Julio Embid
Los fines de semana me gusta mucho ir al Galacho de Juslibol. Este es un espacio natural a las afueras de Zaragoza formado por meandros abandonados de la margen izquierda del río Ebro. Es un lugar único, verde y lleno de agua y de vida rodeado por zonas calizas secas donde no crece nada. Está junto a la Academia General Militar y puedes oír los tanques si salen de maniobras y al lado de un pequeño pueblo rodeado de huertas que carece de Ayuntamiento y forma uno de los llamados barrios rurales de Zaragoza: Juslibol.
El origen de este pueblo y de su nombre proviene de la Edad Media, del periodo de la conquista de Zaragoza, entre el Reino de Aragón y la Taifa de Saraqusta a comienzos del siglo XII, que además coincide con la Primera Cruzada que el Papa de Roma organizó junto al Reino de los Francos, el Reino de Inglaterra, los genoveses y varios nobles alemanes para recuperar los lugares sagrados del cristianismo en Oriente Medio. Pues bien, en este pequeño rincón donde resido, al norte de Zaragoza, llegó procedente de Huesca el rey Pedro I de Aragón en 1101 y fundó un pequeño campamento en un cerro donde se podía ver toda la gran capital y lo llamó Deus lo vol (Dios lo quiere). Como el rey no tenía descendencia fue sustituido por su hermano Alfonso I Sánchez de la dinastía Jimena, más conocido como “El Batallador”.
Este rey, tras conquistar las Cinco Villas y cortar en dos la Taifa de Zaragoza, separándola de Tudela, inició un largo asedio para tomar la ciudad que duró nueve meses en 1118. Vinieron veteranos de las cruzadas de toda Europa, bearneses, gascones, germanos, franceses, castellanos y navarros que se reunieron en Deus lo vol para construir máquinas de asedio y sitiar la ciudad, matando a sus pobladores por hambre y destruyéndola con lanzapiedras desde lejos, subidos a una montaña al otro lado del río Ebro. A Saraqusta, que entonces tenía 25.000 habitantes, le llegaron refuerzos desde Valencia y desde Granada, pero no fueron suficientes y en diciembre la ciudad cayó.
El Batallador entró en Zaragoza prometiendo respeto a la población musulmana, que en su mayoría acabó huyendo. La ciudad fue repoblada con colonos navarros y del sur de Francia, y al año siguiente de su conquista, tras asegurar y jurar que mantendría las mezquitas, el rey ordenó derribar la Mezquita Mayor para levantar en su lugar, en pleno centro de la ciudad, la Catedral del Salvador, más conocida como La Seo. Ahí terminó, de hecho, el mito de las “tres culturas”. En Deus lo vol, después conocido como Juslibol, junto al galacho, se levantó un palacio de veraneo para los arzobispos, porque los veranos zaragozanos, entonces, ahora y siempre fueron insoportables.
Hace nueve siglos, Alfonso el Batallador justificó su conquista en el mandato divino. Y hace apenas dos años, en octubre de 2023, otro dirigente volvió a recurrir a Dios para amparar la violencia: Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel. Su ejército inició un asedio sobre Gaza que no puede llamarse guerra: no hay dos bandos equivalentes. Hamás, tras los atentados de aquel año, fue prácticamente aniquilado. Lo que ha seguido desde entonces es una campaña sistemática de destrucción.
Decenas de miles de palestinos – según distintas estimaciones, más de 65.000, entre ellos unos 20.000 niños – han muerto bajo bombardeos, hambre o falta de asistencia. No se trata de bajas militares, sino de civiles – dos tercios del total de muertos – asesinados en sus casas, en hospitales, en las colas de reparto de alimentos. Una limpieza étnica encaminada a vaciar Gaza y sustituirla por colonias agrícolas e instalaciones turísticas en la costa mediterránea. Otro Marina D’Or es posible sobre la sangre de millones de víctimas.
En el Parlamento de Israel – la Knesset – son cada vez más numerosos los grupos parlamentarios de partidos religiosos que basan la política en lo que dicen que su dios les dijo. El libro del Génesis de la Biblia dice que Yahvé le prometió a Abraham, y a sus descendientes (esto es lo importante), toda la tierra que hay desde el Nilo hasta el Eufrates, desde el actual Egipto hasta el actual Iraq. Y a eso se aferran Netanyahu y sus secuaces para empuñar las armas, a la voluntad de Dios. Sólo espero que dentro de mil años, en el Parque Grande de Ciudad de Gaza, no se alce una colosal estatua de Netanyahu. Sería señal de que, como seres humanos, al menos, habremos mejorado algo.
“Otro Marina D’Or es posible sobre la sangre de millones de víctimas “ y con el mismo fundamento podemos decir que no habrá otro Marina D’Or y menos sobre la sangre de millones de víctimas y la colosal estatua de la que depende el progreso moral de Israel.
Guerras como la Guerra de Vietnam, los conflictos en Afganistán o la actual situación en Gaza ilustran cómo grupos con menor capacidad militar desafían a potencias superiores recurriendo a métodos alternativos para compensar la disparidad. Algunas tácticas incluyen: Guerrilla y ataques sorpresa,
Sabotajes y ataques a infraestructuras, Estrategias de propaganda e infiltración ; propaganda y guerra psicológica: influencia sobre la opinión pública, desinformación y manipulación para erosionar la legitimidad y la cohesión social del adversario.
El plan de Sánchez carece de influencia práctica sobre las facciones armadas y sobre el terreno es mínima.
El plan es sobre todo simbólico, busca liderar posiciones europeas de presión a Israel y defensa del derecho internacional, asumiendo que el futuro de Gaza debe pasar por desmilitarización y por una re-legitimación de la Autoridad Palestina. Muy bien pero mientras tanto ¿ qué sucede con Hamás ? Lo que hace el Gobierno,Sánchez de nuevo, es de orden interno y por lo tanto sentimental como con el Open Arms , o los fastos del cincuentenario de la muerte de Franco . Los dirigentes de Hamás saben que Pedro Sánchez tarda semanas en cambiar sus opiniones y tampoco cuentan con su apoyo incondicionado .
El anuncio de Francia de reconocer al Estado palestino está claramente condicionado a una serie de compromisos y requisitos señalados tanto por el presidente Macron como por el gobierno francés.
Francia reclama la desmilitarización de Hamás, la liberación de los rehenes y la exclusión de Hamás del gobierno de Gaza, así como el compromiso de la Autoridad Palestina con reformas, el rechazo al terrorismo y la lucha contra la radicalización.
Ni Alemania ni Francia ni Inglaterra se alinean con el prisionero de la máscara de Hierro de la Moncloa .
De modo que sí , hay una guerra en Gaza y unas condiciones que deben cumplirse para su finalización y hasta el Papa prefiere no denominar la situación bélica y sus consecuencias como genocidio desde la prudencia de su magisterio . Pedro también lo pensaba , pero su vida es negarse a sí mismo .
Ese comentario ha envejecido increíblemente rápido.