Elecciones  

El País 23 de Septiembre de 2016

La deriva de Sánchez

Después de varias semanas de incertidumbre, Pedro Sánchez desveló ayer sus planes: pedir autorización al Comité Federal del PSOE para intentar formar un Gobierno. No aclaró con quien, pero resulta obvio que tendría que ser con Podemos y los partidos nacionalistas, puesto que Ciudadanos ha dejado rotundamente claro que no participará en una coalición con las decenas de fuerzas populistas y de extrema izquierda que rodean a Pablo Iglesias. En caso de que el comité federal le impida tomar ese disparatado camino, Sánchez convocaría un congreso para luchar por la secretaría general y volver a ser candidato. Una hoja de ruta poco responsable que provocará, con toda seguridad, una inmensa crisis en su partido y nos llevará a la convocatoria de las terceras elecciones generales en un año.

El País 1 Octubre de 2016

Salvar al PSOE

La salida del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, forzado por la dimisión este miércoles de una mayoría de su comisión ejecutiva, es imprescindible. En circunstancias normales en la vida de cualquier partido político, el revés recibido por el PSOE en las elecciones autonómicas celebradas en Galicia y el País Vasco el pasado domingo, que se suma a las derrotas cosechadas en las dos elecciones generales del último año, donde el PSOE ha obtenido los peores resultados de su historia, deberían haber supuesto la dimisión automática de su líder. Cualquier dirigente político cabal lo hubiera hecho sin dudarlo. Pero Sánchez ha resultado no ser un dirigente cabal, sino un insensato sin escrúpulos que no duda en destruir el partido que con tanto desacierto ha dirigido antes que reconocer su enorme fracaso.

El Mundo 16 de Marzo 2025

El Mundo ha cambiado; Sánchez, no.

Merece la pena ver la película triunfadora de los Goya porque es un ejercicio de militancia con la verdad histórica, reveladora de la atmósfera moral y la tolerancia social que favorecieron décadas del ataque indiscriminado contra la democracia y del imprescindible papel que jugó aquel diario intimidante en el señalamiento de objetivos, la filtración de información para los comandos y la construcción de una opinión pública favorable a la violencia política más despiadada.

El auténtico corazón de aquella redacción era la redactora jefe de Información, Mertxe Aizpurúa, luego ascendida por los méritos adquiridos a directora de Gara.

El desprecio con el que el presidente despachó esta semana al jefe de la oposición no camufla la correlativa importancia del hito histórico para el proyecto ético de Pedro Sánchez que significa la recepción de la portavoz de Bildu en La Moncloa.

Las circunstancias le obligaban esta vez a entreabrir la puerta del muro y por eso al mismo tiempo tenía que dejar claro que la empalizada sigue firme y en pie.

Esta semana se cumplieron cinco años del estallido de la pandemia en España: el nuestro aquellos meses fue el país con más mortalidad por habitante y el que tuvo más sanitarios infectados después de que el Gobierno desoyera las alertas de la OMS y renunciase a activar los sistemas de detección precoz. Lo que pocos recuerdan es que el estado de alarma fue la excusa para introducir a Bildu en el bloque de gobernabilidad del Estado.

Entonces conocimos también la inclinación cesarista de Sánchez, su querencia por escapar de la fiscalización parlamentaria, desactivar los controles democráticos al poder y ocupar las instituciones.

La normalización de Bildu es clave en la estrategia de Sánchez para aplicarse la «ideología del poder» de la que hablaba aquí el viernes Andrés Betancor: sin Bildu no hay muro. La superación del escrúpulo que hasta entonces provocaba aceptar sus votos certificó la defunción de la cultura política del consenso y su sustitución por los elementos históricos y emocionales que cohesionan a la izquierda con los populismos y los independentismos y a todos entre sí. El trabajo añadido de demonización del PP a través de las batallas culturales y su identificación con la extrema derecha deja a unos cautivos de los otros, sin autonomía política para escoger sus alianzas, y completa el vaciamiento de la centralidad y el bloqueo de la alternancia: «Somos muchos más».

La amalgama es tan contradictoria que no permite gobernar, pero tampoco dejaría caer nunca al Gobierno. La supervivencia en el poder de Sánchez se sostiene así en una narrativa que aparenta que el PSOE tiene más en común con los radicales que con el partido con el que en teoría comparte los valores del humanismo liberal europeo.

Y en esa irresponsabilidad estábamos cuando el mundo cambió.

(…)

El ejercicio de suplantación teatral del Parlamento que llevó a cabo el jueves en la Moncloa fue también una escenificación dirigida a Europa. Pero Sánchez no ha cambiado. El presidente intenta decidir el destino del país de manera unilateral y arbitraria, eludiendo el control del congreso y su autoridad preminente para asignar fondos. Si lo que le pide la UE es un incremento masivo durante años y eventualmente, enviar tropas a Ucrania, comprometiendo a generaciones y gobernantes futuros con lo que haga en un sentido u otro, hurtar el debate parlamentario y la rendición de cuentas ante los ciudadanos constituye un gigantesco fraude a la de democracia.

(…)

Una votación en el Congreso pondría en evidencia la naturaleza antiliberal y antieuropea de la alianza que sostiene a Sánchez. Su proyecto ético.

Y un acuerdo de Estado con el PP sería la negación de sí mismo y le obligaría a convocar elecciones si el concepto de responsabilidad política significase algo para él. Por esta anomalía, por esta debilidad, España arrastra los pies en este momento crítico para el mundo.

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Los males de la legislatura son crónicos, se inflaman con regularidad y supuran el verde fluido del rencor enquistado.

La derecha y extrema derecha Catalana, Junts y Aliança, vuelven a las andadas pero esta vez con la inestimable colaboración de los socialistas

Mientras Vox rechaza conceder la condición de ciudadano a los inmigrantes los secesionistas no solo no quieren a los extranjeros, sino que, además, quieren privar de derechos a los que ya disponen de ellos, a los españoles, en una parte de España.

Durante años nos hemos preguntado cómo era posible que en España no apareciera una extrema derecha fetén. Sencillamente, buscábamos en otra parte en el lugar equivocado porque ya estaba entre nosotros.

Los dos grandes partidos deberían bastar para elaborar una política de inmigración como hacen otros países sin tener que subrogar como hacen ahora el PSOE (otros países de Europa lo hacen mejor) por acuerdos circunstanciales con Junts, o el PP de Mazón con Vox.

Incapacidad y pereza intelectual

El partido socialista ha decidido subrogar su política migratoria al menos en Cataluña a un partido como Junts y eso envía un mensaje: que el Partido Socialista considera que la presencia de menores inmigrantes no acompañados es más problemática de lo que va pregonando en otras regiones o que hay una moralidad diferente, una doble contabilidad moral en Cataluña a la que se le permite un discurso ultra sin que sea apreciado como tal y que sería ultra en cualquier otra región española y sin embargo allí es un discurso perfectamente normalizado y como no queremos más inmigrantes fijamos unos criterios por los cuales la mayoría se van a otros lugares; respecto a la posición del Partido Popular que podría estar muy libremente criticando esta política del doble rasero y la utilización política de la inmigración por parte del gobierno lo hubiera podido hacer con mucha mayor eficacia si Carlos Mazón no hubiera salido a hacer un discurso que está totalmente prestado del de Vox.

Por otra parte el experimento singular de enviar ministros para resignificar liderazgos me parece un acto de desesperación.

Llevan el rencor de Sánchez por España.

Hoy mismo se han producido varias derrotas en el Parlamento y hemos oído declaraciones de Sánchez que niega infantilmente que la UE quiere un rearme que garantice su independencia y seguridad. Que es necesario llamarlo de otro modo.

Habida cuenta del bloqueo en el Congreso de Diputados por la negativa de los socios de gobierno a apoyar el incremento de los gastos armamentísticos, el debilitamiento constante de sus expectativas por los escándalos del exministro de transporte, el cerco al fiscal general, la abrupta resolución de la crisis inmigrante y el chantaje permanente de los nacionalistas catalanes, etc ¿cuáles serían las salidas a esta crisis?

¿Tratar de recomponer la mayoría parlamentaria ofreciendo cesiones adicionales a los socios, lo que puede suponer un coste político alto y generar mayor desgaste?

¿Recurrir a decretos-leyes para sortear bloqueos? Esto tiene límites y puede aumentar la percepción de debilidad y aislamiento.

¿Sustituir ministros desgastados, ofrecer un golpe de timón y renovar compromisos? A menudo es insuficiente si el problema es estructural.

¿Intentar acuerdos puntuales con la oposición o partidos ajenos al bloque inicial? Difícil por la polarización actual.

Si el bloqueo es total y la erosión imparable, el adelanto electoral puede ser la única vía para buscar legitimidad o reconfigurar mayorías.

En definitiva, la viabilidad de cada opción depende del margen parlamentario real, la presión social, y la resistencia interna en el partido de gobierno, que es la resistencia de Pedro Sánchez.

Si yo fuera Sánchez, tras algún movimiento que permita al gobierno aparentar control, con la economía aún sin mostrar datos demasiado negativos y antes de que la presión fiscal y la deuda vuelvan al debate central en los presupuestos, creo que el escenario ideal sería el otoño.

De este modo se evita la tensión social del inicio de año y el deterioro de cifras invernales. Da tiempo para cerrar el curso político con algún logro presentable.

Veremos.

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