Verónica Ugarte
Finalmente las fuerzas detrás del poder lograron que Biden desechara la idea de aferrarse y presentarse a una nueva candidatura presidencial, donde tenía en contra bastantes aspectos, entre ellos la edad y la salud, frente al indescriptible Trump. Muchos tienen a mano grandes calificativos para uno de los peores presidentes de EEUU (no ha sido el único), pero yo he optado por la paz mental y que el personaje se desarrolle solo.
La vicepresidente, Kamala Harris, ha sido nombrada oficialmente candidata por el Partido Demócrata en su reciente convención. Hasta el mismo Obama, quien dudaba en darle su apoyo de manera abierta, lo hizo y con ello varios sectores del país norteamericano mantienen la esperanza de que, esta vez sí, una mujer derrote al candidato republicano. La diferencia estriba en que Harris no es blanca y esa baza, para unos muy importante, pone en juego toda la campaña presidencial.
Lo mismo se dijo con Obama, el primer presidente “no blanco”. En un país donde el color de la piel decide tu futuro, hacer hincapié en las raíces de Harris es perpetuar el racismo. Cuando la escucho, como a tanta gente, decirse orgullosa de sus orígenes, me recuerdo que no se puede estar orgulloso de lo que el destino te dio como tierra de nacimiento, padres, y hasta extracto social. Para mí es demagogia pura y definitivamente quien habla pierde mi interés. Yo nunca he dicho que estoy orgullosa de ser mexicana puesto que me vino dado. Por lo que si luché, puesto que no me vino dado, fue la integración en mi tierra de acogida, que a veces golpes duros da.
El equipo de marketing de Harris es profesional. Su página web te redirige a España para hacer donaciones, pero el verdadero discurso viene en las RRSS, donde pueden leerse sus intenciones de combatir la inmigración ilegal invirtiendo en los países de origen, cuya pobreza empuja a su gente a buscar una mejor vida, atravesando lugares y sinsabores que nadie conoce. Incluido un país de emigración que es cruel y racista con quienes cruzan su frontera sur.
En este punto me viene a la mente lo siguiente: la presidente electa de México Claudia Sheinbaum ha prometido hace unos días generar medio millón de empleos durante el 2025. Una de las tantas preguntas que me formulo ante tamaña osadía es, ¿cómo?, y añado ¿dónde?, ¿en qué sector? ¿Cuáles serán los salarios para que se detenga la migración, por lo menos de manera temporal? Si vence Harris, tendrá que negociar mucho con la mexicana, puesto que las promesas de ambas no tienen claridad en cuanto a sus posibilidades de ser puestas en marcha.
Siguiendo con la mano de cartas que tanta demagogia está presente en los discursos de Harris, el número de personas indocumentadas expulsadas de EEUU fue mayor durante el mandato de Obama, y menor en el de Trump. También hay que señalar una estrategia que fue dañina para el entonces presidente: realizar un documental en una cárcel de EEUU donde Obama charló con presos elegidos para la ocasión, todos de minoría étnica. Quien pensase que la idea era brillante es, como siempre he pensado, alguien que no conoce la realidad del país en el que vive. Ni uno solo de los presos dejó la actitud defensiva a un lado. Y no los culpo. Las leyes del país son racistas.
Actualmente las personas detenidas con cinco gramos de crack reciben una sentencia automática de cinco años en prisión, mientras que para recibir la misma condena por portar cocaína la persona debe cargar medio kilo de cocaína en polvo. El crack es la droga de los pobres, de las minorías. La coca, elixir de los ricos. ¿Tendrá Harris el valor de hacer frente a estas leyes?
En sus planteamientos en las RRSS la demócrata habla de recortes de impuestos al mismo tiempo que habla de hacer crecer la economía del país norteamericano. El Estado recibe dinero y lo distribuye a través de los impuestos. Puede que no quiera creer en sus palabras, pero después de Reagan me tomo muy en serio el cuestionar los discursos de campaña de aquel país.
¿Sería capaz de subir los impuestos a los más ricos? Podrá ser una persona procedente de clase trabajadora, pero no es posible pasar por alto que los presidentes de EEUU suelen tener grandes fortunas, o por lo menos, han salido de la clase media con un margen muy alto. Para conseguir dinero para sus campañas han echado mano de los lobbies más importantes del país, lo cual hace que ciertos sectores económicos sean intocables.
Trump es el ex presidente más rico que ha tenido EEUU. Kennedy tenía 100 millones de dólares Clinton 75 y George W Bush 35 millones. Para ser presidente es necesario el dinero, y saber respetarlo, o al menos a quien te lo ha dejado.
Un gesto de asalto y sorpresa fue el apoyo a la causa de Trump del sobrino de Kennedy, quien se ha convertido en un proscrito por el Clan, por traicionar los valores de su familia. Del Patriarca, se dijo que intentó contrabandeaba durante la Ley Seca, algo que no se pudo probar, pero es bastante curioso que consiguiese de Roosevelt el monopolio de la importación de whisky, aumentando exponencialmente su fortuna.
Howard Zinn escribió con mucha razón acerca de JFK: gobernó siempre apartado de compromisos fuertes y claros. El hecho de ser asesinado no debe enmascarar que no fue un presidente muy ágil. Lo mismo su hermano Bob, quien además de solo tranquilizar a los líderes de las luchas por los Derechos Civiles, sirvió a su hermano de chaperón y encubridor de desmanes varios. El pequeño de la familia, Edward, fue salvado de la Justicia por omisión de socorro a su secretaria tras un accidente en el que murió.
De JFK se dijo que era el primer presidente católico. De Obama, el primer no blanco. Harris, sería la primera mujer y, además, no blanca. Y esto último no es lo que debería tenerse en cuenta, pero como no es así, tenemos claro lo poco que el mundo ha evolucionado al tratar a las personas de igual a igual, sin importar género, color de piel o el número de ceros en la cuenta bancaria.
Mi preocupación es que Harris no esté lo suficientemente preparada en áreas clave como migración, economía y política exterior. Que el discurso que propaga solo sea una respuesta necia a lo que el republicano ataca, pero en ninguno de los dos bandos haya propuestas serias, creíbles y razonadas.
Personalmente, y debido a que esa bandera es absurda y está muy gastada, estoy de acuerdo con una frase de un personaje cínico pero realista de la gran Emma Thompson: “Don’t start any sentence with ‘As a female’. So tacky.”