Lluis Camprubí
Nunca deja de sorprender la poca centralidad y priorización de la acción política europea en los partidos de izquierdas.
Seguramente una de las razones del auto-bloqueo es no haber hecho un diagnóstico suficientemente fino y compartido de las distintas crisis en las que está inmersa la UE. En el caso de la especificidad de la crisis económica en la eurozona ocurre que se limita (a elegir según la zona de confort ideológica) a alguna de las razones, sin haber integrado en un análisis de la complejidad los distintos factores: un diseño institucional de la UEM pensado para épocas de bonanza sin mecanismos para revertir shocks simétricos y asimétricos; un recetario de austeridad y de condicionalidad con contra-reformas con efecto pro-cíclico (prolongador e intensificador de la recesión); puntos de partida en las orientaciones “rules-based” con claros sesgos neoliberales; y un método decisorio dónde ha dominado intergubernamentalismo, con choque (asimétrico) de legitimidades nacionales en vez de la primacía del interés común. Y en el caso de las otras crisis de alcance para el conjunto de la UE (como pueden ser la crisis de gestión de la acogida de refugiados, la necesidad de confrontación de las derivas autoritarias y reaccionarias de gobiernos como el de Hungría y Polonia, o el terrorismo yihadista) no parece que esté suficientemente interiorizado que el problema viene de la falta de capacidad competencial comunitaria, no de su exceso. Sigue leyendo