Arthur Mulligan
Esto, la cosa y su zumbido permanente, la inabarcable desfachatez política, el negro vómito que anega los fundamentos de Occidente no tiene vuelta atrás pero tampoco avanza y parece que se ha detenido por alcanzar el mínimo espesor permitido por la física, una suerte de barrera geológica natural que se erige durante los desbordamientos al guardar la memoria de los cauces profundos. Un impasse ante el brutal desgaste de los materiales que no cumplen con los criterios de resistencia prometidos.
Se observa una erosión interna del sistema político e institucional, donde la política se ha convertido en una cuestión de supervivencia para los actores más que en un arte de convivencia o gobernanza orientada al bien común; escándalos de corrupción, luchas internas en partidos grandes, y la imposibilidad de reformas profundas contribuyen a que la política española sufra un desgaste estructural que afecta tanto a viejas como a nuevas formaciones, dando lugar al final a tensiones entre generaciones, donde el poder político está dominado por los mayores que votan más, agravando la sensación de exclusión y frustración juvenil, especialmente en temas críticos como la vivienda y la integración social.
Cansancio y crisis que a fuerza de repetirse en fórmulas simplificadoras se traduce en polarización extrema y el agotamiento de las opciones políticas existentes reflejo de problemas arraigados en la sociedad que paralizan nuestras instituciones.
La transformación de parte de los barrios en las grandes ciudades que son los primeros en sentir las nuevas formas de precariedad económica se asocia a una combinación de influencias de medios digitales y la construcción de identidades políticas en conflicto, añaden tensión que orienta a los jóvenes hacia formaciones de derecha extrema; perfiles que combinan información política, entretenimiento, emociones fuertes, controversias y llamamientos a la acción.
Además, las redes permiten la circulación de teorías conspirativas, desinformación y discursos de odio, que condicionan la percepción política y social de los jóvenes, alimentando su giro hacia opciones extremas y adversas a la política institucional convencional.
No hay día que no se alimente la confusión incluso desde personalidades veteranas de la política. Hoy mismo, a modo de defensa del Ejecutivo, Diego Garrido respetado referente del constitucionalismo y la política europea dentro de la órbita del PSOE decía en Antena 3 que la obligatoriedad de presentar presupuestos no suponía ninguna obligación de dimisión en caso de que éstos no se hubiesen presentado y que en consecuencia se podía perfectamente gobernar sin presupuestos
La obligatoriedad sería por tanto algo deseable, lo mismo que los cambios de significado y alcance de cualquier precepto constitucional sin modificación formal del texto, esto es, sin cambiar su literalidad (Javier Tajadura Tejada) lo que se llama una mutación:
(…) «Muchas de esas mutaciones merecen una valoración muy positiva, pero el problema que plantean es el de su legitimidad: ¿es legítimo cambiar el significado de preceptos constitucionales sin seguir el procedimiento de reforma? La respuesta nos obliga a distinguir entre dos tipos de mutaciones: las legítimas y las ilegítimas. Una mutación es legítima cuando caben diferentes interpretaciones de un precepto y el cambio consiste en reemplazar una por otra. La ampliación del derecho al matrimonio a personas del mismo sexo sería un ejemplo. Pero hay otras mutaciones que deben denunciarse como ilegítimas porque contradicen expresamente la literalidad y la finalidad de preceptos constitucionales e imponen una interpretación de aquellos que no es admisible. En esos casos no cabe hablar de mutación, sino de violación o falseamiento de la Constitución (sic).
La violación del artículo 134-3 CE se enmarca en un falseamiento generalizado de la forma de gobierno prevista en la Constitución: la forma parlamentaria de gobierno ya no está vigente y ha sido reemplazada por otra que podemos calificar de «parlamentarismo negativo» (José Tudela Aranda). El reemplazo ha sido posible merced a la modificación informal de dos pilares del sistema parlamentario: procedimiento de investidura (art.99 CE) y moción de censura (art. 113 CE).
La Constitución establece un sistema de gobierno en el que la legitimidad de este se basa en la confianza del Congreso. El Ejecutivo se legitima por la existencia de un programa de gobierno que cuenta con el respaldo de la mayoría de la Cámara (art. 99.2 CE). Esto ya no es así en España. Según el perverso modelo de parlamentarismo negativo, el Gobierno no cuenta con el respaldo del Congreso en torno a un programa, sino que su única razón de ser es impedir que gobierne una determinada formación política.
En 2018 se impuso una moción claramente «destructiva» cuyo unico propósito fue poner fin al Gobierno de Rajoy sin que existiera un programa alternativo de gobierno respaldado por la mayoría de la Cámara.” (JTT)
Hasta aquí la extensa cita que me parece relevante como muestra del maltrato del Gobierno hacia el valor doctrinal de la herencia recibida que continúa con los ataques sistemáticos al Poder Judicial con personas interpuestas llegando a escándalos que comprometen a la familia del Presidente, miembros de su gobierno y altos cargos de su partido.
De modo que la situación es de parálisis y de tensa espera. Las derrotas parlamentarias continúan y las encuestas registran una invariable mayoría conservadora si hubiera elecciones. Y así como en Francia el Gobierno del empresario y centrista Bayrou fue derrotado por los extremos apoyados por el PSF después de señalar el engaño en que vivían con un Estado del bienestar imposible de sostener sin reformas, aquí continúa la baladronada del soniquete familiar en forma de cohete y crecimiento, deuda pública inexpugnable, asalariado medio con pérdida de poder adquisitivo de un 4% anual y un tercio de alumnos de primaria llegando al colegio con hambre de pobre, según un estudio de ESADE.
España ha subido su presión fiscal varios puntos porcentuales en estos años; mientras que la media de la UE o la OCDE se ha movido poco o incluso ha bajado. Por tanto, la brecha con los países de referencia se está reduciendo: España se acerca más a la media europea en términos de porcentaje del PIB destinado a impuestos + cotizaciones. Debido al aumento en España y la estabilidad o ligera caída en el conjunto de la UE, la «velocidad de subida» en España es mayor.
Este aumento en España se explica por varios factores: recuperación tras la pandemia, aumento de recaudación, quizá efecto “recogida de fruta madura” en la base impositiva, inflación etc. Los datos son claros: la inmigración también influye — de forma indirecta pero significativa — en la evolución de la presión fiscal en España, ampliando la base contributiva, en especial en servicios, agricultura y construcción.
España tiene una población envejecida. La llegada de inmigrantes en edad laboral mitiga la presión del envejecimiento sobre el sistema de pensiones y las cuentas públicas. La inmigración también eleva el PIB total (por aumento de población activa).
Es difícil ver los méritos en estos datos de este gobierno que “trabaja para la gente.” Pero si sabemos, o mejor dicho, sentimos un paulatino malestar reflejado en encuestas y confirmado en la caja del supermercado.
Neutralizado ya el vano intento de un envejecido Pablo Iglesias y sus agresivos llamados contra los poderes constituidos del Estado, intuimos que en el último octavo del Iceberg que transporta este gobierno infame, se oculta el horror indefinido que nos impide mirar con confianza el horizonte azul de tiempos mejores.
Tanto conservadores como socialdemócratas, las dos grandes corrientes del pensamiento político europeo, discurren sus últimas filosofías en el práctico terreno del liberalismo, sin las adiposidades y adherencias de lo peor que la Historia les ha dejado porque, en realidad, ambos sistemas de pensamiento se alimentan mutuamente para buscar su utopía en lo ya conseguido, solo que quieren rellenar ese espacio con nuevas sensaciones, nuevos objetos de deseo y, sobre todo, con una extensión estabilizadora mediante la inclusión de los más. Ambos movimientos tienen por lo común una cierta aversión por la naturaleza viva de la oposición de los contrarios: libertad/autoridad, autonomía/dependencia, pluralismo/monotonía social, experimentalismo/inmovilismo, igualdad/desigualdad, pensamiento independiente/pensamiento vigilado por una jerarquía.
Con esta historia repleta de personalidades e historia de sacrificios y éxitos colectivos ¿quien diablos quiere una flotilla sin destino?
Interesante artículo, gracias
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