El cohete

Arthur Mulligan

Recuerdo de mi época como analista de riesgos en un banco la dificultad recurrente para unificar el sentido verdadero de las palabras, un sentido que fuera común – nunca mejor expresado – inequívoco y no sometido a la libre interpretación de los miembros del equipo, que permitiese a su vez huir de una rigidez castrense con la suficiente elasticidad para adaptarse sin abusos a las múltiples situaciones concretas del negocio.

Pues bien, a pesar de las advertencias, los ejemplos estudiados, operar en la misma zona en posición de renta, y dejar claramente establecidos los límites para no incurrir en desagradables situaciones, no era infrecuente observar desvíos significativos entre los diferentes equipos. No eran inocentes o debidos a circunstancias extraordinarias de difícil previsión sino que las más de las veces obedecían a un irrefrenable deseo de aumentar el volumen de negocio que les cegaba. Reaccionaban como muchos vascos al preguntarles en un restaurante cómo quieren la lubina y casi invariablemente responden ¡grande!

No se ocultaban datos o situaciones financieras particulares; no había deslealtad y los equipos estaban integrados por empleados con buena formación de modo que nadie resultaba expedientado. Los informes se supervisaban y pasaban los controles de calidad. El mercado iba como un cohete y en esa situación son muy escasas las voces que sugieren una desaceleración. Surgieron como de la nada ofertas hipotecarias para financiar el 100% del valor de tasación para que los jóvenes pudieran jugar a vivir en pareja – ¡hipotecas para entrar a vivir! – decían, ¡hipotecas para todos y para todo! para amueblar el piso, para el pago de las escrituras, para incluir el coche y su parcela…

Se compraba y vendía en las cafeterías y toda la ciudad se convirtió en un gigantesco zoco.

¿Y nadie dijo nada? Por supuesto que sí.  «Por el precio de un alquiler me convierto en propietario», decían.

Y así hasta que llevaron a la quiebra a la mayor parte de las Cajas de Ahorro por la imprudencia de sus directivos, la bisoñez de sus Consejos formados por políticos y la ausencia de control del Gobierno.

Fue precisamente en una de esas Cajas en donde Pedro Sánchez Castejón aprendió a fabricar cohetes de palabra. Y se le daba muy bien.

Caja Madrid concedió una hipoteca a Pedro Sánchez con una bonificación del 30% sobre el interés por su condición de miembro de la asamblea de la entidad financiera –un órgano al que pertenecían unas 320 personas designadas por partidos, sindicatos y otras organizaciones. “La bonificación representó unos 60 euros al mes”, que dejaron el valor resultante en “condiciones similares a las del mercado en 2005”, según aseguraba el PSOE en el anexo explicativo de la hipoteca que hizo pública en Octubre de 2014.

En julio de 2008, el entonces concejal socialista del Ayuntamiento de Madrid, todavía asambleísta de la caja, pidió una ampliación de ese préstamo hasta 318.600 euros, también al 50% con su esposa. El tipo de interés fue entonces del 1,25% más euríbor (que estaba al 5,93%), esta vez sin bonificación, con lo que se situaría en el 7,18%.

Sí, también los miembros del PP y de los sindicatos aprovecharon la ocasión, y no descarto que lo hicieran en mayor medida.

¿Qué es un cohete? Un dispositivo que se desplaza por el aire a gran velocidad. A medida que la masa del combustible disminuye durante la combustión, la velocidad del cohete aumenta a medida que se mueve en la dirección opuesta.

Y este es el cohete de Pedro Sánchez: Si analizamos los datos concretos de crecimiento debemos de profundizar algo más en términos comparados el conjunto de la economía española. España tiene el índice de miseria (paro + inflación) un 60 % superior con relación a la media europea, esto es, el más alto de la UE.

El índice de miseria es una medida de la angustia económica que siente la gente común, debido al riesgo de desempleo (o al desempleo real) combinado con un aumento del costo de vida. El índice de miseria se calcula sumando la tasa de desempleo ajustada estacionalmente a la tasa de inflación. Se trata de una instantánea de dos cosas que realmente preocupan a la gente: si la gente tiene un trabajo y cuánto les costará comprar las cosas. Es una medida burda, pero puede ser informativa.

El PIB per cápita español es una buena aproximación a lo que es el nivel de vida de los ciudadanos de este país, y tiene una brecha del 12 % respecto a la UE y del 16% respecto a la eurozona. Nos han pasado Malta, Chipre y Eslovenia en los últimos años, ocupando el puesto nº 20 entre los 27.

Un Gobierno que se preocupa mucho por la gente, especialmente por los más desfavorecidos arroja la tasa de riesgo de pobreza y exclusión social mayor de la UE, el 26,8 %, aproximadamente 17 millones de españoles. Cinco puntos por encima de la media de Italia y solamente superados por Rumanía y Bulgaria.

Si hablamos de carencia material severa, el segmento que no tiene acceso a bienes y servicios, la tasa es del 9%, la más alta de la UE. Y al final de la proyección que hace la OCDE en los desequilibrios, España seguirá teniendo la tasa de paro más elevada de la UE.

Con una claridad meridiana el Banco de España pronostica que de aquí a 2026 nuestro país no cumplirá las reglas fiscales ya que el déficit público se situará por encima del 3%; para reducir esa brecha deberíamos realizar un ajuste del 0,5% anual del PIB algo que no aparece en la proyección del techo de gasto.

La Deuda seguirá avanzando y quedará entre las tres más elevadas de la UE.

La naturaleza del crecimiento tan cacareado por el cohete es impulsado por el gasto público y por un endeudamiento creciente insostenible, y un elemento fundamental para ser locomotora y para elevar el nivel de vida de los españoles es la productividad por ocupado, por lo que, hoy por hoy, es un 19% inferior a la media de la UE y un 25,5% inferior a la de la Eurozona, lo que significa que va a ser imposible mejorar las rentas salariales con esas tasas de productividad.

Vivimos un espejismo con unos datos macro sostenidos en un gasto público insostenible y hay que recordar que la inversión privada está un 1,5% por debajo de la que existía antes de la precrisis.

En medio de las nebulosas explicaciones de la ministra Montero y las funcionariales del ministro Cuerpo, el país contempla el ensimismamiento culpable y cainita de unas formaciones políticas en descomposición, acordando su mutua respiración asistida para gobernar a golpe de matasellos y disimular de este modo un poco de actividad.

Cuatro horas el otro día en el Congreso para no decir nada, solo afirmar su voluntad de permanencia un día más, una semana más hasta sus ridículos Congresos de pacotilla para salir más divididos que nunca manteniendo la esperanza de retener el puesto de trabajo.

¡Y el bueno de Cerdán organizando su agenda y sus vuelos a Suiza para seguir cursos de arte dramático con Puigdemont!

Y esto y lo otro para ver quien nos saca de esta porque hemos entrado en bucle como el juego de tres en raya. No queda siquiera el recurso al progresismo porque falta combustible.

Houston, tenemos un problema.

2 comentarios en “El cohete

  1. No ..ejem….en Houston tienen otros problemas.
    El problema lo tienen los del PP y la carcundia político mediática y las empanadas mentales chamuscadas…que «intentan» por todos los medios que veamos su «dedo acusador» y no el cohete sideral, mas allá de las estrellas, del Gobierno de Pedro Sanchez.
    Ya saben cual es mi lema.
    «Ad Astra per Áspera».
    Por eso respetamos las palabras de Yoda
    “Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”.
    “Para vencer a un enemigo no es necesario matarlo. Derrota la rabia que hay en él y tu enemigo no será más. La ira el verdadero enemigo es”.
    Y sobre todo las de Ziluminatius
    «La tierra no pertenece a nadie, salvo al viento»
    «A cada insulto que recibamos nosotros una propuesta,a cada descalificación, una idea, y a cada exageración una sonrisa»
    ¡Viva Ziluminatius!

    …JA JAJA…que nervios.

  2. « En el infinito … que está muy lejos … se puede escribir un verso o plantar una flor … en el aire o donde sea .…con tal de que no nos falte la empanada … »

    ( Zapatero en « Visiones » Obras escogidas Tomo IX )

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