Los Idus de Yolanda Díaz

Juanjo Cáceres

En las calles de Roma se fraguaba una traición. Puede que realmente alguien advirtiese a Julio Cesar de que debía guardarse de los idus de marzo, pero nada impidió que el dictador romano acabase entrando igualmente en el edificio del Senado, y con su magnicidio, también en la eternidad. La tradición romana nos legó una historia detallada de su asesinato, así como de sus motivaciones: Cesar, proclamado dictador vitalicio, coqueteaba cada vez más con la idea de erigirse en monarca, relegando al Senado a una mera cámara consultiva compuesta, principalmente, por aduladores.

España se parece mucho a la antigua Roma. Heredamos su idioma y le debemos una gran parte de nuestro acervo cultural, convirtiendo ciertos municipios en monumentales ciudades, que sin su herencia hubieran caído hace mucho en el mayor de los olvidos. Puede que todo ese legado no nos haya dejado solo el arte de regar los campos, sino también el de la traición. Puede que a Yolanda también la advirtieran del complot que se tramaba, pero no llegó a ser del todo consciente de la lógica del mismo. Los conspiradores hacía tiempo que hablaban entre ellos, pero no se atrevían a dar el paso, ni se sentían lo bastante fuertes, ya que una maquinación requiere de todos los elementos necesarios para prosperar.

En Roma eran conscientes de que para que la conspiración triunfase, no bastaba con un Casio, sino que también era necesario un Bruto. La tradición nos habla de Bruto como alguien traicionero, pero también como un idealista republicano, que en modo alguno aceptaba sustituir el gobierno colectivo del Senado. Ni siquiera cuando César intentaba ganárselo con múltiples dádivas y promesas de un brillante futuro. Bruto, que tan fiel fue a su manera a César, tuvo que verse obligado a elegir entre padre putativo -no en vano era hijo de la amante de César, Servilia- y patria. Y no solo una, sino varias veces.

¿Puede que ese fuera el papel Antonio Maillo, republicano también, en el drama hispano? ¿Qué el nuevo y flamante coordinador de Izquierda Unida eligiera “patria”? ¿Y que lo hiciera tras conocer la jugada de su compañera y hermana Yolanda de rebajar a su correligionario Manu Pineda hasta el número 4 de la lista de Sumar para las elecciones europeas? ¿O bien tras constatar que esa decisión los había dejado fuera del Parlamento?

Pero Bruto no es el primero que golpea a Cesar con su arma, ni tampoco lo será Maíllo. Nada más finalizar el recuento, a punto para ello está Más Madrid, a quien le faltará tiempo para exigir máximas responsabilidades tras un resultado que también los deja sin representante en Europa. Ese es el primer puñal que atraviesa a Yolanda Díaz tras la aciaga noche del domingo 9 de junio. El primero de otros tantos, que se incrustarán en el cuerpo, otrora sagrado, de Yolanda, entre el 9 al 10 de junio, culminándolos el Bruto andaluz con su “Sumar está superado como movimiento aglutinador”.

A partir de aquí la narrativa salta por un breve lapso tres siglos y medio hacia adelante, adentrándose en el proceso de cristianización del Imperio. Puede que Constantino instrumentalizase el Cristianismo para afianzarse en el poder, en un periodo de intensos conflictos militares entre aspirantes a la corona imperial, pero existen pocas dudas de que acabaría sus días convencido de su confesión religiosa. Ese parece ser también el camino seguido por Yolanda Díaz en su lastimosa rueda de prensa del lunes siguiente, donde arde públicamente ante el veredicto de las urnas y tras la sentencia de sus inquisidores, sin que el tribunal sea consciente de que todo ello remacha los efectos políticos de lo acontecido.

En un primer instante, todo parece claro y resuelto. Pero aturdidos todavía por todo lo acontecido en menos de 48 horas, no son pocos a los que, como si de la pieza teatral de Shakespeare se tratase, se les aparece el fantasma de Yolanda por la noche. Entretanto, el Marco Antonio de turno se prepara para recitar el testamento de César. Un Octavio del siglo XXI permanece también a la espera de vengarse de los asesinos. ¿Quiénes interpretarán papeles tan trascendentales? ¿Urtasun? ¿Errejón? ¿Duval?

Las horas transcurren despacio y la crisis se vuelve tangible. Es entonces cuando los asesinos miran hacia el abismo, gritando: “¿Qué hemos hecho?”; cuando se anuncia un nuevo periodo de guerras civiles, que pueden acabar de arruinar la vida económica y social de ese ecosistema político, y cuando para sorpresa de todos, tiene lugar un giro igualmente literario. El fantasma de Yolanda se levanta de la tumba y pronuncia unas enigmáticas palabras: “No me voy, me quedo”

He aquí el giro dramático. Un giro que nos evoca la inmortalidad de César, pero también la perpetuidad del ejercicio de la política en nuestro tiempo. Que nos ilustra sobre el arte del oxímoron en la escena política actual. Y que sobre todo apunta la poca altura literaria que nos caracteriza, en tanto que incapaces somos de siquiera acercarnos a imitar las shakesperianas palabras finales del teatralizado Octavio:

“Honremos su virtud como merece,

cumpliendo con los ritos funerales.

Esta noche sus huesos en mi tienda

reposarán con la guerrera pompa

del soldado. – Las tropas, pues, descansen,

y a dividir nosotros, si os agrada,

las glorias de tan próspera jornada”

Así termina Shakespeare su magnífico Julio César, ese inglés universal que destacó por su magnífica retórica. Y por hacer algo de enmienda a la brevedad formal de la ministra de Trabajo, así concluyen los Idus de Yolanda, a modo de romancero:

Dígase, pues, para acabar,

que enorme fue en Filipos la victoria,

mas no fue tan claro motivo de gloria

el resultado de nuestra vecina trama:

tan vana, tan mundana…

7 comentarios en “Los Idus de Yolanda Díaz

  1. Siempre es refrescante leer a un escéptico en cuanto a Política. Nunca le he visto futuro al prooyecto personal de Yolanda Díaz. ¿Habrá segunda parte?

  2. Buen intento de hacer analogías con nuestro mundo, porque nosotros somos Roma. Como apuntas, pero no disparas realmente César es el traidor a la República romana, y no hay más traición ahí, sino defensa de valores.

    Aquí sí alguien es hijo putativo, adoptivo o lo que sea, no sería IU de Sumar. Eso sí hemos demostrado valores paternales y maternales en lo que representan los cuidados y la mirada larga. Hace mucho tiempo que esto de la izquierda, ahora que ha quedado claro que somos izquierda, que hemos pasado por el arriba y el abajo y otras cosas del estilo, digo que se volvió en los últimos años demasiado personalistas. Con todos sus defectos, me parecen más interesantes por su voluntad de visión colectiva, debate… etc de IU que lo que ha venido en la última decada. Y no menoscabo ciertas aportaciones, pero ahora volvemos a la «guerra de posiciones»… como a finales y principios de siglo, subir cuando toda la contestación subía tampoco fue mérito.

    Me gusta lo que dice y las formas de Maíllo, entre otras cosas porque entiendo de que me habla, y entre otras cosa de organización y forma de tomar decisiones.

    Siempre interesante Juanjo, eso siempre.

  3. La primera diferenciación que establecía el profesor Gustavo Bueno es entre dos grandes familias o clases de izquierdas que él llama izquierdas definidas e izquierdas indefinidas. Las izquierdas definidas incluyen todas aquellas corrientes que pueden ser definidas políticamente de acuerdo con un criterio político objetivo, capaz de ser aplicado a las distintas corrientes de esta izquierda en sus relaciones entre sí y con la derecha. Este criterio, señala muy acertadamente el profesor Bueno, no puede ser otro que el de su posición ante el Estado.

    La segunda gran familia de la izquierda estaría formada por lo que el profesor Bueno llama la izquierda indefinida. Es decir, las vanguardias artísticas, los rebeldes morales, los heterodoxos, las ONG antiglobalización, los movimientos antisistema o contraculturales. La izquierda indefinida no lo es tanto porque sus representantes no puedan definirse respecto de algunas de las corrientes definidas de la izquierda, sino porque, precisamente, su definición sólo puede venir de identificarse ­­–total o parcialmente, coyuntural o estratégicamente­–­ con alguna de estas corrientes.

    La relación entre estas dos clases de izquierdas es singular: las izquierdas definidas ­­–pese a su pensamiento elaborado y su organización­–­ dependen más de las izquierdas indefinidas que viceversa. Dependencia que, en este caso, hay que entender en el sentido de que las izquierdas definidas no agotan, no pueden cubrir el material político y social al que se dedican. Y por ello han de difundir su influencia y buscar puntos de conexión con otras corrientes de izquierda indefinida, que actúan sobre este material.

    A mí, particularmente , me interesaba Pam, por su contínua propensión rupturista imponiendo su presencia en el peor momento y con la mayor vulgaridad por sus delirios sadomasoquistas .

  4. La primera diferenciación que establecía el profesor Gustavo Bueno es entre dos grandes familias o clases de izquierdas que él llama izquierdas definidas e izquierdas indefinidas. Las izquierdas definidas incluyen todas aquellas corrientes que pueden ser definidas políticamente de acuerdo con un criterio político objetivo, capaz de ser aplicado a las distintas corrientes de esta izquierda en sus relaciones entre sí y con la derecha. Este criterio, señala muy acertadamente el profesor Bueno, no puede ser otro que el de su posición ante el Estado.

    La segunda gran familia de la izquierda estaría formada por lo que el profesor Bueno llama la izquierda indefinida. Es decir, las vanguardias artísticas, los rebeldes morales, los heterodoxos, las ONG antiglobalización, los movimientos antisistema o contraculturales. La izquierda indefinida no lo es tanto porque sus representantes no puedan definirse respecto de algunas de las corrientes definidas de la izquierda, sino porque, precisamente, su definición sólo puede venir de identificarse ­­–total o parcialmente, coyuntural o estratégicamente­–­ con alguna de estas corrientes.

    La relación entre estas dos clases de izquierdas es singular: las izquierdas definidas ­­–pese a su pensamiento elaborado y su organización­–­ dependen más de las izquierdas indefinidas que viceversa. Dependencia que, en este caso, hay que entender en el sentido de que las izquierdas definidas no agotan, no pueden cubrir el material político y social al que se dedican. Y por ello han de difundir su influencia y buscar puntos de conexión con otras corrientes de izquierda indefinida, que actúan sobre este material.

    A mí, particularmente , me interesaba Pam, por su contínua propensión rupturista imponiendo su presencia en el peor momento y con la mayor vulgaridad por sus delirios sadomasoquistas .

  5. No conozco las interioridades de Sumar ni por tanto si hubo traición o no. Pero creo que si yo hubiera estado en Sumar, tras el nuevo batacazo, le habría indicado a Yolanda que debía dar un paso al costado. Pero no en el gobierno.
    Yolanda se equivocó – yo lo dije aquí – echándole un pulso a Podemos cuando las listas de las generales. Podemos son como son pero eso ya se sabía. Se trataba de sumar, no de reemplazar. O de sumar primero para poder reemplazar después. Quiso acortar los trámites y sumo menos de lo esperado. Y luego dejó de sumar.
    Se veía. Se lo creyó demasiado y la cagó.
    Y lo padecemos todos.

  6. Hombre , todos no .A la izquierda diabética debemos hacerle llegar tartas con formas de homilías onusianas , decenas de estampas de memoria histórica , recortes de banderas republicanas , manifiestos de unidad en la diversidad , senyeras , ikurriñas , pero jamás de los jamases una bandera constitucional para que no se diga que somos normales como otros estados de la UE.

    En el año 2006, un año en el que el entonces presidente Maragall se había empeñado en someter a referéndum un nuevo Estatut que nadie le había pedido, Pedro J. Ramírez hacía una entrevista al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero y entre otras cuestiones le planteaba esta: «¿Se sentirá responsable si dentro de 10 años Cataluña inicia un proceso de ruptura con el Estado?» Zapatero contestó: «Dentro de 10 años España será más fuerte, Cataluña estará más integrada y usted y yo lo viviremos«.

    Once años después, en 2017, los separatistas daban un golpe estado. La proclamación del Estat Català por Lluís Companys el 6 de octubre de 1934 había durado diez horas y el del 1 de octubre de 2017 solo duró en total 56 segundos, entre la proclamación, los aplausos y los 22 segundos del discurso abolitorio.

    Así que ¿ por qué se tenía que preocupar Yolanda por demoler su coalición de la Señorita Pepys mientras sus votantes huían a las listas de Sánchez o se quedaban en casa ? Yolanda tiene una historia de fracasos paralela a la del PCE , IU , y otros y sabe que la fuerza más añeja , el núcleo duro y coriáceo , el no impostado por los titiriteros wakes, resiste como la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción en medio de las columnas de la Mezquita de Cordoba. No tardará el día en que IU y su nuez comunista sean declarados patrimonio intangible de la política española .

    Entre tanto , como la madre de Napoleón viendo coronarse a su hijo , no puede reprimir una exclamación « pourvu que ça dure » , algo que repiten todas las familias de ultraístas de izquierda y derecha conscientes de que no se van a encontrar en una como esta : ¡ mientras que dure !

  7. No fastidies Mulligan… Entre lo de Zp y la declaración de independencia igual hubo algo, ¿no? Como lo de la sentencia del TC por ejemplo… Pero vaya, que si le incomoda el marco, lo dejamos pasar y así se siente usted completamente vindicado en su posición.

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