Arthur Mulligan
A finales de los noventa se puso de moda entre los animadores de los cursos de formación profesional un mensaje letal: la competencia en los mercados exigía que cada trabajador, dentro de su área de responsabilidad, debía hacer todo lo posible para salir fuera de su zona de confort. Estar cómodo era una deslealtad hacia la empresa, hacia los compañeros de trabajo y, por supuesto, hacia los clientes. Los nuevos héroes eran los vendedores ambulantes, los viajantes de puerta fría y más tarde, los intrusivos teléfonos móviles. Por fin se llegó a la saturación esperable: todos gozábamos sin saberlo de la incomodidad ambiente y los mensajes se reducían a la vez que el tiempo disponible de emisión. Entonces estalló el populismo y las personas se convirtieron en “la gente” para la que se escribían unidades básicas de argumentarios inspirados en el Libro Rojo de Mao Tse Tung que más tarde dio lugar al actual Tic Toc. Por el camino se redujo la enseñanza de la Historia, Filosofía y Literatura en favor del tweet. Hasta el PSOE de Machado y Cernuda pasó con armas y bagajes a los melodramas de escalera de Almudena Grandes y el universo todo devino en una amenaza del sintagma de la derecha y la ultraderecha mientras esperaba cínicamente la llegada de la derecha civilizada, una raza de gentes rubias que habitan una región entre fiordos y lagos inmensos, disfrutando de una paz y tranquilidad que paradójicamente hace sus vidas más cómodas.
A pesar de ese extraño movimiento político religioso, en el Centro de las ciudades se vive muy bien porque reúne en sus límites las principales plazas, parques y amplias avenidas, además de edificios con carácter, historia y modernidad. Por lo general las manifestaciones culturales se agrupan cerca y bajo la superficie circulan rápidos transportes que extienden las vías radiales del kilómetro cero uniendo universidades, academias, ministerios y hospitales, facilitando la administración del todo, la transmisión del conocimiento y el cuidado de almas y cuerpos.
Recogía el martes Lluís Camprubí en DC «que si estamos convencidos de lo real de la emergencia climática y del riesgo de la internacional reaccionaria para la democracia y el multilateralismo, y en particular de la pinza Putin/Trump, como amenaza para la UE, entonces tenemos que actualizar la política de acuerdos y alianzas» y añadía el nombre de la cosa (eco socialismo más socialdemocracia más liberales más conservadores, excluyendo a la extrema derecha) con el buen gusto tácito de excluir a la extrema izquierda.
Sabedor de la polarización ambiental, proponía con prudencia diferentes articulaciones en la colaboración marcada por la coyuntura con la condición de que «construir nuevos consensos y mayorías políticas amplias para transitarlos deberá ser hecho todo a la vez.»
Por supuesto decía más cosas, pero la voluntad de unir fuerzas para una mayoría estable y operativa – centrada mientras exista la amenaza descrita – se entiende bien.
En estos momentos Vox ha hipotecado su autonomía política a las eventuales locuras de Trump, en especial con los aranceles para los productos agrícolas españoles y el PP de Feijóo ocupa una cómoda plaza en defensa de la institucionalidad, aunque sean intermitentes las señales de crecimiento y validación de sus políticas.
Un partido de gobierno responsable no encontraría serias dificultades para lograr una respuesta positiva de la oposición ante la urgencia de unir fuerzas para frenar la emergencia climática y la involución reaccionaria.
El PP rompería la anomalía española de tener que pactar con los maximalismos de la derecha para huir del aislamiento al que le somete el PSOE y sus propios extremistas en un desequilibrio tramposo.
Pero claro, esto tendría peajes, muy difíciles de aceptar para una personalidad de colmillo retorcido y con tendencia al autoritarismo, como la renuncia a la cesión de estructuras tan simbólicas como el control de fronteras españolas a Cataluña (porque, según Junts, la inmigración pone en riesgo la identidad nacional catalana) y a la financiación singular explicada con tanto desastre conceptual por la Ministra Montero.
La crisis -que ya está aquí- necesitará recuperar el tiempo perdido mediante la aceleración de inversiones en Defensa que deberán nuevamente ser financiadas mediante varios instrumentos que harán imposible, si acaso algún día lo fue, atender la responsabilidad de nuestra abultada Deuda Pública.
Resumen de la deuda pública total de España al cierre de cada año, expresada en billones de euros:
- 2018: 1,17
- 2019: 1,19
- 2020: 1,31
- 2021: 1,43
- 2022: 1,50
- 2023: 1,54
- 2024: 1,62
Estos datos reflejan un incremento constante en la deuda pública absoluta de España durante el período mencionado. Aunque el porcentaje de deuda respecto al PIB ha mostrado variaciones debido al crecimiento económico, en términos absolutos la deuda ha seguido una tendencia al alza.
A la vez la IA nos dice que:
España debe articular una estrategia equilibrada que responda a las exigencias de defensa, mantenga la estabilidad fiscal y fomenta la inversión. Para ello debería centrarse en cinco ejes clave:
- Compromiso con la Defensa sin comprometer la estabilidad fiscal
- Aumentar gradualmente el gasto en defensa hasta alcanzar el 2% del PIB, como exige la OTAN, pero con una estrategia de financiación sostenible.
- Favorecer la inversión en la industria de defensa nacional y en cooperación europea para que el gasto revierta en innovación y empleo.
- Explorar fórmulas de financiación compartida dentro de la UE y potenciar la Política Común de Seguridad y Defensa.
- Disciplina fiscal y eficiencia del gasto público
- Cumplir con las reglas fiscales europeas sin recurrir a ajustes drásticos que perjudiquen el crecimiento.
- Revisar el gasto público para eliminar duplicidades y mejorar la eficiencia en sectores clave como educación, sanidad y pensiones.
- Reformar el sistema tributario para aumentar la recaudación sin afectar la competitividad, priorizando la lucha contra el fraude fiscal.
- Atracción de inversiones y crecimiento económico
- Mejorar la seguridad jurídica y simplificar la regulación para facilitar la inversión extranjera y el crecimiento empresarial.
- Impulsar sectores estratégicos como la transición energética, la digitalización y la inteligencia artificial.
- Aplicar incentivos fiscales a la inversión productiva y reforzar la colaboración público-privada en infraestructuras y tecnología.
- Reforma de la gobernanza institucional
- Garantizar estabilidad política con acuerdos amplios entre las principales fuerzas en cuestiones clave como defensa, fiscalidad y reforma laboral.
- Reducir la fragmentación política con reformas que faciliten la gobernabilidad y eviten bloqueos institucionales.
- Reforzar la independencia de organismos reguladores y mejorar la transparencia en la gestión pública.
- Un liderazgo europeo activo
- Impulsar una posición común en la UE que permita negociar con EE.UU. desde una posición de fuerza y reducir la dependencia de decisiones externas.
- Apostar por una mayor autonomía estratégica de la UE en defensa y energía.
- Aprovechar los fondos europeos para transformar la economía con visión de largo plazo.
España debe equilibrar estos frentes con pragmatismo, evitando medidas que comprometan su estabilidad económica o institucional.
Por otra parte, a 6 de marzo de 2025, la deuda pública de Estados Unidos supera los $30 billones, equivalentes a aproximadamente el 120% de su Producto Interno Bruto (PIB). Esta deuda se financia principalmente mediante la emisión de bonos del Tesoro, adquiridos por inversores nacionales y extranjeros, incluyendo gobiernos y entidades privadas.
El déficit comercial, que ocurre cuando las importaciones superan a las exportaciones, influye directamente en la balanza de pagos de Estados Unidos. En enero de 2025, el déficit comercial alcanzó un récord de $131.4 mil millones, impulsado por un aumento del 10% en las importaciones, especialmente de bienes de consumo y capital. Este déficit incrementa la cuenta corriente negativa en la balanza de pagos, lo que refleja una mayor salida neta de dólares del país. Para financiar este déficit, Estados Unidos depende de la entrada de capital extranjero, que se materializa en inversiones en activos financieros estadounidenses, como bonos del Tesoro. Por lo tanto, el déficit comercial está estrechamente relacionado con la necesidad de financiación externa y el aumento de la deuda pública.
En resumen, la deuda pública de Estados Unidos se financia mediante la emisión de bonos del Tesoro, y el déficit comercial amplía la necesidad de financiación externa, afectando la balanza de pagos y contribuyendo al incremento de la deuda nacional.
Preguntaba Sanchez en uno de sus discursos exculpatorios « ¿qué más catástrofes nos pueden ocurrir ?» Aquí está la respuesta: el cansancio de nuestro mayor aliado de correr con la parte del león en los gastos de nuestra seguridad. Las primeras reacciones de los socios de Gobierno no pintan nada bien y trastocan en principio los planes estratégicos. Trump no es un empresario sino un hombre de negocios y al igual que en su primera legislatura terminará por negociar. Cuenta para ello con un importante apoyo popular al menos hasta las elecciones del medio mandato.
Veremos.
“Muchas de las conquistas del feminismo están bajo ataque”, ha alertado Sánchez en el acto de conmemoración del 8-M, en el que se ha declarado “orgullosamente feminista”. “Valores y principios que creíamos sólidos como una roca, son hoy cuestionados de manera brutal y de manera directa, sin ningún tipo de escrúpulo ni de ambages”, ha advertido.
“Gobiernos de países que un día abrieron camino –ha señalado el líder socialista, en referencia a Estados Unidos, donde se originó precisamente la celebración del 8 de marzo-, abrazan hoy la involución al calor de la guerra cultural como coartada”.
Pero “ante una nueva amenaza”, Sánchez ha querido ser “muy claro”. “No podemos dar ningún paso atrás, no puede haber ninguna vacilación”, ha recalcado. “El feminismo solo conoce una dirección, que es mirar y caminar hacia delante. Frente a quienes quieren retrasar el reloj de la historia, y desgraciadamente son muy poderosos, no vamos a ceder ni un milímetro, ni un segundo, en una lucha en la que todavía estamos a mitad de camino”, ha asegurado.