Carlos Hidalgo
Adolf Hitler acumuló una fortuna personal que equivaldría a 450.000 millones de euros actuales, casi el doble del patrimonio que posee el hombre más rico del mundo en este momento, Larry Ellison, fundador de Oracle. Aparte de las “donaciones” y “regalos” que el líder nazi recibía, gran parte de su fortuna se debía a las regalías por su libro, “Mein Kampf” (“Mi Lucha”), que cuando él llegó al poder se convirtió en lectura obligatoria en las escuelas, se regalaba a los novios cuando se casaban y que, en sus diferentes traducciones, era comprado por los admiradores del nazismo a lo largo y ancho del mundo. Las regalías de Hitler eran 16 veces mayores que su sueldo de Canciller del Reich. Obviamente casi todo este patrimonio acabó destruido a causa de la guerra provocada por el mismo Hitler. Sus casas fueron arrasadas o expropiadas, sus posesiones personales saqueadas y sus cuentas en Suiza nunca fueron reclamadas y, por tanto, pasaron a ser incautadas por el Estado suizo.
El actual titular de los derechos de autor de su libro y heredero de su patrimonio inmobiliario es el Estado de Baviera que, naturalmente, no tiene demasiadas ganas de rentabilizar la obra de uno de los mayores criminales de la historia y que ha demolido la mansión alpina del dictador para que no se convirtiera en un lugar de peregrinación para simpatizantes del nazismo. Y el bloque de pisos en el que vivía en Munich es ahora una comisaría.
Aunque Trump es uno de los lectores contemporáneos de “Mi Lucha” y no tiene problemas en citar (sin decir de dónde las ha sacado) frases y fragmentos del libro de Hitler, no parece que vaya a imponer ninguno de los libros que hay a su nombre en el mercado. Entre otras cosas, porque ni siquiera los escribió él. Citar a Hitler parece ser suficiente, véase este fragmento de Mein Kampf citado para justificar la posible invasión estadounidense de Groenlandia: “la naturaleza no ha reservado esta tierra para la futura posesión de una nación en particular; por el contrario, esta tierra existe para el pueblo que posea la fuerza de tomarla”.
A falta de libros propios, Trump ha decidido aumentar su fortuna exigiendo donaciones para su “biblioteca presidencial” (algo muy poco regulado y que en ocasiones anteriores ya se consideró como un agujero legal por el que se puede sobornar a presidentes en activo), demandando por extravagantes cantidades de dinero a medios, como el New York Times, la CBS o la BBC, exigiendo mil millones de dólares para ingresar en su recién creado “club de la paz”, del cual es presidente vitalicio y, en general, pidiendo descaradamente que se “invierta” en las empresas dirigidas por su hijo Donald Jr. o por su yerno, Jared Kushner.
Y, total, ¿quién necesita un libro sobre tu doctrina personal cuando esta, en realidad, no existe y tienes a medios del tamaño de Fox News dedicados a justificar intelectualmente cualquier barbaridad que se te cruce por la cabeza?
Ahora parece que Trump y su entorno han aceptado otro soborno de Jeff Bezos, fundador de Amazon, en forma de un documental acerca, no de Trump, sino de Melania Trump, su esposa, exmodelo eslava e inexpresiva primera dama. El documental ya se ha estrenado en cines y parece ser que hay anuncios en prensa que ofrecen 50 dólares a quien vaya a verlo y aguante toda la proyección.
Mientras tanto, la otra lucha de Trump prosigue con detenciones y expulsiones extrajudiciales, alrededor de 40 personas (entre ellos Alex Pretti y Reneé Good) han muerto a manos del ICE, el departamento de aduanas reconvertido en “stürmtroopers” de Trump, más de 1200 desaparecidos tras ser detenidos en las redadas antiinmigración de estos, una política exterior errática, dedicada a perseguir intereses personales y no nacionales, persecuciones e investigaciones policiales arbitrarias a opositores…
¿Para qué escribir un libro si te van a regalar el dinero igual y puedes hacer lo mismo mientras te van a escribir los planes otros?