Sobre la temporalización del Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa

Lluís Camprubí

Vaya por delante que si de mi dependiese hubiese hecho el incremento del 1,4% al 2% que propone el Plan en dos años, y no en uno. En toda decisión política de este tipo que tiene un componente de incomodidad siempre está la discusión sobre si es mejor ejecutarla en una sola vez o por tramos en varias veces. Aunque la sabiduría popular concluyó que es “mejor ponerse una vez rojo que varias colorado” seguro que hay dichos en sentido contrario que desconozco. Sabiendo y asumiendo la necesidad del incremento (para atender unas necesidades y unos compromisos no cubiertos) mi preferencia hubiese sido hacerlo a través de varios incrementos en sucesivos años. Principalmente por aquello de la gradualidad y la posibilidad de seguir haciendo pedagogía en la sociedad, y también porque haberlo realizado como se ha hecho, genera mayor dificultad de mantener el 2% en sucesivos años (2026,…) . No tengo una respuesta clara sobre cómo consolidar algo hecho como extraordinario y puntual en unos futuros presupuestos (que a la vez parecen difíciles de aprobar). Puede ser (y es razonable) que se haya optado por el “partido a partido” o el “cuándo lleguemos a ese río, cruzaremos ese puente” en un contexto tan incierto.

Fruto de estas dudas, he intentado listar algunas consideraciones sobre el Plan para intentar entender su aceleración:

1. Aunque el ensamblaje del Plan parece hecho con urgencia, las necesidades y prioridades que asume no son improvisadas y responden a análisis hechos hace tiempo. Las amenazas y riesgos son diversos y explícitos. Esto es compatible con ir actualizando algunas necesidades en el futuro próximo.

2. El desglose por partidas y componentes incluye todos los aspectos que se han señalado como prioritarios en clave estrictamente estatal: convencional, amenazas híbridas/ciber y protección civil/dual. En armamentos/munición se tienen muchas necesidades y nuevos retos que hay que cubrir.

3. “Para salarios sí, para armamento no” no se puede sostener como criterio político (aunque sea comprensible en clave sindical). Las necesidades son en ambas dimensiones.

4. El 2026 es un año electoral. Lo que implica distorsión en todos los sentidos si se arrastra la discusión. Es legítimo y correcto no querer convertir esta cuestión en una de las centrales en el inicio del próximo ciclo electoral.

5. Las presiones de los actores con quién tenemos (OTAN) mancomunada / queremos (UE) mancomunar nuestra defensa son legítimas (aunque incómodas), no se pueden ignorar y hay que integrarlas como un factor más (no el único) en las decisiones.

6. Los otros países europeos con gastos sensiblemente más bajos al 2% (Italia y Bélgica) han anunciado incrementos significativos para este año. Convertirse en el outlier/rezagado implica quedarse fuera de las discusiones estratégicas.

7. Aunque este Plan atiende necesidades en clave estatal principalmente, es condición necesaria hacer el salto en gasto/inversión para poder negociar un enfoque comunitarizado europeo de la defensa.

8. Los porcentajes que están lanzando al debate voces relevantes en el ámbito son de máximos y no son nuestros números, pero hay que atender la llamada y compromiso a la armonización del gasto (aunque no sea el principal factor para asegurar la disuasión europea).

9. La necesaria comunitarización del Rearm Plan/Defence Readiness 2030 tiene unos tiempos más lentos que las preparaciones estatales (algunas de ellas potencialmente integrables a lo comunitario). Consolidar el “buy Europe” en el Plan es relevante.

10. No está asegurado que el Rearm/Readiness 2030 acabe pasando de lo intergubernamental a la integración comunitaria europea. Dependerá de la acción política. Sin embargo, haber resuelto los retos en clave estatal puede ayudar al salto comunitario.

El apagón

LBNL

Si están leyendo estas líneas será porque se he restablecido el suministro eléctrico, como ya parece ser el caso para la mayoría de hogares españoles a medianoche del lunes al martes. En las próximas horas y días se esclarecerá la causa del mayor apagón eléctrico sufrido por la península ibérica que, a salvo de prueba en contrario, parece ser técnico/natural antes que provocado por un agente externo.

Lo más importante es que la red eléctrica española haya sido capaz de superar la crisis en unas pocas horas. Unas pocas horas críticas para millones de españoles, no tanto los ingresados en hospitales que inmediatamente suplieron el corte de suministro con generadores como los millones de varados en calles, carreteras, trenes, metros o aeropuertos, o en sus domicilios necesitando electricidad para sobrevivir. No somos buenos en previsión y protocolos de crisis pero sí en responder a las emergencias con calma, resignación e incluso sabiduría, en plan qué se le va a hacer, toca esperar que ya volverá la luz. Que no es fe infundada sino confianza en que la administración, los frecuentemente denostados funcionarios, serán capaces de restablecer la normalidad, como así ha sido.

Cosas de la vida, estaba yo fuera de España reunido con una veintena de funcionarios de una organización militar internacional a la que pertenece España cuando llegaron las noticias del apagón. No fueron pocos los que, como tantos otros en las redes, inmediatamente apuntaron a “los rusos” como causantes. Podría ser porque de “los rusos” que invaden a los vecinos, mandan paquetes incendiarios en aviones de carga, envenenan a ex espías en Occidente y cooperan con el crimen organizado para propagar el mal cibernético, cabe todo esperar. Es lo que tiene ejercer activamente de malo que, cuando algo malo pasa, es fácil que se sospeche de ti.

Pero una cosa es una cosa y otra bien distinta es tener certezas que permitan actuar contra el supuesto actor que te ha atacado, ya sea ruso o, como también he oído, marroquí, lo cual no es sorprendente dado el solido poso anti moro que albergamos, desdeñando que los gaseamos con armas químicas en los años 20 del siglo pasado: los malos son ellos, es asín.

En paralelo a los conspiranoicos – por la falta de indicios – han surgido inmediatamente también los expertos en energía, electricistas premium, para explicar las causas técnicas por las que se cayó el sistema: la introducción de las renovables desestabiliza el sistema y zas, de repente se cae. Lo que no explica por qué no se ha caído antes, aquí o en otros lados, dado que las renovables no se introdujeron en el sistema ayer. Pero quién sabe.

Ya veremos. Me quedo con un par de cosas. Primera y más importante: España sabe responder a las emergencias con calma y sentido común, con un trasfondo de profesionalidad para la vuelta a la normalidad. No es baladí. En muchos sitios un apagón provoca saqueos a los comercios presa del pánico, disparos de la policía para impedirlos y caos en la administración encargada de restablecer la normalidad.

Segundo, la normalidad a la que estamos acostumbrados es mucho más vulnerable de lo que somos normalmente conscientes. Hace solo unas pocas semanas todo el mundo se tomó a chifla el aviso de la Comisión Europea de que había que estar preparados para una crisis de 72 horas en la que nada funcionara: electricidad, cajeros, supermercados, etc.

Tercero, para combatir la vulnerabilidad, tanto ante causas técnicas como ante posibles ataques externos, es necesario aumentar nuestra resiliencia, es decir, nuestra capacidad de resistir crisis semejantes, duplicando sistemas de emergencia y respuestas de crisis a fallos en el sistema. No es lo mismo tener una subestación eléctrica que dos, o cuatro, u ocho. No soy ducho en el tema eléctrico pero los aviones siempre vuelan con dos generadores, uno en funcionamiento y otro en reserva, por si se cae el primero. Cuesta pasta pero salva vidas, lo digo con conocimiento de causa porque una vez se cayó el primero y aterrizamos rápidamente con el segundo: porque con uno solo está prohibido volar, precisamente porque puede romperse.

De nuevo, la Comisión Europea lleva un par de años empujando a los Estados Miembros de la UE a mejorar sustancialmente la seguridad de las infraestructuras críticas, eléctricas incluidas. Los Estados Miembros cooperan, porque saben que es necesario. Pero cuesta pasta. De ahí la necesidad de los impuestos, siempre denostados. Queremos seguridad, queremos que todo funcione, que todo funcione bien. La administración responde pero la prevención cuesta dinero. Nada es gratis.

Hacienda somos todos.

Ramón y sus pistolas

Carlos Hidalgo

Esta semana pasada hemos tenido drama a cargo de una compra de municiones por parte de la Guardia Civil. El instituto armado iba a comprar a la empresa Guardian Defense & Homeland Security unos cuantos millones de balas de 9 milímetros, lo cual ha sido motivo de conflicto entre los socios de la coalición de gobierno, debido a que la empresa fabricante es israelí y desde Sumar creen que han de boicotearse las compras de armas y munición a Israel.

Todo el mundo se ha apresurado a señalar al ministro del interior, Fernando Grande-Marlaska, como si la compra de esas balas se hubiera realizado de mala fe y como regalo al gobierno de Binyamin Netanyahu, lo cual no es cierto, aunque la historia real, sin ser tan malintencionada, no desentonaría demasiado en un libro de Mortadelo y Filemón.

Hace tiempo que la Guardia Civil estaba buscando una pistola que fuera sustituyendo progresivamente a las Beretta que la Benemérita había estado usando hasta ahora. Como ahora la moda en los cuerpos policiales es la pistola austriaca Glock, la idea era buscar algo parecido a esa arma; de munición estándar de 9 milímetros, compacta y fabricada con polímeros en su mayor parte, de tal manera que fuera más ligera que las armas cortas que la Guardia Civil había estado portando hasta el momento.

Y fue Glock quien se presentó al concurso que se convocó para la renovación de armamento, pero perdió frente a una empresa israelí, Guardian Defense & Homeland Security, que presentó al concurso a su propia versión de una pistola de 9 milímetros de polímeros, la EMTAN Ramón. Sí, Ramón. La razón por la que los israelíes ganaron el concurso frente a los austriacos fue que, a características técnicas más o menos parecidas, la pistola Ramón costaba 269€ la unidad, frente a los 305,87€ de cada Glock.

Lo malo es que las Ramón tendían a encasquillarse, al no expulsar bien los cartuchos después de cada disparo. Lo cual no se detectó en las pruebas técnicas de la licitación, pero sí en los ejercicios de tiro de los guardias y en algunas de las ocasiones en las que los agentes de la Guardia Civil han tenido que hacer uso de éstas. Hay quien dice que esto es normal, al ser la Ramón una “copia barata” de las Glock o, incluso al ser definidas como “pistolas low cost”, lo cual enfada sobremanera a sus fabricantes, que han colgado en internet varios comunicados desmintiendo esas acusaciones y poniéndose también en contacto con varios medios españoles.

Como esto se detectó con las pistolas recién compradas, sus fabricantes se comprometieron a resolver el problema sin incurrir en más costes, no sin asegurar antes que la culpa era de las municiones empleadas por la Guardia Civil y, de paso, ofrecerles un cargamento de munición de 9 milímetros a un precio por debajo del mercado. Y aquí volvemos al principio; estas son las municiones de la discordia. Todo esto se resolvió en febrero de 2023. Las pistolas Ramón fueron modificadas de tal manera que no hubiera problemas con la expulsión de municiones, así como el acuerdo israelí para proveer de municiones baratas a la Guardia Civil. Ocho meses antes del comienzo de lo que hoy se llama “guerra de Gaza”.

Y aunque todo esto ha estado cerca de provocar una importante crisis de Gobierno, no dejo de pensar en el tebeo que Francisco Ibáñez nos hubiera escrito de seguir vivo. “Mortadelo y Filemón: Las pistolas Ramón y su loca munición”

El aumento del gasto en defensa o la cuadratura del círculo

David Rodríguez Albert

En los cursos más básicos de economía suele explicarse el concepto de la Frontera de Posibilidades de Producción (FPP). Se define como el conjunto de las principales combinaciones de bienes que puede producir una economía de manera eficiente, y curiosamente suele explicarse con el ejemplo de los cañones y de la mantequilla. Así, dados unos recursos concretos, se traza una curva con las distintas cantidades que pueden ofrecerse de ambos productos, y se dice que una economía es eficiente si estamos sobre la línea, con composiciones que pueden oscilar entre ‘0’ cañones y ‘x’ mantequillas o justo todo lo contrario, pasando por todas las situaciones intermedias. Obviamente, la realidad económica es mucho más compleja, pero la FPP sirve para ilustrar estos conceptos básicos.

La descripción de este modelo viene a propósito del anunciado incremento del gasto militar en Europa, que de manera inevitable nos recuerda a los cañones de turno y, sobre todo, al hecho de que si nos movemos sobre la FPP, la fabricación de más armas debe hacerse necesariamente a costa de menos mantequilla. Llegados a este punto, hay que recordar que, afortunadamente, la economía es algo dinámico, y así llegamos a la explicación del desplazamiento hacia fuera de la FPP o, dicho de otra manera, que si crecemos podemos producir más de todo y así quedarnos más tranquilos. Y esto es lo que nos recuerdan algunos economistas que se han pasado al lado optimista del dinamismo, después de muchos años argumentando que si la población envejece no se podrán pagar las pensiones, manteniendo el nivel de producción en posición más inmóvil que el primer motor aristotélico.

Sin embargo, en el momento actual tenemos un pequeño problema, y es que el gasto en defensa pretende aumentarse de manera significativa e inmediata (no como las pobres pensiones / mantequilla), mientras que el crecimiento parece estar entrando en una coyuntura de previsiones más bien algo pesimistas. Aun así, la economía real (esa que va más allá de los manuales) vuelve a obsequiarnos con varias alternativas para producir más cañones sin tocar la cantidad de mantequilla. Lamentablemente, dos de estas posibilidades no están sobre la mesa de la Unión Europea: aumentar los impuestos para financiar más armas (tema tabú para los escolásticos de Bruselas), o hacer más atractiva la emisión de deuda (asunto complejo dado el peso actual de la misma y la disminución de los tipos de interés).

Una vez descartadas estas opciones, desde la lógica gubernamental nos quedan dos grandes vías para permitirnos la espiral militarista europea. La primera de ellas es incrementar sin más el déficit público, proponiendo una suerte de “keynesianismo de derechas”, que algunas grandes potencias ya aplicaron hace unas décadas (con el desarrollo del complejo militar e industrial en los Estados Unidos). Esta parece ser la vía española, que no pretende tocar el Estado del Bienestar y desarrolla un proyecto con una denominación que adquiere reminiscencias orwellianas: “Plan industrial y tecnológico para la seguridad y la defensa de España y Europa” (solamente les falta hablar de paz). Obviamente, desde el gobierno preferirá hablarse de “keynesianismo” (a secas), sustentando el nuevo gasto en una obtención altamente creativa de los recursos disponibles y con el apoyo de las fuerzas ahora sí “de derechas” (las mismas que reniegan de cualquier atisbo de planificación en sus manuales de referencia).

Llegados a este punto, alguien podría pensar que es altamente contradictorio plantear el aumento del déficit público tras varias décadas en las que la ortodoxia neoliberal lo ha llegado a limitar por imperativo legal. De todos modos, hay que pensar que estamos en un momento histórico en el que la fase que hemos llamado de “globalización neoliberal”, que ya había sido puesta en entredicho tras la crisis financiera que estalló en 2008, ahora parece recibir la puntilla por parte de Trump. El gobierno de los Estados Unidos, viéndose perdedor en una dinámica de libre comercio en la que China y los BRICS ganan enteros, se repliega en un proteccionismo sin tapujos, y pone en duda cada vez más si el nuevo capitalismo ha de ser tan liberal como el de hace unos años.

La segunda vía que contempla Europa para aumentar el gasto en defensa es la que expresa sin tantas contemplaciones Mario Draghi en su informe de 2024, encargado por la misma UE: “No podremos financiar nuestro modelo social. Tendremos que reducir algunas de nuestras ambiciones, si no todas”. Obviamente, esta afirmación puede resultar algo impopular, y para llevarla a cabo habría que crear en primer lugar un estado de miedo permanente entre la ciudadanía, que podría comenzar con algo así como “prepare un kit de supervivencia en casa por si vienen los rusos”. De seguir las recomendaciones del banquero italiano, el modelo básico de la FPP sería de gran utilidad, ya que podríamos fabricar más cañones lanzando las tostadas de mantequilla al suelo (de qué lado caen ya depende más de la Ley de Murphy que de las escuelas de pensamiento económicas).

He dejado para el final la alternativa que a mi juicio parece más razonable, y que consiste en avanzar por la FPP en sentido contrario, esto es, con más Estado del Bienestar y menos devaneos belicistas. Pero parece que para ello la ciudadanía europea tendría antes que hacer algo muy sencillo y a la vez bastante complicado: cambiar a la mayoría de los gobernantes de turno, sustituyéndolos por otros con una visión estratégica más en consonancia con la democracia, la cooperación, la solidaridad y los derechos humanos.

De la recomendación del día del libro

Juanjo Cáceres

En estos días de sugerencias literarias, que culminan este miércoles con la celebración de la Diada de Sant Jordi, me parece oportuno sumarme a las recomendaciones de libros para leer y lo hago animando a la lectura de este trabajo, recientemente publicado, del activista e investigador Jaime Palomera:

Palomera, J. El segrest de l’habitatge. Per què és tan difícil tenir casa i com això pot trencar la societat. Barcelona: Pòrtic,2025.

Se trata de un texto orientado claramente al público en general, de lectura rápida y fácil comprensión tanto de conceptos como de argumentos, que describe perfectamente en su título cuál es su propósito: dinamizar el debate sobre el estado actual del problema de acceso a la vivienda y poner sobre la mesa un conjunto de argumentos, que no solo ponen en cuestión las políticas de vivienda todavía vigentes y las realizadas a lo largo de las últimas décadas, sino que alerta del riesgo de vulnerabilidad que el encarecimiento del coste de la vivienda impone a sectores cada vez más amplios de la sociedad.

La estructura del libro consiste principalmente en un diagnóstico del pasado y del presente, que supone aproximadamente el 85% del texto y un capítulo final de propuestas, más condensado, que se alinean con política ensayadas en otros puntos de Europa o del planeta, algunas de las cuales ya van siendo señaladas en los capítulos anteriores. Todo ello en menos de 200 páginas, muy bien aprovechadas, elaboradas con una narrativa seductora y con una estrategia argumental bastante eficaz. Sigue leyendo

La autoridad creciente sobre el partido menguante

Carlos Hidalgo

Hace pocos días en los que Podemos anunció varias cosas: primero, que Ione Belarra continúa siendo la líder sobre el papel de la formación morada. Segundo, que Irene Montero ha sido designada como candidata a las próximas elecciones generales. Tercero, que aunque se llenan la boca con la unidad de la izquierda, no tienen pensado formar ninguna clase de coalición, a menos que los partidos que la integren se subordinen completamente a Podemos.

Nada de esto ha parecido sacudir el panorama político de España, donde parece que la gente está más ocupada viendo cómo se posiciona nuestro país en el mundo sin reglas que quieren Donald Trump y sus amos rusos, o bien en el que la derecha trata de desgastar a un gobierno que cada vez tiene que hacer más malabarismos parlamentarios para sacar adelante su agenda legislativa. Nada malo, por otro lado, el Gobierno ha sacado adelante entre el 89% y el 90% de sus proyectos de ley, lo que motivó un titular en la prensa de derechas, que denunciaba que el Gobierno había perdido el 10% restante. Todo depende del punto de vista, por supuesto.

Pero nada de esto parece interesar a la formación que fuera dirigida por Pablo Manuel Iglesias Turrión, que además de usar su minoritario medio de comunicación para desinformar a la rusa, cobrarse deudas personales y dar lecciones de periodismo a los que saben más que él, ahora también está pidiendo dinero para ampliar su taberna en Lavapiés. Lo que otros ven como una manera cuestionable de solicitar crédito para una empresa, Iglesias lo defiende como un acto de resistencia contra el fascismo. Y es que parece que el profesor de Políticas ha llegado al punto al que llegan muchas celebridades de internet; que es creer que su mera existencia es beneficiosa para el mundo y merece ser regada de dinero por el mero hecho de ser, ni siquiera por el de estar. Sigue leyendo

Vía crucis

Arthur Mulligan

Durante el periodo 2016-2017 Jose Luis Ábalos, Cerdán, Koldo Eizaguirre y otros colaboradores junto a Pedro Sánchez recorrieron España en un Peugeot 407; estos trayectos, de miles de kilómetros (45.000, más de una vuelta a la Tierra) y muchas horas compartidas en carretera, generaron una relación de confianza y permitieron que los acompañantes se conocieran en profundidad, tanto en lo político como en lo personal.

Ábalos, conocido por su carácter independiente y directo, fue uno de los principales apoyos de Sánchez en su regreso a la secretaría general del PSOE y su relación se forjó en ese contexto de convivencia y lucha política compartida. Las fuentes coinciden en que en ese Peugeot se compartieron confidencias, planes y momentos de tensión, lo que refuerza la idea de que Sánchez tuvo oportunidad de conocer de cerca la personalidad y hábitos de Ábalos.

El partido estaba profundamente dividido tras la dimisión de Sánchez y la lucha por el liderazgo frente a Susana Díaz. Reconstruir apoyos y cohesionar el partido fue uno de los principales retos. Ambos tuvieron que afrontar críticas internas y externas, así como la presión mediática y de la oposición, que aprovechaba cualquier debilidad para atacar su proyecto político. Sigue leyendo

Parenostre

Alfons Salmerón

Ayer se estrenó la película Parenostre que versa sobre la vida de Jordi Pujol, el que fuera presidente de la Generalitat de Catalunya entre 1980 y 2003. Una vez vistos ya algunos cortes de las entrevistas de promoción que ha realizado estos días su guionista, el periodista Toni Soler, director de Minoria absoluta, productora entre otras del programa de sátira política Polònia que emite con éxito la televisión autonómica catalana desde 2006. Para ser sinceros, lo cierto es que no me apetecía demasiado pagar una entrada por ver una película, cuya intención en palabras de su propio guionista, pretende abrir un debate sobre la rehabilitación de la figura política de Jordi Pujol, que como saben, fue apartado de la vida pública desde que en 2014 reconociera en un comunicado público que él y su familia poseían cuentas en Andorra con dinero que había ocultado a la Hacienda Pública española desde hacía más de 30 años. El caso Pujol fue una bomba que sacudió la política catalana, acabó con el pujolisme y dejó tocada y hundida a Convergència Democràtica, el partido que el mismo fundó y que gobernó Catalunya desde 1980 combinando el nacionalismo identitario con un pragmatismo eficaz que consiguió representar los intereses de la burguesía y las clases medias catalanas durante casi tres décadas, exhibiendo además, una notable influencia en los gobiernos de Madrid y en la corte misma.

Sin embargo, el pasado viernes cuando me acerqué al Círcol catolíc de Vilanova i la Geltrú para consultar la programación de cine para el fin de semana y vi que esa misma tarde tenían prevista la proyección de la película y un coloquio posterior que contaría con la presencia de Toni Soler, no  me pude resistir a la tentación de sacar una entrada para verla. El preestreno en Vilanova una semana antes de su puesta de largo en las salas comerciales pudo hacerse realidad gracias a que el productor de la película, el también periodista y escritor Paco Escribano, responsable entre otros de títulos como Salvador o más recientemente El maestro que prometió el mar, es vecino de la ciudad. Entre el público estaban presentes algunos ilustres políticos vilanovins como los diputados Franscesc Marc Álvaro o Carles Campuzano, otrora en la órbita convergente y ahora ambos en las filas de ERC. Sigue leyendo

El Periódico antes y ahora: Celsa

Senyor G

Pasado el verano hará dos años del cambio de propiedad del grupo industrial metalúrgico Celsa, con juez por en medio. Si pasan por la autopista al lado de Castellbisbal podrán ver sus abundantes infraestructuras y plantas, y más si entrasen en el polígono con algún cicerone informado. Es decir, una empresa de esas que son vitales en cualquier proyecto industrial de país por dedicarse a una cosa como el acero, por el número de empleados y por su volumen y proyección internacional.

En mi recuerdo, que siempre nos puede traicionar, siempre tuve la impresión de que El Periódico, en la disputa, tomaba partido claramente por la familia Rubiralta por la propiedad del grupo. Diría que con argumentos sobre el interés nacional, de sector necesario para nuestra economía, por los puestos de trabajo y algún apunte de sostenibilidad medioambiental y del grupo como tal, enfrente de unos acreedores de fuera del negocio y de todos estos bonitos y legítimos intereses.

En las últimas semanas, ha vuelto Celsa especialmente a las noticias del diario, con un punto de vista optimista y afín a la nueva dirección, la de los acreedores de entonces. Suavemente si quieren. Y ahí con mis recuerdos me ha llamado la atención la columna al respecto de Gemma Martínez, directora adjunta de El Periódico. Empezando por el título “Los fondos no tan buitres de Celsa (03/04/2025)” y continuando en la primera frase: “Los grandes fondos no siempre son tan buitres como los pintan, por mucho que se empecinen los iletrados que, sin distinción, disparan a cualquier integrante del sistema capitalista.”, recordando que “los Rubiralta acumularon después unas deudas astronómicas impagadas”.  Los acreedores “Al instante se convirtieron en unos apestados para parte de la opinión pública, empresarial y social. No fueron pocos los que dieron por hecho que iban a trocear y desmembrar al gigante de la chatarra, con sus fábricas y sus empleos”, se refiere a estos como “agoreros. Y acaba la columna con la nueva orientación de la empresa gracias entre otras cosas a la entrada de Criteria (La Caixa). Sigue leyendo

Docencia pasada

Julio Embid

Tras diecisiete años que terminé de estudiar Periodismo en la Complutense, he vuelto a la universidad, en este caso a la de Zaragoza, a estudiar un postgrado de Derecho. Mérito ninguno, dos tardes a la semana, dos mil euros de matrícula y a tomar apuntes. Lo cierto es que, aunque no soy el más mayor de clase, sí que estoy muy por encima de la media de mis compañeros de clase, muchos de ellos recién graduados. Vuelvo a la universidad, con mis apuntes, mis bolis y mis fotocopias dándome cuenta lo mucho que ha cambiado la docencia. Ya no se escriben hojas a montones. Las clases las tienes colgadas en un servidor, casi siempre en power point y te las puedes imprimir, ir a clase, firmar y apagar el cerebro. La mayoría de alumnos va con portátil a clase (impensable a comienzos de siglo) y algunos de los profesores son mucho más jóvenes que tú.

El otro día, camino de la Facultad de Derecho, me encuentro un puesto de libros de segunda mano en la puerta de la Biblioteca de Letras donde se vendía un libro de texto de “Formación Político-Social” de 3º de Bachillerato, editado por la Sección Femenina en 1967, pura y dura dictadura. Me lo compré en cuanto lo vi. Dos euros bien invertidos. Les explicaré a continuación como era la docencia hace casi sesenta años. El libro presenta la metodología del libro al principio del mismo explicando la esencia del mismo resumida en sola palabra: España. A partir de ahí se define que es la provincia como una unidad de convivencia basada en el régimen administrativo, frente al municipio que es una entidad natural. Por cierto, en aquel año había 54 provincias españolas, las actuales más: Ifni, Sahara Español, Fernando Poo y Río Muni. Sigue leyendo