Pasión y gloria (de Pedro Sánchez)

Juanjo Cáceres

Desde los primeros siglos de nuestra era se ha insistido mucho en lo superficial y breve que es nuestro paso por el mundo, frente a la eternidad que nos espera en el más allá. Según Dante Alighieri, la fe en Cristo era la variable clave para determinar si el resto de la “no vida” se convertía para los fallecidos en un infierno, un purgatorio o un paraíso. Es por ello que algunos hombres de origen pagano como Julio César, Eneas o Aristóteles, pese a ser profundamente admirados por él, no se libraron de quedar encerrados en el Limbo, en los versos de la Divina Comedia:

“Gran duol mi prese el cor quando lo’ntesi,

però che gente di molto valore

conobbi che’n quel limbo eran sospesi”

En efecto, el designio divino había permitido la salida del Limbo de hombres como Noé, Abel, Adán, Moisés, Abraham o el Rey David, pero ningún personaje ajeno a la tradición judeocristiana se podía ver tocado por la gracia divina y allí habrían de permanecer hasta el fin de los tiempos.

No son los hombres de antaño los únicos que priorizan la posteridad sobre el carpe diem. Forjar su propio mito puede ser para ellos una auténtica prioridad vital y su entrega a dicha misión se convierte en un regalo valiosísimo para sus colaboradores, pues consiguen así una materia prima fabulosa para edificar personajes sobre los que articular y consolidar diferentes tipos de proyectos.

De ahí que la carta que dada a conocer Pedro Sánchez el miércoles pasado anunciando un receso para reflexionar sobre su continuidad en el gobierno había que tomarla, sobre todo, como parte de un proceso ininterrumpido de construcción de un mito de nuestro tiempo. Iván Redondo, uno de sus grandes biógrafos y exegetas, resumía en Cómo es Pedro Sánchez los tres anclajes que sujetan al gigante: su renuncia a investir a Rajoy en 2016, su convocatoria anticipada de elecciones generales en la primavera de 2023 y este último gesto en formato epistolar, donde Pedro se confiesa profundamente enamorado de su mujer.

Decidir el gesto y elegir el momento son dos factores dramáticos para el éxito de esta clase de narrativa y Pedro Sánchez los ha elegido siempre excelentemente. Gesto y momento mantienen entre ellos una relación dialéctica, puesto que el gesto siempre se produce en un momento de crisis y ha de servir para superarla. Isaac Asimov, en boca de Hari Seldon (https://es.wikipedia.org/wiki/Hari_Seldon), recordaba que por mucha psicohistoria que tengamos, era imposible predecir el efecto de las decisiones individuales sobre el desarrollo de los acontecimientos. De ahí que el designio que parecen marcar ciertos hechos, aunque parezca ineludible, bien puede verse interrumpido por un gesto sabio o, imitando más fielmente la retórica prosanchista, por un gesto audaz. Y audaz fue siempre Pedro, al menos en esos tres momentos, porque supo tomar la decisión más inesperada en cada caso: renunciar al poder, arriesgar el poder y mostrar desapego al poder. Frente a la derrota política, el riesgo de fracaso electoral y la persecución judicial de su esposa, Pedro pulsó los botones más insospechados consiguiendo con ello efectos que nadie esperaba. En los dos primeros casos, sin duda contribuyeron a crear las condiciones para derrotar a la vieja guardia socialista y al PP de Feijóo, pero ¿y el tercero? ¿de que sirvió?

Ciertamente no hay nada más mezquino que castigar a un contrincante político mediante el acoso a sus seres queridos. Para algunos la situación no es distinta a la que ya ha vivido Isabel Díaz Ayuso, pero ciertamente sí lo es, en la medida que Alberto González ha evidenciado ante la Agencia Tributaria su afición a la evasión fiscal, mientras que sobre Begoña Gómez tan solo recaen conjeturas y composiciones literarias. Y cómo que los golpes y las mezquindades duelen, bien puede ser que realmente algunos gestos sean simples reacciones humanas y no decisiones calculadas, aunque también puede que no.

Como sea, Pedro acertó de nuevo con una salida que le daba toda la libertad del mundo para ponerse por encima de Koldo, de Ábalos, de las circunstancias judiciales que afectan a su esposa y del Bien y del Mal en general. Usó todo el poder simbólico que tenía para mantener al país en vilo durante cinco días, a su partido al borde un ataque de nervios y a sus contrincantes en un estado de confusión y en un severo riesgo de meter la pata, fuera lo que fuera que dijeran. A partir de ese momento el desenlace ya era lo de menos, porque como señalaba el avispado Jordi Évole, Pedro ya había ganado su Cielo, que es de lo que se trata, así como mejorado su posición estratégica, dado que tanto yéndose como permaneciendo, superaba su posición previa y reforzaba sus cualidades simbólicas.

No obstante, quedaba y queda por ver cuáles serán a medio plazo sus efectos prácticos, porque tanto simbolismo forja buenas narrativas y causa algunos impactos, pero también genera poderosos divorcios con la realidad. Y puede que por puro reduccionismo, inercia y ebullición comunicativa estemos describiendo decisiones mundanas y a menudo carentes de otras alternativas, como propias de la genialidad más absoluta, cuando los genios de nuestro tiempo en realidad son otros: desde los que buscan curas para enfermedades incurables hasta los que nos dibujan los sesgos de los que es víctima nuestro entendimiento.

Citando de nuevo al maestro Alighieri:

“Ma non cinquanta volte fia raccesa

La faccia de la donna che qui regge,

che tu saprai quanto quell’ arte pesa.

E se tu mai nel dolce mondo regge,

dimmi : perché quel popolo è sì empio

incontr’a’ mien in ciascuna sua legge?

 

(Mas antes de que el rostro de la luna

brille cincuenta veces tu sabrás

lo arduo que es el arte del retorno.

Y si puedes volver al dulce mundo,

dime: ¿por qué es tan despiadada aquella

ciudad contra los míos, con sus leyes?)

5 comentarios en “Pasión y gloria (de Pedro Sánchez)

  1. Con tanta preocupación de hasta qué niveles ha llegado el fango en la política española estoy más que de acuerdo con tu análisis. Lo más bajo es meterse con los seres queridos y las «lecciones» de fortaleza por parte de Puigdemont y Aragonès dan vergüenza ajena.

    Personalmente deseo que Sánchez continue. La decisión es suya pero el país no puede ni debe permitir tanta majaderia por parte de las derecha.

  2. Habrá que ver qué límites legislativos ponemos a ciertas decisiones judiciales. Ellos de autogestionan sólos, pero luego dejan libre a un mafioso que amenazó a la princesa de Holanda, … Siempre hay un juez preparado para atender la denuncia de manos limpias o abogados Cristianos con cortas y pega de blogs…

    No veo alternativas a su continuidad, pero a mí me llama la atención tanta sensibilidad que sería una caricatura de algunos del espacio Comuner.

  3. Yo creo que Pedro Sánchez está valorando una salida a lo Douglas Mcarthur. Le trasladaría a otro un gobierno inestable tanto política como económico y que llevaría a un posible cambio de gobierno en próximas elecciones que tendría que enfrentarse a la toma de decisiones impopulares. La deuda pública obligaría a ello.
    En definitiva creo que valora si seguir y a medio plazo marcharse quemado del todo, o salir por la puerta grande con ánimo de volver.

  4. Lo más bajo no es meterse con los seres queridos – como el maltratador del hijo de Pumpido , que lo ha vuelto a hacer – ; lo más bajo es que los queridos seres se metan en actividades a las que no están llamados ni por vocación ni por obligación aprovechando la inesperada fortuna de que su querido ser haya sido elegido Arzobispo de Calahorrra o cualquier otra dignidad al uso.

    Puigdemont lo ha dicho con claridad meridiana :
    « Aquí se viene llorado de casa » y él sabe mucho de lágrimas y de sangre en la orina .

    Si el psicodrama empezó en Ferraz , bien está que allí termine , en el más estricto grito arrabalero .

  5. No sé a quién le toca mañana el post, pero no sé si todo el mundo es tan valiente como el Señor Cáceres para hacerlo. Porque sólo hay un tema hasta no sabemos que hora :-).

    Ánimos al afortunado a afortunada….

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