La patria de los políticos

Verónica Ugarte

De este lado del Atlántico…

Finalmente la Generalitat compró la Masia de Francesc Macià, “l’Avi” como se le recuerda en estas tierras. Figura central del Independentismo catalán, quien juega siempre y ahora mismo con más ganas, a vender su patria ilusa con tal de no ceder y ser responsables para que Salvador Illa sea el nuevo President.

La Masia está casi destrozada y tiene un valor cultural que no niego. Pero es inmoral seguir utilizando el pasado según convenga para dar pasos perdidos hacia una ruta desconocida. Ahora mismo el Govern en funciones dedicará 50.000 euros a las primeras obras de restauración. Esa cifra puede no parecer alta, pero si hablamos de oportunismo político, cualquier derrama que tenga como destino el fomentar el orgullo patrio no tiene cabida cuando nos estamos jugando la estabilidad política y económica desde hace ya más de diez años.

Cualquier nacionalismo empleado como odio hacia quien no comparte nuestras ideas inicia la ruta del desencuentro. Ya mismo los catalanes están más que hartos de la simple idea de volver a votar y de que Junts pretenda imponer su reina en Waterloo, pasando por encima de cualquier interés real y práctico de lo que es necesario realizar en Casa Nostra: tender puentes, arreglar diferencias, luchar por los servicios públicos donde se tienen competencias.

Cada país necesita, de manera irracional, figuras de cohesión para cierto tipo de desarrollo de un camino en común. Y aquí es donde nos encontramos de frente hacia la idolatría del héroe imaginario, donde la imaginación suele ser una fuente de inagotables problemas y mal funcionamiento según quién la utilice.

Usar la figura de Macià en una situación socio-política completamente diferente a la vivida por él es una muestra más de la desesperación, irracionalidad y falta de responsabilidad por parte de ciertas figuras catalanistas que siguen sin ver más allá de sus propias ganancias políticas.

Y al otro lado del Atlántico…

En plena pandemia el Presidente de México toma una decisión que sabe que será apoyada por el hígado de los mexicanos: a la estación de metro Zócalo la renombra “Zócalo-Tenochtitlán” haciendo alusión a la antigua capital del Imperio Azteca. Nadie se opone ni al cambio ni a los gastos que derivan de ello. Mejor preguntarnos si alguna vez al mexicano medio le ha importado el dinero cuando se le toca los símbolos nacionales.

Con toda su particularidad México es un país donde debajo de cada piedra se encuentra un héroe de la Patria. Y lo escribo en mayúsculas porque patria es algo que se come, se vive, se respira desde que se nace. Siguiendo el calendario escolar y laboral tenemos tantos días para celebrar a un insigne mortal que igual se lanzó desde un árbol protegiendo la bandera o cruzó la frontera con EEUU de manera ilegal para ajustar cuentas por un trato de armas mal acabado.

Todo vale si hablamos de defender eso que no nos da de comer, pero nos hace sentir especiales. Usar el adjetivo manido de la patria es manipular en favor de intereses que nada tienen que ver con los que el paseante común necesita. Se trata de ganar favores, tiempo, hacerse sentir indispensables para un partido, para una causa que desde hace tiempo ha dejado de tener contacto con la realidad. El por qué es fácil de saber: quienes juegan a la Política poco barrio han tocado. Poco contacto con la realidad tienen y bastante ambición desmesurada sobra. Sea cual sea su orientación.
Siempre se trata de seguir en el foco. De sacarse la fotografía. De decir más alto “he hecho esto”; “he logrado lo otro”. De seguir en el candelero.

Pude sacarme la patria gracias a vivir diferentes experiencias; leer diversos libros; abrir la mente. No es un camino fácil a pesar de que se quiera hacerlo. Han pasado años y aún, en un fondo muy fondo de mi cerebro una bandera tricolor con un águila y una serpiente me da un golpe de nostalgia. Pero es eso: nostalgia y no orgullo.

Me negué en cierto punto de mi vida y me sigo negando ahora a que se use el sentimiento en cuestiones racionales. En Catalunya no tenemos Gobierno y puede que se repitan las elecciones. En México se sigue comiendo de la mano del hidalgo imaginario. ¿En verdad la patria sirve de algo?

Como diría mi Profesor de Educación Sentimental: la patria y mi guitarra las llevo en mi. Una es fuerte y es fiel, la otra un papel. Vagabundear, JM Serrat.

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