Fin de temporada y de época

Carlos Hidalgo

No recuerdo cuándo empecé a leer Debate Callejero, pero sí que recuerdo que devoraba los artículos de José María Calleja, Miguel Sebastián, Ignacio Urquizu o Alberto Penadés, además de muchos otros que escribían con seudónimo y que en su día me ilustraron mucho acerca de temas que me interesaban, pero de los que no tenía apenas idea. Me maravillaba que en plena explosión de los blogs (hace 20 años), este blog no estuviera en todos los medios, por su calidad y por la gente que intervenía en él.

Varios años más tarde se me invitó a escribir aquí y, salvo contadas excepciones, todos los domingos me he sentado delante del ordenador en una mezcla de disciplina, lealtad a las personas que gestionan este espacio (especialmente Alguien y LBLN) y la responsabilidad de tratar de hilar mis ideas sin decir demasiadas tonterías. Obviamente, los primeros espadas de este blog ya no escribían, por lo que, afortunadamente, la comparación con ellos queda más lejos cuando se leen mis digresiones aquí.

En estos 20 años este blog ha cubierto en España gobiernos socialistas y populares, ha seguido los asuntos del mundo y ha asistido a dos inexplicables presidencias de Donald Trump. Cuando Debate Callejero empezó, la democracia triunfante reinaba sobre la mayor parte del mundo y las redes prometían ser a la vez el nuevo ágora global y la moderna biblioteca de Alejandría. Hoy las democracias están a la defensiva, atacadas a la vez por Rusia, China y, quién lo iba a decir, los Estados Unidos. Las redes sociales, adquiridas por millonarios megalómanos, narcisistas e irresponsables, son un generador ilimitado de odio y estupidez. E Internet, que creíamos que sería la recopilación en tiempo real de todo el saber de la humanidad, ha terminado sirviendo para que la gente renuncie a las vacunas, niegue la evidencia científica y siga la corriente a musculosos e ignorantes gurús, con la forma y el cerebro de un croissant. Y la Inteligencia Artificial…

A lo largo de todo ese tiempo, colaboradores y lectores hemos discutido acerca de ello, hemos tratado de informarnos lo mejor posible y, puede que, a contracorriente, hemos defendido en esta página el valor del conocimiento científico, de la democracia como la mejor manera de las sociedades para perfeccionarse a sí mismas y del progreso social como meta de toda aspiración humana.

Las despedidas son difíciles y dolorosas y no quiero prolongar esta. Sí que quiero usar una frase que hace tiempo dijo Iñaki Gabilondo en su despedida de las ondas: sigámonos buscando porque en algún sitio nos encontraremos.

Gracias de corazón a todos y a todas.

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