Alfonso Salmerón
Tres de cuatro. De los cuatro grandes partidos que concurrieron a las elecciones generales, en el caso de Podemos, en coalición con IU, tres han celebrado ya sus congresos. Primero fue el de Ciudadanos, que, aupado por el liderazgo incontestable de Rivera, certificó su giro liberal, al suprimir de su ideario fundacional toda lejana referencia socialdemócrata. Semanas más tarde, el pasado fin de semana, Partido Popular y Podemos compartieron agenda mediática y proximidad geográfica. Los populares liquidaron de un plumazo todo vestigio de su huella aznariana y reforzaron al flamantemente reelegido presidente del Gobierno. Por su parte, Podemos ha librado una batalla sin cuartel entre sus dos almas fundadoras. El resultado, todos lo saben, como mandan los cánones de más auténtica tradición izquierdista, quien intenta arrebatar el poder al secretario general lo acaba pagando. Ningún aspirante logró nunca ganarle un congreso al jefe, ni siquiera cuando aquél controlaba buena parte del aparato como ha sido el caso.