Juanjo Cáceres
Hace mucho tiempo que la máxima categoría de fútbol español se ha convertido en un duelo entre dos equipos, el FC Barcelona y el Real Madrid. Y no porque sea imposible que lo consiga un tercero, sino porque hace mucho tiempo que no aparece ningún otro rival competitivo que sea capaz de mantener a largo plazo dicha capacidad.
En la última década, el Barça ha conseguido 5 títulos ligueros, el Madrid 4 y una única vez la ha ganado un tercer equipo, el Atlético de Madrid. La cosa no cambia sensiblemente si revisamos las cuarenta últimas ediciones: en tres ocasiones ha ganado el Atleti, en dos el Valencia y en una el Deportivo de la Coruña. Los otros 34 títulos han sido para los dos grandes. De hecho, el periodo 1981-1984 marcó un primer punto de inflexión, en la medida que la Liga dejó de ser un campeonato dominado casi siempre por el Madrid, para encadenarse cuatro títulos repartidos entre los equipos vascos (Real Sociedad y Athletic de Bilbao). Le seguiría después un lustro de dominio blanco a manos de la blanquísima Quinta del Buitre, cuatro títulos consecutivos del Barça de Cruyff y, ya desde entonces, un campeonato con dos claros dominadores que, por lo general, se han ido turnando al frente del mismo.
Este duelo permanente entre dos equipos no ha sido fruto solamente del poder económico que han ido adquiriendo, sino también de la excelencia deportiva alcanzada por ambos. Ello se ha manifestado muy claramente en las competiciones internacionales, donde el Barça consiguió por fin su ansiada primera Copa de Europa hace 32 años y donde el Madrid ha exhibido un gran dominio. En concreto, en los últimos 10 años el Real Madrid ha conseguido 5 títulos de Champions, que es ni más ni menos que la principal competición de clubes del mundo, y 4 más desde su actual ciclo victorioso iniciado en el año 1998. Por su parte el Barça, desde su estreno en el año olímpico (1992), ha logrado 4 títulos más, lo que supone que conjuntamente han sumado 14 títulos en las 34 últimas ediciones disputadas.
La excelencia futbolística ha alcanzado también al combinado nacional, al que el Barça ha aportado el modelo y los jugadores necesarios para conseguir dos Eurocopas y un Mundial en el periodo 2008-2012 y, más recientemente, la edición de la Eurocopa de 2024. Y también han logrado impregnar al resto de clubes españoles, que no solo han elevado la competitividad y conseguido resultados europeos meritorios, sino que también han disputado campeonatos de liga memorables -siendo el último mejor ejemplo el del Girona el año pasado- y han entregado talento y afán competitivo al combinado nacional. Es por todo ello que no me canso de repetir que la Liga española, sus jugadores y sus equipos son una de las expresiones más brillantes del país, uno de sus grandes atractivos y uno de los que lo hacen más reconocible e identificable en el exterior. Pero es, además, un escenario donde se cuecen grandes historias y grandes ejemplos.
En este último sentido, es inevitable referirse a lo acontecido este último año, que resume mejor que ninguno las paradojas y capacidad de sorprender que ofrece el fútbol. En ese campeonato casi siempre de dos, el Madrid venía de conquistar Liga y Champions en 2024 y el pasado verano se había hecho con el -muy discutiblemente- mejor jugador del mundo. Por su parte, el Barça venía de una debacle institucional y deportiva sin precedentes. Pero ni los logros del Madrid, ni la potencia del Barça pasaron desapercibidas y un entrenador alemán, de nombre Hans Flick, advirtió a los responsables del equipo que tenían una plantilla muy desaprovechada y con la que se podía llegar lejos. También que no todo era fichar y sufrir más de la cuenta por cumplir las reglas salariales de la Liga.
Se podría añadir que ahí empezó todo y que lo que vino después ya es historia. Flick firmó como entrenador del primer equipo del Barcelona, lo convirtió en una espectacular máquina de jugar al fútbol y se quedó a dos pasos de ganarlo todo. Asimismo, arrebató los tres títulos nacionales al Real Madrid -Liga, Copa y Supercopa- y lo derrotó en los cuatro encuentros que disputaron. El patito feo y desquiciado se convirtió, así, en un cisne armado hasta los dientes y poseído por un instinto asesino capaz de golear a cualquiera, con el mérito añadido de hacerlo con una plantilla compuesta por jugadores insultantemente jóvenes y formados en las categorías inferiores. Esto último, en términos blaugranas, es ni más ni menos que el cénit de su ideal futbolístico, frente a un Real Madrid más inclinado a irrumpir en el mercado y a fichar a las mayores estrellas mundiales, tanto emergentes como consolidadas.
Desde el punto de vista del deporte y de la gestión deportiva, esta es una historia mayúscula, pero ni mucho menos aislada, sino encadenada a una trayectoria de cuatro décadas con dos claros protagonistas, los cuales han transformado el fútbol español y que se deben mucho más el uno al otro de lo que nadie es capaz de reconocer. Este último es quizás uno de los aspectos más negativos de la vivencia del futbol en España, un forofismo absurdo y vergonzoso, que domina medios propios y ajenos, que incide negativamente en la conducta de los aficionados y que ofrece un buen número de situaciones lamentables.
En un país condenado a sufrir unas narrativas mediáticas en el ámbito deportivo que parecen escritas por francotiradores, cualquier logro o grandeza deportiva se intenta diluir señalando asuntos tales como el ventajismo arbitral e hipotéticos sobornos. Este es además un mundo habitado por personajes de oscura procedencia que pretenden gobernar las instituciones del fútbol español y las federaciones como si fueran una tiranía griega, tanto en el fondo como en las formas.
De todas estás miserias, conductas y miradas podridas debería liberarse el fútbol español. Aprender a reconocer el enorme merito que tienen las Champions conseguidas por el Madrid o la revolución futbolística aportada por el Barça en el último año es lo que todo aficionado, deportista y representante de los estamentos deportivos debería hacer. Cuidar este potencial, proteger a los jugadores que lo hacen posible -especialmente en las convocatorias nacionales- y poner en valor lo que suma el conjunto, en detrimento de la confrontación entre sus partes, es un trabajo pendiente para todo un país
Pero es un trabajo de país porque encaja igualmente en otros retos más amplios, en particular el de la integración de su diversidad territorial en un modelo de estado aceptable y aceptado. Hemos visto, además, como esa carencia se manifiesta igualmente en el futbol cuando en las finales de Copa se silba el himno de España o en el menosprecio a la contribución de jugadores de la periferia ibérica al combinado nacional, donde precisamente el protagonismo de los del Real Madrid suele brillar por su ausencia. Pero también en la negación de los méritos de los dos grandes, apelando a designios oscuros y desmereciendo sus estrategias y logros.
La forma como en un mismo espacio conviven la excelencia futbolística admirada por toda Europa y la zafiedad y bajeza que tanto describe Arturo Pérez Reverte en sus novelas como característica de este país, podría considerarse una paradoja, pero es una realidad incuestionable. Y para muestra el partido que proclamó campeón al Barcelona este jueves, que empezó con un atropello masivo en el exterior del estadio del Español y acabó con la activación de los aspersores sobre el equipo campeón, mientras este iniciaba una tentativa de celebración.
Pero por suerte hay o puede haber experiencias para construir una historia mucho mejor y mucho mayor, que además vaya bastante más allá del fútbol. Y ahí es donde las nuevas generaciones, lideradas por un singularísimo Lamine Yamal, pueden marcar un antes y un después para todos nosotros y para los que vendrán. Porque su trabajo en el campo de fútbol y su trayectoria vital van de la mano y nos recuerdan que abordándolo todo desde otra perspectiva no estamos condenados a no ser nada que no queramos ser.
Ja sabem tots que el Barça és més que un Club.
La frase que más he usado estos días,cuando me he encontrado con alguien o en las fiestas del pueblo:
Por cierto…os he dicho que el Barça ha ganado la Liga?
OeoeoeOeeOee,… JAJAJA…que nervios..
Muy buen artículo. De mucho mérito viniendo de un culé que ha tenido, sin duda, que morderse la lengua mientras escribía… Tot el camp ra ra ra!