Del aborto y metafísica (es un decir)

Frans van den Broek

Una de las experiencias más duras que pueda sufrir una mujer ha de ser la del aborto. No me refiero solo a la experiencia clínica en sí, que dependiendo del estado del embarazo puede ser simple o complicada, sino a la demanda emocional que supone. Pero si esto es así, no es muy difícil imaginarse el trauma que constituye el realizar el aborto en condiciones de ilegalidad y clandestinidad, faltas de higiene y hasta de respeto. Pues esto es lo que quieren promover ciertos legisladores de corte evangelista en el Perú, inspirados por vaya uno a saber qué ideas religiosas.

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El legado de Bloom

Frans van den Broek

Un día como hoy, 16 de junio –o ayer, para el lector- Leopold Bloom se paseaba por su ciudad, Dublín, emulando vagamente las aventuras de Ulises, de modo más irónico, tierno o patético que heroico. El libro que nos cuenta sus pormenores y los de otros personajes famosos, como Stephen Dedalus, es más que un libro, un hito, o si se quiere, uno de aquellos íconos que pocos leen, pero cuya existencia es conocida de todos, casi como el libro que lo inspira en la lejanía clásica, La Odisea. El Ulises de Joyce, un libro de 600 páginas en la traducción de Valverde, si no recuerdo mal, narra tan solo un día, el mentado 16 de junio, y se ha convertido en un clásico. El apelativo, sin embargo, le viene mal: de un clásico esperamos cierta solemnidad, cierta culminación formal, hasta cierto conservadurismo. Joyce, por el contrario, nos entregó un anti-clásico, un libro que viene manchado de sudor escritural, pero no por llevar un género a su cúspide formal, sino por dinamitarlo y expandirlo más allá de sus fronteras, lleno de travesuras técnicas, de malabarismos verbales, y de simple genialidad literaria, en su vertiente subversiva y lúdica.

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Prisiones que elegimos para vivir

Frans van den Broek

Hace muchos años se me ocurrió la idea de escribir un cuento, que jamás escribí, inspirado sin duda en alguna ficción de Borges y cuyo argumento era más o menos el siguiente. Al inicio de una humanidad ficticia – ¿y qué humanidad no lo es, de algún modo u otro?- los castigados a detención eran recluidos en una cueva profunda, por un tiempo largo que precedía su eventual ejecución. La cueva poseía entonces significado simbólico, como un nuevo útero purgatorio del que los condenados emergerían a una nueva vida, que era la de su muerte al sol y a la vista de sus congéneres. No faltó quien añadiera refinamiento al castigo, negando a los presos la información sobre el día exacto de su muerte, para su mejor purificación y en concordancia con el carácter errático del universo visible, lleno de peligros, catástrofes, alimañas. Esta situación duraría casi toda la historia de dicha humanidad, dejando una heredad profunda en la psique de sus habitantes.

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Más raros que machiguengas

Frans van den Broek

La próxima vez que se apreste a hacer algún juicio sobre la naturaleza humana, piense dos veces, sobre todo si se ampara en la psicología contemporánea, ya que podría estar cometiendo una injusticia monumental. La razón es simple: mucho de lo que le ha dicho sobre la mente es en el mejor de los casos una verdad parcial, y en el peor, sencillamente falso. A esta conclusión llegaron un par de investigadores a los que se les ocurrió la iluminada idea de fijarse en las muestras de las que proceden nuestros resultados científicos solo para encontrar que la gran mayoría, hasta un 96%, están basados en un segmento mínimo de la población mundial, al que denominaron WEIRD, las iniciales de White, Educated, Industrialized, Rich y Democratic. Dadas las circunstancias actuales de la ciencia, que es llevada a cabo sobre todo en países ricos y occidentales, y de las publicaciones, que favorecen a dichos países, no es de extrañarse que los psicólogos, sociólogos o antropólogos que ejercen la ciencia sobre el hombre ni cuenta se hayan dado de que eran francamente tendenciosos.

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Pensar fuera de la caja

Uno de los clichés más conocidos de la lengua inglesa es el que traduce de mala manera el título de esta página. La palabra “box” significa no tanto caja, como traduzco arriba por molestar, cuanto un marco o cuadro en algún esquema gráfico. “Think out of the box” es por tanto una de aquellas frases que se invocan para querer decir que creatividad e innovación son requeridos cuando el problema a solucionar parece insoluble por las vías normales o aceptadas como tales por cierta comunidad. Como es habitual, empero, esta admonición se ha convertido ella misma en una caja donde metemos todo lo relacionado con pensar diferente, antes una cárcel que una incitación a la libertad creativa, un modo de pensar menos, no más. En esto no se diferencia de cualquier otro cliché, aunque pretenda instigarnos a salir de los marcos usuales. Siempre hay algo de verdad en la mayoría de clichés, pero su repetición, su manoseo excesivo los convierten en modos de fijación cognitiva o de pereza mental. Después de todo, los seres humanos tenemos menester de orden, de categorías claras y definidas, algo que nos permite pensar, pero que a la vez puede impedírnoslo. Por ello dijo alguna vez el viejo Mairena que había que huir del cliché verbal, pues anunciaba a menudo el cliché mental.

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Dos guerras

Frans van den Broek

Tenía los ojos de un azul intenso e inquieto que refulgía en todo su rostro, pero su expresión era agitada, acusatoria a ratos, alarmada incluso. Aunque habíamos hablado ya en varias ocasiones por razones profesionales -ella era desempleada y el que escribe era su persona de contacto en la oficina de apoyo social de Hilversum- seguía dirigiéndose a mí como «míster van den Broek», a pesar de haberle pedido varias veces que me llamara por mi nombre, en contravención de las reglas del trabajo, por cierto, donde cualquier signo de intimidad con los clientes era considerado un paso en la dirección del abuso o del conflicto de intereses. Me pareció, sin embargo, que ella necesitaba más cariño que dinero, un oído presto a escucharla, o palabras que la animaran antes que secas explicaciones sobre las leyes del país o los derechos que la amparaban. Míster seguí siendo, no obstante, hasta el momento en que dejé de verla, pues así parecía sentirse cómoda y así lo dictaban las normas.

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La avispa y el diablo

Frans van den Broek

De común, noticias sobre el mundo eclesiástico eluden mi conciencia sin daño alguno para nadie, puesto que ni voy a misa ni soy acólito de religión alguna, y la Iglesia católica habrá olvidado mi nombre sin pena ni gloria en los polvorientos registros de bautismos y comuniones, pero la noticia de la abdicación del Papa actual logró inmiscuirse en mi atención lo suficiente como para provocar un par recuerdos y otras tantas reflexiones sin hilación ni concierto que paso a compartir en estas páginas.

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De castas y castos

 Frans van den Broek

El escritor y político indio Shashi Tharoor dijo alguna vez de su país que cualquier cosa que se dijera sobre el mismo, lo contrario también era cierto. No creo haga falta un conocimiento profundo del sub-continente para comprender que sus palabras son acertadas y pertinentes, más aún en estos momentos de crecimiento económico de los países asiáticos y crisis del mundo occidental. Uno de cada seis habitantes del planeta tierra es indio, de modo que cualquier cosa que pase en dicho lugar afectará, de uno u otro modo, al resto de nosotros, y una de las cosas que están pasando en India es que las contradicciones internas, si acaso esto es posible, se están agudizando, o al menos haciendo más ostensibles. Los medios de comunicación internacionales prestaron debida atención al espantoso episodio de violación de una estudiante en Delhi por un grupo de hombres a los que se puede acusar de mucho, pero no de psicopatía, con lo que quiero enfatizar su plena responsabilidad jurídica y moral, y lo mucho que comparten con el macho medio de dicho país, aunque se quiera ocultar el sol con un dedo. La estudiante en cuestión murió un tiempo más tarde por las horrendas heridas inflingidas, pero su caso incitó protestas y demostraciones denunciando la situación de la mujer y su vulnerabilidad a manos de una sociedad machista y retrógrada en cuestiones de igualdad. Al mismo tiempo, la economía crece, y varias de las personas más ricas del mundo provienen de dicho país y permanecen en él, y muchas industrias compiten a nivel global al mismo o incluso superior nivel de desarrollo. Por todas partes se extienden los ´malls´ y los centros comerciales, la creciente clase media puede darse lujos que incluso superan a los de la clase media europea, y gente hasta hace poco destituida puede avanzar socialmente y salir de la pobreza. Sin embargo, aunque abolido el sistema y supuestamente ilegal, la mayoría es consciente de las castas y la discriminación basada en ellas es reconocida políticamente con subsidios, excepciones, cuotas o privilegios, que no son suficientes para contrarrestar milenios de fosilización social. En pocas horas uno puede pasar en India de la Edad de Piedra a la ultra modernidad. Las discotecas están llenas de mujeres de recursos con vestimentas sugerentes y sensuales, mientras que la mayoría de mujeres tiene miedo a aventurarse por las calles después del crepúsculo, por temor a violaciones o robos o incluso asesinatos. Vacas y BMWs compiten por las avenidas, y la belleza de la naturaleza contrasta con la fealdad de ciudades atoradas por el tráfico. Diga usted una cosa sobre la India y lo contrario, sin duda, será también cierto.

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Zero Dark Thirty o las lágrimas del cocodrilo

Frans van den Broek

Toda nación tiene derecho a querer salvar la cara y quizá no haya mejor medio para ello que el arte, por su intensidad emocional, la que circunvala las constricciones de la razón o del espíritu crítico. Desde antaño los pueblos han creado obras arquitectónicas o narrativas o religiosas que glorificaban las hazañas propias y defenestraban al enemigo, para mejor cohesión social y adoctrinamiento de las masas. Estas obras mezclan con profusión la fantasía y los hechos, los mitos y los datos, siempre con el objetivo de enaltecer a la comunidad en cuestión o a quienes la lideran. Se trata tal vez de una necesaria constante de la mente humana, pues todos sabemos que pocas cosas preocupan más al homo sapiens que la propia imagen y la autoestima. Cualquier pueblo que tenga el infortunio de tener por vates a gente como Cioran o Schopenhauer está condenado al suicidio.

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Treinta años no es nada

 Frans van den Broek

Hace poco leí en una revista peruana sobre un incidente en los Andes que espero preocupe a cuanto peruano lo lea, no solo por el hecho en sí, que ya es bastante deprimente, sino por lo que significa en el Perú democrático y económicamente en crecimiento de hoy en día, y por los recuerdos que  evoca. Una pareja de americanos decidió hacer uno de aquellos viajes épicos que siempre me he preguntado cómo son posibles, no tanto físicamente, sino en términos financieros: de dónde demonios sacan el dinero algunas gentes para pasarse meses o años recorriendo el mundo sin tener que trabajar. Los americanos en cuestión se compraron una camioneta y se fueron a recorrer el continente americano de norte a sur. Al llegar a Perú se unieron con la hermana de uno de ellos y, como no podía ser menos, visitaron también los alrededores del valle sagrado de los Incas, cerca a Cuzco. Un malhadado día les cogió la noche en medio de las montañas y aparcaron al lado de la carretera para descansar y dormir. No pasó mucho tiempo antes que una partida de campesinos de lugar se apersonara junto a la camioneta y les conminara a salir del coche e identificarse. Al parecer querían que los americanos les dieran sus pasaportes, pero éstos se negaron, para su mal, pues no eran policías y no tenían derecho a pedirles identificación. Los campesinos entonces les maltrataron, los americanos huyeron y estuvieron corriendo por una hora a campo traviesa hasta que los atraparon, bien apedreados, y llevaron a una casa, donde les maltrataron aún más por once horas, a chicotazos y golpazos, mientras algunos gritaban que los mataran, tortura que no concluyó sino con la llegada de la policía a la mañana siguiente.

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