número de médicos que saldrá de las facultades , cuántos morirán. etc etc . Cuáles serán sus necesidades de alojamiento, cuántos turistas vendrán en estas condiciones ,
« El historiador Carlos Sambricio ha documentado que España sólo construyó 1.200 viviendas al año en la década de 1940. No había materiales, ni financiación ni empresas.
Y quién los hizo? Los hizo la dictadura que durante cuatro o cinco muy paradójicos años actuó como un estado socialista. «Al régimen, en su primera década, sólo le interesó la arquitectura como algo simbólico, como una manera de representarse a sí mismo en edificios de aspecto palaciego. Pero pronto se encontró con un problema muy real en la vivienda: empezó el éxodo rural y no había sitio para la gente que llegaba a Barcelona, a Madrid, a Bilbao… Apareció el chabolismo. Era imposible no verlo, y el régimen cambió de paradigma»,
Su colega Emilio Ontiveros recuerda una estadística de esa época: «Sólo en Madrid había 20.000 chabolas y 120.000 personas vivían en ellas. Había casos de toma de tierra, que es ese método que vemos en las favelas por el que una familia llega a escondidas de la policía a un terreno se hace un techo y lo reclama suyo»
Sí que fue heroico aquel esfuerzo: «España no producía hormigón ni hierro ni cemento, suficientes y no había financiación. Lo que sí que había era mano de obra», cuenta Ontiveros.
En Tiempo de silencio de Luis Martín-Santos (1962), hay un momento en el que el médico viaja a los arrabales, ve un paisaje de miseria y proclama, un poco quijotesco: «Estas son las chabolas». A lo que su guía en el submundo, su Sancho, le responde: «No, estas son las casas».
( El Mundo )
Por no hablar de la novela de Martín Vigil « Una Chabola en Bilbao »
Esto nos da una idea de lo que el Estado puede y no puede hacer , incluso en condiciones de semiesclavitud.
Tenemos por tanto la certeza de que este gobierno no puede hacer nada , o casi nada , en primer lugar porque carece de calidad humana mínima para acometer promociones ambiciosas ni cualidades técnicas ni científicas o empresariales .
Solo hay decrepitud y desencanto por el efecto contagio de Pablo Iglesias destartalado y odiador, la inútil esfinge de Yolanda o la multifacética Ada de los 1000 días . De donde nada hay nada se puede sacar , solo decretos .
Miren a Oscar Puente , el mismo lo dice : « ¿ qué quieren que haga ? Yo no estoy para resolver problemas técnicos . Permanezcan atentos en el andén. »
El otro Oscar anda metido en ocupar RTVE expulsando al PP y previsiblemente, aumentando el cuantioso déficit público con una plantilla macrocefálica y un share paupérrimo.
Demasiado para un gobierno que pretende levantar muros.
El último CIS es muy claro. Para los votantes de derecha ( PP y VOX) el primer problema es la inmigración. Para el resto de votantes de otros partidos es la vivienda. Para los votantes de derecha la vivienda es el séptimo problema ( PP) o el sexto problema (VOX). Curiosamente la ocupación de viviendas apenas preocupa a los votantes del PP pero preocupa mucho a los votantes de VOX, PNV y JUNT. Cojan esta mosca por el rabo.
Entre 1960 y 1979 se construyeron en España 5,4 millones de viviendas. El 63% fueron de VPO. Entre 1980 y 2023 se construyeron 11,8 millones de viviendas. Solo el 23% fueron de VPO. Curiosamente la democracia se ocupó menos de la vivienda pública que la dictadura. Sin duda existen razones para explicarlo pero el dato es demoledor.
Después de escuchar a la ministra de Vivienda me ha quedado claro que el gobierno no sabe qué hacer con el problema de la vivienda. Y sus socios de gobierno, tampoco.
Y así vamos,
Mis abuelos por ambos lados vivían de alquiler. En un caso en un edificio privado de un único propietario y con varias generaciones a la vez y los otros en unos bloques de la vpo franquista, los llamados entonces Bloques Onésimo Redondo de l’Hospitalet (ahora Blocs La Florida). Estos bloques pasaron a la Generalitat que los arreglo y reformó entonces y vendió a sus inquilinos. Así se perdieron me parece mucha vivienda pública directamente controlada. Me suenan casos parecidos de vivienda de alquiler de las cajas. En esa época de Felipe y Pujol se vendió (igual con razones) y además se construyó vpo que al cabo de pocos años se podían vender y también se perdía el control.
Para mejorar en este tema hay muchos diagnósticos y seguro que es necesario múltiples acuerdos. Y hace bien el articulista en quitarle carga a los ayuntamientos, estamos las izquierdas con el municipalismo, y al final es una especie de Cáritas para todo lo que las administraciones superiores no solucionan y además con pocos recursos. Sin contar realidades de continuidad urbana como la de la gran Barcelona.
No comparto la opinión de Polonio sobre la ninistra deo la vivienda.
Ha puesto sobre la mesa lo que está haciendo el gobierno y quedando en evidencia la insumisión de las autonomías gobernadas por el PP.
Es curioso,el Parlamento aprueba una ley que da seguridad jurídica a los ayuntamientos y autonomías para llevar una política de vivienda pública y de control de los alquileres ….y los más tontos del barrio le dan la culpa a la ministra del gobierno ,de que el PP se niegue a llevarlas a cabo.
Y es que hay mucho constitucionalista de hojalata ,que no entiende que los responsables de que los alquileres estén por las nubes y de que no haya vivienda pública,es de los ayuntamientos y comunidades autónomas ,que son los que tienen las competencias.
Díganme si algún presidente autonómico del PP ha ofrecido al gobierno terreno y proyecto de construcción y financiación de vivienda pública.
No …si hay que hablar sobre vivienda…ellos hablan de ETA..eta…eta…eta……y resulta que es en el Pais Vasco ,donde las politicas socialistas estan dando resultado..
En fin…ya lo de SUMAR y Podemos ni hablemos..tontolabas con carnet de estúpidos.
En realidad las competencias son autonómicas, desde donde se cede parcialmente a los ayuntamientos, pero con que dinero pueden invertir en serio? Repasen los techos de déficit por administraciones, por ejemplo…. Aunque las CCAA hacen mucho menos de lo que deberian, las condiciones no son buenas y hay demasiados conceptos demandando presupuesto…
Por eso…no veo yo a las autonomías del PP,pidiendo presupuestos para vivienda pública al gobierno…de hecho no quieren aprobar el techo de gasto y los presupuestos generales del Estado….
Es decir ,por mucho que el PP diga que quiere solucionar el problema de la vivienda,su intención es bloquear todo intento del gobierno de llevar a cabo un programa de vivienda pública.
¿ Y qué han hecho en Cataluña ? ¿ En Euskadi ? La vivienda pública es un esfuerzo que implica a todos y Sánchez es incapaz de gobernar de este modo . Puede sacar el enésimo decreto ley pero no funciona , como la no politica migratoria . Siguen llegando cayucos , cada vez más , de mayor capacidad , con motores de mayor potencia a una parte del Territorio y el Presidente es incapaz de convocar una conferencia , de pensar en su país , y se va de viaje para practicar su inglés celeste o a ver al Papa . Y las viviendas dando vueltas en la hormigonera para construir muros , alargar diques y que pase el tiempo que todo lo cura .
Atónito con la noticia de Errejón. Nos crecen los enanos en la izquierda.
Es un hecho poco frecuente pero no raro y como es universal arrastra poco tanto a la izquierda como a la derecha porque estos comportamientos tienen más de pertenencia al desprestigio de una clase política por resultar incomprensible para el común de la gente que carece de privilegios.
En este caso me parece que la presión le ha jugado una mala pasada y demuestra incoherencia en la responsabilidad individual de sus actos , más grave si cabe en uno de los cerebros mejor armados para la dialéctica política.
El carácter cuasiesquizofrénico de la situación , enfermizo al punto de estallar , creo que no puede asimilarse al de Dominique Strauss Khan y su engorilamiento con una camarera de hotel en Nueva York , mas calculado en la administración de sus pasiones pero dentro de su burbuja extensa de impunidad.
Honestamente yo le hacía en el PSOE después de un desnatado doctrinal de rigor , tal vez mucho más adelante
Vendido ¡uy! (el corrector) perdónenme ,Bendodo del PP ,señala a Pablo Iglesias y Yolanda Diaz:
«Lo sabían y lo taparon».
Un síntoma freudiano de Errejon ,lo convierten en un desliz freudiano del PP,¿prueba de que los sabuesos del PP,lo sabían y no lo destaparon?.
El PP debería callarse ya que la última intervención política que ha tenido Errejon ha sido acordar con el PP,dos iniciativas políticas para meterle el defo en el ojo al presidente Sánchez..
La ley del Karma ….
La actriz Elisa Mouilaá formalizó anoche en la Brigada Provincial de la Policía Judicial de la UFAM una denuncia por acoso sexual contra Íñigo Errejón, que presentó su dimisión este mismo jueves tras una serie de acusaciones anónimas por violencia sexual. Según la denuncia, a la que ha tenido acceso El Confidencial, Mouilaá llevaba «más de un año» hablando con el expolítico por Instagram y Telegram.
Los hechos ocurrieron en 2021, durante la presentación del libro de Íñigo Errejón. El exportavoz de Sumar invitó a la actriz a tomar una cerveza, y ambos fueron a una cervecería de la zona de Ópera, en Madrid. El dirigente, según consta en la denuncia, mostraba una actitud «seria y fría». Con todo, Mouilaá le invitó a casa de unos amigos, tras lo que Errejón «cambia de actitud y toma una actitud dominante». Ya en casa de los amigos de la actriz, el dirigente muestra actitudes violentas con ella y, en privado, comienza «a besarla y tocarla por distintas partes de su cuerpo» sin su consentimiento.
En un momento, narra la denuncia, la «empujó sobre la cama y el denunciado se sacó su miembro viril». Mouiláa narra que en ese momento «se sintió paralizada» y «no consintió nada de lo que sucedió».
Y la noticia no dice más .
Año 2021 ( después 2022, 2023 , y ahora finales de 2024 )
Si ahora alguien dice “ Hermana , yo no te creo ” y no te creo porque estabas en casa de tus amigos y no has dicho nada a tus amigos ni tus amigos sobre tí y esperas tres años a denunciar algo que no se puede probar entonces ¿ por qué debemos creerte ?
La literalidad de la denuncia es un sinsentido.
Lo que produce vergüenza ajena es el comunicado de Errejón. Una tomadura de pelo envuelta en una jerga seudointelectual con la única finalidad de ocultar sus delitos. Menudo impresentable.
Todo mi apoyo a la víctima ( posiblemente, víctimas )
Todo Mas Madrid produce bochorno en distintos grados . Las contradicciones de la víctima son serias y presentan incoherencias continuadas como reír las bromas del agresor denunciado 5 días después de los episodios que narra. La verdad se establecerá en el proceso no en el testimonio de parte. No me valen tampoco los buzones que coleccionan otras presuntas víctimas anónimas .Ni la tentativa de ocultar otras denuncias por la dirección de Sumar.
La carta de Errejón es una solemne estupidez tal vez debida a que efectivamente tiene un deterioro mental .
Veremos.
( Soto Ivars en EC )
« Errejón es presuntamente culpable de tratar mal a las mujeres, pero es culpable sin paños calientes de haber alimentado al monstruo que lo devora. Acusación y condena han sido lo mismo sin que él protestase jamás. Tuits de su puño y letra: «No hay denuncias falsas, hay una derecha fanática cuyo trabajo es criminalizar a las mujeres». Cuando lo de Elías Ahuja: «Menos mal que a los pijos del colegio mayor nadie les ha pervertido impartiéndoles educación sexual». Sobre el MeToo: «Asia Argento nos recuerda que para acabar con el acoso y la violencia sexual, hay que empezar por romper con el silencio cómplice, el encubrimiento y la impunidad. Un discurso valiente y desgarrador». Y, por si en algún momento le diera por defenderse, este también es suyo: «Orgullo de Madrid y de su gente que hoy grita #YoSíTeCreo exigiendo una legislación a la altura, que proteja a las víctimas de violencia sexual en lugar de cuestionarlas”. »
« Errejón, sin embargo, como ayer comentaba un socialista de pro, en privado, es ‘una puta bomba’ para determinada izquierda. Aquella que ha sostenido el feminismo inquisitorial que tira de denuncia anónima, que dice una cosa y hace otra, aquella que nos dicta cómo hemos de comportarnos, cómo hemos de hablar, cómo hemos de alimentarnos. Aquella izquierda integrista, reaccionaria, que es la que sentencia qué es lo bueno y qué es lo malo, lo que se puede y no se puede hacer. Amelia Valcárcel, una adelantada del verdadero feminismo, en su imprescindible ensayo titulado La civilización feminista, ya advirtió de que, con la alteración del lenguaje, con la neolengua de gabinete publicitario […], no se fabrican libertades» (página 249). Esa es la jerga en la que parlaba Íñigo y en la que se reconocen los que le jaleaban y que ahora se muestran ‘consternados’. »
( Zarzalejos hoy en EC )