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Sociólogo

Los políticos: ¡el enemigo público número tres!

José S. Martínez

Los recientes datos del CIS muestran un gran cabreo de los españoles con los políticos. “La clase política, los partidos políticos” son el tercer problema de este país (13,9%), tras el paro y la crisis, por encima del terrorismo (12,9%). Esta diferencia es un “empate técnico”, pero probablemente no sería empate si la pregunta del CIS propusiese respuestas excluyentes, y no que se solapan, pues otra posible respuesta es “el Gobierno, los partidos y los políticos” (4,7%), y probablemente también se le podría sumar a buena parte de quienes responden “la corrupción y el fraude” (3,9%). Una reciente encuesta de La Razón, también estima que los políticos son percibidos como el tercer problema de este país. No se veían unos datos tan malos para la clase política desde la época de Roldán, allá por el 94. Si analizamos las diferencias por recuerdo de voto, no son relevantes, excepto en el indicador de “El Gobierno”, que señalan como problema más votantes del PP que del PSOE o de IU, y en que los votantes de IU denuncian más “la corrupción y el fraude”.

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Ciencias sociales para reformistas

José Martínez  

Hay un gran clamor para que se realicen reformas que nos permitan salir de la crisis, aunque lo que cada uno entienda por reformas sea muy distinto. No voy a entrar en qué reformas son necesarias, pero sí voy a contar algunas evidencias que me parecen bien establecidas en ciencias sociales, que estaría bien que supiesen, o recordasen, los arbitristas que proliferan como setas. Pondré especialmente ejemplos sobre educación, pues es un área que conozco un poco mejor. Convendría que, antes de defender propuestas, se evaluasen en qué medida corren el riesgo de caer en alguno de los siguientes problemas:  Sigue leyendo

Reformas educativas

José S. Martínez

Hace unos meses, Elvira Lindo, en su columna prísica-dominical, recogía la experiencia de un centro educativo en un gueto negro de Nueva York, en el que se había impuesto la disciplina clásica en el aula (uniformes, llamar por los apellidos, levantarse cuando llega el profesor…) y los resultados educativos habían mejorado considerablemente. El problema no es vivir en el gueto, el problema es la falta de disciplina en las clases, venía a decir. Esperanza Aguirre ha considerado que con subir unos 15 cm. al profesor (con una tarima, podríamos probar con zancos) se va a mejorar la disciplina en las aulas, aunque parece que ante la dificultad de implantar la ocurrencia, ha retirado la milagrosa solución. Su idea estrella ha sido dar al profesorado el nivel de autoridad pública, algo que ya reconocía previamente una circular de la Fiscalía, y que en última instancia podría llevar a convertir en procesos judiciales las conductas «disruptivas» (en lenguaje educativo) del alumnado. Ojalá tengan razón, pues eso significaría que con medidas de bajo coste mejoraríamos nuestro sistema educativo. Pero me surje la duda. Uno puede encontrar muchos textos educativos de los 60 y 70 en los que se cuenta justo lo contrario, que el problema educativo (¿cuándo no hubo problema educativo?) se debe al exceso de disciplina en las aulas. Se cuenta el caso de centros educativos que funcionaban muy mal, se abandonaron los modelos autoritarios y los rendimientos educativos de los alumnos mejoraron… Y todos tienen razón, es posible que con un modelo de disciplina tradicional mejore el rendimiento, y es posible que con un modelo alternativo, también…

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Prostitución

José S. Martínez

Con cinco votos a favor, 329 en contra y seis abstenciones, el Congreso de los diputados ha rechazado la moción de ERC para regular la prostitución. No siempre se encuentra tanta unanimidad en el Parlamento. Mucha claridad política para un problema con muchos matices, que creo que refleja grandes tensiones sociales, las que hay en torno a la explotación económica, común a todo el trabajo asalariado, la dominación, que afecta a todos aquellos con escasos recursos y pocas alternativas, y la intimidad. Aquí presento algunas ideas que espero que ayuden a entender mejor las dificultades de pensar la prostitución.

Quienes defienden la prohibición de la prostitución emplean argumentos basados en derechos humanos. El argumento de la explotación señala varias características asociadas a dicha actividad. Una de ellas es que las prostitutas trabajan con su cuerpo, con grave riesgo de enfermedades profesionales, ¿prohibimos entonces el trabajo de los mineros? Otro argumento es que trabajan con un ámbito íntimo, ¿prohibimos los programas de cotilleos y perseguimos a esos vendedores de su vida erótico-afectiva? No sólo es la intimidad afectiva, es también la intimidad sexual lo que está en venta: si este es el buen argumento, deberíamos prohibir dichas escenas entre actores y actrices (estuvieron prohibidas hasta los 70). Y puestos a prohibir, los masajistas también, pues al igual que las prostitutas, trabajan con su cuerpo sobre otro cuerpo. También se señala la hipocresía de quienes defiende el derecho a ejercer un trabajo que no quieren para sí, o, en el caso de los varones, para sus mujeres (esposas, madres, hermanas, hijas…). Si es así, deberíamos prohibir todo tipo de actividad que no queramos para nosotros o para nuestros seres queridos, por ejemplo, prohibir que haya monjas de clausura. En general podemos decir que las prostitutas están explotadas, sí, pero como muchos otros trabajadores; nos recuerdan que el capitalismo se basa en la explotación, una relación formalmente entre iguales, pero en la que uno de ellos está en desventaja material. La única especificidad de su trabajo es que está vinculado al sexo.

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Macacos educados

José Saturnino Martínez García 

Acabo de estar unas semanas “guireando” por Japón, y una de las experiencias que más me gustó fue poder pasar un día entre macacos, no de los del género homo sapiens, sino rhesus. Me gustan mucho los primates (¡bonobos al poder!), por lo que me deprime terriblemente verlos en un Zoo. Sin embargo, en Japón visité un par de parques en los que los macacos están en libertad (a las afueras de Kyoto y en Yudanaka). Lo más sorprendente es la tranquilidad con la que los monos asumen la presencia de humanos. Hacen su vida normal, como si no existiéramos las pocas docenas de turistas que vamos a verlos. Bueno, realmente no existimos para ellos, pues no suponemos una amenaza y no les damos de comer (y creo que tampoco hay humanos manteniendo relaciones sexuales con ellos). Igualmente en Nara los ciervos se comportan como si fuesen mascotas, como perros, son ellos los que se acercan a los visitantes (pero ahí los turistas sí les podemos dar de comer). Desde el punto de vista de un turista, es poco riguroso establecer grandes teorías, pero se queda uno con la sensación de que allí los macacos son muy educados porque los japoneses son muy educados.

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Videojuegos: Prohibir lo desconocido y despreciado

José Saturnino Martínez García

 

De vez en cuando aparece cierta polémica en los medios de comunicación con respecto a los videojuegos. La aparición de uno que sea violento o de algún adolescente perturbado protagonizando actos sanguinarios, que tiene los videojuegos entre otras de sus aficiones, lleva a la defensa de la prohibición de estos videojuegos. Incluso he llegado a leer que la Unión Europea está pensando prohibir este tipo de videojuegos, pues incitan a la violencia.

 

Dicen que está probada la relación entre videojuegos y violencia, pero puede suceder que las personas más violentas sean más propensas a disfrutar con esos juegos, y no a que los juegos produzcan personas más violentas. Por otro lado, aseguran que los jóvenes de ahora son más violentos debido a los videojuegos. En este punto, no puedo más que expresar el escándalo ante tamaña mentira, pues es notorio el descenso de violencia entre la gente joven, a pesar de lo presente que está dicha violencia en los medios de comunicación, que llevados por lo sensacional y espectacular, distorsionan la relación entre hechos sociales raros y su percepción como normal. Mírese cómo estaba el mundo hace unas décadas (por no decir hace 65 años) y se verá que hay menos conflictos, y que el número de muertos en los conflictos en menor[1]. O por ejemplo en EEUU, donde la delincuencia juvenil es menor ahora que hace 30 años, cuando no había videojuegos.

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¿Crisis del sistema educativo?

José Saturnino Martínez García

Cada vez que se habla de Educación en España es para señalar que la situación es desastrosa. Pero sin vivir en el mejor de los mundos posibles, la situación no es tan negativa como se dice.

Los nefastos resultados de PISA (comparación internacional de rendimiento educativo), no son tan nefastos. Lo que es penoso es que en España la mayor parte de los comentaristas de estos datos no sepan diferenciar entre número ordinal y número cardinal. Imaginemos un grupo de cuarenta personas que miden 1,72 cm. como media (y 0,1 cm. de desviación típica, es decir el 95,5% mide entre 1,52 cm. y 1,92 cm.) y encontramos a alguien que mide 1,715 cm. Nos escandalizamos y decimos que esta persona es un pigmeo, porque entre  las 40 del grupo, está en el puesto 20 de ranking de estatura… Esta estupidez es la que se sostiene continuamente con los datos de PISA (la puntuación media está en torno a 500 y la desviación típica de 100, la puntuación de España, según la prueba es de 488, 480 y 461). Además, ese supuesto pigmeo es hijo de padres con estatura menor a la media. Es decir, no se comenta tanto que España es el tercer país de la OCDE, tras Corea del Sur e Irlanda, en el que más ha mejorado el nivel educativo de la generación de los hijos en relación con el nivel educativo de los padres, y que cuando se corrigen los datos por las diferencias educativas y económicas, España mejora sensiblemente. Tampoco se dice que tenemos menos alumnos con nivel bajo de rendimiento en Ciencias, que países como Noruega, Francia, EEUU, Italia o Luxemburgo. Y si se afirma que parte de nuestro problema educativo es debido a nuestro atraso secular, son muchos, especialmente entre la derecha, los que piensan que se está echando la culpa a las familias. Pero obviamente esto no es cierto, pues los resultados educativos de los hijos en España son mejores que los de sus padres, lo que prueba el esfuerzo de las familias; eso sí, no tan buenos como para acabar con siglos de analfabetismo popular fomentado por la desidia del Estado y el elitismo de la Iglesia, que casi monopolizaba la escolarización en España hasta los 70.

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Igualdad

José S. Martínez

¿Ha pensado al leer el título de este comentario en la igualdad entre hombres y mujeres? ¿O en la igualdad entre catalanes y madrileños? ¿O la igualdad entre un asalariado temporal sin cualificación y un alto ejecutivo? Estoy seguro de que casi nadie habrá pensado en la última posibilidad, la mayoría de los que se consideren de (la nueva) izquierda en la primera y en la segunda quienes se sientan más de derechas o/y sean más nacionalistas españoles.

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