BarañainÂ
En un artÃculo publicado en El PaÃs hace ahora algo más de tres años, Josep Ramoneda utilizaba la metáfora de una “sopa frÃa†para referirse a la imagen que proyectaba el Gobierno tripartito catalán, el “Govern d’Entesaâ€, sobre la ciudadanÃa. Contaba Ramoneda que en un encuentro que acababa de tener con el presidente Montilla la tardanza en empezar la cena habÃa enfriado la sopa que les esperaba en la mesa. Eso le daba pie a reconocer que tras una etapa -la del primer gobierno de la izquierda catalana, presidido por Maragall-, de la que salieron todos un tanto escaldados, por la agitación vivida, “bien se agradecÃa una sopa frÃaâ€, aún advirtiendo de que tarde o temprano harÃa falta algo más caliente.
A punto de culminar la legislatura en esa Comunidad, una reflexión muy recurrente entre los socialistas catalanes ha sido la de achacar en parte la desafección ciudadana hacia la polÃtica, concretada en la abstención electoral, a un exceso de “polÃtica frÃaâ€. Retomando aquella metáfora de Ramoneda, el vicesecretario del PSC Miquel Iceta alertaba sobre aquellas causas que han alejado a gentes diversas de la participación polÃtica y sobre la necesidad de darles nuevos y suficientes motivos para la participación activa: “…para ello la sopa no sólo debe estar caliente sino que debe mejorar su sabor y adaptarse a nuevos gustos. Porque, en efecto, los problemas de las sopas no son sólo los relativos a la temperatura a la que se consumen. A veces les falta sal, en otras ocasiones les sobra. A veces echa uno de menos algunos tropezones, crujientes picatostes o el placer de degustar texturas distintas en lugar de consumir purés de sabor indeterminado.â€Â Y es que, constataba Iceta, los partidos polÃticos tienden a veces al puré indeterminado. “Intentando gustar a todo el mundo, producen en algunos momentos mezclas insÃpidas y uniformes en las que es difÃcil encontrar el gusto de lo auténtico y lo diverso (…) Ese puré uniformador de la polÃtica hueca ha desorientado también a veces a la izquierda, pues cuando la izquierda se limita a una mera gestión administrativa, abandona la tarea de gobernar en el sentido profundo de la expresión y se aleja de la energÃa que la alimenta: utopÃa, debate y participación. Esos son los ingredientes de una polÃtica calienteâ€.