¿Qué le ha dado la inmigración a Francia?

Verónica Ugarte

Segunda vuelta de las elecciones en Francia, donde la izquierda asiste con piezas de rompecabezas mal atadas haciendo lo posible por frenar, una vez más, a Le Pen. En su momento, los franceses literalmente votaron a Chirac con una pinza en la nariz para impedir que el padre de Marine llegase al Palacio del Eliseo. Más de treinta años después el problema sin resolver persiste. 

La baza más importante del relato de la extrema derecha es la inmigración. Según el discurso manido, la inmigración roba, delinque, viola, no respeta las leyes… y ataca a la identidad del país de acogida.

Las migraciones existen desde tiempos inmemoriales y son efecto de varias razones, entre ellas las económicas, huir de guerras, las sentimentales. A veces puede ser dramático porque se busca una vida mejor y el proceso es doloroso. Pero nadie puede negar que los procesos migratorios han beneficiado a los países de acogida y han aportado mucho a la economía y a las identidades nacionales, por muy contradictorio que suene.

La inmigración ha sido, y es, un regalo constante para Francia en cuanto a todo lo que aporta en cine, literatura, música. ¿Podría un francés renegar de los versos de Tristan Tzara, rumano, fundador del Dadaísmo, uno de los movimientos culturales más importantes del siglo XX?

Los hermosos versos de Jacques Prévert han dado la vuelta al mundo durante generaciones de la mano del genial Yves Montand, nacido Ivo Livi, en tierras italianas. Y también su entrega a la causa de izquierdas de la mano de su maravillosa esposa, Simone Signoret, nacida Simone Henriette Charlotte Kaminker, en Alemania.

Poca gente sabe que Marc Chagall, inmigrante judío, nunca pudo considerarse francés debido al intrínseco sentimiento de antisemitismo por parte del país galo. Con todo, el techo de la Opera de Garnier está ornamentado por su mano, regalando su arte a Francia y al mundo.

En el mundo deportivo se habla mucho del football, pero poco del tenis, y hay que tener presente que solo ha habido un francés que ha ganado Roland Garros: el hijo de un camerunés, Yannick Noah.

Hablemos de los llamados Pieds Noirs. La Haute Couture no habría sido tan revolucionaria sin Yves Saint Laurent. Su estilo, su extravagancia dio a Francia un renombre del mismo peso que Dior y Chanel. Albert Camus: ¿qué sería de la literatura y el pensamiento francés de izquierdas sin el talento sin fronteras del niño pobre de Argelia? “Ellos mandan hoy… ¡porque tú obedeces!”

En política la inmigración también se hace presente. España y su guerra civil abocó al exilio a miles de familias. Hoy Jean Reno es un actor de gran prestigio, mientras Anne Hidalgo, como Alcalde de París, se prepara para recibir los JJOO.

La izquierda francesa le debe mucho a Daniel Cohn-Bendit, hijo de judíos alemanes quien ha hecho de la lucha ecológica parte de la suya, y defensor de los derechos humanos que el partido de Le Pen pretende pisotear. El Primer Ministro en funciones, Gabriel Attal, es hijo de un tunecino y una madre de Odesa.

Son pocos ejemplos de todo lo que Francia ha recibido de manos de una inmigración agradecida y dispuesta a sentirse franceses. Pero no solo los nombres célebres. Cada persona anónima que pasa por el duro trance de dejar atrás su país para buscar fortuna en una Europa cada vez más agresiva, da fuerza y juventud a esa Europa envejecida.

Las medidas anti inmigración propuestas por Le Pen, como restringir la libre circulación en el espacio Schengen únicamente a los ciudadanos europeos mientras a nivel nacional pretende que las ayudas sean solo para franceses así como arrebatar la gratuidad de la enseñanza pública a los hijos de inmigrantes irregulares, sacuden los fundamentos de la Revolución de 1789: Liberté, Égalité, Fraternité.

En uno de sus tantos vergonzosos intentos por volver a la palestra pública, el ex Primer Ministro Manel Valls (inmigrante catalán) ha afirmado que la ultraderecha sube gracias a los problemas de inmigración y seguridad. Enlazar inseguridad con inmigración es racista y clasista. Siendo quien fue y quien es, bastante debería callarse. Pero sus palabras me llevan al año 2012, cuando el entonces Presidente de la V República, Nicolás Sarkozy, manifestó que había demasiados inmigrantes en Francia. Él, hijo de la inmigración y casado con Carla Bruni, otra inmigrante proveniente de buena familia. ¿Inmigración caviar?

Irene Nemirovsky llegó con las manos vacías a Francia después de sufrir el infierno nazi de un campo de concentración. Otro ejemplo de que la literatura francesa ha sido bendecida por mentes no nacidas en el Hexágono. Como Jules Laforgue, venido desde Uruguay.

Francia se está jugando los valores de su existencia como República. Si hubiera ganado Le Pen todo se habría convertido en Liberté, Égalité, Fraternité.

Finalizo con la canción que simboliza a Francia en varios sentidos, escrita por el considerado Monstruo de la Canción Francesa, de origen armenio, Charles Aznavour:

“Quand au hasard des jours / Je m’en vais faire un tour / À mon ancienne adresse / Je ne reconnais plus, / Ni les murs, ni les rues qui ont vu ma jeunesse / En haut d’un escalier / Je cherche l’atelier / Dont plus rien ne subsiste / Dans son nouveau décor, / Montmartre semble triste et les Lilas sont morts / La bohème / La bohème / On était jeunes / On était fous / La bohème / La bohème / Ça ne veut plus rien dire du tout.”

P.S. La participación ha sido del 67,1%, la más alta desde hace treinta años. Después de los resultados está claro que una vez más se debe formar un gobierno de cohabitación, otra fórmula de gobierno francesa que en el pasado ha permitido equilibrios de poder para frenar a la extrema derecha.

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