Hematuria

Arthur Mulligan

Carles Puigdemont dijo a su entorno en el verano de 2023 que haría “mear sangre” al presidente Pedro Sánchez si quería ser investido y mantenerse en el poder. Esta expresión figurada reflejaba la intención de presionar duramente al gobierno de Sánchez para obtener concesiones políticas, y se ha cumplido con varias dificultades y bloqueos en la legislatura, como retrasos en reuniones, condicionamientos a decretos y exigencias constantes a Sánchez para que mantuviera su apoyo.

Terminábamos Julio con un balance económico cuyos números inquietantes más relevantes permanecen cuando no empeoran y, por lo mismo, el Gobierno sigue utilizando palabras abultadas que animan su opinión sincronizada: absoluto, garantizado, seguridad, bulo, ultraderecha, progresista, gente y vida mejor entre otras.

Un Puigdemont ensimismado no llega ni a eso, aunque muestra signos de fatiga cuando le cambian la cara a los enviados, más beatíficos y menos rústicos pero que no consiguen acordar nada.

Además, entre sus partidarios predomina una posición matizada y políticamente cautelosa enraizada en mayores simpatías con los judíos, aunque con énfasis en la autodeterminación de los pueblos y crítica con los dobles estándares europeos, pero sin un apoyo explícito contundente a Palestina en el conflicto actual. En todo caso las maniobras de Sánchez para que la represión brutal en Gaza ocupe la conversación pública, difumina su papel central y se une a la paulatina desafección de parte de sus votantes hacia su extrema derecha nacionalista comprometiendo sus proyectos cambiantes y cada vez más inestables.

Por otro lado, los asuntos pendientes de la corrupción interna del gobierno siguen alimentando nuevos sumarios que teme puedan contaminarle de algún modo.

Nada que ver con la actitud antisistema del Gobierno, animando y protegiendo protestas, desatendiendo cuando no obstaculizando la economía y la industria de modo indolente sin intentar siquiera avanzar- como hizo en Francia Bayrou- un plan para salir del impasse de unos desequilibrios financieros que también nos afectan, hablando a los ciudadanos con la transparencia que reclaman los adultos.

Compartiendo síntomas inquietantes de inestabilidad interna con Sánchez, Macron ha sorprendido a todos cambiando su posición de antes del verano.

Para tener sentido -decía- la diplomacia no tiene mayor finalidad que aquella que se postula en función de sus efectos, los cuales dependen en sí mismos de la elección del «momento decisivo».

Para poder ser el objeto de un reconocimiento, un Estado debe disponer de un pueblo, de un territorio y de un gobierno efectivo. Palestina no reúne ninguno de estos criterios. La población permanece desconocida en razón del movimiento mantenido alrededor del estatuto de refugiados; las fronteras permanecen desconocidas; la Autoridad Palestina deslegitimada, impotente y corrompida, depende en un 70 % de recursos financieros internacionales de origen muchas veces dudosos.

De modo que para ser eficaz  el reconocimiento del Estado palestino debería ser acompañado de condiciones estrictas permitiendo hacer que la paz avance: aceptación clara de la existencia y de la seguridad de Israel; desarme del futuro Estado; exclusión de Hamás; reforma profunda de la Autoridad Palestina.

Ahora que Mahmoud Abbas no tiene ni la voluntad ni los medios de poner en marcha sus promesas de organizar elecciones y asegurar la transparencia de la gobernanza de la Autoridad, ni de desarmar a Hamás y expulsarle de Gaza, la diplomacia francesa hubiera debido, en lugar de hacer un gesto simbólico estéril, dar prioridad a la negociación de un alto el fuego en Gaza , a la liberación de los secuestrados, al tratamiento del desastre humanitario y al restablecimiento de condiciones de vida decentes en un enclave fuera de control de Hamás y de Israel. Y junto a todo ello, trabajando por el alineamiento de Estados Unidos, Europa y los países del Golfo.

En lugar de eso el cambio de opinión solo ha servido para animar a los extremistas y la violencia. Hamás, derrotado militarmente, obtiene una victoria política y diplomática que le permite justificar tanto las masacres del 7 de octubre como el secuestro de la población de Gaza.

El gobierno israelí y sus miembros más extremistas, fortalecidos con el soporte de Donald Trump y su administración, pueden acelerar su deriva tendente a erradicar toda posibilidad de un Estado palestino a través de la destrucción total de Gaza y la deportación de su población de una parte y la cesión de la Cisjordania de otra .

Qué lejos queda hoy aquel Macron que llamaba al día siguiente de las masacres del 7 de Octubre a formar una coalición internacional contra Hamás inspirada en la impulsada contra el Estado islámico.

La creación de un Estado palestino constituye la sola salida pacífica y duradera a la guerra sin fin comenzada en 1947. Pero eso, porque el reconocimiento por Emanuel Macron y en mucha menor medida por Pedro Sánchez y su equipo de exteriores divide a los moderados, y en este momento trágico de la historia en el que la fuerza prima sobre el derecho debilitando a los partidarios de la paz, no se debe agradar a los extremistas y enardecer a los bárbaros incluso con la mejor de las intenciones.

Queda para la historia universal de la infamia no tanto la organización de una flotilla de propaganda salvadora con aire de kermesse irresponsable, sino la participación samaritana de una unidad de la Armada (en aguas internacionales, naturalmente) para el supuesto rescate de rescatadores por la presión del histrionismo del inevitable movimiento Podemos.

Reyes Mate se preguntaba desde las páginas de El País que «no debemos perder de vista a la otra parte: la torpeza Palestina desde 1948 y el terrorismo de Hamas. cuando veamos flamear las banderas de Palestina en las metas deberíamos preguntarnos qué ocurriría si tuvieran ellos el poder militar que tiene Israel. Y, mirando hacia dentro, Hamás dice tener a Alá por objetivo, a Mahoma como modelo y al Corán como Constitución… Solo este fundamento totalitario explica que habiendo Hamás provocado una guerra (y la sigue provocando), sacrificando a su pueblo solo para dejar en evidencia la brutalidad de Israel, no encuentre respuesta entre los médicos, maestros y ciudadanos palestinos que sufren la violencia israelí y no dicen una palabra sobre la opresión interna. Por todo eso las imágenes en las metas transmiten una imagen falsa: como si Israel fuera el problema y las banderas palestinas, que los manifestantes exhiben, la solución.»

Afortunadamente la UE sigue siendo plural, la prensa libre no tolera el pastoreo de seres que se creen iluminados y tampoco liderazgos sobrevenidos por condicionantes internos.

Alemania , Italia y Dinamarca han resistido a la estrategia de la izquierda internacional de reconocer incondicionalmente Palestina como un Estado sin exigir a cambio la liberación de los rehenes israelíes en Gaza y sin poner fin al terrorismo de Hamás que fue quien expulsó de la franja a la autoridad nacional Palestina de Mahmud Abbas.

El propio canciller alemán, Friedrich Merz, reiteró que la seguridad de Israel es un fundamento normativo innegociable para Alemania y aseguró que las críticas por la ofensiva en Gaza no deben convertirse en excusa para el antisemitismo y no justifican que Berlín le de la espalda a Tel Aviv. «El compromiso alemán con la existencia y con la seguridad del Estado de Israel es una parte innegociable de los fundamentos normativos de nuestro país», señaló en texto difundido por la oficina de prensa de la cancillería, durante un acto con ocasión del 75 aniversario de la creación del Consejo Central de los judíos en Alemania.

En tanto, el ministro de Exteriores de Dinamarca, Lars Lokke Rasmussen, planteó cinco condiciones indispensables para que su Gobierno esté dispuesto a reconocer a Palestina como un Estado, después de que a principios de mes el Ejecutivo de la primera ministra socialdemócrata Mette Frederiksen eliminase el requisito de que Israel dé su aprobación a este paso. «Se trata de lograr la liberación de los rehenes. Se trata de conseguir el desarme de Hamás. Se trata de que Hamás no desempeñe en el futuro un papel en el gobierno de Gaza y se trata finalmente de mantener a la Autoridad Palestina en el sendero de la reforma», declaró Rasmussen al medio danés DR. La quinta condición es que debe existir la «certeza» de que «un futuro Estado palestino estará desmilitarizado», enfatizó, antes de participar en la Asamblea General de Naciones Unidas. Rasmussen agregó que estas condiciones están en línea con lo que demandan otros países y aseguró que su Gobierno «quiere reconocer» a un Estado palestino, pero que «depende de los palestinos» cumplir los requisitos necesarios.

No sé si es por el clima, los espíritus del bosque, la vecindad hosca de una Rusia acomplejada y exaltada buscando siempre su alma atribulada por una Iglesia cismática, pero me parece que puestas en una balanza las motivaciones aventureras de la flotilla alimentadas por el desvarío de Macron y Sánchez contrastan de tal manera con las posiciones de Alemania y Dinamarca que en esta ocasión mi corazón no tiende al Sur y me apena.

Lecturas de interés sobre asuntos globales en este septiembre

Lluís Camprubí

Muchos textos de interés sobre asuntos globales en este arranque de curso. Permítanme hacerles una selección de los que me han parecido más relevantes.

Sobre el conflicto geopolítico entre fósiles y renovables. Me ha interesado este texto de La guerra global de Trump contra la descarbonización de Mark Blyth y Daniel Driscoll donde explican que la ofensiva anti-renovables y pro-fósiles de Trump puede venir por dos factores más o menos conocidos: a) el ideológico en contra de la intervención/planificación estatal industrial/energética y b) el apoyo a la industria amiga fósil/petrolera, pero que conviene tener presente un tercero, c) ayudar a mantener la hegemonía estadounidense ya que las fuentes de energía que sean dominantes ayudan a que la potencias que se basan en ellas sean dominantes. En este sentido, de interés The Coming ecological cold war, en el que Nils Gilman plantea que un factor central en las futuras alianzas y conflictos globales será el eje pro-fósiles (liderados por USA) versus los descarbonizadores/renovables, liderados por China. Así como el texto de Bill McKibben sobre la revolución -imparable- solar que estamos viviendo: 4,6 Bilion years on, the sun is having a moment.

Sobre Gaza. Mucho se ha escrito y descrito sobre los actos de genocidio para generar una limpieza étnica que estamos viviendo. Difícil seleccionar, quizás destacar por su limitada difusión dos testimonios de voces “occidentales” relevantes. La primera es la vivencia y reflexiones del historiador Filiu: “Es el laboratorio de un mundo sin derechos”. La segunda, el texto honesto de Gideon Rachman, articulista principal sobre asuntos exteriores en el Financial Times, y que puede ser termómetro de cambios de fondo en buena parte del establishment liberal ilustrado, en el que narra su evolución en los últimos años de “pro-Ukraine & pro-Israel” a “pro-Ukraine & pro-Palestine”: How Ukraine and Gaza scrambled the ideological map.

Banqueros centrales por una Europa independiente. Considero relevantes dos intervenciones por su claridad y peso específico. Ambas, partiendo de los retos a los que se enfrenta Europa en esto nuevo mundo de “carnívoros”, hacen un conjunto de diagnóstico y propuestas, tanto en el ámbito económico como sobre la autonomía estratégica. Son las conferencias de Mario Draghi y de Christine Lagarde.

Sobre Ucrania y seguridad europea. En primer lugar, recomendar todos los posts recientes de Phillips P. Obrien , en ellos se señala la debilidad analítica de la narrativa “Rusia tiene todas las de ganar y es imparable” y se ilustra el potencial estratégico del ataque sostenido sobre infraestructuras petroleras rusas por parte de Ucrania. En segundo lugar, el policy brief de Sven Biscop:  Summits and Sanctions, War and Peace: Is the EU Still in the Game? Sobre como Europa debería situarse en este contexto marcado por las relaciones conflictuales con y entre grandes potencias. Y finalmente, la tribuna de Josep Borrell: Por una defensa europea más integrada donde señala que una Unión Europea que aspira a ser un actor global no puede ser un “protectorado”, esperando que otros decidan por ella.

Tercero

Juanjo Cáceres

Adentrados en la parte final del mes de septiembre, queda ya lejano ese lapso veraniego que había alejado a los políticos de los focos, aunque en un grado inferior a lo habitual, a causa de los incendios y otras vicisitudes que atraviesa el mundo.

Antes de finalizar el curso pasado, se nos avisaba de que el curso venidero iba a ser duro y en verdad que lo está siendo. El arranque fue intenso en el Congreso y en el marco de la Vuelta surgieron las mayores protestas ciudadanas que Madrid había visto en mucho tiempo.

El éxito de estas últimas fue de tal magnitud, que le faltó tiempo a Pedro Sánchez para elevar el tono, ofrecer muestras de apoyo a las mismas y para adoptar nuevas decisiones en favor de los palestinos, que como es por todos sabido, pero no por todos dicho, son víctimas de un genocidio perpetrado por las fuerzas armadas israelíes.

«¿Y ahora qué?», podemos preguntarnos. ¿Cambiará todo esto el «destino manifiesto» de Pedro Sánchez y su gobierno, o bien será una gota que no podrá hacer océano para él, tras todo su desgaste, los casos de corrupción de sus principales cuadros de partido y la imputación de sus familiares más directos?

Las opiniones en este sentido no son muy coincidentes. Tal y como está la cosa, para el PSOE los últimos acontecimientos han sido agua de mayo ya que, para ellos, en este momento, toda noticia que no sea mala, es buena. Pero es que además la victoria y el acierto en el posicionamiento es poco discutible. Lo realmente increíble es que no se diga, se haga y se fuerce mucho más de lo que se ha hecho hasta ahora respecto a Palestina, pero esa es otra historia de la que hemos hablado abundantemente.

Pero por lo demás, en España, «todo sigue igual». La tónica comunicativa y confrontativa del curso pasado siguen siendo la norma, mientras se acentúa la presión judicial sobre aquellos familiares -esposa y hermano- que parecen avanzar sin posibilidad de obstáculo hacia el banquillo. Y esta sin duda es la mejor baza del «antisanchismo», porque aquí no se trata de acabar con el PSOE, sino de acabar con Sánchez (tampoco es que esté claro que haya muchísimo PSOE más allá de Sánchez, por grande que sea su poder institucional hoy en día).

Sin recordar, pues, otros frentes de debilidad, pese a que alguno ya ha sido mencionado más arriba, es comprensible que pese al halo de esperanza que suscitan acontecimientos recientes, el convencimiento generalizado sea que esto no baste. Por un lado, porque la protesta ciudadana no se puede, ni se debe mimetizar automáticamente en apoyo al partido de gobierno ni a su líder. Por el otro, porque la distancia temporal entre el presente y el momento en que se dirimirá el futuro del Gobierno, se antoja sideral, teniendo en cuenta el acelerado ritmo con que evolucionan los acontecimientos. Al moverse las cosas al ritmo de la luz, vayan ustedes a saber cómo estará todo cuando llegue el momento.

Puede, pues, que a Pedro Sánchez no le puedan salvar ni eventos inesperados, ni milagros sobrevenidos. Pero no son pocos seres identificados con todo aquello que se opone a la barbarie ultra los que duermen más esperanzados, tras comprobar por sus televisores que aún queda espíritu de rebeldía y de lucha. Parece evidente que ni el PSOE, ni Sumar, ni Podemos, por sus numerosísimas debilidades, están en condiciones de erigirse como auténticos referentes políticos de la esperanza. También que el que eso sea una semilla de lo nuevo es imposible en un corto espacio de tiempo (recuerden que entre el 15M y Podemos pasaron muchos años), si es que realmente tiene recorrido más allá.

De ahí que en ese tránsito muchos piensen que esto será o Sánchez o nada”. Y puede ser nada… O puede ser Sánchez. Yo no lo sé, pero en la limitada inventiva de los partidos y con el abrumador abatimiento de la sociedad, una cosa parece clara: más cartas no hay, ni habrá, por lo que para muchos todo se reduce ya a “susto o Sánchez”.

Deus lo vol

Julio Embid

Los fines de semana me gusta mucho ir al Galacho de Juslibol. Este es un espacio natural a las afueras de Zaragoza formado por meandros abandonados de la margen izquierda del río Ebro. Es un lugar único, verde y lleno de agua y de vida rodeado por zonas calizas secas donde no crece nada. Está junto a la Academia General Militar y puedes oír los tanques si salen de maniobras y al lado de un pequeño pueblo rodeado de huertas que carece de Ayuntamiento y forma uno de los llamados barrios rurales de Zaragoza: Juslibol.

El origen de este pueblo y de su nombre proviene de la Edad Media, del periodo de la conquista de Zaragoza, entre el Reino de Aragón y la Taifa de Saraqusta a comienzos del siglo XII, que además coincide con la Primera Cruzada que el Papa de Roma organizó junto al Reino de los Francos, el Reino de Inglaterra, los genoveses y varios nobles alemanes para recuperar los lugares sagrados del cristianismo en Oriente Medio. Pues bien, en este pequeño rincón donde resido, al norte de Zaragoza, llegó procedente de Huesca el rey Pedro I de Aragón en 1101 y fundó un pequeño campamento en un cerro donde se podía ver toda la gran capital y lo llamó Deus lo vol (Dios lo quiere). Como el rey no tenía descendencia fue sustituido por su hermano Alfonso I Sánchez de la dinastía Jimena, más conocido como “El Batallador”.

Este rey, tras conquistar las Cinco Villas y cortar en dos la Taifa de Zaragoza, separándola de Tudela, inició un largo asedio para tomar la ciudad que duró nueve meses en 1118. Vinieron veteranos de las cruzadas de toda Europa, bearneses, gascones, germanos, franceses, castellanos y navarros que se reunieron en Deus lo vol para construir máquinas de asedio y sitiar la ciudad, matando a sus pobladores por hambre y destruyéndola con lanzapiedras desde lejos, subidos a una montaña al otro lado del río Ebro. A Saraqusta, que entonces tenía 25.000 habitantes, le llegaron refuerzos desde Valencia y desde Granada, pero no fueron suficientes y en diciembre la ciudad cayó.

El Batallador entró en Zaragoza prometiendo respeto a la población musulmana, que en su mayoría acabó huyendo. La ciudad fue repoblada con colonos navarros y del sur de Francia, y al año siguiente de su conquista, tras asegurar y jurar que mantendría las mezquitas, el rey ordenó derribar la Mezquita Mayor para levantar en su lugar, en pleno centro de la ciudad, la Catedral del Salvador, más conocida como La Seo. Ahí terminó, de hecho, el mito de las “tres culturas”. En Deus lo vol, después conocido como Juslibol, junto al galacho, se levantó un palacio de veraneo para los arzobispos, porque los veranos zaragozanos, entonces, ahora y siempre fueron insoportables.

Hace nueve siglos, Alfonso el Batallador justificó su conquista en el mandato divino. Y hace apenas dos años, en octubre de 2023, otro dirigente volvió a recurrir a Dios para amparar la violencia: Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel. Su ejército inició un asedio sobre Gaza que no puede llamarse guerra: no hay dos bandos equivalentes. Hamás, tras los atentados de aquel año, fue prácticamente aniquilado. Lo que ha seguido desde entonces es una campaña sistemática de destrucción.

Decenas de miles de palestinos – según distintas estimaciones, más de 65.000, entre ellos unos 20.000 niños – han muerto bajo bombardeos, hambre o falta de asistencia. No se trata de bajas militares, sino de civiles – dos tercios del total de muertos – asesinados en sus casas, en hospitales, en las colas de reparto de alimentos. Una limpieza étnica encaminada a vaciar Gaza y sustituirla por colonias agrícolas e instalaciones turísticas en la costa mediterránea. Otro Marina D’Or es posible sobre la sangre de millones de víctimas.

En el Parlamento de Israel – la Knesset – son cada vez más numerosos los grupos parlamentarios de partidos religiosos que basan la política en lo que dicen que su dios les dijo. El libro del Génesis de la Biblia dice que Yahvé le prometió a Abraham, y a sus descendientes (esto es lo importante), toda la tierra que hay desde el Nilo hasta el Eufrates, desde el actual Egipto hasta el actual Iraq. Y a eso se aferran Netanyahu y sus secuaces para empuñar las armas, a la voluntad de Dios. Sólo espero que dentro de mil años, en el Parque Grande de Ciudad de Gaza, no se alce una colosal estatua de Netanyahu. Sería señal de que, como seres humanos, al menos, habremos mejorado algo. 

Si son niños son nuestros

Alfons Salmerón

Si hay algo que me indigna profundamente es la mentira. Y vivimos en el reino de la mentira. La era de la posverdad. La posverdad ha pasado de ser un concepto académico a un lugar común en el discurso político. Cuando el relato se disocia de los hechos, la verdad es una quimera. He ahí la crisis de la credibilidad contemporánea. En el contexto de la modernidad tardía, la posverdad no solo describe una dinámica cultural; es un recurso de la hegemonía del sistema económico y político que se apoya en redes sociales, plataformas digitales y conglomerados mediáticos para moldear percepciones a escala global. Es gobierno de lo perverso.

Las palabras de Ayuso o de Feijóo tildando de violenta una protesta pacífica que trataba de denunciar la complicidad de la Vuelta en la operación propagandística del gobierno israelí para blanquear la muerte de casi 50.000 víctimas civiles, 18.000 de las cuáles son niños me producen verdadero asco. Tratar de convertir en un debate jurídico el asesinato sistemático por parte de un Estado de decenas de miles de personas civiles solo puede ser propio de personas perversas sin alma. Habíamos crecido en consensos que parecían incontestables más allá de las adscripciones ideológicas. El asesinato de civiles sistemático de civiles no es un hecho colateral, sino un crimen de guerra. Creíamos haber crecido con la lección aprendida del holocausto nazi. Algo que nunca más debería volver a ocurrir y sin embargo, algo parecido está volviendo a suceder frente a nuestras narices y resulta aterrador que no exista un consenso democrático capaz de nombrarlo.

Suele decir Jorge Luis Tizón, psiquiatra y psicoanalista que tuve el honor de tener como profesor de Máster de Psicopatología, que hay que estar muy atentos a las emociones que nos despierta el otro. Cuando una persona nos provoca una emoción de asco, sostiene, es muy probable que estemos delante de una persona perversa. El asco es una de las emociones más primitivas y elementales, presentes en nuestro cerebro reptiliano. Una emoción básica para nuestra supervivencia que nos protege de comer alimentos en mal estado por ejemplo. Es importante fiarse de las emociones, siempre y cuando uno tenga bien afinado su sistema límbico. Lo que ocurre es que este entramado de personalidades perversas y narcisistas que dirige el mundo se empeña en darle la vuelta a la realidad, pervirtiendo su significado, imponiéndonos su relato con todos los instrumentos de poder que tienen a su alcance.

“Solo le pide a Dios que el dolor no me sea indiferente” escribía León Gieco para que luego nos lo cantaran tantas voces maravillosas como Mercedes Sosa o en nuestro país Ana Belén. Qué sencillez, ¿no es cierto? Una sola frase que encierra el sentido de ser humanos, del hecho de ser humano, que no es otra que la capacidad que tenemos para sentirnos conmovidos por el dolor ajeno. ¿Han visto ustedes sufrir de dolor a un solo niño sin que no hayan sufrido ustedes también? ¿Verdad que no? Eso espero. El llanto sin consuelo de un solo niño es un hecho insoportable que puede corroborar cualquier persona que lo haya vivido. Pues bien, en Palestina han sido asesinados 17.921 niños según datos oficiales. Un ejército de hombres hechos y derechos han matado a casi 18.000 niños ¿Es posible pronunciar esta frase sin experimentar dolor, rabia o impotencia? No es posible, a menos que sea usted también una persona perversa y merezca también todo nuestro desprecio.

Vivimos el ascenso de un neofascismo global en la expresión cultural de este capitalismo tardío que se caracteriza por la financiarización extrema, el consumo hipersegmentado y la hegemonía de plataformas digitales, que requiere de narrativas que sostengan su legitimidad. La economía de la atención convierte las emociones en mercancía y recompensa los mensajes virales, aun cuando sean falsos. Este modelo favorece la polarización, simplifica los conflictos complejos y castiga los matices creando un terreno fértil para la desinformación. Mata cualquier posibilidad de debate serio al prescindir de los hechos, reinventando y renombrando la realidad. La máxima de Goebbels llevada a su máxima expresión. Una mentira repetida hasta la saciedad se convierte en verdad.

Por todo eso es tan importante lo que ocurrió el domingo en las calles de Madrid. Madrid otra vez, el Madrid popular que desmiente tantos relatos, el Madrid del no pasarán y el de las Asambleas de la Puerta del Sol. Es importante por lo que tiene de resistencia frente a la mentira. Una resistencia íntima que se convierte en un hecho político colectivo. Porque en tiempos de la posverdad no hay acto más revolucionario que el llamar a las cosas por su nombre. Como nos recuerda Jorge Drexler en su última canción:“Un refugiado es un refugiado/Un niño es un niño y el miedo es el miedo/Destierro es detierro/Y una hipocresia es una hipocresía (…) El dedo que aprieta el gatillo debería saber esto/No hay tuyos ni suyos ni míos, si son niños son nuestros”

Israel, déjate de milongas: el PP no aprende

LBNL

Ayer la Vuelta ciclista a España tuvo que suspender su etapa final en Madrid tras varios incidentes en varias etapas anteriores por el boicoteo popular a la participación (obligada al habérsela ganado por puntos) de un equipo propiedad de un judío canadiense amigo de Natanyahu con el nombre de Israel. Servidora, que es aficionado al ciclismo, oyente habitual de la radio deportiva (especialmente la COPE) y admirador desde que destacó en el tour con el Reynolds de Pedro Delgado, está encantado. Y mis amigos israelíes, y judíos de otros lares, también. Uno me ha comentado “As a South African Jewish struggle Comrade wrote to me today: The Spain cycling stuff is the equivalent of the New Zealand protests against Springboks in ’81…”

Es escandaloso que tras la suspensión internacional de Rusia de todas las competiciones internacionales a raíz de su invasión de Ucrania, ninguna instancia deportiva internacional haya tomado la misma medida con Israel. Recordemos: Desde febrero de 2022 se estima que Rusia ha matado a unos 90 mil ucranianos, de los cuales 13 mil civiles. En cambio, se estima que desde octubre de 2023 cuando Hamás la atacó, Israel ha matado a unos 65 mil palestinos en Gaza, de los cuales unos 43 mil civiles. Es decir, el triple de civiles en dos años frente a tres y medio. Cuando la cosa alcanza la condición de barbarie es estéril hacer distingos pero el Israel gobernado por Netanyahu hace bueno a Putin. Pese a lo cual, Israel sigue participando en las competiciones internacionales de futbol, baloncesto, etc, aparte de Eurovisión y lo que sea. Y como se te ocurra argumentar que no debería ser así, más vale que tengas coartada de no antisemitismo, porque te cae seguro, aunque seas judío (“self-hating Jew” les dicen).

Cuando el asedio a Sarajevo salieron 80 mil españoles en Barcelona a denunciarlo (muchos de los cuales no tendrían claro dónde estaba, me atrevo a sospechar). Cuando Bush jr. decidió invadir Iraq para imponer la libertad y la democracia, España volvió a salir a la calle indignada. Ahora el pueblo español no hace sino mantener su quijotismo (entendido como dignidad con independencia del coste) secular contra la barbarie en vista del doble rasero internacional frente a Rusia e Israel. Y a diferencia de otros lares (Francia, Países Bajos…), no son “moros”, islámicos, “marrones” los que se manifiestan sino blancos, oriundos, solidarios y dignos los que lideran las protestas. Y no, los ex etarras, indepes y extremistas no son capaces de movilizar a una gran mayoría del pueblo español que, mal que les pese a la COPE y a Pedro Delgado, sienten que vale la pena arruinar la Vuelta ahora que teníamos la posibilidad de actuar para poner coto a la indignidad internacional.

Israel era un proyecto ilusionante, nunca perfecto pero extraordinario, desde muchos puntos de vista. Su filo-socialismo originario contrastaba con su pecado colonialista pero heredó lo mejor de la democracia británica y verdificó el desierto, se orientó hacia el I+D+i y generó un espacio de libertad de género antes que muchos otros. Los ashkenazíes europeizados laícos decayeron frente a los sefardíes medio-orientales más religiosos y de aquellos polvos estos lodos. Hoy es una democracia muy debilitada que ha perdido toda credibilidad internacional como miembro del club de las “naciones civilizadas”. Porque por muy malo que sea, no se puede matar a un terrorista al precio (en víctimas civiles “colaterales”) que sea. Y menos si son decenas de miles, incluidos niños, mujeres y mayores. O matarles de hambre.

En el gobierno liderado por Netanyahu hay ministros que pertenecen a partidos otrora condenados por terrorismo y odio y el propio Netanyahu lleva décadas (se dice pronto) dejando claro que no quiere paz, que quiere derrotar a la legítima aspiración palestina a un Estado propio, cuando menos a no seguir bajo ocupación militar israelí.

Es mucho más difícil describir todo esto en un artículo como este que percibirlo. Y al pueblo español no le hace faltan artículos para sentirlo. Afortunadamente. No estamos solos. En Irlanda, muy sensibles a la ocupación extranjera, lo sienten igual. Pero Irlanda no es tan grande como España. Ni Eslovenia, ni Luxemburgo, ni Bélgica, ni siquiera los Países Bajos, tradicionalmente filo israelíes (Anna Frank, ocupación alemana) pero hoy a la cabeza también de los que reclaman medidas contundentes de la UE.

La Presidenta de la Comisión Europea, la alemana von der Leyen, anunció la semana pasada medidas contundentes, que se sustanciarán esta semana. Lo habrá hecho por convicción o, más seguramente, por concitar el apoyo de los social-demócratas en el Parlamento Europeo. Lo mismo cabe dudar de Pedro Sánchez. Acosado por todos los lados, el frente israelí sin duda le viene muy bien para desviar la atención. Pero ¿qué hay de mal en hacer lo correcto por mucho que te beneficie?

Algo que no parece ser capaz de entender el PP. Las críticas de Ayuso, Almeida y Feijóo tras la suspensión de la Vuelta han mimetizado las llegadas desde el gobierno ultra de Israel. ¿No son capaces de aprender a no enfrentarse a la mayoría del pueblo español?

Al final del verano

Arthur Mulligan

La situación política en España a septiembre de 2025 está marcada con una especie de bloqueo institucional, debilidad parlamentaria, crisis superpuestas y casos de corrupción que afectan esencialmente al gobierno central y al PSOE. Resistir en estas condiciones, sin convocar nuevas elecciones, es cada vez más difícil y se están generando presiones desde múltiples frentes para que se acuda de nuevo a la urnas.

El gobierno de coalición depende de alianzas frágiles y, por el momento solo ha conseguido renovar el apoyo necesario para aguantar, el rechazo o bloqueo de los presupuestos generales del Estado parece inminente, y la tercera prórroga consecutiva sería un síntoma inequívoco de disfunción institucional.

Los empresarios y analistas institucionales señalan que las prórrogas presupuestarias sistemáticas son un peligro para la economía, la credibilidad institucional y el funcionamiento ordinario de la democracia. Se subraya que aprobar unos presupuestos es una prueba esencial de la capacidad de gobernar, y que bloquearlos debería traducirse en la convocatoria de elecciones para clarificar la situación.

Los casos recientes de corrupción han sacudido al PSOE y sus socios, quien pese al transcurrir del verano y a las divisiones y promesas de regeneración han decidido no adelantar elecciones hasta este momento, en que queda derrotada una vez más la propuesta cansina de la vicepresidenta Yolanda que con su afán de protagonismo no ha querido esperar mejores condiciones para traer su propuesta al Congreso.

Formalmente el gobierno ha declarado su intención a finalizar la legislatura y presentar unos presupuestos para 2026, aunque sea consciente de que muy probablemente no saldrán adelante, ya que el desbloqueo presupuestario depende de pactos políticos, concesiones estratégicas y, en última instancia, posibles salidas institucionales si el bloqueo persiste.

Ni reconstruir la mayoría de investidura, ni abrir el diálogo a mayorías alternativas, ni concesiones a demandas territoriales (tensiones con otros socios y dentro del propio partido de gobierno) parecen opciones realistas aproximándonos al final del ciclo. Tampoco una negociación exprés y presentación de nuevos presupuestos para 2026.

Algunos juristas contemplan la posibilidad de una salida institucional por bloqueo, porque si la situación se prolonga, cabría la impugnación constitucional de la prórroga presupuestaria sistemática, abriendo un debate sobre la legalidad y la legitimidad del gobierno para gobernar sin proyecto de cuentas propio.

En este contexto de alta inestabilidad los analistas ven difícil un acuerdo a corto plazo, lo que aumenta la presión para medidas excepcionales si no hay desbloqueo político. La negociación presupuestaria es el termómetro de la viabilidad de la mayoría gubernamental y, en España, tumbar unos presupuestos suele precipitar crisis de gobierno o adelantos electorales.

O sea, estamos peor que al inicio de vacaciones, y después de unos incendios pavorosos (recuerden ¿qué más tiene que ocurrir en España después del volcán, de una epidemia, de una Dana? y ahora esto), el salario más frecuente en España continúa siendo el salario mínimo y no es más bajo porque el gobierno se ha visto obligado a prohibirlo por ley.

La mitad de los afiliados a la Seguridad Social cobran menos de 25.000 € brutos anuales. Los salarios en España, descontando la inflación, no van bien y todo apunta que no irán bien tampoco en el futuro hasta que concentremos la inversión de capital y empleo en sectores que permitan pagar mejores salarios.

Las promesas de construir más vivienda social dada la indolencia del gobierno y de la administración en general corre la misma suerte que los actos conmemorativos del 50º aniversario de la muerte de Franco, un deslucido y cansino recorrido municipal y espeso de lugares comunes. El ciclo de construcción es muy lento, la burocracia es asfixiante en este sector y se tardará muchos años en construir el medio millón de viviendas necesarias, según el Banco de España.

Pero ahora mismo lo sustancial para Pedro Sánchez es el enorme peso que tiene el PSC en todos los ámbitos; nunca ha tenido tanta gente en tantos sitios y, en la medida que le vaya bien al PSC le va ir mal al PSOE. Tal parece que desea recomponerse sustituyendo el papel que anteriormente protagonizaba Pujol y el pujolismo.

Para ello, como pidiendo disculpas con toda su humildad, deberá diluir sus señas de identidad socialdemócratas en un nacionalismo de buen tono, educado en la tradición y orientar su representación a la cultura política de las élites extractivas catalanas que anteriormente representó CiU para dejar de representar la convivencia entre españoles y predicar el victimismo con Madrid y otras regiones. No sería arriesgado suponer un comportamiento desleal respecto a Sánchez en caso de una aceleración de su caída por una acumulación de frentes sin una salida digna.

En cualquier caso, las encuestas arrojan resultados en cierta manera paradójicos cuando se pregunta sobre medidas más duras en relación con los inmigrantes autores de delitos en los que comienzan a aparecer respuestas similares a las de los partidos de derecha en el electorado de izquierdas que son significativas por su transversalidad y alto porcentaje (56%) a favor.

Es difícil no concluir que el electorado en España se ha derechizado, algo bastante común en Europa, con una expectativa de 34,4 % a PP y 15,1 % a Vox, unos 197-206 diputados.

Ayer mismo ha vuelto a perder una votación esa inquieta Vicepresidenta después de que sus socios reclamaron más tiempo para presentar el proyecto de Ley ante el anuncio de Junts de que no lo aprobaría. Pero ella es así. Es un proyecto que exige otra negociación porque en opinión generalizada hay margen.

España no va bien, y el gobierno está consiguiendo cabrear a todos: a los usuarios de tren, a las CCAA con sus obscenas “quitas”, al Poder Judicial, a la OTAN, a los destinatarios de su política exterior, a las empresas del IBEX, a la comunidad Educativa, a la UCO, a los EE.UU., a Israel…

¡Todo un fenómeno!

Primero

Juanjo Cáceres

Tras un verano repleto de incendios, de realidades bélicas, de pugnas partidistas, de salseo futbolístico, de fallecimientos de artistas, ¿qué es lo primero? ¿Por dónde debemos empezar? Es difícil de decir.

Consideramos la última semana de agosto y a la primera de septiembre como las de inicio del curso político, pero en realidad el curso que estamos evocando no es el político, sino el educativo. Buen ejemplo este, por cierto, de apropiación desde lo político y lo mediático de nociones que no son suyas, pero es algo que sucede muy a menudo. El caso es que, además, el curso educativo no comenzará hasta unos días más tarde, y preveo, por cierto, que se dejarán sentir en él alguno de los titulares notables que también ha dejado este verano: por un lado, el escándalo de las asignaciones de plazas a funcionarios e interinos en Catalunya, para las que el Departament d’Educació se saltó a la torera las disposiciones más elementales de nuestro derecho administrativo y hubo que echar al ruedo deprisa y corriendo a un cabeza de turco; por otro, el fracaso de las oposiciones docentes en varias comunidades autónomas, donde numerosas plazas convocadas se quedan vacantes por los abundantes suspensos y por la falta efectiva de gente que participe en un buen número de materias.

¿Puede ser que estas escenas de la administración y el profesorado guarden alguna relación con los decrecientes rendimientos académicos del alumnado en todos los niveles educativos? ¿O nos limitaremos a echarle la culpa a las pantallas, que como el cabeza de turco catalán mencionado acaban siendo siempre la excusa socorrida? En todo caso, cuando oigan a alguien decir que si los jóvenes de ahora esto, que si los jóvenes aquello, interpélenle sobre cómo son sus padres y sus profes y sobre cómo ejercen sus funciones.

Esto es lo primero que ha salido, pero no sé si es lo primero en importancia. Por momentos se diría que lo único importante en el mundo está protagonizado por Trump. El hombre que todo lo puede, pero que nada consigue, no deja de ocupar páginas y más páginas de nuestros diarios digitales, pero eso de acabar con la guerra en Europa parece que se está complicando. De hecho, si algo nos indica el bueno de Trump es que no tiene demasiados problemas para facilitar que un estado agresor maltrate sin piedad un territorio, como demuestra ampliamente su relación con el genocidio de Gaza. No en vano es Netanyahu quién lo ha propuesto para el Premio Nóbel de la Paz, en una de esas bromas macabras que nuestra civilización nos gasta de vez en cuando.

Pero hay que ser francos y aprovechando que no me lee nadie, comentaré que Trump y Netanyahu pueden ser malos, pero la Unión Europea, en su conjunto y en un sentido distinto, es mucho peor. Respecto a Israel nuestros líderes europeos actúan con una prudencia diplomática tan extrema, que cualquier cosa que digan o hagan se produce con la boca pequeña y de forma muy pasajera. La semana pasada Almodóvar y compañía requerían la ruptura de relaciones diplomáticas, comerciales y de todo tipo con Israel, pero hemos visto y seguimos viendo que los líderes europeos prefieren una posición “chamberleinesca” en la materia.

Menos “chamberleinescos” son cuando hablan de Rusia y Ucrania, pero aparte de estorbar, no hacen mucho más. La premisa esa de que, si cae Ucrania, después invadirán Lituania y después Andorra, tan manoseada ella, no es que les impulse tampoco a aportar gran cosa verdaderamente útil para frenar el desastre ucraniano, pero es ideal para alargar la agonía de una población que vive bajo la amenaza permanente de unos drones que cada vez más a menudo se usan de forma inclemente por parte del agresor. Al estilo de Gaza, donde los europeos saben perfectamente cómo va a acabar el asunto y allí sí que está claro que no mueven un dedo para evitarlo.

Pero donde realmente se aprecia su verdadera talla de estadistas es mediante las visitas a la Casablanca. La última de todas, la de la foto sentados alrededor del sheriff, se ha traducido en algunos logros -ninguno más allá de mantener ese statu quo bélico ucraniano en su forma actual- y mucha sensación de vasallaje. Esto último es lo que más les ha recriminado la prensa internacional a los europeísimos líderes, especialmente porque todo esto tuvo lugar tras una Cumbre con Putin en la que el tipo se hizo las mejores fotos de los últimos años y recibió un reconocimiento diplomático que Europa solo ofrece a Zelenski. Yo, francamente, he de decir que no veo el problema a que vayan de aduladores y a tragarse después el sapo de los centinelas de los medios que condenen la escenita, si eso es lo mejor para el mundo. El problema es que no está claro que nada de lo que hace la Unión Europea, inmersa en una gigantesca crisis de proyecto, sea lo mejor para nadie.

Entretanto en España no han hecho falta drones para que la gente se quede sin casa. Lo de los incendios del noroeste es un drama en el que no se ha insistido lo bastante, sobre todo en comparación con la DANA, porque todo el mundo estaba de vacaciones y porque allí vive mucha menos gente que en la costa. En efecto, porque no decirlo, los incendios han remarcado que las dos Españas de hoy son la España radial-litoral y la España vaciada, y lo que ocurra en la España vaciada, siempre va a tener un impacto menor que lo que ocurre en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Málaga o Bilbao. Hay menos altavoces, menos masa crítica y, no nos engañemos, menos capacidad de sus comunidades autónomas para ejercer con eficacia las mismas competencias que las comunidades de mayor población y poder económico. Y sí, le podemos echar la culpa a los políticos fachas de por ahí. Y sí, podemos preguntarle a Feijóo qué tiene que ver su labor gubernamental con el estado en que ha quedado la zona de Ourense. Pero no menos cierto es que nuestras administraciones, autonómicas o estatales, hacen aguas porque los problemas les sobrepasan y porque en ellas, las ganas de trabajar y de arremangarse tampoco son muy grandes.

Es un momento un poco desestructurante. Las estructuras de que disponemos no funcionan con la eficacia que sería necesario. Las estructuras que necesitamos no se desarrollan. Y, además, aquellas cosas nuevas que consiguen ver la luz, sufren de precariedad sistémica. Nos hacemos viejos. No nos preocupamos de nosotros, aun menos de las generaciones que vienen detrás y damos por bueno nuestro decadente ciclo demográfico, condenando a los más jóvenes a la imposibilidad de tener un techo en edad de procrear y de cobijarse en él. Entretanto les ofrecemos un dispositivo electrónico, varios streamings y un Tik Tok para que no se den cuenta de los que les pasa, ni de lo que pasa en el mundo, facilitando así que cualquier iluminado de las redes les explique la vida a su manera. Pero esa vida es lo que les hemos dejado nosotros, por incomparecencia.

Bien mirado, tal vez los jóvenes deberían de ser lo primero así que, por favor, hagamos al menos una cosa: ya que además les toca pagarnos las pensiones, ¡dejemos de confiscarles todos sus ingresos mediante las rentas inmobiliarias!

Agitado fin de curso

LBNL

Se acumulan las noticias y acontecimientos antes de salir de vacaciones. Por un lado, el denostado e incluso odiado por muchos Presidente del Gobierno hace balance del curso y desgrana una lista considerable de logros, algunos de récord como el número de ocupados o el bajo porcentaje de paro (el menor desde 2008 cuando todo se fue al garete). De otro, la Comisión Europea llega a un acuerdo comercial con Trump aceptando un 15% de arancel general a las exportaciones europeas y son legión los que denuncian la bajada de pantalones reclamando la imposición de medidas de retorsión equivalentes, optando por hacerle frente al matón yankee pese al peligro de una guerra comercial salvaje con nuestro principal socio comercial. Y finalmente la Comisión Europea propuso ayer la suspensión parcial de Acuerdo de Asociación con Israel y su expulsión del programa de I+D comunitario (Horizon), propuesta inédita y sin precedentes, lo cual no ha sido óbice para que fueran legión también los que denuncien que es una medida insuficiente y demasiado tardía en relación a la hambruna deliberada de la población gazatí.

Empezando por la última, hoy mismo los Estados Miembros deberán posicionarse y se verá si hay mayoría cualificada de los 27 para adoptar la propuesta. A lo peor, ni siquiera. Pero en todo caso, en Israel han acusado el golpe, como también la reciente declaración conjunta de Francia, Reino Unido y Alemania – ¡Alemania! – reclamando medidas tangibles y amenazando con represalias concretas en su ausencia. Israel está acostumbrado a la impunidad, bien por la protección de EE.UU., bien por el complejo de culpa alemán y de un buen número de países europeos, bien por su activa política de lobbying en los centros de poder. Y siempre prefiere un buen ataque como defensa así que que le lleguen a pitar penalty en contra ya es un shock, incluso si logra pararlo, que está por ver porque la indignación ha subido a niveles insospechados dado lo inimaginable de la situación de Gaza.

El otro día me preguntaba un ser querido que cómo era posible que Hamás no pusiera fin al sufrimiento del pueblo palestino entregando a todos los rehenes. Aparte de si eso garantizaría el fin de la ocupación, que lo dudo, contesté que el sufrimiento de la población no es un factor en la ecuación de Hamás. Hamás quería poner fin al proceso de normalización e integración de Israel en la región, que se superpondría a su integración plena en el mundo occidental. Y lo ha conseguido. Antes del fatídico 7 de octubre yo habría apostado todos mis bienes a la supervivencia del Estado de Israel dentro de digamos tres décadas. Y ahora no apostaría un solo euro. No veo cómo se va a poder recuperar de algo tan infame como lo que está protagonizando, con ministros antaño encarcelados por terroristas bramando por la muerte de toda la población palestina o como mínimo su expulsión forzada. Están ensimismados en su propia película y la propuesta de la Comisión Europea es un fastidioso recordatorio de que su realidad pretendida no es la correcta.

Por seguir con realidades inventadas, Trump tiene mucho poder y Von der Leyen ha optado por minimizar daños. Como dice González Laya, el momento de hacerle frente fue en abril, cuando se puso chulo con todo el mundo y luego tuvo que recular por la presión del mercado de bonos. Pero entonces Francia, Alemania, Polonia e Italia, que ahora se rasgan las vestiduras por la terrible bajada de pantalones y tal y tal, no quisieron plantarse.

Es obvio que el acuerdo es malo: tu principal socio comercial te impone aranceles del 15% y tú los aceptas y te comprometes a comprar más gas y otras inversiones. Pero la amenaza era de un 30 o un 50% o incluso más si respondíamos. Y es nuestro principal socio comercial. Nuestros exportadores van ahora a ver sus ventas en EE.UU. encarecidas y por tanto posiblemente reducidas. Pero si imponemos aranceles equivalentes iban a verlas todavía más encarecidas y, además, los consumidores europeos iban a tener que pagar más al comprar productos norteamericanos. Me decía anoche otro ser querido que esto era póker: nos ha hecho un all-in y nos hemos rendido. Cierto. Pero es que en el póker puedes tener mejores cartas que el otro o peores y te la juegas a ganarlo todo o perderlo todo. Pero en este caso, incluso con mejores cartas, la guerra comercial implicaba que nosotros perderíamos muchísimo, incluso si EE.UU. perdía más. Pero debíamos haber amenazado a las tecnológicas, ahí tienen un gran superávit, prosiguió. Cierto pero no tenemos alternativas. ¿Y si les prohíbe prestar servicios a Europa? ¿Y si grava a sus empresas tecnológicas los servicios que prestan a Europa? Es capaz y no tendríamos a quién acudir, a excepción de China para quien esté dispuesto a ello…

Enlazando con la comparecencia de Sánchez, dijo que respetaba el acuerdo pero sin ningún entusiasmo. Me parece una posición tan correcta como realista. Ahora bien, me gustaría saber la posición del PP al respecto. ¿Consideran que su co-religionaria política Von der Leyen se ha bajado los pantalones o aplauden el acuerdo? No lo dirán. Están al erre que erre: Cerdán, Ábalos, ETA/Bildu, Cataluña, ausencia de presupuestos – ¿por qué no proponen un borrador de presupuestos para pactar al PSOE? – Venezuela, necesidad imperiosa de elecciones inmediatas… Y mientras Montoro empurado, Noelia dimitida y el novio de Ayuso con petición de cárcel de cuatro años, y mira que solo se había equivocado en un par de facturas, como todo el mundo. Qué persecución tan ignominiosa…

Afortunadamente en unos días todo el mundo en la playa o en la montaña, o al menos todos los que podemos permitírnoslo, a descansar unos días, también de la hiper atrofiada actualidad política española. Pero me temo que la actualidad internacional no nos va a dar descanso y que Trump, Putin y Netanyahu van a seguir intensificando el esperpento criminal que vienen protagonizando en los últimos tiempos.

Fin de curso sin títulos

Carlos Hidalgo

Esta semana hemos visto como la vicesecretaria general del PP, Noelia Núñez, dimitía de todos sus cargos por haberse inventado que poseía varios títulos académicos (que no posee) y presumir de ser profesora de ciencias políticas en una de esas extrañas universidades que sólo tienen profesores del PP y cuyos títulos solo son válidos en Nicaragua. Lo cual nos lleva a este final de curso en mitad de un debate acerca de las titulaciones de las personas que están en política, si para ser político hace falta alguna cualificación especial y, como pasa últimamente, todo acompañado con gran cantidad de ruido, furia, tiras y aflojas.

Da igual que Noelia Núñez no tenga títulos. Desde los griegos hasta ahora, lo único necesario para participar en una democracia es tener la condición de ciudadano porque, como decía Sócrates, Zeus nos puso a todos por igual la capacidad de opinar y decidir sobre los asuntos de la Polis. Para estar en su puesto Núñez solo debía ser elegida por sus iguales en una elecciones libres y limpias y así fue. La falta que incapacita a Núñez para representar a sus votantes y a su partido es haber mentido sobre sus cualificaciones. Y haber presumido tanto de ellas, que las convirtió en una de sus señas de identidad. “Soy una friki de estudiar y de Harry Potter”, decía.

Mentir en el C.V. es una tentación a la que ceden muchas personas. Por un lado, se debe a esa veneración a los títulos habilitantes que heredamos del franquismo, que, al dejar a España casi desierta de intelectualidad, las mentes pensantes del régimen eran ingenieros, notarios, policías, abogados de derecho administrativo y secretarios de ayuntamiento. No hay más que repasar la literatura de la época para llevarse las manos a la cabeza.

Por otro lado, los defectos del mercado de trabajo español, con unos elevados niveles de paro, gran cantidad de titulados universitarios y unos departamentos de recursos humanos que, por lo general, son cejijuntos y perezosos, hacen que para que aspirar a cualquier trabajo en el sector privado de este país debas tener un Grado, aunque luego te paguen como a alguien sin cualificaciones.

Por eso la gente no puede contenerse y exagera su nivel de inglés (anda que no hay chistes sobre esto), infla sus títulos y en ocasiones se inventa diplomas y cursos para tratar de tener una mínima ventaja sobre sus competidores en el mercado de trabajo.

En el PP, que han heredado esta admiración por los ingenieros, notarios, abogados del Estado y, ejem, registradores de la propiedad, no es raro que Noelia inflase sus cualificaciones académicas, ni tampoco que las esgrimiera para pretender quedar por encima de los demás en un debate o en una simple conversación en redes. No es la única. Ha habido gran cachondeo con los títulos de Pablo Casado o con cómo regalaron las notas a Cristina Cifuentes. Lo mismo pasa con el cambiante currículum de Juan Manuel Moreno Bonilla, que en ocasiones parece experto en protocolo y en otras el relaciones públicas de un bar sevillano.

Nada de eso debería de importar sino su capacidad para desempeñar un cargo público, tomar buenas decisiones y poder mejorar la vida de sus semejantes. Casado no necesitaba presumir de un sospechoso máster de Harvard cursado en Aravaca porque su experiencia cuando presidía las Nuevas Generaciones del PP, su capacidad de reunir apoyos y de negociar le llevaron a presidir el Partido Popular. Por encima de una cualificadísima Soraya Sáenz de Santamaría y de una abogada del Estado como es María Dolores de Cospedal.

Lo malo es que Noelia, que no es la primera, ni será la última a la que han pillado con el carrito del helado, sigue mintiendo, tratando de escapar de la trampa que ella misma se ha tendido. Ahora lo achaca todo a un “error” a la hora de trasladar su C.V. a las webs del Congreso, de su partido, del ayuntamiento de Fuenlabrada y hasta de la universidad de mentirijillas donde se supone que daba clases. No, Noelia. El error fue mentir. Y el error es tratar de seguir mintiendo. Sobre todo, creyendo que podrás esquivar los charcos y estar tan protegida como tu mentora, Isabel Díaz Ayuso, que nunca ha mostrado papel alguno que respalde nada de lo que dice, en general.

Así que Núñez llega al fin de curso sin títulos y con suspenso.

Y a todas las personas que leéis Debate Callejero os deseo unas felices vacaciones veraniegas y que vuestras lecturas sean más entretenidas que la actualidad y más amables que las declaraciones que se leen en la prensa. Nos vemos el curso que viene.