Despedida y cierre

Aitor Riveiro

– Y se nos va acabando el año, no más.
– Así es.
– ¿Cómo será el año que viene?
– ¡Muy valiente, porque como anda la cosa, animarse a venir!…

Pues sí­. A lo tonto a lo tonto ha pasado otro año y, como advertía la genial Mafalda a la ínclita Susanita, 2008 debe ser muy valiente (o muy ingenuo) para atreverse a venir. Seamos sinceros: hemos dejado 2007 hecho un cisco, al pobre.

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Y vuelta a empezar

Aitor Riveiro

Cuatro años menos tres meses. Se dice pronto, pero ese es el tiempo que ha tenido que pasar para que, al menos de manera formal, todos los partidos políticos con representación parlamentaria se muestren unidos frente al terrorismo. Cada uno en su sito, pero juntos. Quizá algunos por miedo a no salir en la foto, pero juntos. Otros con la boca pequeña, pero juntos.

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El Constitucional dice ‘basta’

Aitor Riveiro

El Tribunal Constitucional decidió anoche, tras un pleno celebrado en dos sesiones y por ocho votos a favor y dos en contra, rechazar la recusación planteada por el Partido Popular contra tres de sus magistrados. Esta decisión no sólo implica que Pascual Sala, Manuel Aragón y Pablo Pérez Tremps podrán participar en las deliberaciones sobre la constitucionalidad de la reforma de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional (LOTC) que, entre otras cosas, prorroga el mandato de su presidenta, sino que pone fin a la estrategia torticera y nauseabunda de la oposición que pretendía bloquear ‘sine die’ el alto tribunal.

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Indignidad

Aitor Riveiro

No soy un apasionado de la vela (ese deporte) y confieso que la única vez que le he prestado algo de atención fue durante la pasada edición de la Copa del América, celebrada en Valencia. Recuerdo especialmente una regata en la que uno de los barcos llevaba una considerable ventaja al segundo en discordia y éste se revolvía de un lado a otro con la vana intención de coger una milagrosa corriente de viento que le llevara hasta la victoria.

Estamos ya más que acostumbrados a que la nave de la derecha española sufra de vez en cuando un de esos bandazo que buscan un triunfo ‘in extremis’; pese a que su cabeza sabe que todo está perdido, que los errores cometidos desde el pistoletazo de salida son ya incorregibles y que los daños sufridos por una regata plagada de desaciertos son irreparables, el capitán del barco no ceja en su empeño y grita a diestra y siniestra órdenes contradictorias que descolocan a la tripulación.

El problema de la derecha es que no saben quién es el capitán, muchos creen serlo y otros tantos confían en que lo serán.

Ayer, uno de esos capitanes que creen serlo tocó a rebato y dio orden de arriar las velas y girar todo a babor con la esperanza de que Eolo empuje su cascarón, si no a la victoria, por lo menos a una derrota asumible. Pedro J. se quitó el traje de conspirador salva patrias y se puso el de centrista moderado de-los-de-toda-la-vida.

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A vueltas con el tipo único

Aitor Riveiro

El País publicaba el pasado sábado un artículo de Miguel Sebastián en el que el profesor de la UCM se reiteraba en uno de sus caballos de batalla: el tipo único en el IRPF. Desde hace tiempo vengo observando que desde sectores de la izquierda se defiende esta postura; gente que considero inteligente y progresista ha tratado de convencerme de los parabienes de la medida y el propio Miguel Sebastián ha escrito en este ‘blog’ alguna que otra defensa apasionada de la misma.

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Alta Vacuidad Española

Aitor Riveiro

¡La que han liado los gallegos! Yo, que vivo enganchado a la serie ‘Perdidos’ (por mucho que les pese a los programadores de TVE y gracias a ese maravilloso invento que es Internet), ya me creo cualquier cosa y estoy abierto a todas las posibilidades. Un señor que se llama Villar Mir (me faltan datos, pero si es el mismo que se presentó a las elecciones del Real Madrid estamos ante la cuadratura del círculo; si es coincidencia, con mucho menos ciertos agujerólogos se han forrado vendiendo libros) ha esperado hasta el último momento para que su empresa (OHL) boicotee las obras del AVE Madrid-Barcelona (o Barcelona-Madrid, por mor de la simetría).

La jugada es perfecta. Por un lado los barceloneses (y demás catalanes, por simpatía y sentimiento patrio) llegarán a las navidades con un cabreo de mil pares de botas de fútbol; y ya se sabe que el que encara la Navidad un poco atravesado (si no media el calvo de la lotería), comienza el año jurando en arameo y despotricando contra la cuesta de enero más de lo habitual. Así que, llegado marzo, el ‘cinturón rojo’ decidirá castigar a sus políticos y negarán el voto a ZP.

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Las víctimas de la Iglesia

Aitor Riveiro

José María Setién: “Los miembros de ETA son revolucionarios”. Así se despacha el obispo emérito de San Sebastián en una entrevista que publicó un remozado El País ayer, domingo (inciso: ¿dónde anda Máximo? ¿Libra los domingos?) Definitivamente, lo de la iglesia vasca es de órdago; y lo de la Iglesia, así en general, de hacérselo mirar.

Para Setién, ETA nace del mismo manantial que el ‘Mayo del 68’ de París, Praga o México, de ahí que “[L]a autodeterminación y la territorialidad son objetivos únicamente estratégicos porque, en el fondo, son revolucionarios [refiriéndose a ETA]. Para ellos, lo fundamental es avanzar educando a la sociedad en el conflicto”. Previamente, Setién resume en una veintena de palabras el Materialismo Histórico: “Utilizan permanentemente el conflicto para ahondar las crisis con vistas a un conflicto superior que, a su vez, les prepara para nuevos escenarios”.

La respuesta del cura a la pregunta del periodista llama tanto la atención que pasan inadvertidas otras aseveraciones mucho más graves de Setién. Tanto El País como los muchos lectores que han hecho algún comentario en la edición digital del periódico yerran el tiro al centrarse precisamente en esa afirmación. Según Setién los etarras son revolucionarios. ¿Y?

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Las bondades de la izquierda fragmentada

Aitor Riveiro

En España tenemos unos cuantos temas recurrentes en los debates políticos. ETA, el papel de la Iglesia en el Estado, la (mitificada) sobrerrepresentación de los nacionalismos en las Cortes Generales, si Raúl debe ir o no convocado con la Selección… y la fragmentación de la izquierda. Siempre que se acerca una convocatoria electoral, sea de la índole que sea, son legión las voces, muchas de ellas respetables, que piden la refundación (y refundición) de la izquierda española bajo unas únicas siglas.

La idea es buena: hay que evitar que la dispersión de votos y un sistema electoral no especialmente bueno reste representación a la izquierda en parlamentos y consistorios. El punto de partida del análisis también: es cierto que España es mayoritariamente de izquierdas y que Izquierda Unida, por ejemplo, resta votos fundamentales al PSOE en lugares donde, por mor de la proporcionalidad, la formación de Llamazares no consigue concejales o diputados. El último ejemplo lo vivimos en Extremadura, donde un inconcebible 5% dejó a 40.000 ciudadanos sin representación en Mérida.

Por suerte (o por desgracia) la política es de todo menos una ciencia. Unas premisas correctas no siempre derivan en un resultado lógico y muchas veces el efecto conseguido es el contrario. Ese efecto sería la desmovilización de la izquierda más radical y la tendencia al centro del partido resultante, por lo que se perderían decenas de miles de votos y las políticas que pudiera llevar a cabo un supuesto gobierno respaldado por esa gran formación progresista serían de todo menos eso, progresistas.

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Buscando la utopía

Aitor Riveiro

Hace ya unos cuantos años, un neocon de medio pelo, Francis Fukuyama, escribió un libro (un tostón, aviso a navegantes) llamado ‘El fin de la Historia y el último hombre’. En él, Fukuyama aseguraba que la Historia, en tanto que dialéctica entre ideologías, había concluido. Nuestro intrépido oráculo basó su teoría en que, con la caída de los regímenes comunistas, el ser humano ponía fin al motor de la Historia: la persecución de las utopías.

Fukuyama, en el súmmum de la contradicción, ‘fundó’ una nueva ideología al asegurar que ya no había ideologías: la derecha y la izquierda se han volatilizado, la economía de verdad es la macro, el personal demanda de sus dirigentes únicamente que sean buenos gestores, etc. En esta trampa cayeron muchos de los que se autodenominan de izquierdas, personas que aseguran que bajar los impuestos (así, en general) es de izquierdas, que anteponen unos supuestos intereses de Estado en sectores estratégicos al respeto de los Derechos Humanos en las relaciones internacionales.

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