Mañueco ya puede volver a esconderse

Carlos Hidalgo

Con el recuento casi finalizado en Castilla y León, la jugada del PP de anticipar elecciones para librarse de Vox ha resultado ser tan efectiva como la táctica del PSOE de poner a exministros de candidatos pensando que el cargo te otorga carisma electoral.

Puede que Feijóo pensara que en el resto de comunidades autónomas se iba a repetir el patrón de Galicia o el de Madrid, en el que el PP gana con mayoría suficiente para no depender de Vox. Pero ya van tres veces en las que no es así: en Extremadura, en Aragón y ahora en Castilla y León.

Para Mañueco, aunque esto no va a ser un buen trago, tampoco va a suponer una gran novedad. Veremos una negociación llena de golpes de pecho, idas, venidas, dramas, para que al final Mañueco conforme un gobierno en el que le dé a Vox carteras simbólicas, en las que pueda colocar a muchas personas y permitan a sus consejeros hacer muchas declaraciones escandalosas; mientras que el PP se reservará la concesión de las carteras gordas, las que realmente les mantienen en el Gobierno. Seguramente administradas por el exjuez Suárez-Quiñones, que es quien se encarga de repartir el pastel de los presupuestos públicos desde que era consejero de Fomento. Con la fuerza que les da haber ganado más escaños que Vox. El PP ha subido en dos procuradores, como el PSOE, mientras que Vox solo ha subido en uno. Eso hará que el partido de Feijóo se sienta con más autoridad moral para intentar torcer el brazo de la ultraderecha. En cualquier caso, serán unas negociaciones largas y llenas de golpes de efecto, como está pasando con Extremadura y como pasa en Aragón.

Mañueco, como hizo antes con Ciudadanos y como hizo después con Vox, intentará esconderse y aparecer lo mínimo para que parezca que nada le salpica. La táctica del líder “popular” castellanoleonés suele ser la dejar que sean otros miembros de sus gobiernos quienes se “quemen” rindiendo cuentas de sus políticas, mientras él queda solo para inaugurar cosas, besar vírgenes y hacerse vídeos paseando por las calles de Valladolid con las manos en los bolsillos. Luego, cuando el guirigay es demasiado evidente, Mañueco aparece con gesto dolido, molesto, como si le acabaran de sacar de un funeral, y dice algo para mediar entre sus consejeros. Y como suele decir Miguel Ángel Aguilar: fuese y no hubo nada.

A Feijóo esto le viene relativamente bien, pues afianza a Mañueco, que es uno de los barones que le puede cubrir las espaldas frente a una Isabel Díaz Ayuso cada vez más fuera de control.

El PSOE, se dice, ha parado su mala racha en estas elecciones de Castila y León, pero es que Carlos Martínez, el alcalde de Soria, es un político veterano, acostumbrado a fajarse en un entorno muy difícil, a ganar elecciones y a mantener los apoyos una vez que estas se ganan.

Martínez ha podido tener voz propia desde siempre, con la autonomía que da ser alcalde y un conocimiento afianzado a lo largo de décadas. Parece que cuando Ferraz respeta la implantación territorial de su propio partido, los resultados son dignos. Que además Mañueco haya querido trazar el cordón sanitario alrededor del PSOE y no de Vox, le va a dar margen suficiente como para afianzar su papel de alternativa a un PP que lleva gobernando en su comunidad más tiempo que Franco.

Podemos e IU se han quedado embelesados en su propia pureza y esta les ha llevado a desaparecer de las Cortes de Castilla y León.

Como ha dicho el propio Martínez a la hora de hacer balance de estas elecciones: es bastante posible que la legislatura sea corta porque Mañueco no dice nada nuevo y Vox no ofrece soluciones.

La negociación, eso sí, será larga.