Lope AgirreEra sábado, apenas quedaba una semana para las Navidades. Aquella noche habÃa nevado copiosamente. Las aceras aparecÃan cubiertas de ese lÃquido sucio, resto de la tormenta, una vez que el calor comienza a trabajar y a fundir el hielo. Previendo una jornada tranquila, encendà la chimenea. No esperaba salir, por nada del mundo, o casi. Estaba solo. Los niños habÃan marchado con su madre a Madrid. IntuÃa que podÃa ser para siempre, que nada serÃa igual desde entonces. Sonó el teléfono. Era mi madre. Sigue leyendo
Archivo del Autor: lope agirre
Titirimundi
Lope AgirreEl descrédito de la cultura ha llegado a unos lÃmites difÃciles de soportar, para todo aquel que ha tenido alguna vez sensibilidad artÃstica y sentido primario de la belleza. Es como si el minutero de la existencia se hubiese parado, como esos dulces relojes de torres abandonadas en medio de páramos, desiertos o montañas nevadas, y hubiésemos vuelto la vista, el oÃdo, el olfato, el gusto e incluso el tacto, no unos años atrás, cuando la Transición comenzaba, dubitativa e incierta, su andadura, sin demasiada seguridad y no se sabÃa lo que darÃa de sÃ, ni de nosotros, sino a una época anterior. La cultura, más que una realidad, era la esperanza de un cambio profundo en las estructurales mentales e imaginarias de la sociedad, anclada en la zafiedad deliberada por un régimen, a cuya cabeza visible se encontraba un hombre de cuyo nombre no quiero acordarme, que era todo menos lo que su apellido daba a entender. Los hombres y mujeres que cultivaban algún tipo de arte comenzaron a ser conocidos, además de respetados. A nadie se le ocurrÃa en aquella época llamarlos “titiriterosâ€, “holgazanesâ€, “bufonesâ€, “ladronesâ€, “siervos del poderâ€, “arrimados al pesebreâ€, peseterosâ€, entre otras lindezas. ¿Qué ha sucedido? ¡Que responda el sociólogo de guardia, o calle el cayado de su voz para siempre!Â
Sobre héroes y deudas
Lope Agirre El oficio de corresponsal da para mucho, sobre todo si se posee buena memoria, algo que no está al alcance de todos los seres, ni a merced de todas las edades. Uno hace el esfuerzo de atraerse la memoria, pero la memoria se ejercita en alejarse y a veces lo consigue y a veces no. Aquel corresponsal que estuvo en ParÃs recordaba perfectamente el momento en que Emilio Romero, periodista o lo que fuere, se encontró con Cipriano Mera en una tugurio de Montparnasse. Mera que habÃa dirigido una división de ejército en la guerra civil española trabajaba de albañil, como otros compatriotas. El corresponsal cuenta que Emilio Romero, reconociendo al viejo anarquista, le dijo: –Usted, señor Mera, que ha sido general, podrÃa vivir honorablemente con una pensión digna sin tener que trabajar de albañil.
– ¿Y la conciencia, qué? –debió de responder Mera, que yo no estaba allà para confirmarlo. Sigue leyendo
Azar
Lope Agirre
Dicen que la vida, el mundo, todo lo que es medido y cuantificado, está dominado por el azar. Hay un poema de Mallarmé (o bien armé, según), que se titula: “Una jugada de dados jamás abolirá el azarâ€. Antes se jugaba más a los dados, por variar y ver quién amortizaba la ronda del bar, para que no lo hiciera el mismo siempre. Luego se puso de moda jugar a los chinos, pero siempre acababa pagando el mismo pagano o “paganiniâ€, como lo llamaban en las pelÃculas de Alfredo Landa y José Sazatornil, que hacÃa de glorioso guardia civil en la pelÃcula “Amanece que no es pocoâ€. Unos soldados se jugaron, allá en Bosnia, la ronda a la ruleta rusa. El juego no abolió el azar, pero el azar abolió a varios de ellos.
TeorÃa de la alfombra
Lope Agirre. En una de las escenas del cine mudo más graciosas que recuerdo, no sé si es una pelÃcula de Chaplin, se ve a un señor que está barriendo con la escoba. Va recogiendo el polvo y la suciedad y, en un momento determinado, después de mirar a todos los lados y comprobar que está solo, guarda todo lo recogido debajo de la alfombra. Se va tan tranquilo. Claro que, en otro momento, alguien tropezará con la alfombra y saldrá, desparramándose, toda la suciedad acumulada. Sigue leyendo
¿LÃmites del Arte?
Lope Agirre
De vez en cuando surgen ciertas polémicas en el terreno exquisito del arte, que nos obligan a preguntarnos si tiene algún sentido como manifestación cultural, si lo tiene dentro de unos lÃmites o si sigue vigente aquella teorÃa del “arte por el arteâ€.
Mito y Memoria
Lope Agirre
La principal diferencia entre el ser humano y el animal es el uso de la memoria. El animal no habla, es sabido, porque tampoco tiene capacidad de recuerdo. Es puro olvido; olvido del olvido. El ser humano, sin embargo, es pura memoria, que se desarrolla en el tiempo y en el espacio. Memoria de la memoria, memoria del pasado, del presente o del futuro. En recordar se nos va la vida, mansamente. Fuera de la memoria, donde habita el olvido, no hay nada, salvo la muerte, que nada es. El recuerdo, como el paisaje, es narración. La memoria escribe, pinta o esculpe sobre la verdad; inventa sobre el texto, el lienzo o sobre la piedra. Todo aquello que se recuerda se convierte en la memoria pura ficción. Todo aquello que se escribe, para preservar la memoria, forma parte ya de la literatura. El ser humano es literatura, que se extiende sobre el pasado, como recuerdo; sobre el presente, como afán de duración, y sobre el futuro, como esperanza. No hay futuro sin esperanza; no hay presente sin deseo de perdurar; y no hay pasado sin recuerdo.