El problema de Talavera no es el puente

Carlos Hidalgo

El domingo pasado las imágenes del “puente romano” de Talavera de la Reina aparecieron en casi todos los informativos y medios escritos. El Tajo, crecido por este mes de lluvias casi continuas, termino arrastrando parte de los viejos sillares romanos del puente, haciendo que algunos de los arcos construidos en el siglo XII se deformaran y se derrumbasen.

No es la primera vez que este puente (uno de los tres que cruza el Tajo) se derrumba. De hecho, el puente llevaba buena parte de la segunda mitad del siglo XX abandonado y en ruinas y no fue hasta principios de los 2000 cuando se restauró y se habilitó únicamente para tráfico peatonal y de bicis.

Pero no es el puente lo único que se ha abandonado de Talavera. La ciudad, que era próspera y bulliciosa gracias a un mercado nacional de ganados que se convocaba cada 15 días, aprovechaba su situación como lugar de paso entre Madrid, Extremadura, Andalucía, Castilla y León y Portugal y ejercía de capital de una comarca/provincia imaginaria que se extendía hasta Navalmoral de la Mata (Cáceres), Arenas de San Pedro (Ávila) y Santa Olalla (Toledo). A principios de los 2000, la ciudad era la segunda ciudad en población de Castilla-La Mancha y parecía que su crecimiento era imparable.
Fue en esos años cuando alguien decidió que el mercado de ganados no tenía por qué ser presencial, sino virtual, como la Bolsa; con lo que los hoteles y los comercios talaveranos dejaron de llenarse cada quincena. Pero el “boom” del ladrillo de esos años absorbió el impacto y las perspectivas seguían siendo buenas.

Con la crisis de 2008 todo colapsó y la ciudad alcanzó rápidamente más del 40% de paro, con 14.892 personas desempleadas en una ciudad que entonces tenía casi 89.000 habitantes. De hecho, durante mucho tiempo la ciudad tuvo el dudoso honor de ser la ciudad con más paro de España fuera de Andalucía. Y hoy lo sigue siendo si exceptuamos también a Ceuta y Melilla, que han subido puestos en la lista.

Durante todo este tiempo ninguna estrategia para reducir el desempleo ha dado sus frutos. Si el paro ha bajado del 40,72% de 2012 al 23,23 actual, es básicamente porque Talavera de la Reina ha perdido unos 8.000 habitantes durante estos años y ya no es la segunda ciudad castellanomanchega más poblada, sino la cuarta. Las largas calles y avenidas talaveranas son una sucesión de carteles de “se vende” y escaparates tapiados. Y el precio de la vivienda, que suele ser una locura, en Talavera es algo menos loco. Exceptuando los pisos que están cerca del campus de la Universidad de Castilla-La Mancha que tiene la ciudad, los precios de venta y alquiler recuerdan a tiempos pasados.

Obviamente, esas tasas de paro y esa falta de actividad de la economía formal hacen que la gente, en su desesperación, se decante por la llamada economía informal, que en muchos casos se trata de ñapas y en otros más graves se trata de delincuencia. Las infracciones penales han crecido en Talavera hasta alcanzar las 2.532 entre enero y septiembre de 2024, por las 2.214 registradas 12 meses antes. En estas se agrupa no solo la criminalidad convencional, que también ha crecido un 11,4%, sino también la cibercriminalidad, que ha aumentado un 33,9%.

Se trata de cifras muy superiores a las registradas a nivel nacional en ese mismo periodo, que limitan su incremento al 2,1%.

Se hizo un esfuerzo porque la ciudad se convirtiera en una atracción turística, especialmente su casco histórico, lo cual ha funcionado a medias, dado que mucho del patrimonio histórico de la ciudad ha sucumbido a las excavadoras. Por poner un ejemplo, el círculo de murallas medievales que bordeaban el río Tajo fueron sepultadas con escombros en los años 60 para ganar terreno al río. Y ya durante los 80 se derribaron otros círculos de murallas para construir viviendas.

Así que sí, se ha caído un puente. Pero el puente no es el problema, la crecida del río tampoco. El problema es una inercia de abandono e indolencia de las autoridades municipales, autonómicas y estatales, que realmente no saben cómo abordar situaciones como las que lleva décadas viviendo la ciudad castellanomanchega. Sí, seguramente todo el mundo corra para restaurar el puente. Pero hay mucho, muchísimo más por arreglar allí.

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