Otra Historia

Julio Embid

Corría el año 2001 cuando Aznar en La Moncloa empezaba la privatización a mansalva de empresas públicas para cuadrar cuentas junto a cierto ministro milagro económico que después se revelaría como un cleptócrata. Quedarían años para que se hicieran con los ahorros de miles de familias a las que se les ofreció ser bankeros, pero eso da para otra historia. En mi caso, en 2001, un joven imberbe y otrora flaco, estaba terminando bachillerato de ciencias puras en un instituto público de Zaragoza a pesar de que no me gustaba ni ver. Como tantos otros menores de edad, hicimos lo que nos dijeron en casa que hiciésemos: “Haz bachillerato de ciencias que para pasarte a letras, siempre hay tiempo”. Sin embargo a mí, matemáticas, física o biología me aburrían sin medida y en dibujo técnico siempre fui un chapucero y junto a educación física era donde peores notas sacaba. Pues bien, sobre estas materias tuve que hacer el examen más importante de mi vida: la Selectividad.

La Selectividad era una mierda pero era justa, la vida adulta comenzaba en ese momento. En dos días, tenías que hacer seis exámenes de tres horas, tres sobre materias comunes (entonces Lengua, Inglés e Historia) y tres sobre materias electas con tu rama de bachillerato, en mi caso: Matemáticas, Física y Dibujo Técnico. Recuerdo los nervios de ese último mes, las broncas en casa por gilipolleces y sobre todo, que me fue bastante mal. Si no es por Inglés, suspendo la media y a septiembre la selectividad otra vez. Pero era justo, como un cara o cruz. Pero ahora venía la estafa, la nota para escoger carrera era un 40% el examen de selectividad y un 60% la nota media del bachillerato y ahí la inflación de la concertada y las monjas nos daba para el pelo. Mientras en la pública te volvías loco para sacar un 7 o un 8, en las Hermanitas Clarisas Claretianas de San José y del Niño Jesús Crucificado de la Virgen María, sobresaliente para todos y a otra cosa mariposa. Marchemos en paz. Demos gracias al Señor.

Esta semana la Confederación de Comunidades Autónomas gobernadas por PP y VOX ha anunciado que, a partir de 2025, quieren hacer una Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad (la actual Selectividad, ahora llamado EBAU) porque “es hora de recentralizar España”. En realidad es una chuminada porque hoy la nota de corte ya no tiene el valor que tenía antes. Desde 2001 se han creado en España las universidades: Miguel de Cervantes, San Vicente Martir, Abad Oliva, San Jorge, a Distancia de Madrid, Internacional de La Rioja, Internacional de Valencia, San Dámaso, Loyola, Isabel de Castilla, Europea de Valencia, Europea de Canarias, Europea del Atlántico, Fernando Pessoa, Atlántico Medio, CUNEF, Villanueva, ESIC, European Gasteiz, Intercontinental de la Empresa, UDIT, Fernando III y Tecnológica del Atlántico y Mediterráneo. 23 universidades nuevas por toda España de norte a sur, 0 públicas, todas privadas, la mayoría católicas y la mayoría no presenciales, que expiden títulos homologados totalmente válidos para cualquier oposición pública. Y es que, ¿quién necesita EBAU o Selectividad si pagando puedes matricularte y fácilmente sacarte el título? La selectividad es para los pobres que no pueden pagar cinco mil euros al año por la matrícula y tienen que ir a la pública que solamente cuesta dos mil.

Si el PP creyera realmente en la igualdad, no abriría universidades privadas católicas no presenciales como churros y apostaría por exámenes únicos al acabar la carrera para todos por igual. Si el PP creyera en la igualdad apostaría por las becas para que la renta familiar no condicione el acceso de los buenos alumnos a la universidad y retiraría lo del valor de la nota de bachillerato donde la media del bachillerato de la concertada supera holgadamente la media del bachillerato de los institutos públicos. Sin embargo, sale con esta medida para agradar a su parroquia cuando no deja de ser un trampantojo para evitar hablar de que vivimos en el país donde la clase trabajadora está más sobre cualificada que nunca, con salarios bajísimos, frente a la clase empresarial peor cualificada de Europa camino del rentismo. Pero insisto eso, da para otra historia.

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