Permitirse vivir en el propio país

Carlos Hidalgo

Ayer El País sacó una encuesta en la que los españoles con empleo decían estar satisfechos con su trabajo, pero se consideraban, en general, mal pagados. España es uno de los países con más paro de la Unión Europea, pese a que llevamos años de crecimiento económico sostenido incluso pese a las peores previsiones. Pero algo falla porque ese crecimiento no se reparte y no hace que se genere empleo a ritmos parecidos a los de otros países.

Para todo, dependiendo de los economistas a los que preguntes, hay explicaciones muy diferentes. Una de ellas es la machacona falta de productividad de los españoles. Los datos macroeconómicos indican que un español produce menos que cualquier otro trabajador europeo trabajando más horas. Esto, que se suele decir y luego quedarse tan a gusto, puede deberse a diversos factores: uno de ellos es el excesivo número de horas extras impagadas en nuestro país, que altera los datos de productividad y falsea las tareas realizadas, así como su relación con las horas trabajadas. Tenemos a empresarios exigiendo (ilegalmente) horas gratis al trabajador y logrando un beneficio que, en la mayor parte de ocasiones, el empresario no declara. Pero puede deberse también a que las jornadas excesivas producen problemas de salud psicofísicos que se traducen en menor motivación, menor productividad y, en general, menor rendimiento en el trabajo. Así como el progresivo deterioro en la salud mental de los españoles, que avanzamos puestos en el consumo de psicofármacos y de diagnósticos de enfermedades mentales.

Por otro lado, está la queja recurrente de los empresarios de que los trabajadores en España salen mal formados de la Academia. Un problema que se zanja repitiendo una frase que escuché a Félix García-Lausín, Secretario General del Consejo Universitario Iberoamericano (CUIB): “Pues en Alemania no tienen ningún problema con ellos”. De hecho, los datos indican que, por lo general, los trabajadores en España están sobrecualificados y que los empresarios están infracualificados. Así, tenemos a trabajadores cobrando poco y poniendo sus habilidades a disposición de empresarios cuya formación es escasa y mal aprovechada. O, como dicen que dijo José Ortega y Gasset: “en España el señorito y su chófer leen el mismo periódico: el Marca”.

Otra cosa que produce quejas, gritos y rechinar de dientes en el empresariado y en los economistas más ortodoxos es el tema de los sueldos. Cada vez que se denuncia que en España los trabajadores llevan perdiendo poder adquisitivo desde 2008, se advierte con alarma y autoridad que subir los sueldos desemboca irremediablemente en inflación. El caso es que la relación entre sueldos e inflación no es tan directa como parece y, en una gran cantidad de casos, no existe. La inflación más reciente en España (y en el resto del mundo) se ha debido más a las alteraciones en la cadena mundial de suministros, a los efectos de la Guerra de Ucrania en el precio de los cereales y en el de los combustibles y (también hay datos que lo demuestran) a un exceso de avaricia de diferentes actores del mercado, que han subido los precios por encima de lo que la demanda requería, dado que casi monopolizan el mercado y venden bienes de muy primera necesidad, por lo que la demanda es terriblemente inflexible.

Y hablando de cosas con demanda inflexible: la relación entre bajos sueldos y vivienda provoca que los españoles se estén quitando cada vez de más cosas para poder dormir bajo techo. Eso hace que la demanda interna en nuestro país baje porque la gente tiene que ir menos veces al súper si quiere poder pagar su hipoteca o su alquiler. Si la demanda interna en España baja, no pasa nada: se tira de demanda externa. Si los nativos no pueden alquilar un piso a los precios a los que se ofrecen, los “guiris” pueden permitirse un AirBnB y encima se saca un margen de beneficio mayor. Con lo cual el mercado de la vivienda tiene un enorme factor distorsionador. Lo mismo pasa con otros mercados: si los españoles no pueden permitirse vivir en una ciudad, no pasa nada, que se venderá a los turistas, con lo que se siguen creando negocios de baja productividad (la hostelería la tiene bajísima), se expulsa al talento de donde se necesita (en Madrid, Cataluña, País Vasco, Baleares y en Canarias cada vez es más complicado encontrar a trabajadores cualificados porque no se pueden permitir vivir en las ciudades que les ofrecen empleo) y se sigue dependiendo de un modelo económico de sol y playa que no ha traído grandes riquezas a las zonas donde se lleva aplicando años y años (véase a Andalucía o a las Canarias).

Los sueldos en España son tan bajos que se pueden seguir subiendo sin que la inflación se vea afectada por ellos, porque el sueldo mayoritario en España, inferior a los 25.000 euros anuales, no da a los trabajadores ni para comprar los bienes que ellos mismos producen. Y es que para que un país funcione, sus propios habitantes han de poder permitirse vivir en él.

3 comentarios en “Permitirse vivir en el propio país

  1. Se tocan, y de manera muy superficial, muchos temas, por lo que habría que detenerse en ellos para, mínima mente, poder sacar algunas conclusiones de más enjundia que las que se vierten en el artículo.
    Hablar de la productividad sin nombrar al mayor empresario, papá estado, puede dar una imagen distorsionada de la realidad. La productividad en la justicia, con la lentitud que la caracteriza, de la sanidad, con las listas de espera, de la educación, con los informes, Pisa entre otros, etc. Nos muestra que no son los empresarios a los que el articulista parece apuntar los peores valorados. La industria, en general, presenta buenos índices de productividad y competitividad. Otra cosa es la hostelería en los pequeños niveles. O la agricultura, la pesca, y muchos otros sectores en los que si se dan esos casos apuntados de abusos en temas laborales.
    En fin, que hay mucha tela que cortar y requeriría una mayor extensión y concreción para abordarlos con un minino de rigor.

  2. “ Los sueldos en España son tan bajos que se pueden seguir subiendo sin que la inflación se vea afectada por ellos, porque el sueldo mayoritario en España, inferior a los 25.000 euros anuales, no da a los trabajadores ni para comprar los bienes que ellos mismos producen. Y es que para que un país funcione, sus propios habitantes han de poder permitirse vivir en él. ”

    Esta expresión , así enunciada, parece aplicable a Cuba en toda su crudeza y , siguiendo el comentario de Fernando , se echa de menos la responsabilidad del Gobierno,.

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