Xavi que estás en los cielos

Juanjo Cáceres

En las últimas semanas hemos asistido a un culebrón futbolístico muy propio de los tiempos que corren, no ya solo en el fútbol profesional, que en su versión cañí siempre ha sido esperpéntico y arrabalero, sino en la sociedad en general. Mientras resonaban todavía los ecos de los cinco días de asueto de Pedro Sánchez o de la visita del máximo gobernante argentino, de cuyo nombre no quiero acordarme, el Futbol Club Barcelona culminaba uno de las historias más grotescas vividas en su larga historia: la del despido en diferido de Xavier Hernández Creus como entrenador del primer equipo.

Miremos hacia atrás. En octubre de 2021, poco después de iniciarse la temporada liguera 2021-2022 y tras caer frente al Rayo, Ronald Koeman era cesado fulminantemente como entrenador. Un mes después, tras un breve interinaje de Sergi Barjuan, la directiva anuncia la contratación de Xavier Hernández como entrenador, quien se sentará en el banquillo por primera vez en noviembre de 2021 frente al otro club de la ciudad, tras firmar un contrato por dos años. La temporada será un fracaso absoluto para el club, que la acabará sin ganar un solo título, pese a que el año anterior Ronald Koeman sí había logrado uno: la Copa del Rey. En la temporada 2022-2023, con Xavi al frente desde el inicio, el equipo se proclamará campeón de liga por primera vez en cuatro años, así como campeón de la Supercopa, lo que para algunos será una muestra de la progresión del equipo bajo las órdenes de Xavi. Pero llegará la temporada 2023-24, que acabará siendo otra temporada sin títulos y Xavi será cesado como entrenador, concretamente el pasado viernes 24 de mayo.

Miremos algo más hacia atrás. Joan Laporta se proclama presidente del FC Barcelona, por primera vez, el 15 de junio de 2003, tras una época muy revuelta institucionalmente y muy pobre en resultados deportivos. De la mano de Rijkaard en el banquillo, y de Ronaldinho, Deco -actual director deportivo-, Puyol, Xavi e Iniesta en el campo, el Barça se reencontrará con los grandes títulos, no sin caer al cabo de poco tiempo en la inestabilidad institucional. En 2008 el mandato de Laporta fue sometido a una moción de censura que obtuvo un apoyo mayoritario (60%), pero no suficientemente amplio para hacerse efectiva (66%). La finalización de su segundo mandato, en 2010, ya en la gloriosa era Guardiola, le impidió por estatutos presentarse a las elecciones presidenciales de aquel año, lo que le hizo optar por iniciar una carrera política que lo llevaría primero al Parlament con la coalición Solidaritat Catalana per la Independència, en la legislatura iniciada en 2010, y después, en 2011, al Ayuntamiento de Barcelona como concejal con Unitat per Barcelona, una coalición de la que formaba parte ERC, conservando su acta hasta 2015. Ese mismo año intenta un nuevo asalto a la presidencia del FC Barcelona, que no resulta exitoso ante la victoria holgada de Josep María Bartomeu. Habrá que esperar a marzo de 2021 para que en el marco de la pandemia y de una crisis institucional y económica sin precedentes, se alce de nuevo con la victoria.

Joan y Xavi son responsables indiscutibles de lo vivido en lo deportivo por el club durante los dos últimos años y medio. También de su imparable deterioro institucional, que ha llevado esta temporada a un exhibicionismo mediático impropio de una organización medianamente seria, pero característico de los tiempos que corren. Echemos la vista atrás por tercera y última vez. Celebradas la Supercopa y la Liga, Xavier Hernández firma en septiembre de 2023 su renovación por dos temporadas más. La primera mitad de su tercera temporada está marcada por la incapacidad del equipo de competir por el título, hasta el punto de verse superado por la revelación de la temporada: el Girona Futbol Club, convertido ya en segundo equipo catalán en importancia, que el mismo día en que Xavi era cesado, culminaba una brillantísima temporada goleando en casa al Rayo Vallecano por siete goles a cero. El recorrido tranquilo del Barça en la Champions, que no encontrará rivales de gran entidad hasta cuartos de final, no evita que a finales de enero y tras una abultada derrota frente al Villarreal en el Estadi de Montjuic, Xavi anuncie que no seguirá como entrenador a final de temporada. Remarcamos: no dimite en ese momento ante los malos resultados, sino que lo hace en diferido con fecha de 30 de junio.

Este anuncio marca el punto de inicio de un sainete institucional, al que seguirá en el mes de abril un giro drástico de los acontecimientos, pese a que el día 12 seguía afirmando que tenía fecha de caducidad y que “la decisión no iba a cambiar”. Pues bien, antes de acabar el mes la decisión ya había cambiado y todo culmina en una rueda de prensa el 25 de abril, en que el entrenador se desdice del todo y el presidente anuncia su continuidad más allá de la temporada en curso. Y en efecto, de esto hace tan solo un mes. Porque un mes es lo que tardará el presidente en hacer un “donde dije digo”, cesar a Xavier Hernández Creus y traer al alemán Hans-Dieter Flick como nuevo entrenador.

Los medios de todo el mundo han retransmitido en vivo y en directo todo este vodevil, que si no fuera porque este es el género más exitoso en el conjunto del mundo en estos momentos, bien podríamos pensar que solo es posible en una sociedad tan ilusa como la catalana. Una sociedad que compró en 2021 que Laporta fuera de nuevo presidente, pese a que diez años antes casi hizo falta ponerle un muelle en el asiento para que saltase del cargo y pese a que acumulaba un amplísimo historial de situaciones y escenas que no le hacían parecer la persona más responsable y serena para afrontar la dificilísima situación del club. El modelo de superación de la misma por el que apostó dio amplias pruebas de su desconexión con la realidad desde el primer momento: la venta masiva de activos para enjuagar deuda y conseguir operar rápidamente en el mercado internacional de fichajes, cuando la filosofía deportiva sufría una crisis igual de grande y no había nadie en el banquillo capaz de ponerla al día, no supuso más que la llegada de un grupo de futbolistas mediante costosos traspasos y elevadísimos salarios, que han acabado mal adaptados a la plantilla y no han aportado la competitividad necesaria para que el club pueda competir deportivamente con los grandes equipos.

La falta de criterio de Joan en el conjunto de sus decisiones como presidente ha encontrado su eco perfecto en Xavi. Un entrenador sin experiencia relevante, que Joan pudo vender a la sociedad ilusa como un renacido Johan Cruyff o el mítico Pep Guardiola. ¿Cómo no iba a brillar Xavi como entrenador, con lo brillante que había sido su carrera deportiva? Desconocedor de las falacias lógicas que el propio Joan Laporta forma en su propio pensamiento, el presidente había puesto el equipo en manos de un personaje con aureola de mito, que si bien en el banquillo no ha dado el resultado anhelado, lo que sí que es innegable es que con un micrófono delante ha superado cualquier expectativa previa.

“La decisión no va a cambiar”, aseguraba un Xavi con el equipo más cerca del liderazgo liguero y a punto de enfrentarse al Paris Saint Germain: un rival asequible, que podía abrirle las puertas del cielo. Pese a la falta de argumentos futbolísticos y con las llaves del equipo entregadas a unos jovencísimos canteranos que en modo alguno estaban capacitados para enfrentarse a la competitividad de los equipos de la Champions, ni del Madrid en la Liga, Xavi se preparaba en su fuero interno para resarcirse de todos los que lo habían cuestionado hasta entonces y para escuchar como hasta los pájaros le rogaban que continuase. ¿Y cómo iba a pasar eso? Aprovechándose de unos cruces favorables, que podían abrirle las puertas de la semifinal y la final de la Champions, y quién sabe si del título continental. Iba a ser el héroe de la Champions en esta década y el nuevo rey de la cantera blaugrana.

Y si bien el primer paso es firme, pues logra una meritoria victoria en Paris por dos goles a tres el 10 de abril, que casi le asegura el pase a semifinales, mientras sigue insistiendo en lo de la fecha de caducidad, el 16 de abril llega el gran baño de realidad para todos en el Estadi de Montjuic: ridículo galáctico tras la expulsión de Araujo, uno a cuatro en el marcador, entrenador expulsado por perder los papeles en la banda y eliminación fulminante. Y pese que lo que le espera a Xavi a partir de ahí es otro descenso por el tobogán de la falta de competitividad en la Liga y la pérdida de confianza definitiva, Joan aun tiene la ocurrencia de ratificarle en el cargo el día 25 de abril. Luego vendrá la explosiva rueda de prensa de Xavi cuestionando la capacidad de competir del equipo, la decisión también en diferido de Joan, las filtraciones, la semana de humillación en la prensa y, finalmente, el filtrar la identidad del nuevo entrenador antes de cesar a Xavier Hernández Creus.

La escenificación de conflictos en los medios no tiene nada de novedoso ni de sorprendente, pues lo hemos visto abundantemente en los últimos tiempos, como sin duda recordarán, por ejemplo, los que sigan las andanzas de Sumar y Podemos. Pero aquí lo que cabe preguntarse es por los motivos de la impavidez del respetable. ¿Ha llegado un momento en que la gente lo compra todo o bien lo que ocurre es que le da igual todo? ¿O tal vez es una combinación de ambas cosas? ¿O quizá la audiencia se reparte esos dos papeles, mientras que lo que ocurre es que nadie quiere ya mover un dedo?

¿Somos la sociedad ilusa o la sociedad difusa? “En el mundo de la desafección, todo es posible”, parece decirnos Xavi desde los cielos.

 

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