México después del dos de junio

Verónica Ugarte

El próximo dos de junio se celebran las elecciones para elegir al próximo Presidente de México. Después de meses de campañas llenas de insultos por parte de la candidata de la oposición, y de tres debates donde ha quedado claro que todavía no se entiende en el país norteamericano que un debate es una oportunidad para explicar ideas y planes y no un circo donde los payasos no han sido invitados, es seguro que el 1 de octubre Claudia Sheinbaum rendirá protesta como Presidente para los siguientes seis años.

Durante su sexenio, López Obrador retiró a los expresidentes la pensión vitalicia, que no estaba bajo ninguna legislación, sino que se trataba de un pacto no escrito. Estamos hablando de casi 3.327.780 euros al año que cobraban cinco ex mandatarios, de los cuales solo uno vive en México. Ese mismo que en 2000 acabó con 71 años de priísmo y ahora ataca al actual Presidente por haberle retirado esa pensión, además de exigir sin rubor alguno que las ayudas sociales deben ser retiradas.

Con esta medida, más el haber aumentado el salario mínimo en un 110%, López Obrador se ganó el respeto y agradecimiento de gran parte de la población mexicana. Añadiendo que invirtió en el Tren Maya, luchó contra el narcotráfico de una manera más inteligente que otros Presidentes, bajó el precio de la canasta básica y, en materia de política exterior, hizo lo posible por no pelearse con Trump, nos queda un panorama donde mantiene una alta aceptación e índice de popularidad.

Esa es parte del México que le deja a Sheinbaum.

¿Y qué hizo ella como Jefa de Gobierno de la Ciudad de México?

Modernizó el sistema de transporte de la Ciudad y no le tembló el pulso al momento de invertir donde era necesario. Apoyó la educación pública recordando que es un derecho y no un privilegio. Fundó dos Universidades y las llamadas Escuelas de Código Pilares, que actualmente tienen 29 sedes.

Logró reducir los delitos de alto impacto en las calles y transporte público. Fundó las Unidades Territoriales de Atención y Prevención de la Violencia de Género. Salud no le fue indiferente ya que creó tres hospitales públicos. Todo esto solo en cinco años. Pero no debemos olvidar que no es lo mismo gobernar una ciudad de 20 millones de habitantes que un país de más de cien millones.

¿Qué le espera a la nueva Presidente en un país con altos índices de delincuencia, economía en negro, migración y la siempre presente guerra contra el narcotráfico?

Deberá ser fiel a sus compromisos, no solo morales, sino también con lo que se le pide y se le debe exigir. Debe encarar los ataques de dos partidos al borde de la extinción, pero que no por ello han perdido sus conexiones con quienes poseen el 90% de la riqueza del país, que es el 10% de la población. México es un país lleno de injusticias que se vienen arrastrando desde hace ochenta y nueve años. López Obrador puede no ser mi personaje favorito pero, en aras de una visión casi imparcial, logró iniciar un cambio el cual debe ser continuado por su sucesora. Al mismo tiempo, ella deberá tomar las distancias hacia su predecesor en el cargo y afianzar su propio camino y marca.

En Política no existe nada más absurdo que la esperanza y México es un país donde esta siempre está presente durante los cambios de Gobierno Federal. Hace años que afirmo que yo no le pedía nada a los Gobiernos. Les exigía cumplir con su deber como representantes del Pueblo que los había elegido. Pero el país que me vio nacer es muy emocional en sus actos y reacciones.

Personalmente no espero nada de la nueva Presidente. Pero sería una grata sorpresa que México levante la voz cada vez más fuerte y exija lo que le corresponde. Que se mire al espejo y reconozca su responsabilidad ante las sempiternas crisis económicas. Que exija un periodismo que no esté al servicio de nadie que no sea su propio código deontológico. Que se haga fuerte y se escuche su voz. Que vuelva a salir el tigre y de una vez por todas crezca de nuevo.

“País inconcluso, México, paciente y sereno, esconde sin embargo la rabia de una esperanza demasiadas veces frustrada”. En esto creo, Carlos Fuentes, 2002.

2 comentarios en “México después del dos de junio

  1. No era consciente de que AMLO hubiera hecho cosas positivas. Tengo una pésima imagen de él como populista y cacique en extremo. Me alegro de tener una perspectiva más completa ahora.

  2. Populismo a la mexicana. De cacique nada. Como siempre el pseudoperiodismo hace mucho daño. Yo no le tengo mucho aprecio, pero no niego todo lo positivo que ha hecho después de casi 90 años de desastres no es poco.

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