Partido Revolucionario Institucional (P.R.I.)

Verónica Ugarte

“… un partido no puede ser al mismo tiempo revolucionario e institucional. Una revolución que se institucionaliza ya no es revolución. Una revolución es y ha sido en todos los tiempos y lugares un movimiento violento para transformar las estructuras …. es la sustitución de una clase en el poder por otra clase social..”. Jesús Silva Herzog, “Una vida en la vida de México”, 1972.

Veinte de noviembre de 1910. Porfirio Díaz, Dictador desde hace más de 30 años es informado del levantamiento armado que desde hacía meses se gestaba. Inicia la Revolución Mexicana.

El dos de julio de 2000, antes incluso de tener resultados oficiales, Ernesto Zedillo, entonces Presidente de México, informó al país que el nuevo Presidente sería Vicente Fox, candidato del Partido Acción Nacional (PAN). Setenta y un años de Priísmo morían en ese momento.

Después de más de diez de guerra fratricida, durante los que más de un sector de la población se alzó en armas contra el Porfiriato, la necesidad de unificar frentes e ideales era imperiosa. En la Revolución no participaron solo campesinos. También hacendados, y parte de uno de los más peligrosos y rebeldes flancos de poder que durante el siglo XIX no permitió gobiernos: el Ejército.

Al momento de poner orden fue el Ejército quién tomó el relevo. ¿Por qué? Porque históricamente el ejército fue quien dio o no apoyos a los gobiernos de civiles durante el siglo XIX. La metrópoli, pésima gestora, al momento de la Independencia dejó un vacío tan grande de poder que solo pudo ser llenado por una organización militar, llena de normas y lealtades a quienes consideraban el más fuerte y que no podía tocar su status quo. Esto último era clave al momento de sentar las bases de la paz: llenar al Ejército de prebendas para evitar que se alzaran en armas y dar viabilidad a gobiernos civiles.

El primer Partido emanado de la Revolución y del ejercito fue el Partido Nacional Revolucionario (PNR), fundado por el General Plutarco Elías Calles. Hombre inteligente, sabía que controlar al ejército lo era todo y que el país no estaba listo para una transición de poder militar al civil.

El último presidente militar fue el general Lázaro Cárdenas. La ayuda a los Republicanos durante la Guerra Civil española, la nacionalización del petróleo, la reforma agraria y la Segunda Guerra Mundial a las puertas fueron algunos elementos que Cárdenas pudo controlar y dirigir con éxito. Llegó el momento de un presidente que no proviniera del Ejército.

A partir del gobierno de Manuel Ávila Camacho, todos los presidentes de la República han sido civiles. Eso sí, respetando las prebendas, no solo al ejército, sino también a una serie de actores políticos que hacían más fácil la continuidad del Partido de un régimen instaurado por azar. Se necesitaba la cohesión de poderes, y que el Ejército siempre tuviera claro que el presidente era el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas.

En enero de 1946 el entonces candidato a la Presidencia por el PNR, Miguel Alemán, sugirió el cambio de nombre del que ya era Partido del Estado por el que existe desde entonces, poniendo contra las cuerdas toda lógica y semántica: Partido Revolucionario Institucional. Confundir y desorientar parecían las consignas. Y se logró.

A partir de aquí, toda comparación con otro partido o país es totalmente inútil. El PRI solo podía existir en México y solo México podía permitir la existencia del PRI. Sólo en México el PRI era el partido oficial. Solo él podía ser quien diera el poder a los sindicatos más poderosos del país. Un ejemplo claro: el sindicato de maestros, el más importante de México y posiblemente de América Latina. Todos los nombramientos no pasaban por la democracia e independencia (de la que carecían) de unas elecciones. El poder se otorgaba en Los Pinos (residencia oficial de los presidentes).

Otro ejemplo: se creaban de un plumazo diarios, siempre contando con las fuentes oficiales para las noticias a escribir. Se daban sobres llenos de dinero a los periodistas a la salida de una intervención oficial, la que fuese, donde era necesario que se hablara del periodo fantástico que atravesaba el país.

Durante setenta y un años se elegía, se controlaba, se destituía. Se velaba lo que era mejor para el Partido, no para el país. El paradigma de la corruptela y de deformación del PRI se puede leer en el lema electoral del candidato priista de 2000 “que el poder sirva a la gente”. El poder lo detenta el pueblo, pero eso el PRI nunca lo supo, o no quiso entenderlo.

Otro de los ejemplos del porqué el PRI era único era la elección del candidato a la presidencia. ¿Democracia en las bases? ¿Votaciones? No. El Presidente saliente mostraba cinco o seis pre-candidatos y durante meses en país estaba en zozobra. ¿Quién era el “bueno”? ¿A quién le darían el “dedazo”? Eran los tiempos en que la frase “el que se mueve no sale en la foto” era más que temida”. Un paso en falso y dejabas de estar ante los ojos misericordiosos del señor Presidente. Sí, señor Presidente. Porque hasta 1968 los presidentes eran adorados.

Una anécdota que ya hace reír a estas alturas: en aquella época más valía llevarse bien con todos, hacer el besa manos, ponerse a las órdenes de quien fuese. En 1958, Adolfo Ruiz Cortínez, Secretario de Gobernación tenía sesenta y dos años. Por educación se iba a saludarlo pero la gente pensaba “a ver si ahora el pinche viejito de Gobernación quiere ser Presidente”. Ruiz Cortinez era más que listo y siempre decía: “por favor, no pierda usted el tiempo conmigo; yo me iré a un mejor sitio”. Y claro que se fue a un mejor sitio. En diciembre de ese año rindió Protesta como Presidente de la República.

México no era ajeno a los tiempos de cambio. Por lo menos los intelectuales y los jóvenes universitarios tenían claro que el Priismo debía avanzar o dejar paso. El 2 de octubre de 1968 fue el día de la Matanza de Estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas. Un profesor mío estaba entre los primeros que salieron corriendo al escuchar los primeros disparos. Nos contó que al día siguiente leían estupefactos la portada del Excelsior, el diario más leído de México y prensa oficialista. Ni una sola línea acerca de la matanza. Uno de sus amigos dijo: “este país no nos merece”. Octavio Paz y Carlos Fuentes, ambos Embajadores ante la India y Francia presentaron inmediatamente su renuncia. ¿Qué hizo el Presidente Díaz Ordaz? Inaugurar los JJ.OO. de 1968.

El diario Excelsior merece un párrafo: en 1976 llega a dirigirlo Don Julio Scherer, periodista, fuera del control de Los Pinos. Él abrió puentes con los intelectuales, invitó a personas de todo el abanico político a colaborar en el diario. Y lo más importante: no seguía la línea del PRI. Hasta que colmó la paciencia de Luis Echeverría, el Presidente que tiró por la borda años de crecimiento económico, estiró lo que pudo y más la guerra interna que se gestaba entre sindicatos, estudiantes. Echeverría ordenó un ataque al Excelsior. Una serie de periodistas se encargaron de tomar el control del diario y echar a Scherer. El Excelsior volvía con más fuerza que nunca a ser el Vocero de papel Oficial del PRI. Don Julio Scherer no claudicó y formó el semanario “Proceso”, cuya línea de izquierda y crítica a los Gobiernos aún sigue. A Don Julio le debo que mis años universitarios no hayan sido de alienación, sino de crítica.

Conscientemente quiero pasar directamente a las elecciones de 1988. Después de otra lucha interna, Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del General Cárdenas, abandonó el PRI junto con varios miembros del Partido y fundó el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Cárdenas, junto con Manuel J. Clouthier, candidato del Partido Acción Nacional (PAN) hicieron frente al candidato oficial: Carlos Salinas de Gortari. Esos meses vienen a mi memoria, nítidos, claros. En la televisión mexicana solo se hablaba de la campaña de Salinas. Nadie sabía de los demás candidatos. Debíamos comprar La Jornada, un diario referente de izquierdas y Proceso. Todo lo demás era silencio.

Estaba más que claro que Salinas estaba desesperado. Los índices daban la victoria a Cárdenas. Yo recuerdo haber recorrido varios colegios electorales y la gente gritando ¡Cárdenas Presidente! Todo esto bajo la decretada “Ley Seca” y los acuartelamientos. Se sabía que cualquier cosa podía suceder. Y sucedió. El sistema informático que recibía y contaba los votos había fallado. De ser Cárdenas el nuevo Presiente lo era Salinas. Diego Fernández de Cevallos lo anunció: “el sistema se calló, pero no del verbo caer, sino del verbo callar”. En 2017 el que fuera Secretario de Gobernación confesó que todas las boletas electorales habían sido quemadas en los sótanos de la Secretaría de Gobernación por órdenes de Salinas.

Lo pido, ¿existe un símil al PRI, a su poder? En 1988 fue el sistema informático, pero durante años antes existió una impunidad absoluta en los fraudes electorales. Una persona no podía encontrar su colegio electoral. Las urnas estaban a rebosar con votos a favor del PRI a las 9.01 de la mañana. No podías votar porque no estabas registrado (eso se decía hasta el hartazgo). Hasta 1997 México no tuvo comicios limpios. Todo ello gracias no solo al poder del PRI, también al silencio cómplice de la población.

Con Salinas llegó la cúspide y la caída. A su toma de posesión invitó a todos los presidentes del continente y les dio las gracias oficialmente. El mensaje era claro: he ganado yo y tengo lo apoyos que necesito.

Por orden suya fue encarcelado el líder del Sindicato de PEMEX. El sindicato de maestros vio salir por la puerta de atrás a su eterno jefe y llegar a una mujer cuyas ambiciones eran quizá más fuertes que las del mismo Salinas.

Durante seis años hubo un abuso del poder jamás visto. Se creyó intocable. La izquierda no estaba derrotada y empezamos a despertar. Manifestaciones, enfrentamientos, México estaba cambiando. Salinas tuvo dos misiones personales. En el interior el llamado proyecto “Solidaridad” que consistía básicamente en hacer realidad las consignas de la Revolución y de la Constitución acerca de luchar contra la pobreza. Muy inteligentemente hizo de ello su bandera y los índices de popularidad iban por las nubes. En lo exterior: el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Gracias a dicho Tratado el grueso de la industria mexicana cerró. La economía estaba en el límite. El fantasma de la devaluación del peso contra el dólar volvía. Seis años luchó Salinas para que México tuviera una inflación de un dígito. Todo humo.

Llegó el momento del nuevo Tapado. Se pensaba que el Regente del Distrito Federal (eran otros tiempos, eran otros nombres), Manuel Camacho Solís sería el bueno. Lo fue Luis Donaldo Colosio. Insistimos: no había elecciones para elegir al Candidato. Lo elegía el Presidente.

Pero Salinas olvidó al grupo de dinosaurios al que despreciaba. Antiguos gobernadores, senadores. Mucha tinta se ha utilizado y es muy posible que nunca sepamos la autoría del asesinato de Colosio. Lo que si queda es el mensaje a través de una fotografía: Colosio en el suelo, muerto, ningún guardaespaldas estaba encima de él como es el actuar de la protección oficial. Salinas captó el mensaje y llegó el segundo dedazo: el gris Ernesto Zedillo. Un tecnócrata que se había peleado con el Ejército y con el sindicato de maestros. No sabía gobernar. No estaba a la altura. Y él mismo lo sabía. Una vez más la cadena de poder corrupta le dio la Presidencia.

Pero ya el país había aguantado demasiado. Se creó el Instituto Federal Electoral. Las elecciones empezaron a ser limpias. La organización excelente. El IFE no rendía cuentas a un PRI separado, sobrepasado.

Vinieron las elecciones. Llegó Fox. Llegó la esperanza. Y se volvió a perder. Eso es otra historia.

2 comentarios en “Partido Revolucionario Institucional (P.R.I.)

  1. Esperando segundo capítulo con ojalá análisis de las opciones que se abren con las nuevas opciones que se presentan.

  2. Bastante posible que Claudia Sheinbaum, del partido creado por AMLO gane. ¿Opciones? Racionales no las hay. Habrá que estudiar.

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