Franco ha muerto

Alfons Salmerón

Este año se cumplen cincuenta años de la muerte de Franco y el Gobierno decidió iniciar el año con un acto institucional que trataba, a menos ese fue el discurso oficial, de conmemorar esa efemérides como momento fundacional de nuestra democracia. A pesar de considerarme abiertamente antifranquista, y por tanto, dentro del target a quien iba dirigido el evento, no sé por qué motivo no me sentí especialmente identificado con el mismo. Tratar de comprender las razones de mi indiferencia es el motivo que me lleva a escribir este artículo.

Para empezar, me cogió casi por sorpresa. ¿A qué viene esto?, pensé. Bueno, me argumentaba, son cincuenta años de la muerte del dictador y puede ser una buena ocasión para recuperar nuestra memoria. Todos los medios comentaban la ausencia del PP y Vox en el acto, que por previsible no llegó ni a cabrearme. Sin embargo, sí lo hizo que su majestad Felipe VI adujera problemas de agenda para justificar su no asistencia. Minutos más tarde, me descolocó bastante que Podemos y Junts también anunciaran su decisión de no participar en el acto del Gobierno.

¿Qué es lo que hizo que yo tampoco me identificara? El creciente olor a cuerno quemado me fue poco a poco contestando a esa pregunta, como si se me fueran revelando unas subyacentes razones espurias de la nueva ocurrencia de nuestro Presidente. Una idea fue ganando terreno en mi cabeza: su intención no ha sido rendir un homenaje a nuestra memoria democrática. Levantar un estandarte en el que nos pudiéramos identificar la mayoría de españoles no nos hubiera venido nada mal en estos tiempos descosidos, sin embargo, bajo ese relato oficial me pareció intuir una nueva maniobra presidencial para intentar recuperar el pulso político y algo en mí me dijo, pues esta vez va ser que no, y entonces sí, fue ganando terreno la indignación y la rebeldía. No, esta vez no, esta vez no quiero acompañar al Gobierno en esto, y me vinieron a la memoria otros golpes de efecto como su carta a la ciudadanía del pasado mes de abril o la Ley de Amnistía.

Creo que podemos estar de acuerdo en que, en esta ocasión, la ocurrencia no ha funcionado, tal vez porque hace tiempo que se rompieron los consensos sobre la otrora casi unánimemente laureada transición española y ni siquiera la izquierda ha sabido ponerse de acuerdo sobre una nueva interpretación de la misma. Si hablamos de amnistías, quien nos iba a decir entonces que el artículo 56 de aquella Constitución española, erigida durante muchos años como símbolo de la reconciliación nacional, serviría cuarenta años más tarde para indultar al entonces señalado como héroe de aquel período histórico, el hoy emérito Juan Carlos. Sinceramente, creo que la sociedad española todavía no se ha recuperado de esa gran traición que abre las heridas mal cerradas en el año 1975. Se nos acumula la faena y es urgente reconstruir un relato fidedigno que nos permita una verdadera reconciliación, pero eso es harina de otro costal y una tarea para futuras generaciones.

Volviendo al tema, la cuestión, clara y llanamente en mi caso al menos, es que ya no me creo a Pedro Sánchez. Nadie puede poner en duda que es un político valiente, de raza, que se decía antes, un ganador nato y ahí está su trayectoria para avalar dicha afirmación, pero si de algo adolece claramente es de proyecto. Sus giros de guion han caracterizado su trayectoria, tan capaz de intentar un gobierno con Ciudadanos como de armar el primer Gobierno de coalición con su antagonista Podemos, de apoyar el artículo 155 tras el Referéndum del uno de octubre en Catalunya como de impulsar el indulto para sus responsables, de negar la amnistía a impulsar una Ley a tal propósito, pagando el precio de rehabilitar la figura del mismísimo de Puigdemont, quien le sigue troleando a día de hoy.

Nada tendría de extraño conmemorar la muerte de Franco para situar ese momento histórico como el momento fundacional de nuestra democracia, si eso se observara en el marco de un proyecto político de recorrido, y contara con el apoyo de las fuerzas políticas que sostienen al Gobierno. Sin embargo, la falta de acompañamiento de algunas de ellas o de entusiasmo en el mejor de los casos, sugieren lo contrario, esto es, que una vez más, la iniciativa se cuece en la cocina de Moncloa sin contar con nadie más, porque si algo también ha caracterizado la trayectoria de Pedro Sánchez es su adscripción a la máxima del partido a partido simeonista. Días después de la moción de censura que lo llevó al poder, escribíamos en estas mismas páginas que aquel momento era una oportunidad histórica para armar un proyecto político de largo alcance con las formaciones políticas que la apoyaron. Lamentablemente, eso no ha ocurrido ni de lejos. La estabilidad parlamentaria se sostiene con equilibrios muy frágiles precisamente por la falta de un proyecto, mínimo común denominador del arco parlamentario progresista. Conviene recordar que si el Gobierno sigue aguantando, más allá de sus aciertos, los errores de sus adversarios y la audacia de su Presidente, se debe al permanente ejercicio de responsabilidad, quién nos lo iba a decir, de la ERC de Rufián y de Bildu. Ojo al dato.

Tengo la impresión que el acto fallido de la conmemoración de la muerte de Franco, una nueva instrumentalización partidista de Moncloa, ha pinchado en hueso y ha dejado indiferente a unos  y a otros. Si pretendía trazar una línea maniquea que dejara desnuda a la derecha, no solo no lo ha conseguido, si no que la banalización de un hecho como este, de gran valor simbólico para la historia democrática de nuestro país, al ser tratado con una insultante frivolidad, ha ofendido la memoria de los verdaderos héroes de nuestra democracia, las mujeres y los hombres que lucharon durante casi cuarenta años, picando piedra, sufriendo la tortura, la muerte o el exilio, creando las condiciones para la llegada de la democracia. Franco murió, Sánchez se tambalea.

5 comentarios en “Franco ha muerto

  1. Sintiéndolo mucho, estoy completamente de acuerdo. Terrible que el PP no se sume. Penoso que no se sume el Rey. Lamentable que Podemos tampoco lo haga. Todo correcto. Pero terrible también que algo que debería ser tan importante se nos aparezca a los acólitos como un nuevo conejo sacado de la chistera. Lo mínimo es que se hubiera anunciado hace un año y se hubiera preparado a bombo y platillo, como merece la ocasión. Pero no, ha sido más bien un recurso para contrarestar. Y está muy bien contrarestar la ofensiva judicial, el acoso de la fachosfera y todo eso. Pero así no.
    Otrora, es acojonante que el grupo parlamentario más sensato y más constructivo del Congreso sea Bildu…

  2. Cuando murió Franco probablemente Pedro Sánchez pedaleaba en un triciclo por el pasillo de su casa y en su mente infantil el franquismo , la Falange y Onésimo Redondo carecían de toda representación .
    La construcción de una memoria retroantifranquista es una elaboración casi siempre defectuosa que necesita mucho sacrificio , información y disciplina en las lecturas ; en el caso de Sánchez – pésimo actor- es suficiente con asistir a un pase restringido en el Circulo de Bellas Artes de “ Libertarias ” con foto de Ana Belén incluida .
    Para los ministros y ministras que últimamente le acompañan con el argumentario , es muy incómodo :
    « Esto se hace en toda la UE » , dicen , alterando la verdad , los días y sus emociones .
    Lo característico de los malos actores es la parodia , el pastiche.
    Coincido con Salmerón en que Franco ha muerto y las motivaciones del Gobierno para distraer a los ciudadanos del ascenso al poder del carnicero de Málaga , Arias Navarro .

    No entiendo que a LBNL le parezca « terrible que el PP no se sume, penoso que no lo haga el Rey y lamentable que Podemos tampoco » cuando a él mismo le parece « un nuevo conejo sacado de la chistera » .

  3. Ejem…icaray!…visto lo visto,oído lo oido,leído lo leído…quizás haya que contar las batallas de distintas maneras.
    Franco es un fantasma con el que,Pedro Sánchez, quiere asustar a los niños malcriados.
    Vaya, otra vez el Sánchez haciéndonos pasar vergüenza.
    El dictador Sánchez no quiere que Franco le haga sombra.
    Franco no tapa la corrupción de las cloacas del okupa de La Moncloa.
    Quién mira al pasado,volviendo la vista atrás,se convierte en una estatua de Sánchez.
    Todos contra Sánchez o Sánchez contra todos.
    Es más fácil pensar como un facha que averiguar el próximo paso de Pedro Sánchez.
    Quizás es que nos da pereza defender la democracia.,la de verdad.

  4. Federratas..quisiera rectificar una frase anterior.
    Quién mira al pasado,volviendo la vista atrás,se convierte en una estatua de sal Sánchez ,sal….ejem…jeje.

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