Caín y don Tancredo

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La victoria del PP en las elecciones locales y autonómicas ha sido tan arrolladora que puede tener contraindicaciones. Los electores que buscaban castigar a Zapatero pueden sentir que ya lo han logrado, y en todo caso saben que ya no lo pueden volver a hacer en las elecciones generales, porque no será el candidato. Por tanto es inevitable que presten ahora más atención al programa y a las indefiniciones del PP.

Es interesante recordar que IU apenas se ha beneficiado del castigo al PSOE, lo que puede ser revelador de la debilidad del liderazgo de Cayo Lara: los electores que pudieran buscar políticas más a la izquierda han preferido quedarse en casa antes que confiar en IU. Eso significa que quienes han votado al PP o se han abstenido se van a plantear en las elecciones generales ante todo si permiten o no que triunfe el PP con una amplia mayoría.

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Perspectivas

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 El desaparecido Rafael del Aguila llamaba ‘pensamiento impecable’ al de quienes dan tanta importancia a la coherencia con los principios que se desentienden de las consecuencias de sus decisiones, por graves que puedan ser. Y Chesterton, en una de esas frases que le dieron el título de maestro de la paradoja, sostenía que la locura no era más que la coherencia llevada al extremo.

A lo largo de las dos semanas pasadas hemos tenido bastantes muestras de una coherencia llevada más allá de lo deseable. Las más recientes han sido los apasionados debates sobre la designación del candidato del PSOE a las próximas elecciones generales, y lo que creo que revelan es la dificultad para superar la propia perspectiva y tomar debidamente en cuenta la perspectiva en que se mueven los demás. 

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Racionalidad y castigo

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 Los politólogos están obligados por ética profesional a explicar el comportamiento electoral en términos racionales, lo que en ocasiones es casi tan arduo como explicar los movimientos de la bolsa en términos de racionalidad económica. Sin embargo es bastante evidente que la racionalidad que los electores aplican al decidir su voto no es siempre la misma.

En particular, desde que estalló la crisis financiera global los electores se han aplicado más a castigar a los gobernantes de turno que a comparar las opciones disponibles. Y cuando han buscado terceras opciones —los liberal-demócratas en el Reino  Unido o los liberales en Alemania— lo han hecho pensando más en a quien no querían votar que en las posibles consecuencias de su voto. Los resultados pueden ser racionales a medio plazo, pero a corto plazo también pueden ser descorazonadores.

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Bulos

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Pocos días antes de la operación contra Osama Bin Laden, el presidente Obama sorprendió a la opinión pública internacional al entregar a la prensa una copia de su certificado de nacimiento, para terminar con el bulo según el cual no había nacido en Estados Unidos, y por tanto no podía ser legítimamente presidente de este país. La sorpresa de la prensa venía del hecho de que fuera necesario desmentir un rumor tan burdo.

Independientemente de las razones que llevaran a la Casa Blanca a salirle al paso a este bulo, llama desde luego la atención que hubiera alcanzado la suficiente fuerza como para que fuera necesario cortarlo de raíz. La primera explicación que se da en estos casos es la de que una parte importante de la población se maneja con muy poca información política, lo que puede hacer que presten atención a rumores que cualquier persona informada consideraría descabellados.

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Wallace, Roth y Updike

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David Foster Wallace se ahorcó el 12 de septiembre de 2008 en su casa de Claremont (California), donde era profesor de literatura creativa en el Pomona College. He leído en alguna parte que lo hizo después de despedir cariñosamente a su esposa, la pintora Karen L. Green, que lo encontró muerto al regresar el día siguiente. Al parecer sufría fuertes tendencias depresivas.

La gran novela de Wallace hasta su muerte era La Broma Infinita (Infinite Jest, 1996), un tocho importante al que las combinaciones de narración y digresiones reflexivas convierten en uno de los grandes ejemplos de literatura posmoderna, categoría en la que se suele incluir también a Jonathan Franzen —buen amigo de Wallace— y a Don DeLillo, ninguno de ellos de fácil lectura. Ahora ha aparecido en inglés The Pale King, la novela inacabada en la que estaba trabajando cuando murió.

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Aznar y Gadafi

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La afirmación por José María Aznar, en una conferencia pronunciada en Estados Unidos, de que Gadafi era un ‘amigo extravagante’, al que era un grave error atacar, ha causado como era de esperar regocijo y consternación según las sensibilidades e intereses de cada cual. En general se ha atribuido semejante metedura de pata a las malas compañías, y sobre todo a su obsesión compulsiva por meterle el dedo en el ojo al actual gobierno español.

Sin duda éstos son factores que han pesado, pero también se debe tener en cuenta que la actual visión del mundo de Aznar se fraguó en 2002, con el deslumbramiento mutuo entre Bush y él por su coincidencia en la necesidad imperiosa de combatir al eje del mal. Cuando Gadafi decidió no seguir la suerte de Sadam Husein y anunció el desmantelamiento de sus armas no convencionales, Aznar, como Blair y Bush, decidió que había llegado el momento de perdonar sus pecados anteriores, incluyendo las bombas de Berlín en 1986 y del vuelo de PanAm sobre Lockerville en 1988.

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Ollanta entre Chávez y Lula

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 Ante la primera vuelta de las elecciones en Perú, ayer domingo, El País titulaba: “El ascenso del populista Humala inquieta a las clases medias de Perú”. Aparentemente esto tiene sentido, pues Ollanta Humala se vinculaba inicialmente a una ideología llamada etno-cacerismo, es decir, a un violento nacionalismo (antichileno) y a unos planteamientos anticriollos que le aproximaban a las revindicaciones étnicas de Morales en Bolivia. Con un poco de ayuda de Chávez, además, era muy fácil presentarle como un peón de la estrategia bolivariana de expansión por la región.

Pero desde 2006 Ollanta ha ido evolucionando, y es notorio que en esta campaña se ha visto asesorado por los consultores de imagen de Lula, lo que al menos siembra dudas sobre lo que su elección podría representar. Lula ha mantenido durante sus dos períodos en la presidencia de Brasil unas relaciones ambiguas con Chávez, pero casi nadie duda de que los dos representan formas distintas de gobernar. En este sentido se podría decir que Ollanta ha emprendido una travesía de Chávez a Lula, y la pregunta es si la supuesta inquietud de las clases medias peruanas sería consecuencia de que no están convencidos de que haya llegado a puerto.

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Crímenes económicos

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 El 29 de marzo Lourdes Benería y Carmen Sarasúa publicaron una tribuna en El País (Crímenes económicos contra la humanidad) cuyo título habla por sí mismo, y en la que se lamentaban de que ‘en general, quienes han provocado la crisis no solo han recogido unas ganancias fabulosas, sino que no temen castigo alguno. Nadie investiga sus responsabilidades ni sus decisiones. Los Gobiernos los protegen y el aparato judicial no los persigue’.

Ese mismo día Paul Farrell, colaborador habitual del Wall Street Journal, publicó en la sección Market Watch de ese diario un artículo (Tax the super rich now or face a revolution) en el que denunciaba el escándalo de la concentración de la renta en Estados Unidos y reclamaba que los ricos volvieran a pagar impuestos. Los recortes de Bush les pusieron a salvo de tales obligaciones, y Obama no ha podido eliminarlos por el chantaje republicano que impedía acabar con esos recortes sin eliminar a la vez las deducciones para la clase media y la extensión de los subsidios de desempleo.

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Ambivalencias

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En la confusión de las discusiones sobre la intervención militar en Libia juegan varias ambivalencias. Sólo desde una perspectiva muy simple se puede creer que el principal motivo de la intervención es el deseo de evitar víctimas civiles o el de garantizar el suministro de petróleo (o la voluntad de apropiárselo, como sostienen las almas más simples de todas). Las cosas son más complejas, y tienen que ver sobre todo con la opinión pública.

No es lo mismo que un tirano aplaste a escondidas a quienes se levantan contra él a que lo haga ante los ojos de la opinión pública internacional. Desde los tiempos en que Sadam Husein gaseó a los kurdos y a los chiíes han cambiado muchas cosas, unas en el campo de la comunicación (los teléfonos móviles e internet) y otras en el campo de las ideas.

La intervención para proteger a las víctimas de la represión adquirió legitimidad con los bombardeos sobre Kosovo y Serbia. La invasión de Irak fue un duro revés, que en el mejor de los casos obligó a una gran cautela a  la hora de plantear nuevas intervenciones, y en el peor desacreditó la misma idea de intervención militar en otros países. Pero ante las revueltas en los países árabes la presión para una intervención en Libia ha sido muy fuerte y los gobernantes no han podido ignorarlas y dejar que Gadafi arrasara Bengasi.

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Pánico

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 Entre el lunes y el martes la preocupación y el horror causados por la catástrofe en Japón se convirtieron en simple pánico entre los políticos europeos. Con una premura bastante incomprensible, dado que la crisis nuclear de la central de Fukushima-Daiichi estaba en pleno desarrollo y no se conocían aún su alcance final y sus consecuencias, se convocó en Bruselas una reunión de responsables de medio ambiente y organismos reguladores de la energía nuclear en la UE.

Era evidente que esta reunión sólo pretendía ofrecer una imagen de responsabilidad, puesto que no tenía ninguna capacidad de acción inmediata y no existía la información necesaria para tomar medidas a largo plazo sobre las centrales europeas. La conclusión de someterlas a pruebas de tensión (los tan de moda stress tests) puede ser muy acertada, pero es obvio que su anuncio ahora sólo pretende adelantarse al malestar público.

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