Del envejecimiento

Juanjo Cáceres

El pasado jueves 27 de junio asistíamos al primer debate entre los dos candidatos que disputarán las elecciones presidenciales de Estados Unidos el próximo mes de noviembre: Joe Biden, de 81 años, y Donald Trump, de 78. Un debate electoral es un acto tremendamente estresante, como también lo es ejercer la presidencia de los Estados Unidos. En ese marco, era imposible que pasara desapercibido el declive cognitivo del actual presidente. Los lapsos de memoria, la sustitución de unas palabras por otras o las dificultades para articular sus argumentaciones, evidenciaron sin ningún género de dudas lo que numerosos vídeos difundidos por las redes ya habían revelado mucho antes: un intenso deterioro cognitivo que, obviamente, lo incapacita para seguir ejerciendo el cargo más allá del presente mandato.

La pregunta que conviene formular seguidamente no es estrictamente política. ¿Cómo es posible que una persona cuyas condiciones físicas y cognitivas se encuentran claramente por debajo de lo necesario para ejercer la presidencia de la primera potencia económica y nuclear del planeta, no solo vaya vuelto a ser proclamado candidato, sino que todavía no haya abandonado la carrera presidencial, cuando sus limitaciones están ya a la vista de todos?

Se trata, de hecho, de una pregunta con varias respuestas, pero la primera de ellas no es política, porque tiene que ver con un Occidente que muestra serios problemas para reconocer el envejecimiento: en concreto sus consecuencias individuales y las consecuencias que tiene el que cada vez haya más gente mayor y cada menos gente joven. Porque el envejecimiento, por mucho que se quiera esconder bajo proezas atléticas, implantes de pelo, cremas antiarrugas o estilos de vida, es una realidad insoslayable para cualquier persona que haya superado la mayoría de edad y haya culminado su desarrollo físico y cognitivo. A partir de ese momento empieza el proceso y lo hace de forma progresiva, volviéndose cada vez más evidente a medida que pasan los años.

El envejecimiento no es algo que notemos en el día a día, pero sí cuando echamos la vista atrás y reflexionamos con un mínimo de objetividad sobre cómo era nuestro cuerpo a los 20, a los 30, a los 40, a los 50, a los 60 o a los 70. Lo vemos manifestarse en la caída del pelo, en la aparición de arrugas, en forma de manchas en la piel, de mayores dificultades para ver o para oír y en todo tipo de trastornos que afectan a nuestra salud. Y, ciertamente, ese envejecimiento físico también engloba el envejecimiento cognitivo como parte del todo, porque la mente no es más que la manifestación de un cerebro adherido a nuestro cuerpo. Pero ocurre que ambos procesos comparten una característica: son persistentemente negados hacia nosotros mismos y hacia los demás. Más aun teniendo en cuenta que la madurez intelectual ofrece buenas compensaciones a los efectos del envejecimiento cognitivo, sin que por ello deje de estar presente: preguntemos a un matemático cuáles fueron sus mejores años o exploremos como sobrellevan los novelistas el avance de la edad.

Amnesia, Alzheimer o demencia son palabras que se hacen más frecuentes en una sociedad cada vez más envejecida. Igual que ha sido necesario alcanzar un determinado nivel de prestaciones sanitarias para que el cáncer sea correctamente diagnosticado y atendido, también ha sido necesario llegar a un determinado momento para que nos empecemos a dar cuenta del alcance de esos otros trastornos y para reconocer, como en el caso del cáncer, que, a mayor edad, mayor prevalencia. Y lo que es más importante: que no solo estamos completamente expuestos a ellos, sino que una enorme parte de nosotros los sufrirá en un momento u otro. Tanto el cáncer, como los trastornos cognitivos.

Esto es algo que como sociedad debemos asumir. Implica que debemos dejar de hablar genéricamente de alargar por decreto la edad de jubilación, mientras no dispongamos de medios de cura y atención sanitaria suficiente para todo el abanico de trastornos que tienen una prevalencia relevante a partir de los 65 años. Implica, también, que una sociedad no puede ser realmente viable con un desequilibrio demasiado alto entre población madura y población joven, por lo que han de existir políticas avanzadas que hagan factible la natalidad, la formación de familias a una edad biológicamente razonable y, sin duda, la incorporación a nuestra sociedad, con plenitud de derechos y deberes, de las personas extranjeras. Además de todo ello, necesitamos un abanico de servicios de salud y asistenciales que realmente den respuesta a las necesidades físicas y cognitivas que los sectores de edad más avanzada tienen. Porque Occidente sigue siendo poderoso, pero, a su vez, es cada vez más dependiente.

De cómo lograr todo eso deberíamos de hablar largo y tendido y hacerlo sin demasiados apriorismos, con la sensatez debida y con mucha flexibilidad argumental, pero ahora debemos volver al punto de partida.

Por razones evidentes, Biden no puede convertirse en el próximo presidente de Estados Unidos, ni en el “líder” de un mundo “libre” con enfrentamientos bélicos de tanta envergadura como los que se viven en Ucrania y Palestina y con las trascendentales agendas políticas a las que el conjunto del planeta se enfrenta hoy en día. Para muchos es el mal menor, frente a un Trump convicto, corrupto y que por envilecimiento o locura puede poner su país o a todos nosotros al borde del abismo. Pero esta no es la cuestión.

La cuestión es que hay que decir la verdad y obrar en consecuencia. La responsabilidad de los Demócratas es propiciar un cambio de candidato y la responsabilidad de los simpatizantes y votantes Demócratas es también impulsar ese cambio de candidato. Serán ellos, con su indolencia o su incapacidad de obrar, cuando su candidato ya ha mostrado todas sus limitaciones, los responsables de que Trump alcance la victoria o de poner el país en manos de un gobierno opaco, mientras Biden cumple los 86 años como presidente de su nación, sin ser apenas consciente de nada.

6 comentarios en “Del envejecimiento

  1. Sí pero no. Amen a todo lo del envejecimiento en general: reflexiones muy serias y acertadas. Pero en cuanto a Biden y Trump, hasta una ardilla me parece mejor opción que Trump. Biden ha gobernado bien y está en capacidad de seguir haciéndolo, delegando gran parte del trabajo, dimitiendo a mitad del mandato en favor de su vicepresidenta, lo que sea.
    Este fin de semana los Demócratas han valorado las opciones alternativas y no hay ningún candidat@ que saque mejor resultado demoscópico frente a Trump que Biden. Y han salido en su apoyo.
    Quedan muchos meses, otro debate y la distancia ahora mismo en los Estados que cuentan, es pequeña. Biden todavía puede ganar y esta victoria es esencial para todo y para todos.

  2. No se,pero a mi me entra la duda de si la supuesta incapacidad de Biden por su edad es comparable a la supuesta capacidad de los miembros del Tribunal Supremo que han decidido no amnistiar al Fantasma de Waterloo con argumentos propios de una película de Marvel sobre los mundos paralelos,acusándolos de lo que podría haber pasado…ejem.

  3. Biden señala que el fallo del Tribunal Supremo dándole inmunidad a Trump “sienta un precedente peligroso”

    «Ahora, el pueblo estadounidense tiene que hacer lo que el Tribunal Supremo debería haber hecho».dijo Biden.

    En España una mayoría parlamentaria legisla una ley de Amnistía y el Tribunal Supremo llega a la conclusión que no ve la amnistía como un elemento de pacificación, sino de discordia,mientras El Fantasma de Waterloo no entre en la cárcel.

  4. Estimado LBNL, yo no tengo nada claro ni que Biden lo haya hecho bien ni que aguante los 4 años. Lo más sabio siempre es el relevo generacional. Sus capacidades cognitivas ya eran cuestionables hace un par de años.

  5. Estoy de acuerdo con Verónica , añadiendo la irresponsabilidad de un Partido Demócrata más raro que Doña Mauricia ; de hecho me parece que no es más que una dirección postal ; más o menos igual que el Partido Republicano , o Coca -Cola o Pepsi.
    LBNL propone un presidente Biden catatónico y cerúleo con ausencias intermitentes y con reanimador de chispas mejor que Trump , y también estoy de acuerdo . Pero no con Amistad por sus injurias al delicado Marchena , gloria de la caballería andante y espejo de la escuela de Salamanca, un caballero que encuentra pepitas de oro en la faltriquera del malvado Bolaños por introducir distingos inconvenientes en la malversación .
    Ya no viene Puigdemont y los vencejos de los cielos españoles dibujan con su vuelo enormes Uvesco de la victoria.

  6. Buenas tardes.

    Sobre los «lapsus» de Biden:

    Biden’s Lapses Have Increased, According to Some Insiders
    https://www.nytimes.com/2024/07/02/briefing/president-biden-trump-sentencing-summer-vacations.html

    Sobre lo que se comenta:

    Biden abre la puerta en privado a una posible renuncia como candidato demócrata a las elecciones
    https://www.lasexta.com/noticias/internacional/biden-abre-puerta-privado-posible-renuncia-como-candidato-democrata-elecciones_20240703668570aa0de31e0001ffc215.html

    Negar las evidencias, en lugar de preparas soluciones, solo conduce al desastre. La ventaja de que hoy goza Trump es, sobre todo, fruto de la fragilidad de la candidatura de Biden y de no haber adoptado las decisiones oportunas antes de finalizar el mandato. Evidentemente que ahora es más dificil, pero por difícil que sea y por el más elemental sentido de la democracia, hay que proceder al relevo.

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