La Armada Invencible

Barañain

Desconfío de las movilizaciones sociales que tratan de integrar a todos los sectores políticos y sociales, en torno a la bandera patria, para defenderse frente a una supuesta agresión exterior e invocando agravios comparativos.  Más aún, si la pretendida agresión consiste en la aplicación de una norma que a sabiendas se estaba infringiendo y si procede de un árbitro que no hace más que cumplir su deber. En este caso, es el sector naval el que llama a cerrar filas contra esa Unión Europea que nos maltrata y el árbitro es su Comisario de la Competencia, que da la casualidad que es español: Joaquín Almunia. Un tipo serio.

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¿Héroes o traidores?

Barañaín

¿Héroes o traidores? La peripecia del tal Snowden,  exagente de la NSA, como ayer la del soldado Manning (la “garganta profunda” de Wikileaks) pone en primer plano este dilema. De un modo u otro, racional o instintivamente, con mayor o menor conocimiento de causa, todos tenemos una consideración moral al respecto.  Un veredicto, aunque no nos lo hayan pedido. O bien respaldamos su actitud heroica y esperamos que puedan escapar del brazo justiciero que los persigue o, por el contrario, consideramos que su frivolidad no puede quedar impune, incluso si sólo vemos altruismo en sus motivaciones. O bien creemos que han prestado un gran servicio al sistema democrático al denunciar  actuaciones desde el Poder poco congruentes con sus principios o vemos en su conducta un atentado contra este mismo sistema, cuya seguridad ponen irresponsablemente en riesgo.

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Sigue lloviendo

 Barañain

 Sigue lloviendo. Ayer ha llegado el verano, pero por aquí sigue lloviendo. Y no metafóricamente, como en la balada de Maná (a ellos les llovía en el corazón, por un mal de amores), sino muy realmente. Sigue cayendo agua, mucha agua,  de día y de noche (¿pero en España lo pertinaz no era la sequía?), de manera inclemente, inasequible a las evidencias de que los pantanos rebosan y los montes siguen su deshielo, como si la cosa no fuera con ellos (y bien que lo están sufriendo en algunos valles pirenaicos).

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Sanidad en riesgo

Barañain

En estos tiempos de incertidumbre, ante los dilemas y retos sociales que afrontamos, es fundamental que sepamos plantearnos bien las cuestiones en juego,  pues es más importante  hacerse la pregunta correcta, aunque nos cueste acertar con la respuesta, que  responder correctamente a una pregunta equivocada. Y, en relación con la sanidad pública, la pregunta no es si la sanidad es sostenible -tampoco nos preguntamos si el comer o la educación son  sostenibles-, sino cómo hacemos sostenible la sanidad que necesitamos, la sanidad que queremos, esa que es parte de nuestro modelo de sociedad. Ese y no otro es el reto que debiéramos asumir.

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Pensiones, tensiones

Barañain

El malestar generado en  el seno del aparato confederal de CCOO – y la tensión irá creciendo-,  a cuenta del voto favorable de uno de sus más cualificados técnicos al informe del grupo de expertos sobre la reforma de las pensiones, ilustra bien uno de los problemas mayores que condicionan un debate constructivo sobre este crucial asunto: el enrarecido ambiente con el que se afronta, siempre caracterizado por  la falta de claridad, el diferir las decisiones, no entrar a debatir los problemas de fondo sino eludirlos mediante fórmulas defensivas, descalificar a los mensajeros atribuyéndoles oscuras intenciones, etc.

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En Estocolmo no cantaban “Le metèque”

Barañain

La muerte de Georges Moustaki  permite evocar aquella época, los setenta,  en que aún cabía la ilusión de una identidad multicultural como sello de lo europeo. De familia greco judía (sefardí) originaria de Corfú, nacido y criado en una Alejandría «con todos las lenguas, todos los colores y todos los sabores», en un ambiente culto y liberal, Moustaki encarnaría como pocos el espíritu de un desarraigo gozoso. No era de ninguna parte porque era parte de todas. Un habitante de la lengua francesa abierto al mundo que reivindicaba su extranjería intrínseca. «Con mi facha de extranjero, de judío errante, de pastor griego,…»: así se presentaba en “Le Metèque”.

(http://www.youtube.com/watch?v=tEQvRXRtIlg)

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Keynes: economía, sexo y prejuicio

Barañain

Aprovechando la celebración del “Día internacional contra la homofobia” no son raros en los medios de comunicación los reportajes bienintencionados que buscan sensibilizar al público sobre la pervivencia de esa lacra, aún en nuestro tolerante medio (no digamos ya en otras áreas del mundo).   Tal vez sea una coincidencia pero, este viernes, El País dedicaba dos páginas enteras a evocar la figura de John Maynard Keynes, curiosamente centradas en su posible homosexualidad. En su artículo “Keynes, la economía y el sexo” Joaquín Estefanía glosaba la monumental biografía del  economista inglés escrita por Robert Skidelsky. (http://cultura.elpais.com/cultura/2013/05/16/actualidad/1368732094_705756.html)

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A la salida del túnel

Barañain

En un artículo publicado ayer José María Maravall señalaba que “la desesperanza con la política deriva en buena parte de que los políticos no hablan de en qué país querrían vivir al final del túnel, para que se entiendan sus políticas”. Según el ex ministro, a diferencia de lo ocurrido en otros momentos de dificultades – y evocaba las que tuvo que afrontar Felipe González-, hoy nadie indica dirección alguna. Entre la angustia y el desconcierto, los ciudadanos –concluía-,  no saben qué les espera.

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Verificando las intenciones de ETA, Rajoy no se aclara. ¿O sí?

Barañain

Tras declarar ETA su alto el fuego “permanente y verificable” – ocurrió hace apenas dos telediarios, aunque parece que ha pasado una eternidad-,  se convirtió en un lugar común reiterar que no era necesario el concurso de expertos internacionales que verificasen ese hecho, algo muy querido desde el mundo filoetarra (que al menos en su pirueta de despedida conseguiría así la ansiada internacionalización de su conflicto). La doctrina, asumida por gobierno y oposición,  proclamaba que el Estado – por medio de sus fuerzas de seguridad-, se bastaba para verificar ese abandono de la violencia.

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¿Existía realmente una línea roja en Siria?

Barañaín 

Dentro de poco, perderemos la cuenta de las víctimas del conflicto que enfrenta a Bachar El Assad y su clan alauita con una buena parte de su pueblo. Enfriado el entusiasmo informativo despertado por la fugaz primavera árabe, asistimos a la ración diaria de horrores con una especie de  bostezo universal que se instaló entre nosotros  desde que se hizo evidente que nadie movería un dedo por parar la sangría siria. Apoyando la insurgencia libia se agotó la aportación occidental a la democratización del mundo árabe. Los EEUU respaldaron a los europeos,  en esa ocasión, a regañadientes. Más tarde, en Egipto, dejaron claro que lo importante para ellos era el pacto con la Hermandad Musulmana de Morsi. ¿Y en Siria?, bueno, qué quieren, lo de  Siria fueron siempre palabras mayores.

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