Se llama fascismo

Carlos Hidalgo

La mayor parte de los grandes medios estadounidenses se adhieren a una visión muy rígida y rigurosa de lo que debe ser el periodismo, usando unos estándares y unos medios que en muchas ocasiones nos dejan babeando de envidia a los que ejercemos la misma profesión en España. Sin embargo, tienen un pequeño defecto y es que siempre, ante declaraciones contradictorias, tienden a buscar el “justo medio” entre ellas, antes que verificar cuál de ellas es verdad. Alguien, con mucha retranca, lo describió como, que si hubiera un artículo acerca de tipos que creen que la Tierra es plana y los posteriores desmentidos de los científicos, los estadounidenses lo titularían como “polémica acerca de la forma de la Tierra”.

Algo así pasa constantemente con Donald Trump. El mandatario estadounidense se suele inventar las cosas y sus apariciones públicas son ametrallamientos constantes de falsedades, racismo, hechos retorcidos, mentiras descaradas y grosera ignorancia. Y aunque los medios americanos siempre suelen desmentir la ristra de embustes de su presidente, les cuesta decir claramente que miente y suelen poner cosas como que las declaraciones de Trump “entran en conflicto con los hechos”.

Lo mismo está sucediendo ante la política de ejecuciones ilegales que está llevando a cabo su Marina en el Caribe, los asesinatos y detenciones ilegales que llevan a cabo su policía de Inmigración y Fronteras (ICE) y la represión, chantaje y amenazas con las que adorna su política. Los medios estadounidenses se resisten a calificarlo, siguen buscando un término medio que cada vez está más lejos del medio y, lamentablemente, de la realidad y, aunque su información sigue siendo rigurosa, impecable y contrastada (en la mayor parte de los casos), tratan de evitar los términos que usarían si esos mismos hechos sucedieran en otro país, como “ejecuciones ilegales”, “policía política”, “detenciones ilegales”, “desapariciones forzosas” o “represión política”.

Hasta que las dos ejecuciones dos manifestantes en Minnesota y las consiguientes protestas civiles multitudinarias y las insultantes mentiras del Gobierno de los EEUU han impulsado a “The Atlantic” a publicar un artículo editorial titulado “Se llama fascismo”, en el que deja claro el peligroso sendero por el que se está deslizando su país.

Pero es que no es solo su país. En Europa y en España estamos asistiendo al surgimiento de partidos que defienden sin rubor todo lo que está haciendo Trump, que celebran las muertes y desapariciones y que afirman que tienen planes parecidos para sus propios países.

Es increíblemente doloroso ver cómo una democracia se desmorona y cómo una ciudadanía, hasta hace poco libre, empieza a ver desaparecer sus derechos, libertades y hasta su vida a manos de fascistas. Hace menos de un siglo que el fascismo precipitó al mundo entero hacia la ruina, la muerte y la guerra. No podemos consentir, medios, ciudadanos y políticos, que esto vuelva a pasar.

2 comentarios en “Se llama fascismo

  1. Tiene razón .Es increíble porque es falso debido al abuso sistemático de la utilización de la palabra fascista como descripción de la erosión democrática de una república admirable en muchos momentos de su corta historia relativa pero que, según entiendo , conserva la buena costumbre de realizar elecciones competitivas con alternancia real, la prensa es plural y crítica, existe separación de poderes y la oposición política opera libremente. Todo esto descarta, hoy por hoy, un régimen fascista y estoy seguro que el articulista lo sabe, pero prefiere como acostumbra, lanzar alarmas éticas utilizando el fascismo como una etiqueta total.

    Con todo, son indudables los intentos de deslegitimar elecciones , la presión politica sobre jueces ( ¿ a quién nos recuerda ? ) , una retórica autoritaria , crisis de confianza institucional, violencia política marginal – que no estructural – pero ni hay partido único y el poder judicial sigue bloqueando al ejecutivo cuando así lo requiere la ocasión, a la vez que los estados y la prensa siguen actuando .

    En definitiva, ni es Hungría y mucho menos Weimar. De momento.

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