Feijóo respira… de momento

Carlos Hidalgo

Al final tenemos un CGPJ renovado. Los problemas de la pareja de Ayuso y su torpeza dando cobijo al circo de Milei han provocado que la presidenta madrileña esconda la cabeza debajo del ala el tiempo suficiente como para que el presidente de su partido, Alberto Núñez Feijóo, se sienta lo suficientemente fuerte como para dar luz verde a la renovación del gobierno de los jueces, con unas condiciones que son básicamente iguales a las que se habían acordado con el PSOE hace casi dos años y que luego no se llegaron a firmar por presiones del ecosistema político y mediático madrileño.

Esto no quiere decir que el expresidente gallego haya logrado vencer definitivamente a Ayuso y afianzado su liderazgo de manera permanente, pero le ha dado una pequeña victoria y un muy necesitado protagonismo tras demasiados meses de ir a remolque de las ocurrencias de la que fuera amiga personal y luego ejecutora de Pablo Casado, el antecesor de Feijóo al frente del PP.

Como el actual presidente del PP sigue sin sentirse seguro del todo, no puede abandonar una pose de dureza y la táctica de tierra quemada que empezó Casado y en el día en el que leéis estas líneas el PP ha comenzado una campaña titulada “la semana fantástica de la corrupción en el PSOE”, en la que sus portavoces más faltones, como el motivado Miguel Tellado o el desubicado Elias Bendodo intentan crear un ambiente parecido al de principios de los años 90, para ver si logran así ampliar su escasa ventaja frente al PSOE en las encuestas.

VOX, mientras tanto, fiel a su vocación destructiva y a sus maneras de matones, amenaza con dejar caer los gobiernos regionales y municipales que comparten con el PP si este sigue llegando a consensos en políticas de Estado con el PSOE. Dudo mucho que lleguen a cumplir sus amenazas. Personajes que son una nulidad política, como García Gallardo en Castilla y León, o Alejandro Nolasco en Aragón, nunca se han visto en una semejante y sería muy difícil que abandonasen de buen grado sus sillones y sus cargos, en los que trabajan poco y gesticulan mucho. Si Santiago Abascal decidiera dar un varonil golpe de autoridad se arriesgaría a que esta constelación de vicepresidentes, presidentes de parlamentos autonómicos, consejeros y concejales abandonasen sus filas y -peor aún- hasta se pasaran al PP, esgrimiendo una independencia y una libertad de criterio que no se estila en VOX.

Como ya he dicho alguna vez, el líder de un partido en la oposición no suele ser mucho más que un mero diputado y sus alcaldes, concejales, consejeros y presidentes o vicepresidentes autonómicos manejan más nombramientos, más presupuesto y ejercen mayor poder real que el líder orgánico. Ponerles demasiado a prueba es arriesgarse a que te muevan la silla y no de la manera más agradable posible. Y recordemos de nuevo el ejemplo de Casado, que no solo cayó por cuestionar abiertamente a Ayuso, sino por las ampollas que su segundo, Teodoro García Egea, levantaba entre sus aparatos territoriales con sus maneras autoritarias y su escasa mano izquierda. Un líder inane como Abascal no puede correr un riesgo de esa clase. Y menos con un aparato de partido mucho más autoritario y antipático que el del PP.

Feijóo lo sabe muy bien y por eso mantiene un liderazgo orgánico más flexible y está dejando que su rival, Ayuso, se desgaste sola. Su excesivo afán de protagonismo, sus errores o nula gestión como gobernante y su abierta deslealtad a la dirección nacional de su partido (que se cuida mucho de criticarla en público), además de los ya citados problemas legales de su pareja y los sospechosos negocios de su familia, pueden lograr que la presidenta madrileña cave su propia tumba; ya sea en por eventual caída de popularidad, por terminar ella misma desfilando por los tribunales o por irritar en exceso a otros presidentes regionales de su partido, que se sienten iguales en importancia a ella pero menospreciados por la corte de la Puerta del Sol.

Aun así, es muy difícil prever el futuro, pero parece que, al menos de momento, Feijóo respira.

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