Sobre el paraguas nuclear europeo, la propuesta de Francia y el rol de España

Lluís Camprubí

Ahora hace un año escribía lo siguiente acerca de la cuestión en un escrito largo sobre “el rearme europeo”:

“Disuasión y paraguas nuclear europeo

La disuasión es la única manera de evitar el nuevo aventurerismo militar ruso y esa será la base para cualquier posible diálogo diplomático efectivo y sin chantajes sobre seguridad. Y esta disuasión tiene que ser tanto convencional como no convencional. En lo convencional requiere que los países fronterizos dispongan de una fuerza terrestre suficiente y de activación rápida (en este informe que circula se detallan las magnitudes de lo que estamos hablando atendiendo a la sustitución de las aportaciones norteamericanasasí como de respuesta aérea solvente. La rapidez y aseguramiento de su respuesta es esencial ya que uno de los principales riesgos es que Rusia vaya testando la respuesta y límites incrementalmente (pequeñas incursiones en un país concreto y ver qué pasa y a partir de ahí continuar o ajustar…). 

La segunda pata de la disuasión es el paraguas nuclear europeo que, sin poder llegar a tener la integralidad del que generaba el norteamericano, debe ser suficiente. Un paraguas de protección/disuasión nuclear para el conjunto de Europa y de base europea es necesario ahora que es posible que desaparezca la cobertura norteamericana. En este sentido, hay que responder positivamente al ofrecimiento de E. Macron de abrir una discusión estratégica en profundidad para defender (disuadiendo de ser atacados por actores hostiles) al conjunto de Europa con sus armas nucleares. Respetando que la última decisión sobre su uso sigue estando en manos de la presidencia francesa y entendiendo el punto de ambigüedad estratégica, debemos promover que esta protección quede vinculada al artículo 42.7 del TEU. Así mismo, podría ser de utilidad para la plena vinculación de todos los países, proponer un Consejo Asesor para la disuasión nuclear formado por los jefes de gobierno europeos de apoyo y orientación al respecto a la presidencia francesa. Es importante atender a la urgencia de los tiempos. Se requiere una discusión rápida y un acuerdo lo más pronto posible tanto para evitar permanecer en una situación indefinida de protección durante mucho tiempo como para evitar tentaciones de proliferación nuclear de otros países europeos (bálticos, polacos y nórdicos están abriendo ya la discusión de disponer de sus propias armas nucleares) que se sienten amenazados por una agresión rusa. Ello debería ser compatible con esfuerzos multilaterales de reducción del armamento nuclear, sin perder de vista que es Rusia que usa el chantaje nuclear.”

Creo que en lo fundamental el análisis y propuestas siguen siendo válidos, en especial la doble razón para acoger proactivamente y en positivo la cuestión desde España: la necesidad de no dejar descubierta o degradada ni que sea temporalmente la disuasión nuclear para el continente (con las dudas e incertidumbres que vienen del compromiso norteamericano) y el evitar las pulsiones -comprensibles- de proliferación nuclear disuasiva por parte de los países más próximos a Rusia (bálticos -en su acepción amplia-,  y nórdicos tienen un debate público muy serio al respecto).

Durante este año el debate sobre la cuestión se ha europeizado, ha ido cogiendo fuerza y sensación de más urgencia. Valga como síntesis este buen informe sobre las (5) opciones  nucleares europeas. Y, hace unos días, Macron desarrolló en una importante intervención, una actualización de la doctrina nuclear francesa: la “disuasión avanzada”. Se puede leer aquí (vale la pena). La mayoría de analistas (en publicaciones en  Chatham House, Encompass Europe o el Egmont Institute por ejemplo) señalan la significación del discurso, con algunas consideraciones clave: a) Queda oficializado como doctrina la dimensión europea de los intereses franceses a ser protegidos por la disuasión nuclear francesa (lógicamente descrita con ambigüedad estratégica) ; b) se institucionaliza el diálogo y cooperación con algunos países europeos al respecto (entre los que no está España); c) se ofrece la posibilidad a algunos países de alojar activos nucleares; d) se reforzará la capacidad nuclear francesa, que seguirá siendo únicamente estratégica; y e) la titularidad y la decisión sobre el lanzamiento seguirán exclusivamente en manos francesas.

En general, podemos estar orgullosos de la política exterior, de seguridad y defensa españolas. Ha tenido una posición internacionalista, coherente y alineada siempre con el derecho Internacional sea en Ucrania, Gaza, Venezuela, o ahora en Irán. Y, de hecho, en el caso de Irán especialmente, además con una rapidez de reflejos envidiable y que ha generado mucha simpatía global. Aunque algunas decisiones tuvieran costes relacionales importantes respecto a Estados Unidos. Sin embargo, esa valentía y rapidez no ha estado presente en un par de casos cuando implicaban activos o tropas propias: 1) el mirar hacia otro lado y esperar mientras otros países enviaban tropas (hecho cualitativamente muy relevante y que requería agilidad) a Groenlandia para asegurar la disuasión frente las amenazas norteamericanas; y 2) arrastrar los pies en la discusión y necesidad de enviar tropas que garanticen y den garantías a un hipotético alto el fuego en Ucrania.

Desafortunadamente, con lo visto hasta ahora, parece que en el caso de la disuasión nuclear europea estamos en un tercer caso de mirar para otro lado sabiendo que otros ya se encargarán de esta necesidad.

Creo que en el actual contexto no tiene mucho sentido práctico, político ni militar/geográfico que España albergue armas nucleares (o sus vectores). Diría que nadie lo plantea ni está en discusión. Pero contribuir a la europeización de la disuasión nuclear tiene muchos otros aspectos -más relevantes de hecho- en los que España debería proactivamente contribuir. Y, para eso, es fundamental que España muestre interés y esté entre los países en diálogo bilateral y multilateral con Francia. Para empezar, hay por supuesto posibles aspectos de soporte logístico y de acompañamiento/apoyo militar convencional a las fuerzas nucleares. En segundo lugar, hay que explorar las posibilidades de contribuir a sufragar los costes financieros franceses de la europeización, actualización y ampliación de su fuerza nuclear. Hasta dónde yo sé – a pesar de su delicada situación presupuestaria- Francia no ha mostrado interés (por razones de blindar su soberanía) en que otros países contribuyan a su financiación. Pero creo que sería interesante explorar que hubiera aspectos que pudiesen financiarse mancomunadamente en la UE (de forma comunitaria). Ello -asumiendo que el “botón nuclear” seguiría en manos exclusivamente francesas- podría legitimar el impulso de foros y espacios consultivos multilaterales o comunitarios sobre la materia y que de forma práctica el paraguas vaya formando parte de las posibilidades del 42.7. Y, finalmente, lo más fundamental, es importante fomentar un diálogo político al más alto nivel sobre la cuestión. Es necesario que las más altas representaciones comunitarias y de los estados miembros puedan dialogar y compartir visiones sobre esta cuestión central en la defensa y disuasión europeas. Es fundamental acercar muy distintas culturas (o inculturas) estratégicas, ir unificando percepciones sobre lo que puede ser interés europeo y la mejor manera de defenderlo, mientras se van creando los vínculos para hacerlo posible. En este sentido, disponer pronto de una institucionalidad (de diálogo y consultiva) estable puede ser un apoyo fundamental. Y, además, puede ser de más fácil impulso en “frío” que no con las urgencias de una escalada.