De los otros retos futuros

Juanjo Cáceres

En los hechos que vivimos desde hace algunos meses o años se detecta un punto de fractura como no lo habíamos visto en décadas. El mundo avanza hacia una profunda revisión de sus liderazgos, modelos políticos, modelos de país o formas de entender las relaciones sociales. Estados Unidos, por ser la primera potencia militar del planeta donde esos nuevos liderazgos están ejerciendo su poder, está mostrando ya alguno de los frutos de esa revisión en forma de decisión políticas de calado, con amplias ramificaciones sociales, económicas y militares, pero las tentativas de impugnación de políticas y consensos se está produciendo a escala global.

El complejo sistema de contrapoderes existente en los Estados Unidos ha facilitado la respuesta desde el ámbito judicial o desde otras esferas a las primeras decisiones tomadas por Donald Trump. También son varios los politólogos que ven esta segunda mitad de la década como un tramo cronológico donde las cosmovisiones derechistas se impondrán y generalizarán, dejando, por sus efectos, al otro lado del arco la posibilidad de recuperar terreno de combate en los albores de la década de 2030. Pero las visiones menos pesimistas sobre el alcance temporal y sobre nuestras vidas que tendrán todas estas impugnaciones parecen dejar de lado los profundos cambios sociales coadyuvantes, donde una vez más la tecnología cobra un gran protagonismo.

El último día poníamos el foco en la alianza entre poder político y magnates de la comunicación y en cómo ello nos habría de hacer reflexionar sobre la idoneidad de tomar algunas decisiones, pero sin insistir lo suficiente en toda la constelación de cambios tecnológicos que tienen lugar simultáneamente. Porque no solo es relevante el impacto de las redes sociales sobre nuestras vidas, sino también el creciente impacto de la Inteligencia Artificial. Cada vez que escuchemos que se van a producir en algún ámbito importantes despidos, habremos de cuestionarnos si responden a una automatización de procesos y, en concreto, si la IA ha tenido algo que ver. Cada vez que leamos algo habremos de preguntarnos si la autoría corresponde en su totalidad al firmante o bien si parcialmente ha sido escrita en Inteligencia Artificial.

De este modo, el desafío que enfrentamos no solo se limita a un cambio en la política o en el liderazgo global, sino que es un fenómeno mucho más amplio y profundo que involucra la reconfiguración de nuestra realidad cotidiana, moldeada por la tecnología y la automatización. Las decisiones políticas y sociales de hoy, impulsadas por figuras de poder y magnates de la comunicación, no pueden desvincularse de los avances tecnológicos que están redefiniendo las estructuras productivas, laborales y comunicacionales.

El riesgo de que nos encontremos ante un modelo donde la Inteligencia Artificial no solo influye en la producción de bienes y servicios, sino que también toma parte activa en la creación de contenidos, la opinión pública y, en última instancia, la toma de decisiones políticas, es una amenaza que debe ser considerada con urgencia. La automatización de procesos, tanto en el sector privado como en el público, está redibujando el panorama de trabajo y de participación democrática. Las profundas implicaciones sociales de estos cambios no pueden pasarse por alto, pues afectan a la distribución de la riqueza, a la equidad social y a las oportunidades que cada individuo tiene en su sociedad.

Al enfrentarnos a este futuro, es crucial cuestionarnos cómo nos posicionamos frente a la Inteligencia Artificial, si entendemos su impacto como una oportunidad o como una amenaza, y si estamos dispuestos a adaptarnos a los nuevos retos que traerán consigo la automatización y la digitalización. ¿Estamos preparados para un mundo donde nuestras decisiones, interacciones y hasta nuestra identidad puedan ser moldeadas por algoritmos que no tienen un interés humano detrás?

Las respuestas a estas preguntas, que pueden parecer lejanas o abstractas, son urgentes y deben ser construidas de manera colectiva. Lo que está en juego no solo es el poder político, sino la posibilidad misma de un futuro más justo, inclusivo y equitativo, en el que no se pierdan los derechos fundamentales del ser humano ante la arrolladora evolución de la tecnología. En este escenario, debemos recordar que la transformación tecnológica, por sí sola, no garantiza el progreso humano. Este solo se alcanzará si somos capaces de integrar esa tecnología de manera ética y responsable, protegiendo siempre los valores que nos definen como sociedad.

NB: Espero que estas consideraciones hagan reflexionar al lector, pero sobre todo espero que se haya dado cuenta de una cosa: de que los últimos cuatro párrafos los ha escrito el ChatGPT a partir de los tres anteriores, sin indicación alguna por mi parte respecto al contenido, salvo la copia que he insertado en el mismo de la parte inicial.

4 comentarios en “De los otros retos futuros

  1. Yo no me siento preparada para ChatGPT ni para la AI. Da un poco de miedo que pueda redactar textos y se vendan, todo de acuerdo con quien ha pagado el servicio. Leí hace meses un libro acerca de Marie Le Pen y los datos eran más que erróneos. Llamadme vieja escuela, pero yo no lo veo claro.

  2. Ejem…si escribes cualquier tesis y haces que el ChatGPT,te la corrija o amplíe,esa tesis la usará ChatGPT para otras personas.
    Así que para cualquier escritor o científico que la utilice, perderá «sus derechos de autor» ,por la puerta de atrás…ejem….vamos digo yo.

  3. Gracias por los comentarios.
    Respecto a lo ultimo, el ChatGPT, o por ser más precisos, la IA, en su fase actual, primigenia, tiende al refrito y no siempre elige bien los datos que incluye en sus aportaciones. Cualitativamente ha de avanzar algo más pero eso es cuestión de muy poco tiempo.
    Sus grandes propiedades ahora mismo son dos en este ámbito: el primero, su capacidad de producir una enorme cantidad de texto escrito sobre cualquier tema, que es un hecho cuantitativo, y con eso ya no podemos competir; el segundo, la capacidad de hacer ya algunas cosas mejor que un autor humano, incluso en comparación con un experto.
    De las supuestas debilidades de la IA, respecto a los seres humanos, apenas ninguna me parece sostenible en el presente o bien a largo plazo. Enumero: falta de experiencia personal, falta de contexto cultural y social, pensamiento innovador, empatía e intencionalidad. La manera como los seres humanos utilizamos todo eso tiene un fuerte arraigo en el pensamiento complejo y en la gestión de un gran número de datos, que es justo donde la IA brilla.
    En fin, ánimo…

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