Desfachatez

Arthur Mulligan

Tal vez sea esta cualidad la que más destaque en la personalidad de nuestro Presidente, un temerario capaz de repetir en la brevedad de un instante lo uno y su contrario sin que tenga consecuencia alguna.

En estas fechas las élites occidentales acostumbran a reunirse en Davos para fomentar una cooperación público-privada que integre a los principales líderes económicos, políticos y empresariales del mundo. Su fin consiste en poner en valor determinados aspectos en las agendas globales y regionales.

Un movimiento que implica a más de 2000 personas bajo los focos en un paisaje nevado pero que en el caso de nuestro héroe termina últimamente encerrado con unas cuantas personas en una habitación exigua, de preferencia sin ventanas, con personas que, como él, cuentan de ordinario con amplios despachos en los centros que administran y que desprende aquí, a 1560 metros sobre el nivel del mar, el inconfundible hedor a cerrado por exceso de humanidad.

Como Hans Castorp, el protagonista de La montaña mágica, Pedro Sánchez «no tenía la intención de tomar este viaje particularmente en serio, de dejar que afectase a su vida interior, más bien pensaba realizarlo rápidamente, hacerlo porque era preciso, y regresar a su casa siendo el mismo que había partido y reanudar su vida exactamente en el mismo punto en que había tenido que abandonarla por un instante».

Los escribidores de discursos en Moncloa han hecho esta vez el apaño necesario para presentar al heraldo de la socialdemocracia de los nuevos tiempos, un discurso que termina solicitando a los empresarios que arrimen el hombro a las sociedades de las que dependen sus éxitos en forma de beneficios y cuyo recaudador, por sí no se habían enterado, es el propio Pedro en lo que afecta a su país, un país plurinacional y plurilingüe, que avanza a pasos agigantados hacia una forma administrativa confederal, la misma de la que participan los habitantes de las montañas que le acogen durante estas jornadas.

– ¿Y qué? Pues eso, que no pasa nada y la única diferencia es el clima: mientras en Davos ven caer la nieve, en España tomaríamos el Sol.

– Ahh, ¡ojalá todo fuera igual de sencillo!

Pero no. La derecha, la ultraderecha y los propios renegados, entre otros, insisten en que la proposición de ley orgánica de amnistía es inconstitucional.

Y este es el cogollo del meollo del follón.

Tres son los argumentos estelares que comprometen a un forzudo de la judicatura como Pumpido:

Ruptura del monopolio jurisdiccional para declarar lo que es delito y, en consecuencia, deducir las consecuencias pertinentes a los responsables. El legislador privaría de esta potestad incluso con efectos retroactivos, entra en conflicto con la intangibilidad de la cosa juzgada.

Ruptura de la igualdad ante la ley, privilegiando a unas personas en razón, precisamente, de la gravedad de lo que han hecho.

Y por último, en virtud de una ley singular que carece de fundamento razonable, incurriendo en la previsión de la amnistía cuando como han reconocido, el objetivo es el de obtener la investidura como presidente del Gobierno.

Pero con independencia de lo anterior, surge una cuestión aún más relevante: el precedente de que el poder legislativo module a su antojo cuándo, cómo, dónde y a quién se le aplica el castigo en función de criterios de oportunidad política, sin límite alguno, revisando retroactivamente los castigos aplicados, para beneficiar a ciertas personas.

En otros términos, se rompe el criterio de la generalidad de la pena, clave para la garantía de la igualdad ante la ley, pero, sobre todo, se establece la utilización según conveniencia política del castigo, anulando en su caso sentencias judiciales.

Se da un paso más en el proceso que se inició con los indultos (sin solicitud, sin arrepentimiento y en contra del informe del tribunal sentenciador); continuó con la eliminación del delito de sedición y la reforma de los delitos de malversación; y se culmina, por ahora, con la extinción de cualquier tipo de responsabilidad.

Son impresionantes las derivas que denuncian las personas que se alejan del PSOE precisamente por su complacencia con el trasfondo xenófobo de los nacionalistas que nos caen en suerte, blanqueándolo al ser asociados “progresistas” del Gobierno, haciendo de la necesidad virtud y entregándose a la mentira como principio regulador.

Los que nos oponemos a Sánchez desde el reconocimiento de los valores socialdemócratas y liberales, no nos resignamos; desde luego denunciamos la peste parda que anida en Bildu y las políticas excluyentes de PNV, Junts y ERC que siguen insidiosamente operando sin frenos, privatizando para su grey servicios públicos que pagamos todos.

Y hoy sigue vivo el lema que nos dimos en la transición: racionalidad, universalidad, igualdad.

Nada de lo que vimos desgraciadamente la semana anterior en el Congreso mientras la pobre Yolanda se sumía en un estado de confusión.

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