Séptimo

Juanjo Cáceres

El inicio del proceso de privatización de uno de los clubes más importantes del fútbol español ha empezado de forma atronadora, aunque simuladamente discreta, mediante el inicio de un proceso de privatización de un porcentaje relevante de dicho club.

En efecto, lo que de forma más o menos encubierta ha hecho el Barça endeudándose hasta las orejas y sometiendo su poder de decisión a las exigencias de sus acreedores, Florentino lo ha hecho ruidosamente, en una intervención donde su decadencia personal se hizo muy evidente, dado el mal tono y comentarios despectivos empleados y sus disparos a diestro y siniestro.

En efecto, hace tiempo que se aprecia que Florentino (78 años) ya no es el mismo. También que los años pasan y que el Madrid debe pensar en un futuro sin Florentino, pero la inexistencia de proceso electoral alguno tras un mandato de casi 20 años, parece haber acabado derivando en una confusión entre el patrimonio colectivo y el suyo, tras empezar a tratar lo que es de todos como si fuera suyo propio.

Cabe preguntarse, no obstante, si la estructura clásica de un club puede soportar los envites del fútbol moderno de élite. Si en el marco del fútbol global, incluso los más grandes se hacen pequeños y pueden no disponer de las estructuras financieras necesarias que el competir con las multinacionales futbolísticas exige. Algunas de las dificultades que estamos viendo en los campos últimamente, tanto por parte del Barça como del Madrid, parece venir dada en parte por un desequilibrio de talento hombre por hombre. Así, aunque los dos grandes equipos nacionales cuenten con parte de los mejores jugadores del mundo, no es extraño que los partidos se hagan muy largos y que al producirse los cambios, mientras los nuestros empeoran, los otros saquen jugadores tan buenos o más que los titulares. He aquí el milagro de los petrodólares.

Con el balón rodando no demasiado a favor suyo y con las acuciantes deudas generadas por la renovación del estadio Santiago Bernabeu, el Real Madrid ha dado un paso al frente y la pregunta natural es: ¿Qué hará el Barça, cuyos niveles de endeudamiento son atroces y su dependencia de lo que los acreedores digan y bendigan es inevitable? Es una pregunta interesante de plantear, ahora que empiezan a bailarse los primeros compases de una precampaña presidencial barcelonista que será larga y que da signos de traducirse en elecciones en la primavera del año que viene.

Con el presidente actual habiendo hecho la puesta de largo de la renovación del campo y con el equipo poseído por las virtudes de Flick, el único temor deportivo real de Laporta es que el equipo profundice sus dificultades y se derrumbe de forma estrepitosa coincidiendo con su convocatoria, pero ni siquiera eso le preocupa mucho. Sus dos flancos débiles son la situación financiera y el agujero sin fondo de las obras del Spotify Camp Nou, así como la posibilidad de que el astro Leo Messi aparezca de la mano de alguna candidatura con posibilidades. No es este último un factor que históricamente haya cambiado nunca mucho las cosas, electoralmente hablando, pero pocas figuras vivan quedan en pie y sin duda una de ellas no es Xavi Hernández, quien vuelve a ser visto junto a la candidatura de Victor Font.

Pero todo esto venía para mencionar la posibilidad que el modelo de club se aborde en serio en esta campaña, es decir, que de una vez por todas se abra la posibilidad de avanzar también en la privatización del club. El potencial económico del Barça no es nada desdeñable y la posibilidad de poner los números en orden se asemeja bastante a la de reducir a 0 la deuda soberana de España. Por lo tanto, más pronto o más tarde, con más imaginación o menos, de forma más visible o disimulada y dentro o fuera de un proceso electoral, tendrá que plantearse. Quién le pondrá el cascabel al gato, cómo será la forma del cascabel y qué será del fútbol, son preguntas que el futuro habrá de responder.

La COP30 no detiene el desastre climático

David Rodríguez Albert

El planeta ya ha cruzado un umbral que durante años se presentó como un límite infranqueable. El famoso 1,5 °C, convertido en línea roja y mantra político, está prácticamente superado. No lo dicen activistas apocalípticos, sino el propio Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP). Con las políticas actuales, el mundo se encamina hacia un calentamiento que lo superará en la próxima década. Y, sin embargo, seguimos actuando como si bastaran pequeños ajustes, declaraciones solemnes o nuevas promesas para detener lo que ya es un proceso global de desestabilización.

Porque el problema ya no es solo la temperatura media, sino el equilibrio general del sistema climático. Y ese equilibrio está quebrándose. Islandia lo dijo sin rodeos hace apenas unas semanas: el posible colapso o fuerte debilitamiento de la AMOC (la gran cinta transportadora de calor que estabiliza el clima atlántico) es una amenaza existencial para su seguridad nacional. Si la AMOC se ralentiza, el norte de Europa podría sufrir inviernos más duros, alteraciones agrícolas, riesgos energéticos y colapsos en infraestructuras que nunca se diseñaron para cambios extremos. Mientras tanto, el sur de Europa, y en particular el Mediterráneo, seguirá sobrecalentándose. Lo que hoy vemos como veranos “excepcionales” (temperaturas que superan los 45 °C, sequías sostenidas, incendios que avanzan a una velocidad incontrolable) será la nueva normalidad. Un continente fracturado climáticamente, con frío extremo arriba y calor insoportable abajo.

En este contexto, la COP30 celebrada recientemente en Brasil tenía una nueva oportunidad de demostrar que la política global estaba a la altura de la emergencia. Pero volvió a dejar esa sensación amarga de tantas cumbres anteriores: avances parciales, cifras que no transforman, mucho lenguaje diplomático y poca realidad. Se habló de financiación climática, de adaptación y de protección de bosques. Pero lo esencial, la reducción real y rápida del uso de combustibles fósiles, quedó una vez más enterrado bajo compromisos futuros, hojas de ruta que nadie cumple y marcos “voluntarios” que dependen, en última instancia, de la buena voluntad de los mismos actores que llevan décadas retrasando decisiones.

Porque la política internacional del clima no está fracasando por falta de información, ni de tecnología, ni de alternativas. Está fracasando por una concepción de la política subordinada a intereses económicos que siguen operando con una lógica del siglo pasado: maximizar beneficios hoy, aunque eso implique destruir el mañana. Gobiernos que hablan de transición energética mientras aprueban nuevas licencias de explotación de petróleo y gas. Empresas que anuncian objetivos de cero emisiones mientras invierten miles de millones en seguir expandiendo infraestructuras fósiles. Y un sistema financiero que continúa premiando los sectores que aceleran la crisis en lugar de apoyar a los que podrían frenarla.

La crisis climática es también una crisis de desigualdad. Y hoy esa desigualdad es más visible y más cruel. Quienes menos emisiones han generado (comunidades rurales, países del sur global, barrios pobres de las grandes ciudades) son quienes pagan los impactos más duros: desplazamientos forzados, pérdida de cosechas, aumento del precio de alimentos, enfermedades vinculadas al calor extremo. Mientras tanto, los grandes emisores siguen negociando márgenes, tiempos y excepciones para no alterar su modelo económico.

Cada día que pasa sin una transformación real, la brecha entre los discursos internacionales y la experiencia trágica de millones de personas se amplía. La pregunta ya no es si tenemos la capacidad técnica para actuar. La verdadera pregunta es si estamos dispuestos a cambiar un sistema político y económico construido para proteger privilegios, no para garantizar la supervivencia común. La COP30 no ha detenido el desastre climático. Pero lo más preocupante es que tampoco ha creado las condiciones para que el mundo empiece a detenerlo. Seguimos atrapados en una política que prefiere gestionar la crisis en lugar de evitarla, que se mueve al ritmo que permiten los lobbies, no al ritmo que exige la ciencia.

Las advertencias de Islandia, los datos del UNEP y la experiencia directa de los fenómenos extremos no dejan espacio para dudas. La crisis climática no espera, sino que actúa, golpea y hace daño. La historia nos está ofreciendo las últimas oportunidades para decidir qué tipo de civilización queremos construir. O empezamos a cambiar ahora o el problema se intensificará con un clima fuera de control. No podemos posponer más la oportunidad de actuar mientras todavía queda algo para defender.

Mencionar a ETA hoy

Carlos Hidalgo

Dentro de la lista de barbaridades con las que nos suele obsequiar la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, está la de que Pedro Sánchez va a servir en bandeja Navarra y el País Vasco a ETA.

Hasta donde yo sé, ETA desapareció del todo hace siete años. Y daba la casualidad de que estaba en el Bilbao el día en el que dijeron que cesaban toda actividad armada. También recuerdo qué hacía Isabel Díaz Ayuso en aquellos momentos. Era la encargada de redes del PP de Madrid y se dedicaba a falsificar perfiles en Internet y a crear medios y wikipedias falsas con la ayuda de Alejandro de Pedro, el que luego sería conocido como «el conseguidor” de la Trama Púnica.

Mientras Isabel demostraba sus destrezas con Twitter a Esperanza Aguirre, había gente que moría: policías, militares, políticos, empresarios, trabajadores, niños. Mientras ella trapaceaba con de Pedro, sus compañeros del País Vasco y el PSE plantaban cara en su día a día a los asesinos, a sus chivatos y a sus simpatizantes.

Cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid usaba sus contactos en el PP para conseguir a su familia un crédito de Aval Madrid que luego nunca se pagó, hacía poco que ETA había matado a su última víctima, un gendarme francés llamado Jean-Sérge Nerin.

De hecho, mientras Ayuso hacía esas declaraciones, ha privatizado la unidad del dolor del Hospital Infanta Leonor de Vallecas. De hecho, la sanidad madrileña lleva pagados más de 5.000 millones de euros al grupo Quirón en los seis años en los que es presidenta de la Comunidad. Da la casualidad de que su pareja es comisionista para dicha empresa y que sus líos con Hacienda vienen por usar facturas y empresas falsas para no tributar por dichas comisiones. Ayuso vive en un dúplex comprado con el dinero de esas comisiones. Y el comisionista que convive con ella conduce un Maserati Ghibli diesel pagado con ese dinero público que ahora está en manos privadas: concretamente en las suyas.

Entiendo que, ante esos hechos, que sí que existen y están presentes, Ayuso quiera contraponer hechos inexistentes, como la propia ETA. Al fin y al cabo, si algo le parecen haber demostrado sus seis años en el gobierno regional, es que parece que siempre se va a salir con la suya mintiendo, desviando la atención, diciendo burradas sin fundamento y culpando de las desigualdades y creciente caos producto de su gestión al gobierno de España.

Afortunadamente, ETA hace mucho que ya no existe. Por desgracia, la gestión de Ayuso sí que lo hace.

El futuro de Europa en juego

LBNL

A finales de la semana pasada se fue sabiendo del plan norteamericano de 28 puntos, pergeñado por el socio inmobiliario y enviado especial de Trump (en principio solo para Oriente Medio…) Steve Witkof con Rusia, para la rendición de Ucrania con fecha límite de ayer jueves, festividad de Thanksgiving en EE.UU. de forma que el futuro Nobel de la Paz pudiera festejar en paz. El sábado varios líderes europeos, incluido nuestro Presidente del Gobierno, publicaron una declaración escrita reafirmando los principios de Europa para la paz entre Ucrania y Rusia. El domingo varios asesores de seguridad europeos se desplazaron a Ginebra donde el Secretario de Estado norteamericano Rubio se reunía con el presidente Zelensky. Al concluir la jornada Rubio repitió varias veces que habían sido unas reuniones muy productivas, que finalmente cristalizaron en un plan de paz alternativo de 19 puntos, al que algunos líderes europeos han dado la bienvenida como un bastante mejor punto de partida. Entre medias, se filtró a principio de semana la transcripción de un par de conversaciones entre Witkoff y su contraparte rusa, en las que el primero aconsejaba sobre cómo debía Putin “vender” el acuerdo (de 28 puntos) a Trump, sugiriendo en que debía adularle alabándole por sus logros hasta la fecha. Muchos dieron a Witkoff por finiquitado ipso facto pero a Trump le pareció todo normal en el marco de unas negociaciones. En esas momento apareció en escena el Secretario del Ejército Driscoll – no confundir con el ex tertuliano de Fox y Secretario de Defensa Hegseth, que se mantiene al margen en Washington – viéndose y hablando con ucranios y rusos pero siempre incidiendo en que a Ucrania le conviene más una mala paz que la aniquilación a la que se vería sometida si la guerra continua. La particularidad de Driscoll es que es compañero de armas del Vicepresidente Vance No lo dice explícitamente pero apunta al negro futuro bélico de Ucrania si EE.UU. le corta todo suministro de armas (últimamente son países europeos los que las pagan) y la colaboración de inteligencia, sin la cual el ejército ucraniano no sabría a dónde disparar. Porque esa es la espada de Damocles que blande Trump sobre Zelensky. Y sobre la Unión Europea que posiblemente no sería capaz de sostener a Ucrania sin la colaboración del Tio Sam.

No son pocos los que en Europa – y todavía más en España – verían con buenos ojos un fin de la guerra rápido, en las condiciones que sean. Para empezar, dejarían de morir civiles ucranios bombardeados y lo que queda del país podría volver a la normalidad. Además, la mayor parte de los territorios ucranianos ocupados por Rusia – no se conforma con lo que ya ocupa sino que quiere todo el Dombás – son ruso-parlantes y lo del veto a su entrada a la OTAN no deja de tener sentido ya que supone una amenaza para Rusia, a la que, por otra parte, pertenecía Crimea hasta que el ucranio Kruschov se la regaló a su república soviética de origen. Y encima es que no pueden ganar porque Rusia es más grande, tiene más soldados y encima tiene armas nucleares. Visto así…

Dejando de lado otras consideraciones como que Ucrania debería tener el derecho a mantener su integridad territorial o a decidir libremente con quién quiere asociarse, tal rendición impuesta tendría gravísimas consecuencias para Europa. Desde la Segunda Guerra Mundial hemos mantenido el axioma de que no se pueden cambiar las fronteras por medio de invasiones. Si aceptamos que se cambien las ucranias, ¿quién nos garantiza que no se cambiarán otras por la fuerza en el futuro? Especialmente teniendo en cuenta que gran parte de los argumentos rusos para negar la legitimidad de Ucrania – siempre fue rusa, son nazis, tratan mal a los ruso parlantes – valen también para Polonia o las repúblicas bálticas. Si por lo menos lo de la invasión de Ucrania fuera una excepción… pero no lo es: en 2014 Rusia ya se hizo con una parte del Donbás y con Crimea, en 2008 Rusia invadió partes de Georgia, que mantiene ocupadas, en 2001 arrasó Chechenia a sangre y fuego, que si bien era una república autónoma dentro de Rusia, fue mucho más grave que la represión serbia sobre Kosovo, que no le salió gratis a Milosevic y sus socios genocidas. Por no hablar del golpe de Estado de Jaruzelski en Polonia cuando Solidarnosc, Praga 1968 o Hungría 1956. Es decir, Rusia viola la soberanía de sus vecinos cada vez que siente que su dominio sobre su área de influencia se ve amenazado. Al coste que sea. Y gran parte del antiguo Pacto de Varsovia y algunas repúblicas exsoviéticas – las tres bálticas pero también Moldavia – se han emancipado completamente. Por lo que no es en absoluto descabellado sospechar que una vez domeñada Ucrania, pase al siguiente objetivo.

No solo no es descabellado, por mucho que lo pueda parecer, sino probable. Basta recordar que antes de invadir Ucrania Putin dio un ultimátum: retirada de la OTAN de todos los países del Este que se han sumado a ella desde el fin de la Guerra Fría. ¡Claro! dirán los que sostienen que es precisamente la ampliación de la OTAN la causa de todos los males. Olvidan que la OTAN no invade: son los antiguos tutelados por Rusia los que ruegan que les dejen entrar precisamente para sentirse protegidos de una nueva tutela. ¿Y con qué derecho le decimos a los polacos, o a los rumanos, que no, que ellos son diferentes y tienen que aceptar que su destino está ligado a Rusia?

La OTAN y la UE nunca han invadido a nadie. EE.UU. invadió Irak, ilegalmente, con ayuda de algunos países europeos, sí, pero no la OTAN ni la UE. Y lo de Afganistán fue una intervención militar autorizada por el Consejo de Seguridad tras el 11-S. Rusia en cambio invade cuando lo considera oportuno, repetidamente, y todo indica que si lo de Ucrania le sale bien, sentirá que puede seguir haciéndolo impunemente. Especialmente ahora que ha transformado su economía en una de guerra y tendrá tanques, misiles y aviones a mansalva.

No sé que pasará en los próximos días y semanas pero sí sé que hemos salvado un match ball este Thanksgiving. El partido está difícil porque nuestro mayor aliado parece tener gran interés en poner punto final a la guerra al precio que sea, para ganar el Nobel, ahorrarse costes y hacer negocio en Ucrania y Rusia, que es una parte importante del infame acuerdo de 28 puntos. Pero no está perdido y Europa está poniendo toda la carne en el asador, por solidaridad con Ucrania pero, sobre todo, porque nos jugamos nuestro futuro. Ojalá todo el mundo fuera consciente de ello.

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Verónica Ugarte

Ya estamos en plena temporada de alianzas y desencuentros, a la vez que a pie de calle, se presupone, se realizan las temidas y esperadas encuestas. Según el barómetro catalán, CEO, los socialistas seguirían a la cabeza de país. No es de extrañar que Catalunya siga siendo bastión socialista, con lo bien que lo están haciendo, para muchos, Illa y compañía.

Tampoco resulta de extrañar que Junts y Puigdemont caigan. No han sabido ir con los tiempos, ni a por los tiempos y maneras. El discurso involucionista, de teatro barato y pretendiendo hablar desde una legitimidad que no existe desde hace años, ha causado que la derecha catalana baje. Si sumamos el pésimo papel que realiza Miriam Nogueras en Madrid, tenemos el escenario perfecto para una pérdida de 15 escaños.

Luego, nos viene el escenario imperfecto. Ese que desde hace años también existe en Catalunya, la llamada Terra d’Acogida: Aliança Catalana, la nostra extrema derecha sube, sube hasta alcanzar a Junts. Si vamos a ser racistas, dejamos a Vox en quinto lugar, que tenemos que hacer patria y votar por los nuestros, así se quejen de nuestros abuelos andaluces. Que no se diga que no somos coherentes.

El racismo es un monstruo que no conoce fronteras. Porque racismo es ignorancia. No es un dogma, es un axioma. Menor es la conexión con personas diferentes, sea sexo, raza, religión, mayor es el miedo y el terror a lo desconocido. Mayor es la defensa de lo más estúpido que puede significar una bandera o un idioma cuando se les eleva al pórtico de los dioses que crean naciones bajo luchas llenas de sangre y lágrimas.

Escuchar los sesudos comentarios de Orriols, negándose a hablar en castellano, es tener delante la verdad sin tapujos: imbéciles hay en todos lados, y se les vota. Se les vota en Ripoll, una ciudad llena de inmigración, lo que la hace rica, bajo el punto de vista de una inmigrante. Hay más de una visión, más de una confesión religiosa, más de un color de piel. Eso es riqueza cultural y social, a la vez que económica. Porque la inmigración está generando todo ello en Catalunya.

Ara, arriben els que diuen que tots hem de parlar català. No es mi lengua materna. La aprendí a los veintiséis años, y me ha dado gran riqueza cultural. Leer a Alfred Bosch (tiemblen catalanes de DB) fue una gozada. Pero como dice mi amado Serrat, en el momento en que me exigen hablar una lengua, me paso a otra.

Y es cuando viene la gracia del tema: en veintiséis años solo se me ha exigido hablar en castellano. Y de malos modos. Tal vez sea porque vivo en Barcelona, la capital de muchas cosas, pero no del catalán. Si viviese en Lleida, Girona, o tan solo en el Vallès la cosa cambiaría. Es por ello también cuando me río ante los sesudos comentarios acerca de los catalanes y sus manías.

En todo caso, lo estamos haciendo muy mal. Está normalizado no querer hacer el esfuerzo por entender al otro, al diferente. No existe la cultura de leer más allá de lo estipulado en clase. No pretendamos hablar otro idioma que nos saque las mismas lágrimas que una bandera. Pero eso sí, hermano obrero, cuando estás a la mesa con un inmigrante y un banquero, delante de 100 mandarinas, el banquero cogerá 99 de ellas y te dirá “el inmigrante te robará tu mandarina”. Y le creerás. Y votarás por quienes apoyan semejante sandez.

Vuelvo con mi insistencia: leer, entender, reflexionar. Todo ello es cura de ignorancia. Todo ello es riqueza. Todo ello nos diferencia del fascista.

La estrecha anatomía de un instante

Carlos Hidalgo

He visto recientemente la adaptación de la novela-documental de Javier Cercas, “Anatomía de un instante”, que ha realizado Movistar+. Y Lo cierto es que, pese a que tiene grandes aciertos y las interpretaciones de los protagonistas son muy divertidas (especialmente gracioso es Álvaro Morte clavando los gestos y la voz de Adolfo Suárez con una nariz ganchuda de látex), uno siente que se han cometido unas cuantas injusticias con algunos de los protagonistas de la época.

Uno no concibe de ninguna manera que Santiago Carrillo viera las noticias sobre la muerte de Franco solo con su familia, en su piso de París, del mismo modo que los protagonistas del golpe parecen una caricatura, especialmente el capitán general Jaime Milans del Bosch, que era un tipo mucho más peligroso y amenazante de lo que lo que la serie da a entender. El retrato del General Gutiérrez Mellado es incompleto, por decir algo. Y la descripción que se hace de su relación con el resto de las Fuerzas Armadas de la época no es la más exacta.

Tampoco se entiende que Carmen Díez de Rivera, la jefa de Gabinete de Adolfo Suárez aparezca retratada poco menos que como una secretaria que llevaba las aspirinas al presidente del Gobierno, cuando fue una de las artífices, no sólo de ejecutar el plan de desmontaje del régimen franquista, sino de mantener unidos y coordinados a los consejos de ministros de Suárez; una tarea rayana en la imposibilidad heroica. Díez de Rivera ha sido la única mujer en ocupar la jefatura de gabinete del presidente del Gobierno de España. Y la primera persona en hacerlo en democracia.

Del mismo modo, los papeles del general Sabino Fernández Campo y de Torcuato Fernández-Miranda aparecen apenas esbozados; con Sabino limitándose a cortar la llamada de Alfonso Armada para presentarse en Zarzuela en el 23-F y con Torcuato tomando chocolate con churros para merendar, mientras endosa a Suárez la Ley para la Reforma Política como si se la hubieran echado en el buzón, cuando Fernández-Miranda fue el arquitecto maestro, con una mente lo suficientemente brillante y retorcida como para diseñar todos los pasos para que el franquismo se actualizara generacionalmente y luego se derogase a sí mismo, casi sin darse cuenta. Y cuando Sabino fue el guardián y protector del rey, no solo frente al exterior, sino también frente a sí mismo, aunque terminara harto de los borboneos, excesos, malas compañías y caprichos de Juan Carlos. Tan harto que casi los termina haciendo públicos él mismo.

Entiendo que adaptar un libro a una serie tiene sus retos y que hay que tomarse licencias dramáticas para que la historia avance. Y que ampliar determinados papeles no sólo puede resultar confuso para el espectador, sino que además es caro, un tema nada baladí cuando hablamos de producciones españolas.

Y también entiendo que mis críticas a la serie pueden venir del hecho de que soy “demasiado cafetero”, cuando lo que se busca es que la gente se haga una idea general, pase un buen rato y ya está.

Pero echo de menos algo que retrate lo que izquierda y derecha, lo que la España del interior y la del exilio querían, lo que casi toda la sociedad quería: que fuéramos un país normal. Algo que dicho ahora suena a perogrullada pero que durante el franquismo parecía un espejismo inalcanzable. Y esta serie, pues hace una caricatura de todo ello, la verdad. Eso sí, una caricatura muy graciosa y que provoca alguna que otra carcajada, a veces involuntariamente.

Los Domingos

Arthur Mulligan

Con una estética de realismo documental, la película “Los domingos” de Alauda Ruiz de Azua, conseguía en San Sebastián la Concha de Oro con un drama familiar sobre una adolescente que quiere meterse a monja de clausura.

La directora tiene una acreditada capacidad en manejar la tensión dramática en entornos familiares, esos lugares donde conviven y crecen amores, seguridades y represiones, por más que en este caso, el motivo que desencadena el drama – una inesperada dialéctica de conversión – es extraordinariamente infrecuente en estos tiempos dado que compromete anualmente en nuestro país a no más de 200 jóvenes novicios o novicias entre todas las formas de vida consagradas.

A pesar de todo ello y por haber sido educado en un colegio de monjas en la primera infancia, todavía me parece familiar ver a una monja de clausura, en todo caso sin comparación alguna con la sorpresa de la presencia de los niñes en nuestras calles, esa invasión de los cuerpos mutantes, tan raros, rarísimos, que sólo manifiestan su presencia ante gentes de Podemos, Sumar y otras sectas descarriadas que dotan a sus miembros de un sensor fabricado en Siam.

Que una joven inteligente y sin patologías asociadas a la esquizofrenia, trastornos esquizo-afectivos, consumo de alcohol, estimulantes, cannabis, alucinógenos o ciertos fármacos en ausencia de interferencia grave, atienda una voz interior como un pensamiento propio iluminado por la fe y solicite compartir su experiencia ingresando en un convento ¿es motivo suficiente para merecer reproches de la autoridad parental invadiendo su conciencia y libertad de culto?

Y si los mecanismos psicológicos y simbólicos que aparecen en una experiencia como la descrita, se desplazaran hacia motivaciones políticas ¿No es posible que la estructura afectiva también presente en la religión, y en los primeros encuentros amorosos comparta intensidad con la política mediante un sentido absoluto de misión, pureza, entrega y comunidad?

La película no responde a estas preguntas, en realidad no responde a ninguna porque es una película. Los personajes reaccionan desde su humanidad con una lógica aplastante, ya sea desde una pusilanimidad angustiada o un autoritarismo protector, pero todos quieren evitar la ausencia del ser que aman por la irrupción de un fantasma inesperado cuya potencia conserva sus atributos desde una institución con cotas de poder menguantes, la Iglesia Católica, pero una capacidad indiscutible de dialogar en el silencio de la conciencia como un bálsamo de esperanza última encarnada en la imagen de un Jesús redentor que te llama.

No sabemos cómo es una llamada interior y tratamos como científicos aficionados una aproximación de manera indirecta mediante parábolas y similitudes en los instantes de exaltación y plenitud de nuestras vidas, pero en el cine observamos los cambios de expresión de la estupenda actriz que encarna a la protagonista.

En realidad, solo un trueno interior puede proporcionar las claves de una accesibilidad, lo más parecida al sentimiento religioso de entrega total, de elevación espiritual perturbada y sentida como una experiencia oceánica.

Tal vez se podría expresar como la respuesta ineludible cuando experimentamos sin cautelas el primer enamoramiento, una caída como dicen los ingleses, fall in love, o los franceses, tomber amoureux, una caída en cualquier caso, un tropiezo accidental, más o menos agradable. La plenitud de una mirada correspondida, una leve sonrisa, una indisimulada atracción hacia el vórtice de ese remolino que nos ha de arrastrar.

Pero aquí, la promesa que contiene el Conatus de la decisión final del compromiso, «esa tendencia interna de cada ser a perseverar en su existencia» (Spinoza) describe el impulso básico que lleva a un individuo a mantenerse y buscar lo que favorece su continuidad sin rupturas, es la contemplación de la eternidad como promesa de felicidad permanente, la liberación que nunca se marchita; la elusión de caer en el pozo negro del deseo arrebatador cambiado por la anulación beata del deseo.

De modo que la vida contemplativa que propone un cierto revisionismo postconciliar con golpes de efecto propagandistas insertos en psicodramas de bella factura tuvieron su Bailén particular con Viridiana y el genio creador de un Buñuel en su mejor forma.

El poco atractivo modelo y su escasísimo seguimiento prefiguran un final de muerte por consunción en competencia con otros movimientos concomitantes de influencia oriental que tuvieron mucho éxito entre finales de los 60 y principios de los 70.

Sin embargo, la transferencia de sacralidad y su rigidez conceptual en busca de la utopía, nos puede deparar bruscos episodios de radicalidad si no se abordan reformas de calado en todo el sistema de Enseñanza, Vivienda y Distribución de la renta.

Lecturas y podcasts de interés de las últimas tres semanas

Lluís Camprubí

La selección de estas últimas semanas cubre dos aspectos: Geopolítica y UE; y Transición ecológica y políticas climáticas.

Sobre la UE, geopolítica y defensa

*Bridging Europe’s North-South Divide on Security: Diálogo entre un eurodiputado verde letón y Carlos Corrochano sobre como aproximar miradas estratégicas para el reto de Seguridad que tiene Europa https://www.greeneuropeanjournal.eu/bridging-europes-divide-on-security/

*How Europe Can Defend Itself with Less America: Informe monográfico del CSIS sobre qué debe priorizar Europa para abordar la desconexión de su Seguridad que anuncia EEUU https://www.csis.org/analysis/how-europe-can-defend-itself-less-america

*[Disuasión] Nuclear: frente a Putin, Europa debe aprender a infundir miedo: Texto de interés de Stéphane Audrand sobre la estrategia del miedo rusa y la necesidad de una actualización de la estrategia y capacidad de disuasión europeahttps://legrandcontinent.eu/es/2025/10/31/nuclear-frente-a-putin-europa-debe-aprender-a-infundir-miedo/

*El acuerdo entre la Unión y el Mercosur: una palanca estratégica para Europa: Texto de Josep Borrell y Guillaume Duval que plantea en el mundo de Donald Trump y Vladimir Putin, hay que convertir el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur en una matriz de resistencia.https://legrandcontinent.eu/es/2025/11/05/el-acuerdo-entre-la-union-europea-y-el-mercosur-una-palanca-estrategica-para-europa/

*Por una defensa europea creíble y responsable: Los Verdes apoyan el FCAS (Futuro Sistema Aéreo de Combate): Importante tribuna de diputados ecologistas franceses y alemanes, por lo defendido y por la necesidad de la aproximación compartida entre los dos países. https://www.latribune.fr/article/idees/76029973061962/opinion-pour-une-europe-de-la-defense-credible-et-responsable-les-ecologistes-soutiennent-le-scaf

*El golpe de Estado de los tecnoautoritarios: de la América postdemocrática a la Europa que viene: De Francesca Bria. https://www.lavanguardia.com/internacional/20251102/11220880/golpe-tecnoautoritarios-america-postdemocratica-europa-viene.html

*The EU’s Defence Readiness 2030 Roadmap: Ambition and constraints:

De Luigi Scazzieri.

https://www.cer.eu/insights/eu-defence-readiness-2030-roadmap-ambition-and-constraints

Sobre cambio climático y transición energética

*Hegemonía eléctrica: Importante texto de Xan López, que plantea qué debería impulsar la izquierda para empujar y acompañar la generación de esta nueva hegemonía en la transición energética.

https://amalgama.ghost.io/hegemonia-electrica

*Informe/web Lancet Countdown 2025: Sobre cambio Climático y Salud Humana. https://lancetcountdown.org/2025-report/

*La política climática desde dentro. Conversación con Antxon Olabe sobre política climática y las interioridades del PNIEC: Sobre política climática: movimiento social y político ecologista, papel de la ciencia, mirada larga para el pacto de estado, realidad y complejidad de los distintos actores internacionales, y rol de Europa y lo que se está haciendo en España.

* El mapa de la transición energética: (en el podcast Margen de Maniobra). Conversación con Daniel Carralero y Cristóbal J. Gallego, coautores del libro Un lugar al que llegar, un mapa político sobre el presente y el futuro de una transformación que está cambiando ya las bases materiales de nuestra vida en la Tierra.

*Unas nuevas coordenadas climáticas: De Guillermo Zapata. Buena panorámica-resumen del estado de la cuestión

https://www.publico.es/opinion/columnas/nuevas-coordenadas-climaticas.html

*La ambición climática de Europa diez años después del Acuerdo de París: Una pieza de Teresa Ribera.

Las falsas banderas de Junqueras

Carlos Hidalgo

A Oriol Junqueras, reelecto líder de Esquerra Republicana de Catalunya le preocupa la versión de ultraderecha del nacionalismo catalán, Alianza Catalana, un partido xenófobo y ultranacionalista que viene a decir que “un inmigrante de Marruecos y uno de Jaén vienen a ser básicamente lo mismo”, en palabras de su líder, Silvia Orriols. Junqueras, tras mucho reflexionar, ha decidido que cree que Alianza es un “invento” de los servicios secretos españoles y del poder judicial. Lo que se suele llamar un “agente provocador” o un “ataque de falsa bandera”.

No sé de dónde puede sacar esto Junqueras, excepto si pensamos en todos esos carteles que inundaron Barcelona, riéndose del Alzheimer de Pasqual Maragall y que resultaron ser un ataque de falsa bandera perpetrado por el entonces director de comunicación de ERC, Tolo Moya. Un ataque cuyo origen conocían tanto Junqueras como su número dos, Marta Rovira. No ha podido demostrarse quién dio la orden de hacer eso, pero parece bastante claro que no era la primera vez que en ERC recurrían a artimañas parecidas, porque parece que el “Estado Español” no oprime lo suficiente como demandan sus lamentos habituales y, claro, tocaba reprimirse a sí mismos para poder denunciar represión.

Aparte de la competencia electoral, entendería que, desde una posición de izquierdas, se repudiase a Alianza Catalana; por ejemplo, cuando proclaman que existe una “raza catalana” diferenciada del resto de españoles y cuya pureza ha de ser preservada, lo que pasa es que esas ideas nativistas y eugenésicas, que tanto recuerdan a los nazis, no se diferencian mucho de las que el propio Junqueras expresaba hace casi 20 años en su columna en Avui.

También entendería que las posturas xenófobas le repugnasen, porque tanto la izquierda como la derecha democráticas defienden que los derechos son inherentes a los seres humanos, no a los grupos étnicos o a las nacionalidades. Y que, al igual que su partido viene defendiendo, entienda que la sociedad catalana es plural y diversa y que, si Jordi Pujol decía que ser catalán es ser español “pero de otra manera”, cada uno puede ser catalán a su manera. Pero tampoco parece ser mucho el caso. Aunque Junqueras condena las declaraciones de Alianza Catalana con respecto a la inmigración, también ha expresado muchas veces su preocupación porque los inmigrantes no saben quién fue Lluis Companys y eso dificulta “la cohesión social de un proyecto independentista”.

Hace unos meses que Ernest Maragall, que dejó ERC en cuanto supo el origen de los carteles contra su hermano, se mostró preocupado por “la deriva de ERC” y anunció que él no votaría a Junqueras para liderar la formación y que solo destacaría de él su capacidad “para enfrentar y purgar”. De hecho, Junqueras ha hecho bastante por purgar a una buena parte de Esquerra que abogaba por ser más izquierdista que nacionalista, como Joan Tardà. Y a su antes número dos y luego de repente archienemiga, Marta Rovira. Y seguramente le toque algo parecido al célebre Gabriel Rufián, que más de una vez ha defendido en público posturas parecidas.

Dado el gusto de Junqueras por las falsas banderas, entiendo que las vea por todas partes, pero tal vez debería plantearse si la falsa bandera más grave es la bandera de izquierda en la que se envuelve, cuando no cree en la igualdad entre seres humanos, cuando pone a seres místicos como la nación por delante de personas existentes, como la sociedad y cuando se siente más agraviado por la interpretación del pasado que por la amenaza para el futuro que supone la ultraderecha, use la bandera que use.

Sexto

Juanjo Cáceres

Lo impopular puede llevarte a la autocensura pero, en lo que a mí concierne, a medida que pasan los años, siento cada vez menos preocupación por los efectos inesperados de lo que digo o dejo decir. En parte porque soy consciente de mi inclinación a no decir siempre lo más acertado, pero también por lo innecesario que resulta andar siempre tan preocupado por la vida.

Partiendo de esta premisa, recordaremos que esta semana se cumplen 50 años de la muerte del general Franco, un evento que marca, sin lugar a dudas, un antes y un después gigantesco en la historia de España en su conjunto. Y felicitaremos al Gobierno porque, aunque de forma titubeante y poco convencida, se decidiera finalmente a llevar a cabo un ejercicio de memoria histórica durante el presente año, con ánimo de estar a la altura de la efeméride. Cosa que, por otro lado, no ha acabado de conseguir, ya que nada de lo realizado ha mejorado el conocimiento de los orígenes de nuestra democracia o de las causas de su llegada, y desde luego no ha reducido la simpatía de parte de la juventud a la dictadura en general y a la extrema derecha en particular. Pero bueno, a veces la intención es la que cuenta.

Ahora bien, hay también una verdad incómoda, a la vez que paradójica: la ausencia del Rey emérito. Una ausencia que, en mi opinión, supone una tremenda incongruencia. Sabemos de las andanzas del emérito y sabemos de sus abusos, pero no por ellos es menos rey de la Transición y, sobre todo, no por ello deja de ser la figura sobre la cual pivotó el resurgimiento de la democracia. Sabemos a ciencia cierta, pese a los excesos hagiográficos perpetrados durante décadas, que tuvo un papel muy activo para que las cosas acabasen siendo como fueron después, pese a la gran cantidad de intereses opuestos en aquel momento y las divergencias en las perspectivas sobre cómo debía hacerse, que tanto marcaron el periodo comprendido entre 1975 y 1981.

No se trata aquí de si a Juan Carlos de Borbón se le debe algo o no se le debe nada, pese a que el Rey de entonces podía haber puesto muchas más trabas a todo de las que puso, investido como estaba de todo el poder que le daba el régimen franquista. Más bien se trata de ser coherentes con los acontecimientos y también de ser responsables ante los últimos testimonios vivos que nos quedan de ese periodo tan decisivo. Que nos tengamos que conformar estos días con esas tristes memorias que ha perpetrado, hace flaco favor hasta a las mismas reclamaciones de responsabilidad y transparencia que le exigimos por sus presuntos delitos.

No está de más recordar que la inviolabilidad real establecida en el artículo 56 de nuestra Constitución garantiza su protección jurídica frente a cualquier denuncia civil o penal que se plantee contra su persona por hechos acontecidos durante su reinado. De ahí, de hecho, que su exilio tenga mucho de voluntario y que entre y salga del país cuando le apetezca. También que el tratamiento de su figura se ha asemejado tremendamente al recorrido de un péndulo: de ser casi un Dios entre nosotros, ha pasado a convertirse a un apestado que no puede andar tranquilo por nuestro país, y del que reniega hasta la Casa Real. Pero la perspectiva de los años también nos ha de ayudar a establecer hechos objetivables.

Y estos hechos son los siguientes. Fue el Rey que juró las Leyes fundamentales del Franquismo, para ayudar a desmontarlas después. Fue el Rey que señaló a Adolfo Suárez para que convocase unas elecciones democráticas y elaborase una nueva Constitución. También fue el monarca que juró, por primera vez, una Constitución democrática. Y al cabo de un tiempo, cuando el 23 de febrero de 1981, un destacamento ocupó y disparó en la sede de las Cortes Generales, dio un discurso donde informaba de la orden dada de garantizar el orden constitucional. Estos hechos no son relatos, sino, como indicaba, situaciones objetivables que nos indican el lugar que el monarca ocupó en esta historia. Otras narrativas dirán que fue poco menos que el artífice de la Transición o bien dirán que solo fue demócrata cuando se dio cuenta de que no podía seguir siendo franquista o que lo tenía todo planificado con Armada, pero todo eso no son más que narrativas. Lo cierto es que, cincuenta años después, pese a las biografías publicadas y pese a todo lo que hemos ido sabiendo, no disponemos de un relato histórico mejor, ni más preciso, que el que desde hace años se ha consagrado alrededor del papel que los diferentes líderes jugaron durante la Transición. Guste más o guste menos.

Y sí, teniendo en cuenta todo esto, me temo que Juan Carlos de Borbón debería formar parte de la efeméride. Cosa complicada, sin duda, teniendo en cuenta su historial delictivo, pero frente a la historia hemos de intentar ser siempre honestos y obrar en consecuencia. Esconder al Rey incómodo altera el relato y traiciona la memoria compartida, pese a que siempre exigimos que la memoria histórica sirva para explicar las cosas como realmente fueron, no para que unos hechos que ocurrieron después impidan celebrar los que sucedieron antes. Y creo que las instituciones habrían de haber sido capaces de adecuar esta actividad conmemorativa a tan especiales circunstancias.

Nada de esto es una defensa del monarca, aunque pueda parecerlo, sino un afeamiento a la manera de hacer las cosas. Tampoco una defensa de la monarquía, puesto que tan solo hace falta revisar los once años y medio de reinado de Felipe VI para comprobar que es una figura inútil e inservible, al que recordaremos meramente por hechos tan poco edificantes como el discurso del 3 de octubre de 2017 o la bronca de la DANA de 2024. Pero precisamente esa casa hueca que es la monarquía hoy en día y que también lo fue en los últimos tramos del reinado de Juan Carlos, contrasta precisamente con el hecho de que Juan Carlos I, en 1975, fue el último rey necesario para que España pudiera avanzar. Y al no contar con su presencia y no explicar, precisamente, que la fuerza de la actual democracia radica en no volver a necesitar un monarca y que eso hace posible avanzar de una vez hacia un régimen republicano, lo único que hemos conseguido es engañarnos y traicionarnos a nosotros mismos.