El Barça es Catalunya

Juanjo Cáceres

El FC Barcelona se imponía este pasado domingo al Betis por un contundente resultado de dos goles a cuatro, que devolvían la esperanza al equipo culé de una resurrección en los campeonatos en los que todavía sigue vivo: la Liga, la Champions y la Copa del Rey. No es casual que ello sucediese tras su fulminante derrota a manos del Real Madrid en la final de la Supercopa de España disputada en Arabia Saudí.

Los últimos años de la entidad blaugrana están marcados por muchos factores, entre los que encontramos la voluntad de reivindicarse como uno de los grandes equipos de Europa y una realidad marcada por la imposibilidad de conseguirlo. El título liguero conseguido el curso pasado, sobre el cual se quiso revitalizar el discurso de la resurrección, ha chocado con la realidad de una presente temporada marcada por el mal juego y los primeros fracasos. Precisamente los mismos se encuentran estrechamente relacionados con tres factores fundamentales e incontestables: la imposibilidad de acceder al gran mercado de fichajes a causa del elevado endeudamiento del club, una dirección deportiva muy cuestionable en sus criterios estratégicos y de selección de deportistas y las carencias de un entrenador que, arropado de un mediocre equipo técnico, no parece tener la experiencia necesaria para gestionar con éxito una plantilla de alto nivel, ni para enfrentarse tácticamente a los grandes equipos europeos.

Y si este es el estado de la cuestión del Fútbol Club Barcelona, ¿cuál es el del territorio que lo acoge? La verdad es que Catalunya y el Barça son muy a menudo dos caras de la misma moneda. Fijémonos cómo era el Barça de hace algunos años: triunfante, ejemplar, una entidad que despertaba envidias en todo el planeta futbolístico y que culminó temporadas magistrales bajo la batuta de Pep Guardiola. También sus sucesores supieron competir y ganar, como acredita esa última Champions conseguida por Luis Enrique en la temporada 2015, pero aquellos brillantes años dejaron paso rápidamente a etapas mucho menos brillantes y a un desmoronamiento deportivo nunca visto desde los años del tardonuñismo y el postnuñismo.

Catalunya también había sido históricamente un territorio de referencia. No solo era en buena medida la punta de lanza del autogobierno y la descentralización, sino que además el partido que la gobernaba, CiU, logró volverse decisivo en la gobernabilidad del conjunto del país durante la segunda mitad de los años 1990. Ello coincidió precisamente con dos etapas destacadas del barcelonismo, con Johan Cruyff y Louis Van Gaal dominando la Liga: no hay que olvidar que seis de las diez ligas de los años 90 fueron ganadas por el Barça, ni que el presidente Núñez se refería a la capital como “la ciutat que porta el nom del nostre club”. Tras la mayoría absoluta de José María Aznar, se imponía algo más el tripartit de Maragall, del que ahora se cumplen veinte años, con el que Catalunya mostraba una vez más que otro país era imaginable. De ahí también que un candidato a presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, mostraba sus respetos a todo aquello que Catalunya decidiera en el ejercicio del autogobierno.

Pero el «puedo prometer y prometo» de Zapatero marcó también un punto de inflexión, a partir del cual las cosas empezaron a ir mal. Mientras el Barça emitía todavía signos de vida, la elaboración del nuevo Estatut enfangaba la imagen del país y lo ponía en la diana. Sus magros resultados culminaron años más tarde en la era de las consultas y en una clase política catalana enmarañada permanentemente en una huida hacia adelante, que coincidía en el tiempo con una larga fase de crisis económica, de recortes y de cerrojazos políticos a cargo de los gobiernos de Mariano Rajoy.

Para cuando se celebraba la primera consulta, en 2014, la edad dorada del barcelonismo se acercaba a su fin, y en la segunda, yacía ya muerta y enterrada por la gestión de la junta del equipo directivo de Josep María Bartomeu. En paralelo, la deriva política de los partidos de gobierno catalanes culminó con una inédita suspensión del Estatuto por la vía del artículo 155 y, poco después, en el derrumbe del independentismo como movimiento unitario, masivo y creíble.

Entrados en 2024, del gran Barça quedan las cenizas y del movimiento y de la acción política independentista, un borroso recuerdo. Si las resurrecciones del Fútbol Club Barcelona se limitan a permitirle competir por títulos menores, cosa al alcance también de entidades menores como el Girona, el retorno de los partidos independentistas al papel de ser decisivos para la gobernabilidad también se está ejerciendo con formas de hacer muy alejadas de lo que un día fue la gran reivindicación independentista, además de mucho más rutinarias. Y ello no sucede solo porque hayan constatado la imposibilidad de conquistar sus elevados fines, sino por una falta de horizonte que de pie a algo más que a producir titulares sensacionalistas.

La ausencia de “projecte de país” va en paralelo a la ausencia de un proyecto deportivo coherente en el ámbito de la entidad culé. Después del relato de las palancas, de la glorificada llegada de Levandowski y de entregar a Xavi las llaves del vehículo, las dudas sobre el futuro son más razonables que desdeñables en un entorno blaugrana que vuelve a dar signos de “madriditis”, como en los mejores tiempos. Sucede algo parecido en el ámbito político donde, más allá del relato de la amnistía, los glorificados acuerdos de gobernabilidad y de entregar la responsabilidad de la verificación a un diplomático salvadoreño, no se esperan grandes logros inminentes y sí, en cambio, profundas dudas a medio y largo plazo. Como si supiera que todo lo que envuelve a la relación entre PSOE y Junts tiene mucho más de escenificación que de elaboración.

El espejo del pasado casi siempre nos arroja una mirada deformada de nuestro presente. Nos vemos a nosotros mismos como ese joven que un día fuimos, aun cuando las canas dominan los pelos todavía presentes sobre nuestra cabeza. También los éxitos de antaño nos hacen creer a menudo que el tiempo no transcurre o que nos dotan de un halo de gloria perdurable. El Barça es Catalunya porque cree que puede nutrirse indefinidamente de su pasado, pero no hay nada como el fútbol para poner en evidencia cada fin de semana lo que realmente ocurre.

6 comentarios en “El Barça es Catalunya

  1. Soy del Barça no siendo catalán y llevo diciendo esto mismo varios años: el estrepitoso hundimiento del Barça, no solo en el campo sino institucional y económicamente, escenifica perfectamente el hundimiento de Cataluña, antaño territorio objeto de admiración y envidia – sana y malsana – a la que hoy, sin embargo, se mira con pena e incomprensión, como contemplas a un ser querido que sin ser empujado a ello por la vida, acabó dándose al alcohol o a la droga y se despeñó, sin que quepa entender bien por qué.
    Hace 20 años cualquiera habría pensado que había mucha más corrupción en Andalucía, o en Galicia, que en Cataluña. Como que el Madrid tenía a los árbitros de su parte. Y en cambio hoy sabemos que la corrupción abundaba en Cataluña – 3%, ITVs, el Palau… – y que el Barça tenía a sueldo a Negreira. Qué lástima. Lo del Barça también…

  2. «…no hay nada como el fútbol para poner en evidencia cada fin de semana lo que realmente ocurre…»

    Pero sirve igual un miércoles o un jueves… Resultado mata relato…

  3. Lo primero es lo primero : reconocer el regalo para la vista que supuso el Barça de la época dorada sobre todo por ser el armazón de la Selección Española de Fútbol que conquistó el Mundial y el efecto de arrastre sobre las mejoras para la Liga en su conjunto .

    Pero el equipo también protagonizó una deriva muy desagradable exponiendo a una plantilla virtuosa a un ejercicio simbólico que no recogía su ficha deportiva : servir a las políticas norcoreanas de movimientos de masas adoptadas por el complejo político financiero de una ensoñación ( ruptura del principio de realidad ) según define en su sentencia el TS y que no fue del agrado del Santón Guardiola hoy copropietario del Girona FC , el equipo de Puigdemont , antes de que se decida por el RSC Anderlecht bruxelense.

    En Euskadi , lo primero que hizo el PNV es cambiar el himno del Athletic de Bilbao , ocupando todo su espacio y persistiendo en la negación de que la gloria es moralmente la consecuencia de las victorias adaptando el relato según el mercado de fichajes se liberalizaba .
    Fichaba a Lizarazu ( ciudadano francés indubitable) pero vasco de nacimiento ; luego cambió las exigencias : la formación de origen en un club no trasterrado , para finalmente poder fichar a los hermanos Williams como artilleros venidos de fuera.

    Es claro que estudiando el balance financiero del club
    el 75 % de los ingresos proviene de la TV y no de los socios .

    Entonces ¿ cuáles son esos valores de los dos clubs cargados de historia ? Un Barça de indudable calidad con figuras internacionales a precio de oro y un Athletic aislado en una población de 2 MM escasos que cuando obtiene un fuera de serie normalmente éste se va a otro equipo , algo muy normal habida cuenta de la duración de sus carreras. Mientras , el mito de David contra Goliath alimenta leyendas . El resultado si fallan los cálculos ( y fallan mucho por el inevitable porcentaje de azar incorporado ) el Athletic se vuelve muy caro en la mediocridad de la muestra y el Barça con sus famosas palancas no llega.

    Me gusta más la estrategia del Madrid : esto es una empresa , está prohibido rendirse y el desánimo , también los pesos muertos ; a cambio lo mejor de lo mejor debemos permitírnoslo siempre y cada uno o dos años, una estrella cae en la plantilla .

    Mí afición es bilingüe, me emociono con el Athletic y gano con el Madrid y así me protejo de cardiopatías que no sean congénitas.

    Y no me gustan nada tipos como Luis Enrique o Mouriño aunque sepan un huevo de fútbol.

    Soy muy mal espectador y jamás voy a un estadio . En el mejor espectáculo deportivo ¡ qué caramba ! no se puede tener todo .

  4. Anda mira, un post de Mulligan con el que coincido casi en todo. La filosofía del Madrid de estos años es, indudablemente, bastante buena. Lo cual no hace que uno piense siquiera en caer en la tentación de convertirse en vikingo… Eso sí, vendría bien un artículo trazando paralelismos entre el palco del Bernabeu y la corrupción en Madrid, protagonizada casi en exclusiva por el PP, que gobierna la capital desde hace ya décadas…

  5. Soy como LBNL y Ziluminatius..del Barça.

    Ejem..siempre he dicho que el Proces en Catalunya se subió al lomo de los éxitos de Messi con el Barça…lo vimos en varias finales de la Copa del Rey…con sus algarabías independentistas…
    Messi se fue porque lp echaron,el Barça cayó en picado tal como el Proces independentista.
    Hoy todos se agarran al cuello de Xavi .
    El Barça es más que un club…es el estado de ánimo del independentismo.
    Encefalograma plano.
    Ante mi doy fe.
    AC/DC
    ….JAJA JA….que nervios.

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