El cuento de nunca acabar

Millán Gómez

De aplazamiento en aplazamiento hasta colmar la paciencia de la opinión pública, los medios de comunicación y todo ser viviente. El siempre cercano y nunca culminado fallo del Tribunal Constitucional a cuenta del Estatut de Catalunya ha sufrido un nuevo atraso y, a día de hoy, es imposible conocer cuándo conoceremos si lo que decidió el Parlament de Catalunya, el Congreso de los Diputados, el Senado y el electorado catalán es legal o no. Ya han pasado más de tres años desde su aprobación en la cámara catalana y, desde entonces, no sabemos absolutamente nada. Normal que luego la opinión pública critique la excesiva lentitud burocrática de la Justicia. Lo cómico es que siempre hay quien se sorprende. ¡Ni que no hubiera motivos!

Lo deseable es que la resolución se conozca antes de las elecciones catalanas previstas para final de año. Sería contraproducente que la sentencia se diera a conocer poco antes o incluso después de los comicios autonómicos interfiriendo en el debate electoral y en la agenda política. Si una campaña electoral es un aldabonazo para mirar al futuro no sería lógico que algo aprobado por la mayoría social catalana hace casi cuatro años se convierta en motivo de disputa en pleno 2010. Tiene su punto irónico que si el Estatut de 2006 se gestó, según la clase política catalana, para actualizar su norma institucional básica y adecuarla a los tiempos que corren, a no ser que el TC se apure un poco, la resolución llegará cuando ya se necesite promulgar otro.

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