La traición

Carlos Hidalgo

Ayer domingo se supo que el secretario de defensa estadounidense, Pete Hegseth, había dado órdenes al Pentágono de cesar las ciberacciones ofensivas contra Rusia. Esto quiere decir que Rusia, que es el país que más ataca los sistemas informáticos del resto del mundo (seguido muy de cerca por China), puede seguir tratando de asaltar nuestras infraestructuras críticas, extraer por la fuerza recursos mediante virus, ataques de denegación de servicio, desinformación, suplantaciones, malware, etcétera, y que mientras tanto los Estados Unidos se van a cruzar de brazos y, hasta es posible que se dejen robar algún secreto o regalen los nuestros al régimen de Vladimir Putin.

Lo hemos sabido un día después de que Donald Trump y su vicepresidente, el ultrarreligioso que se pinta la raya de los ojos para parecer más varonil, de nombre artístico J.D. Vance, hayan pretendido humillar al presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, delante de toda la prensa acreditada en la Casa Blanca y el mismo día en el que pretendían que firmase un tratado con los EE. UU. en el que les cedía la mitad de los recursos naturales de su país. Y sin garantías de ninguna clase de que los estadounidenses les protegerían de futuras agresiones rusas.

Los defensores de Trump se han escudado en que Zelensky no pretendía la paz de verdad y que se comportó como un desagradecido con el país que más dinero ha invertido en ayudarles a defenderse contra la invasión rusa (que Trump y Vance parecen negar, por cierto), cuando eso es una mentira más con la que la actual administración estadounidense, sus amos rusos y sus lacayos en el resto del mundo nos bombardean. En realidad, quien más dinero y recursos ha dado a Ucrania para que se defendiera es la Unión Europea y parece que va a seguir siendo así.

El verdadero motivo por el que Trump montó el numerito a Zelensky es porque el presidente de Ucrania se negó a inventar pruebas contra el hijo de Joe Biden durante el pasado mandato del empresario de Queens, incluso aunque este le presionó y le trató de hacer chantaje. Y esa petición quedó grabada por la propia Casa Blanca, se terminó sabiendo mientras Trump aún era presidente y le costó a este su primer intento de impeachment, que no prosperó.

Así que lo que hemos visto no era un intento de poner paz en la invasión rusa de Ucrania, sino un nuevo intento de chantaje, más humillación, provocado por la inquina personal de un presidente de los Estados Unidos que realmente es tan corto de entendederas como parece.

Y no lleva ni un mes en el cargo.

A estas alturas, mientras los europeos y el resto del mundo nos tratamos de organizar para soportar cuatro años de Trump, debería de haberle quedado claro a todo el mundo que el actual presidente de Estados Unidos está perfectamente dispuesto a traicionar a sus instituciones, a su Constitución, a un sistema internacional y de alianzas que se hizo a medida de los Estados Unidos y, por supuesto, a sus aliados, que somos nosotros.

Y sí, el término es traición y es aplicable, no sólo a Trump, a sus partidarios y a quienes les jalean dentro de los Estados Unidos, sino también a quienes lo hacen desde los países que estamos sufriendo esa traición, que en nuestro caso son una pareja tan dispar como Ione Belarra, supuesta líder de Podemos, y Santiago Abascal, supuesto líder de Vox.

La defensa de un orden internacional justo, de la democracia y de los derechos universales, no es algo de izquierdas o de derechas sino lo que unió al mundo hasta derrotar a los totalitarios. Europa no quiere ni va a dotarse de capacidades agresivas pero sí de lo necesario para poder defenderse dado lo agresivo del enemigo totalitario con el que convivimos.

Un comentario en «La traición»

  1. También Sumar , Bildu , … participan de la “ traición ”. Es decir , sin el principal partido de la oposición Defensa se queda sin dinero .

Deja una respuesta