Un soldado muerto frente a 46 niños

LBNL

Israel no aprende, más bien, no quiere aprender y no tiene ninguna intención de cambiar. Si algún palestino mata a un soldado israelí que sigue ocupando Gaza, lanza una serie de bombardeos que matan a 100 personas incluidos 46 niños y le parece lógico. En Derecho – al menos el derecho continental europeo – la legítima defensa debe ser proporcionada. Es decir, si alguien te amenaza con un cuchillo y lo matas de un tiro en la cabeza, vas a la cárcel, por asesinato u homicidio, pero vas a la cárcel porque la defensa no es proporcionada y por tanto no es legítima. Si le pegas un tiro en la pierna o le matas de una cuchillada, si sales bien librado.

No es así en todo el mundo. En EE.UU. hay Estados en los que si alguien entra en tu jardín, en tu linde, es legítimo que lo mates a tiros, aunque esté desarmado. Vienen del Far West y de los Sioux y no han llegado a nuestro estado civilizacional. La tradición jurídica israelí, en cambio, es europea. Británica para algunas cosas, algunas de aupa, como la detención administrativa (sin juicio ni causa) por seis meses prorrogable por semestres sin límite. Los más viejos del lugar recordarán a Bobby Sands, el terrorista del IRA que murió en huelga de hambre antes de que Reino Unido dejara de aplicar dicha pena a cada irlandés republicano que consideraba oportuno, sin tutela judicial alguna.

Pero el grueso de la doctrina política israelí viene de Europa continental, de los sionistas fundadores askenazíes, ilustrados y sobrevivientes al Holocausto. Y los Derechos Humanos tienen mucha protección. De ahí la democracia, la libertad de opinión, la libertad sexual o la protección social. Pero el nacionalismo pesa mucho también y el “Nunca más” acuñado tras no haberse defendido de la presión nazi, todavía más. De manera que frente a fuerzas que persiguen su desaparición como Estado, no tengan límite en su respuesta.

Me se todos sus argumentos: en 1947 los árabes rechazaron el Plan de Partición de la Palestina británica, previamente otomana, mientras que ellos aceptaron con gran dolor de su corazón porque los territorios “bíblicos” quedaban del lado árabe. En 1948 consiguieron mantenerse a duras penas cuando todos sus vecinos árabes les atacaron a una. En 1967 Israel atacó primero pero Egipto y Jordania se aprestaban a hacerles una pinza de difícil resistencia. Y en 1973 Egipto, Siria y algún otro les atacaron durante el Yom Kippur y estuvieron a punto, pero a punto, de palmar. Y encima la OLP no dejó de perseguir su desaparición hasta finales de los ochenta y Hamás lo más que les ofrece es una “hudna” o tregua indefinida pero no acepta su existencia de pleno. Por no hablar de Irán, un Estado de la región, que cada dos por tres repite que va a acabar con Israel, algo que no conozco de ningún otro Estado en el mundo respecto a un vecino cercano.

No solo me los se sino que los comparto. Los judíos han padecido toda clase de perrerías de parte de los cristianos cristalizando en el Holocausto, único caso de un Estado-nación desarrollado que pone su maquinaria administrativa al servicio del exterminio de un colectivo específico. Los nazis mataron a mucha gente – opositores, homosexuales, discapacitados, gitanos… – pero no intentaron exterminar a nadie más que a los judíos. Y consiguieron exterminar más o menos a la mitad de los que entonces habitaban el Planeta, que se dice pronto. Y los árabes, que no el Islam que tradicionalmente fue mucho más tolerante con ellos que el Cristianismo, llevan muy mal lo de su existencia como Estado propio en lo que consideran su territorio.

También me se los argumentos israelíes al respecto. Nunca hubo un Estado independiente palestino, de hecho, no hay ninguna referencia histórica a un Pueblo palestino que merezca el derecho de autodeterminación, como si la podría haber para el Pueblo kurdo, por ejemplo, distinto de las demás etnias vecinas. Pero tras la Segunda guerra mundial, los poderes coloniales – Reino Unido y Francia, Sykes-Picot – decidieron dividir el territorio que les había tocado en suerte tras la derrota de los otomanos en la Primera, y crear Estados árabes independientes, incluido uno palestino en la mitad del mandato británico. Es decir, el pueblo palestino es tan inexistente históricamente como el jordano, el iraquí o el sirio, por poner solo un par de ejemplos de “Pueblos” que tienen sus propios Estados. De lo que se deduce que hay Pueblos que históricamente podrían merecer un Estado propio por su idiosincrasia particular – étnica, religiosa, cultural – pero que no lo tienen y otros que aunque históricamente sea discutible que lo “merezcan”, lo tienen.

Pero luego está la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU 242, refrendada muchas veces después, que da legitimidad al derecho de auto-determinación del pueblo palestino. Quizás no en TODOS los territorios ocupados por Israel tras la guerra de 1967, como Israel arguye basándose en las diferencias entre su versión inglesa y francesa, lo que resulta irrelevante para deslegitimar el reconocimiento por el máximo órgano de gobierno internacional de la aspiración de los palestinos a un Estado propio.

Pero Israel, adalid de la democracia interna y de los Derechos Humanos para todas las minorías – también los judíos fuera de Israel, véase su labor de vanguardia en cuanto a los derechos civiles en EE.UU. o de los judíos sudafricanos contra el Apartheid – sucumbe al nacionalismo bíblico del supuesto Pueblo elegido por Yavé, que solo enviará al Mesias de vuelta a la Tierra cuando los judíos “vuelvan” (¿lo fueron alguna vez?) a gobernar sobre el territorio del Viejo Testamento, más bien la Toráh. Y ahí entra el ojo por ojo, diente por diente, que se superpone a la legítima defensa.

No conozco la Toráh en profundidad aunque sí conozco algunos pasajes que desde luego adolecen de humanidad. Pero me cuesta pensar que la Toráh justifique matar a 46 niños del grupo del que ha matado a uno propio, incluso dejando de lado que el propio ocupaba el territorio que la legalidad internacional considera debería ser del Pueblo de los 46 asesinados sin ningún reparo.

Y ahí pasamos a un territorio más afín al de la Mafia y a los crímenes de guerra. Mafia porque, al menos en las pelis, los mafiosos matan a los hijos de los enemigos para que no vengan a vengarse en el futuro. Y sí, con lo que Israel lleva perpetrando un par de años en Gaza, es lógico pensar que las generaciones futuras buscarán venganza. Y crímenes de guerra porque matar a los no combatientes sin escrúpulos solo porque están cerca de un objetivo militar es tan horrible como matar a los viandantes que están cerca de un terrorista que escapa a la carrera. Y también porque cada vez parece más claro que, de últimas, Israel persigue que los palestinos emigren, por las buenas y como no es así, por las malas. Y eso se llama limpieza étnica.

No nos dejan otra opción estos salvajes… Sería más creíble si hubieras de verdad intentado otras opciones pero a salvajismo ganas tú, Israel, que rivalizan con éxito con Hamás. Así que no me vengas con que eres el adalid de la civilización occidental. ¡No de la mía! Putin será más carca y autoritario ¡pero mata menos civiles!

Al final, como Israel no parece que vaya a cambiar – al contrario, va a peor – la crítica a Israel por su comportamiento intolerable, el anti-sionismo y el anti-semitismo, serán indistinguibles, y será una gran tragedia moral, muy injusta para la fantástica contribución del judaísmo a lo mejor de la civilización occidental y, sobre todo, para los millones de judíos que están horrorizados con la deriva del Estado que surgió para evitar que nunca más estuvieran en peligro.

Icebergs

Arthur Mulligan

Esto, la cosa y su zumbido permanente, la inabarcable desfachatez política, el negro vómito que anega los fundamentos de Occidente no tiene vuelta atrás pero tampoco avanza y parece que se ha detenido por alcanzar el mínimo espesor permitido por la física, una suerte de barrera geológica natural que se erige durante los desbordamientos al guardar la memoria de los cauces profundos. Un impasse ante el brutal desgaste de los materiales que no cumplen con los criterios de resistencia prometidos.

Se observa una erosión interna del sistema político e institucional, donde la política se ha convertido en una cuestión de supervivencia para los actores más que en un arte de convivencia o gobernanza orientada al bien común; escándalos de corrupción, luchas internas en partidos grandes, y la imposibilidad de reformas profundas contribuyen a que la política española sufra un desgaste estructural que afecta tanto a viejas como a nuevas formaciones, dando lugar al final a tensiones entre generaciones, donde el poder político está dominado por los mayores que votan más, agravando la sensación de exclusión y frustración juvenil, especialmente en temas críticos como la vivienda y la integración social.

Cansancio y crisis que a fuerza de repetirse en fórmulas simplificadoras se traduce en polarización extrema y el agotamiento de las opciones políticas existentes reflejo de problemas arraigados en la sociedad que paralizan nuestras instituciones.

La transformación de parte de los barrios en las grandes ciudades que son los primeros en sentir las nuevas formas de precariedad económica se asocia a una combinación de influencias de medios digitales y la construcción de identidades políticas en conflicto, añaden tensión que orienta a los jóvenes hacia formaciones de derecha extrema; perfiles que combinan información política, entretenimiento, emociones fuertes, controversias y llamamientos a la acción.

Además, las redes permiten la circulación de teorías conspirativas, desinformación y discursos de odio, que condicionan la percepción política y social de los jóvenes, alimentando su giro hacia opciones extremas y adversas a la política institucional convencional.

No hay día que no se alimente la confusión incluso desde personalidades veteranas de la política. Hoy mismo, a modo de defensa del Ejecutivo, Diego Garrido respetado referente del constitucionalismo y la política europea dentro de la órbita del PSOE decía en Antena 3 que la obligatoriedad de presentar presupuestos no suponía ninguna obligación de dimisión en caso de que éstos no se hubiesen presentado y que en consecuencia se podía perfectamente gobernar sin presupuestos 

La obligatoriedad sería por tanto algo deseable, lo mismo que los cambios de significado y alcance de cualquier precepto constitucional sin modificación formal del texto, esto es, sin cambiar su literalidad (Javier Tajadura Tejada) lo que se llama una mutación:

(…) «Muchas de esas mutaciones merecen una valoración muy positiva, pero el problema que plantean es el de su legitimidad: ¿es legítimo cambiar el significado de preceptos constitucionales sin seguir el procedimiento de reforma? La respuesta nos obliga a distinguir entre dos tipos de mutaciones: las legítimas y las ilegítimas. Una mutación es legítima cuando caben diferentes interpretaciones de un precepto y el cambio consiste en reemplazar una por otra. La ampliación del derecho al matrimonio a personas del mismo sexo sería un ejemplo. Pero hay otras mutaciones que deben denunciarse como ilegítimas porque contradicen expresamente la literalidad y la finalidad de preceptos constitucionales e imponen una interpretación de aquellos que no es admisible. En esos casos no cabe hablar de mutación, sino de violación o falseamiento de la Constitución (sic).

La violación del artículo 134-3 CE se enmarca en un falseamiento generalizado de la forma de gobierno prevista en la Constitución: la forma parlamentaria de gobierno ya no está vigente y ha sido reemplazada por otra que podemos calificar de «parlamentarismo negativo» (José Tudela Aranda). El reemplazo ha sido posible merced a la modificación informal de dos pilares del sistema parlamentario: procedimiento de investidura (art.99 CE) y moción de censura (art. 113 CE).

La Constitución establece un sistema de gobierno en el que la legitimidad de este se basa en la confianza del Congreso. El Ejecutivo se legitima por la existencia de un programa de gobierno que cuenta con el respaldo de la mayoría de la Cámara (art. 99.2 CE). Esto ya no es así en España. Según el perverso modelo de parlamentarismo negativo, el Gobierno no cuenta con el respaldo del Congreso en torno a un programa, sino que su única razón de ser es impedir que gobierne una determinada formación política.

En 2018 se impuso una moción claramente «destructiva» cuyo unico propósito fue poner fin al Gobierno de Rajoy sin que existiera un programa alternativo de gobierno respaldado por la mayoría de la Cámara.” (JTT)

Hasta aquí la extensa cita que me parece relevante como muestra del maltrato del Gobierno hacia el valor doctrinal de la herencia recibida que continúa con los ataques sistemáticos al Poder Judicial con personas interpuestas llegando a escándalos que comprometen a la familia del Presidente, miembros de su gobierno y altos cargos de su partido.

De modo que la situación es de parálisis y de tensa espera. Las derrotas parlamentarias continúan y las encuestas registran una invariable mayoría conservadora si hubiera elecciones. Y así como en Francia el Gobierno del empresario y centrista Bayrou fue derrotado por los extremos apoyados por el PSF después de señalar el engaño en que vivían con un Estado del bienestar imposible de sostener sin reformas, aquí continúa la baladronada del soniquete familiar en forma de cohete y crecimiento, deuda pública inexpugnable, asalariado medio con pérdida de poder adquisitivo de un 4% anual y un tercio de alumnos de primaria llegando al colegio con hambre de pobre, según un estudio de ESADE.


España ha subido su presión fiscal varios puntos porcentuales en estos años; mientras que la media de la UE o la OCDE se ha movido poco o incluso ha bajado. Por tanto, la brecha con los países de referencia se está reduciendo: España se acerca más a la media europea en términos de porcentaje del PIB destinado a impuestos + cotizaciones. Debido al aumento en España y la estabilidad o ligera caída en el conjunto de la UE, la «velocidad de subida» en España es mayor.
 

Este aumento en España se explica por varios factores: recuperación tras la pandemia, aumento de recaudación, quizá efecto “recogida de fruta madura” en la base impositiva, inflación etc. Los datos son claros: la inmigración también influye — de forma indirecta pero significativa — en la evolución de la presión fiscal en España, ampliando la base contributiva, en especial en servicios, agricultura y construcción.

España tiene una población envejecida. La llegada de inmigrantes en edad laboral mitiga la presión del envejecimiento sobre el sistema de pensiones y las cuentas públicas. La inmigración también eleva el PIB total (por aumento de población activa).

Es difícil ver los méritos en estos datos de este gobierno que “trabaja para la gente.” Pero si sabemos, o mejor dicho, sentimos un paulatino malestar reflejado en encuestas y confirmado en la caja del supermercado.


Neutralizado ya el vano intento de un envejecido Pablo Iglesias y sus agresivos llamados contra los poderes constituidos del Estado, intuimos que en el último octavo del Iceberg que transporta este gobierno infame, se oculta el horror indefinido que nos impide mirar con confianza el horizonte azul de tiempos mejores.

Tanto conservadores como socialdemócratas, las dos grandes corrientes del pensamiento político europeo, discurren sus últimas filosofías en el práctico terreno del liberalismo, sin las adiposidades y adherencias de lo peor que la Historia les ha dejado porque, en realidad, ambos sistemas de pensamiento se alimentan mutuamente para buscar su utopía en lo ya conseguido, solo que quieren rellenar ese espacio con nuevas sensaciones, nuevos objetos de deseo y, sobre todo, con una extensión estabilizadora mediante la inclusión de los más. Ambos movimientos tienen por lo común una cierta aversión por la naturaleza viva de la oposición de los contrarios: libertad/autoridad, autonomía/dependencia, pluralismo/monotonía social, experimentalismo/inmovilismo, igualdad/desigualdad, pensamiento independiente/pensamiento vigilado por una jerarquía.

Con esta historia repleta de personalidades e historia de sacrificios y éxitos colectivos ¿quien diablos quiere una flotilla sin destino?

Lecturas y podcasts de interés de estos últimos quince días

Lluís Camprubí

Procedo pues a recomendar algunos de los textos y audio-vídeos que han llamado mi atención en las dos últimas semanas.

Sobre relaciones Internacionales en general, geopolítica y el rol de Europa.

En primer lugar, la excelente entrevista a Carlos Corrochano, que lleva el destacado: “Hoy lo internacional parece proyectar los sueños de los reaccionarios y las pesadillas de los progresistas”. También a destacar la tribuna de François Heisburg: Cómo puede ganar Europa: una estrategia para contrarrestar el declive. Y vale la pena el monográfico (y todos sus capítulos) del EUISS sobre las relaciones UE-EEUU Low trust: navigating transatlantic relations under Trump 2.0

Sobre Gaza y Palestina, el alto el fuego y la posibilidad de una paz justa.

Importante el texto del Crisis Group: Gaza’s Ceasefire is Vital, but Only a Start tanto por el análisis como por las propuestas concretas. De forma complementaria, Chatham House publica los textos de dos autores con un análisis profundo del “plan de paz”, sus oportunidades y sus limitaciones, en particular para los palestinos: Trump’s Gaza plan is still not a complete peace settlement (Marc Weller) y Hamas can’t rebuild Gaza. For Trump’s plan to work, Palestinians must be given hope (Stephen Farrell). Por último, muy interesante la entrevista en profundidad a un facilitador (honesto) de las negociaciones israelí, Gershon Baskin, con una mirada y claves importantes de pasado, presente y futuro, que se pueden compartir.

Sobre la transición ecológica, y la necesidad de un ecologismo y unas izquierdas a la altura del reto del cambio climático.

Empieza a florecer un conjunto teórico-práctico-aplicado sobre cómo políticamente debemos intentar intervenir sobre el cambio climático, con unas mínimas garantías de éxito.

En primer lugar, las ponencias (video) de Emilio Santiago y de César Rendueles. Imprescindibles para caracterizar la singularidad y urgencia civilizatoria del cambio climático y los necesarios cambios en el abordaje de la izquierda. De forma muy complementaria, en este podcast-entrevista a Xan López explica las tesis de su libro “El fin de la paciencia: un ensayo sobre política climática. Y finalmente, el texto de Héctor Tejero, con un título auto explicativo: El realismo climático como esperanza práctica

Miedo y asco en Gaza

Alfons Salmerón

No sé qué opinan ustedes. No sé cómo se les quedó el cuerpo al ver la ceremonia del llamado acuerdo de paz para Gaza en Egipto. En lo que es a mí, les confieso que me produjo náuseas.

Le llaman acuerdo de paz pero es una farsa. Se supone que debemos sentir alegría por el fin de las bombas pero solo siento asco y angustia. Veo a al mamarracho de flequillo naranja en mitad del escenario, sacando pecho, sintiéndose el centro del mundo y la pleitesía que le rinden los líderes mundiales y siento asco, un asco profundo que nace de la boca del estómago. Le llaman paz a un desierto de escombros que sepultan a decenas de miles de cadáveres de civiles. Le llaman paz a la victoria de la muerte sobre la razón y la justicia. Le llaman paz a la ostentación de los únicos valores de este nuevo orden internacional, la violencia y el dinero. Le llaman paz a la destrucción de la franja de Gaza, a la violación de un pueblo, al final de las aspiraciones de soberania política de Palestina. Le llaman paz a lo que es la instauración unilateral de un protectorado americano-israelí en Gaza.

Le llaman paz pero yo veo cinismo. Del silencio de todos estos meses a esta nauseabunda foto de familia. Sonrientes todos. Todos señores, por cierto. ¿De qué mierda se ríen? Trump haciéndose el gracioso y el resto de lacayos riéndole las gracias. El nuevo viejo orden de feudalismo global. Les vendieron, les vendimos las armas, les dejamos hacer, no hubo sanciones ni condenas, a lo sumo alguna frase incómoda. Les dejamos hacer en silencio, vimos como asesinaban a civiles, mujeres y niños, como arrasaron hospitales, tiendas de campaña, impidieron la llegada humanitaria, bombardeaban los campos de refugiados, dejaron que la hambruna se extendiera, y las enfermedades. Sembraron el horror. Les dejamos hacer con nuestro silencio aterrorizado y cómplice. Despertamos demasiado tarde para presenciar cómo se sientan y nos cuentan que alcanzaron la paz y se intercambian rehenes y cadáveres y hablan de una paz duradera. No es un acuerdo de paz es la rendición sin condiciones. Es el triunfo del horror definitivo.

Le llaman paz pero hoy somos un poco peores. El mundo es un poco peor. Esa foto inaugura un nuevo orden, de impunidad y desfachatez. De miedo y acoso. Hemos sabido que la ley no sirve para nada cuando la única ley es la fuerza, hemos sabido que los tratados no sirven para nada cuando se imparte la violencia del que más puede. Hemos sabido que los derechos no valen nada cuando se impone la doctrina del miedo, la amenaza y el chantaje. Hoy somos más pobres moralmente. Les dejamos hacer en silencio. Impartir su violencia impunemente. Asistimos a un abuso global en vivo y en directo. Permitimos que arrestaran ilegalmente la flotilla de la dignidad y una semana más tarde les aplaudimos. Somos miserables. El miedo nos hace miserables. Cuando perdemos la dignidad no nos queda nada. Resuenan los versos de Martin Niemöller atribuidos a Brecht. Vinieron a por los palestinos pero yo no dije nada porque no era palestino

Siento asco al ver al mamarracho de flequillo naranja hablando de Paz. Quería el Nobel. Y casi se lo dan, o se lo han dado indirectamente en la figura de María Corina Machado. Las democracias han dimitido. El viejo orden ha dimitido. La esperanza ha dimitido. El imaginario de un orden mundial que pudiera ser justo se ha volatizado. Ese es el cadáver simbólico más grande de este genocidio. La ONU murió el día que el mamarracho de pelo naranja defecó su discurso nauseabundo, sin importarle nada la opinión de nadie. Ha sido el único que ha ganado, incluso más que su vasallo Netanyahu, ahora le pasará la factura de haberlo defendido frente a todo el mundo. El nuevo orden solo sabe de dos cosas. De violencia y de dinero. Todo vale. Miramos para otro lado, como sabiendo que mañana podemos seguir los siguientes. Luego vinieron por mi, para para entonces ya no quedaba nadie que dijera nada.

Museo Nacional de Antropología e Historia (MNAH) Ciudad de México

Verónica Ugarte

¿Para qué sirve un Museo? ¿Cuáles son sus funciones? Dos preguntas simples que pueden llenar páginas de ensayos e intercambio de ideas.  En el caso del MNAH, para un mexicano, la respuesta es sencilla: recordar nuestras raíces.

Visité el MNAH desde los 3 años hasta los 25, por lo menos 4 veces cada año. Excursión con la escuela, deberes para hacer resúmenes y trabajos; llevar a extranjeros que se morían por visitarlo. Y en este último caso, mi pecho se llenaba de orgullo. Mostraba mi país, mis raíces, o parte de ellas, más bien. Porque hay que recordar que el México actual es el resultado de un choque brutal de dos civilizaciones, que parieron otra, sacando lo mejor y lo peor de ambas. Decir México es decir mestizaje puro y duro.

México Tenochtitlán se encontraba sobre un lago.  Ahí, después de su caída, mis antepasados españoles y mis antepasados indígenas, diseñaron y construyeron una nueva ciudad.  Los restos de los templos y edificios aztecas quedaron destruidos o tragados por el agua.

Con el paso de los siglos, parte de esas piezas fueron saliendo a la superficie. Se fueron formando colecciones que los distintos Gobiernos Virreinales preservaron. No fue hasta 1964 que el actual MNAH fue inaugurado.

Diseñado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, alberga en 70,000 m2 la más grande colección del legado indígena. A nivel mundial es respetado por su diseño, sus luces, la magnificencia del edificio.  Para un mexicano, es el lugar donde se va a conocer, recordar y tener presente parte de su pasado.

Decía que desde los 3 años lo visité.  Mucha gente puede llamar a esto alienación. Yo agradezco, después de haber visitado y explorado otros museos, que desde pequeña haya yo pisado ese Museo. Cada rincón, cada pieza es una emoción, un recuerdo, un saber.

¿Saber qué?  Saber quién soy, saber de dónde vengo.  Hacia dónde voy, eso solo yo puedo decirlo. Pero mirar atrás, recordar esas visitas, recordar las explicaciones de los guías y profesores, hace que no olvide mis orígenes.

En mi autoexilio recuerdo las palabras que Alfonso Reyes, un intelectual mexicano, decía: “Para ser genuinamente nacionales, hay que ser tremendamente internacionales”.

Como decían los Mayas: “la tierra no es de uno; uno es de la tierra”.

Este texto lo escribí hace años. Huele a polvo, alienación y nacionalismo de la peor especie. No hay peor que una bandera, un himno y una gesta para hacer borrar de la mente del vulgo los verdaderos problemas que los Gobiernos no acatan.

Por un lado del charco, desigualdades, corrupción, violencia, narcotráfico. Del otro, una Seguridad Social rebasada; el problema de la vivienda y la falta de claras oportunidades laborales expulsan cada día a los jóvenes hacia Holanda, Alemania, incluso al cono sur.

En todos lados se cuecen habas. Allá pasó el 15 de septiembre. En Madrid, besamanos al hijo del exiliado con millones.

Que cada uno saque conclusiones. No puedo estar orgullosa de ser mexicana porque me vino dado. Si acaso estoy orgullosa de hacerme quitado el nacionalismo casposo y de poder leer escritores que me han acompañado en diversos viajes. Esos que no van con porro pero si con baños de realidades. Esas que hacer pensar y reflexionar. Un logro inmenso.

Nuestra bulliciosa y disfuncional familia

Carlos Hidalgo

Siempre que llega la fiesta nacional me sorprende que la derecha quiera restregarme la bandera por la cara, como si para mí, que soy de izquierdas, me fuera a provocar el mismo efecto que los ajos a un vampiro. Y lo cierto es que yo me considero, no solo muy español, sino que estoy bastante orgulloso de lo que España ha logrado ser en las últimas cinco décadas. Y, al haberme pateado las 17 comunidades autónomas, así como Ceuta y Melilla (me faltan las Chafarinas y el Peñón de Vélez de la Gomera), entiendo ese hilo nebuloso que nos une y que es tan difícil de ver en ocasiones.

La bandera no me da repelús en absoluto. Si bien es cierto que me da más orgullo al verla en los hombros de nuestros astronautas que plantada en cualquier glorieta porque sí, o en los balcones cuando juega la selección, pero no en los mítines de Vox. Soy más español que la tortilla de patatas e, igual que no lo soy contra nadie, no entiendo que nadie lo sea contra mí.

España, me dice una querida amiga mexicana, es el padre despistado de una familia disfuncional, que ha sido verdaderamente consciente de que tiene hijos cuando estos ya se han ido de casa. Para mí, la hispanidad es algo bastante diferente a las nostalgias imperiales. Es que la actitud de una madre portorriqueña nos sea tan familiar como la de nuestra propia madre. Que el humor negro que recorre el continente americano tenga mucho que ver con el colmillo retorcido de nuestra cultura. Que casi todos los 600 millones de hispanohablantes prefieran la parodia a la épica, como nos lleva pasando desde El Quijote. Los padres que nos hemos criado viendo películas de Cantinflas y a los Picapiedra con acento mexicano, tenemos hijos que siguen a “streamers” de toda Latinoamérica. Y en Colombia, Ecuador, Perú o en Argentina se cuelan expresiones españolas porque las plataformas de streaming les han hecho adictos a algunas de nuestras series. Y al revés; todos hemos visto “El Eternauta” reconociéndonos en esa cuadrilla de amigos a la que la invasión extratrerrestre les pilla jugando a algo muy parecido al mus.

Nuestra historia común no es perfecta, ni mucho menos. No sé si el Rey debería escribir hoy en día a la República de los Estados Unidos de México para pedir perdón por los hechos acaecidos hace más de 500 años, pero sí que tengo claro que a nosotros nos avergüenzan las rancheras de Bertín Osborne del mismo modo que a ellos les avergüenzan las andanzas de Paulina Rubio en nuestro país.

Nuestra historia presente también es mejorable en bastantes aspectos. Pero nuestros lazos comunes, gusten más o gusten menos, se revelan hoy en día como más necesarios que nunca. Con unos EE.UU.lanzándose a unas políticas racistas y xenófobas, que califican de criminales a todos los inmigrantes, especialmente a los que proceden del sur de los Estados Unidos, hay más ojos de los que parecen que se vuelven hacia España. No tenemos la potencia económica o la ambición de China, pero nuestro PIB, dependiendo el día y el tipo de cambio, llega a ser superior al de Rusia. Queramos o no, España tiene un papel en el mundo más importante del que parece, así como los países con los que compartimos herencia. Y tal vez, esta vez, podamos hacerlo sin hacerlo contra nadie.

Guerreros de terracota 

Arthur Mulligan

Finalizada la agónica puesta en escena de la diminutiva flotilla errante para divertir a la galería y molestar a nuestras Fuerzas Armadas quemando combustible en su disparatada “no misión”, los farsantes se retiran y tratan de comprender por qué el Ministro de Asuntos Exteriores no les había explicado nada, que todo era una maniobra para retener algo de su lejano esplendor, que de la misma manera que negoció un cambio radical de la posición de nuestro país sobre el Sahara o entregó de manera desconcertante principios de soberanía tradicionales sobre Gibraltar, toda su acción política pende del mantenimiento de un poder que se tambalea, abandonando cualquier continuidad estratégica nacional.

En Gaza, el ejército israelí ha ganado la guerra militarmente desde hace bastante tiempo y en estos momentos parece más que probable un cese de las hostilidades y el cumplimiento de dos de los tres objetivos que se había fijado Israel: destruir militarmente a Hamás y prohibir cualquier posibilidad de remontar su potencia. El tercero, la liberación de los secuestrados, se negocia con buenas perspectivas.

En un año, hacia el otoño de 2024, 22 de los 24 batallones con que contaba Hamás fueron neutralizados y según estimaciones americanas el movimiento habría reconstituido en parte sus efectivos reclutando 17.000 nuevos combatientes aunque se trataría de jóvenes politraumatizados y poco experimentados.

Después del ataque terrorista que ha costado la vida a 1.200 israelíes y que condujo al secuestro de 251 personas, las ciudades están en ruina, los hospitales y las escuelas han sido destruidos, la operación “espadas de hierro” ha empleado los principios de la guerra contra-insurreccional con un empleo de la fuerza desproporcional y desinhibida. 

El resultado han sido 47 millones de toneladas de escombros, 1.200 km de carreteras destruidas y la renuncia del ejército a la idea de una guerra de precisión, aceptando un número de pérdidas civiles incompatibles con los principios del derecho que regulan los actos de guerra.

Cerca de 1.000 soldados israelíes han muerto en estos combates.

Estando pendientes de calificación los hechos, todos los hechos de los intervinientes por los tribunales futuros, las narrativas mediáticas difieren en su repercusión emocional en Occidente de las muertes en la guerra de Ucrania en comparación con las muertes en Palestina, y así, mientras en Ucrania la mayoría de las bajas son soldados, se reacciona con menos empatía emocional ante muertes militares que civiles. En el conflicto palestino, la alta mortalidad civil y las imágenes de destrucción en Gaza sucede lo contrario.

La cobertura mediática occidental suele ser asimétrica y politizada.

La presencia de comunidades árabes y musulmanas importantes en occidente moviliza un mayor activismo y sensibilidad hacia Palestina.

La izquierda europea se ha comprometido históricamente más con Palestina que con Israel por varias razones profundas y contextualizadas, pese a que los primeros ataques del conflicto provinieron de árabes y movimientos insurreccionales; Israel es visto en la izquierda como un estado con fuerte militarización, apoyo occidental, y síntomas de políticas represivas, lo que genera rechazo ideológico. A esto se suma la complejidad y divisiones internas en la izquierda israelí y su marginación frente a fuerzas políticas más conservadoras o nacionalistas.

Este escenario termina para Sánchez y su cañonera de la señorita Pepys y como los personajes de Pirandello buscará energía en otras causas románticas y movilizadoras antes de que termine el cincuentenario de la muerte de “ese hombre”, siempre mirando hacia atrás con ira.

Hoy, con un grosero tuteo (ni señoría, ni señor diputado) – ¡ánimo Alberto! – acompañado por una risotada extemporánea de su arrabalera ministra de hacienda, cerraba la segunda intervención un Pedro Sánchez desatado que nos recordaba una siniestra carcajada inolvidable traída de su reciente pasado y también que la legislatura está muerta, sin presupuestos y sin ninguna posibilidad de diálogo a la vez que las casas de encuestas independientes mantienen inalterable la cifra de más de 200 diputados para una oposición en permanente lucha interna, certificando la imposibilidad de armar una nueva coalición en mayoría, y ello a pesar de los gigantescos errores del líder conservador.

El Partido Socialista se asemeja cada vez más a ese ejército de Guerreros de terracota, frágil, mudo y disecado, que deserta huyendo en el tiempo como el bolero, sin rumbo y en el lodo, para asombro de los europeos.

Cuarto

Juanjo Cáceres

La última semana ha estado repleta de noticias referidas a Palestina, aunque esta vez, por suerte, no tanto por las consecuencias de nuevos ataques israelíes -aunque los ha habido-, como por los efectos del viaje de la flotilla, la detención de los viajantes y por las numerosísimas manifestaciones habidas en diversas localidades españolas y extranjeras. Ha sido la semana en la que más claramente se ha notado el cambio de actitud de los sectores europeos menos derechizados y en la que mayor ha sido el grito de protesta sobre lo que sucede en Gaza.

Y no solamente. También se han ido desgranando diferentes cuestiones relacionadas con el plan de paz estadounidense que, cada vez más, se está convirtiendo en ese clavo ardiendo al que quiere agarrarse todo el mundo. Especialmente los que llegan tarde a denunciar el genocidio, pero sobre todo los que se han acomodado estos días en frases tan míticas como «no se debe mezclar política y deporte», «lo de la flotilla es una performance de activistas pijos» o, por supuesto, «en el momento que se producen actos violentos, los que protestan pierden la razón». Ahora que se dice que se pone en marcha el plan, les falta tiempo a estos últimos para decir al resto que se dejen estar de bobadas -se ve que los que dicen bobadas son los otros y no ellos- y lo de que vamos todos (y yo el primero) por la senda del plan de Trump.

Pues bueno, después de que hayan hecho falta varias decenas de miles de muertos y muchísimos edificios arrasados para que se hayan generado protestas de un nivel de indignación medianamente aceptable; después de que la defensa de los palestinos se haya aprovechado sin demasiado disimulo para obtener réditos políticos; y después de que los Estados Unidos de Trump se hayan puesto de perfil durante toda esta masacre, como también han estado haciendo por ejemplo en Ucrania, ahora nos llega un plan que va a ser la salvación de la Franja, la puerta de entrada al Estado palestino y una solución efectiva para arreglar todo lo desarreglado. ¡Qué bonita es la esperanza, pero cómo queman los clavos ardientes!

Lo primero que me viene a la mente cuando escucho estas cosas son los viejos hits, no tanto de The Beatles o Pink Floyd, sino más bien tipo la reconstrucción de Irak y la salvación de Afganistán. ¡Qué duda podría haber de la capacidad de Estados Unidos de reconstruir un territorio destruido y una sociedad arrasada por décadas de conflicto y una reciente masacre masiva televisada!

Alguien podría pensar que un multimillonario como Trump, con una amplia experiencia en rascacielos y pelotazos, podría montar allí algo como la costa valenciana, pero alguien que tuviera más memoria podría pensar que quizás sea más probable que algún sector y alguna fortuna o gran fortuna sean quienes verdaderamente se beneficien: que si el ladrillo, que si ciertas empresas de armas o de mercenarios, quién sabe…

En todo caso, lo que me parece a mí es, que en un momento en que Europa se encuentra fuera de juego del tablero global y en el que el gran presidente es un comediante que anuncia una cosa (por ejemplo, la paz en Ucrania) y sucede la contraria (por ejemplo, lluvia de drones), lo más lógico es que esto se convierta en una vía para que Israel acabe de alcanzar sus objetivos, en medio de alguna ficción televisada. Quizás ya no con tanta destrucción, sino con formas de ocupación más sutiles. O tal vez con la misma destrucción e igualmente en directo.

Respecto a Hamás, a quien se le requiere una rendición incondicional, no se pierdan el plan secreto: intentar untarlos con una parte significativa del negocio, para convertirlos en parte del poder económico de ese nuevo Dubái que alguno se imagina. Sin duda es previsible que esa gente tan centrada, pegada a la realidad y sin ningún tipo de ambición política, transija con todo y se dedique a vivir la vida loca a partir de ahora.

De todo esto a mí me sale una correlación de mitos, impotencias varias y tomaduras de pelo por doquier. Pero igual me equivoco y una nueva era de paz y prosperidad se abre para el conjunto de los palestinos. Tal y como está el mundo, ¿por qué no creerlo? ¿Qué puede salir mal?

El fracaso de la Humanidad

Verónica Ugarte

Ríos de tinta siguen corriendo acerca del genocidio en Gaza. Nos seguimos llevando las manos a la cabeza, sin poder entender, que se permita que Israel, un Estado que nació para albergar a los sobrevivientes de la Shoa, sea capaz de matar a sangre fría al pueblo palestino.

¿Dónde está escrito que el hombre no repite las desgracias y errores? ¿Que mantener los antiguos campos de concentración harían que el ser humano aprendiese algo?

Hace unos meses, Michal Waldiger, representante ante la Knesset por el Partido de extrema derecha sionista, Mafdal, declaró vehementemente que esperaba que su hijo, soldado enviado a Gaza, matase a toda persona que se cruzase en su camino, incluidos niños. Si, esa mujer, madre de cinco hijos, abuela de otros tantos, deseó la muerte de niños, aduciendo, como si fueran basura, deshumanizandolos, que si no eran asesinados ahora, crecerían y buscarían venganza contra Israel.

Llamó “Nazi” a Hamas. Escucharlo provoca asco profundo contra un Partido y contra una sociedad que esté de acuerdo con semejante línea de pensamiento, o de ideas que salen del odio más cruel.

Siempre que pudieron, los más atroces actos de guerra se cometieron en nombre del sufrimiento pasado en manos de la Alemania Nazi. ¿Cómo es posible que el genocidio que comete el gobierno de Benjamín Netanyahu, sea permitido por sectores de su país? 

En la misma línea se encuentra Eyal Mizrahi, Presidente del la Asociación de Amigos de Israel en Milán. Durante una emisión televisiva, este veterinario, también de extrema derecha, dijo que todos los gazaties debían ser eliminados, ya que su existencia era un peligro para Israel. Cuando fue cuestionado acerca de los asesinatos de niños, sin dudar un segundo, dijo, “defina niños”.

Ambos personajes niegan que se esté cometiendo un genocidio. Ambos insisten que se trata de una guerra defensiva. No importa que los gazaties mueran de hambre. Que los médicos tengan que amputar sin anestesia. Que padres y madres lloren con sus hijos muertos en brazos. 

Terezin fue un campo de internamiento cerca de Praga donde fueron encerrados miles de niños. Parte de la exposición-recuerdo son los dibujos que criaturas indefensas realizaron como parte del testimonio de un oscuro pasado que ya se va diluyendo.

¿Habrá una súplica de perdón por parte de un líder de Israel hacía Palestina? ¿Habrá una condena total y un embargo general hacia Israel? En todo caso, el ser humano sigue sin aprender nada.

La flotilla que hace un mes salió desde Barcelona hacía Gaza fue interceptada en aguas internacionales. Israel y el Derecho Internacional no son amigos cuando el último va en contra de los intereses del primero. Ver las imágenes de soldados amenazantes ha sido, para quien tenga un ápice de vergüenza, la confirmación de que el llamado único Estado democrático en Medio Oriente es un Estado criminal.

A estas alturas corren miles de historias. Pero si es verdad que los soldados israelíes humillaron a Greta Thunberg, la golpearon y obligaron a besar la bandera de Israel, y Europa no hace nada, el mundo que dejamos es más aberrante que el de 1945.

Hematuria

Arthur Mulligan

Carles Puigdemont dijo a su entorno en el verano de 2023 que haría “mear sangre” al presidente Pedro Sánchez si quería ser investido y mantenerse en el poder. Esta expresión figurada reflejaba la intención de presionar duramente al gobierno de Sánchez para obtener concesiones políticas, y se ha cumplido con varias dificultades y bloqueos en la legislatura, como retrasos en reuniones, condicionamientos a decretos y exigencias constantes a Sánchez para que mantuviera su apoyo.

Terminábamos Julio con un balance económico cuyos números inquietantes más relevantes permanecen cuando no empeoran y, por lo mismo, el Gobierno sigue utilizando palabras abultadas que animan su opinión sincronizada: absoluto, garantizado, seguridad, bulo, ultraderecha, progresista, gente y vida mejor entre otras.

Un Puigdemont ensimismado no llega ni a eso, aunque muestra signos de fatiga cuando le cambian la cara a los enviados, más beatíficos y menos rústicos pero que no consiguen acordar nada.

Además, entre sus partidarios predomina una posición matizada y políticamente cautelosa enraizada en mayores simpatías con los judíos, aunque con énfasis en la autodeterminación de los pueblos y crítica con los dobles estándares europeos, pero sin un apoyo explícito contundente a Palestina en el conflicto actual. En todo caso las maniobras de Sánchez para que la represión brutal en Gaza ocupe la conversación pública, difumina su papel central y se une a la paulatina desafección de parte de sus votantes hacia su extrema derecha nacionalista comprometiendo sus proyectos cambiantes y cada vez más inestables.

Por otro lado, los asuntos pendientes de la corrupción interna del gobierno siguen alimentando nuevos sumarios que teme puedan contaminarle de algún modo.

Nada que ver con la actitud antisistema del Gobierno, animando y protegiendo protestas, desatendiendo cuando no obstaculizando la economía y la industria de modo indolente sin intentar siquiera avanzar- como hizo en Francia Bayrou- un plan para salir del impasse de unos desequilibrios financieros que también nos afectan, hablando a los ciudadanos con la transparencia que reclaman los adultos.

Compartiendo síntomas inquietantes de inestabilidad interna con Sánchez, Macron ha sorprendido a todos cambiando su posición de antes del verano.

Para tener sentido -decía- la diplomacia no tiene mayor finalidad que aquella que se postula en función de sus efectos, los cuales dependen en sí mismos de la elección del «momento decisivo».

Para poder ser el objeto de un reconocimiento, un Estado debe disponer de un pueblo, de un territorio y de un gobierno efectivo. Palestina no reúne ninguno de estos criterios. La población permanece desconocida en razón del movimiento mantenido alrededor del estatuto de refugiados; las fronteras permanecen desconocidas; la Autoridad Palestina deslegitimada, impotente y corrompida, depende en un 70 % de recursos financieros internacionales de origen muchas veces dudosos.

De modo que para ser eficaz  el reconocimiento del Estado palestino debería ser acompañado de condiciones estrictas permitiendo hacer que la paz avance: aceptación clara de la existencia y de la seguridad de Israel; desarme del futuro Estado; exclusión de Hamás; reforma profunda de la Autoridad Palestina.

Ahora que Mahmoud Abbas no tiene ni la voluntad ni los medios de poner en marcha sus promesas de organizar elecciones y asegurar la transparencia de la gobernanza de la Autoridad, ni de desarmar a Hamás y expulsarle de Gaza, la diplomacia francesa hubiera debido, en lugar de hacer un gesto simbólico estéril, dar prioridad a la negociación de un alto el fuego en Gaza , a la liberación de los secuestrados, al tratamiento del desastre humanitario y al restablecimiento de condiciones de vida decentes en un enclave fuera de control de Hamás y de Israel. Y junto a todo ello, trabajando por el alineamiento de Estados Unidos, Europa y los países del Golfo.

En lugar de eso el cambio de opinión solo ha servido para animar a los extremistas y la violencia. Hamás, derrotado militarmente, obtiene una victoria política y diplomática que le permite justificar tanto las masacres del 7 de octubre como el secuestro de la población de Gaza.

El gobierno israelí y sus miembros más extremistas, fortalecidos con el soporte de Donald Trump y su administración, pueden acelerar su deriva tendente a erradicar toda posibilidad de un Estado palestino a través de la destrucción total de Gaza y la deportación de su población de una parte y la cesión de la Cisjordania de otra .

Qué lejos queda hoy aquel Macron que llamaba al día siguiente de las masacres del 7 de Octubre a formar una coalición internacional contra Hamás inspirada en la impulsada contra el Estado islámico.

La creación de un Estado palestino constituye la sola salida pacífica y duradera a la guerra sin fin comenzada en 1947. Pero eso, porque el reconocimiento por Emanuel Macron y en mucha menor medida por Pedro Sánchez y su equipo de exteriores divide a los moderados, y en este momento trágico de la historia en el que la fuerza prima sobre el derecho debilitando a los partidarios de la paz, no se debe agradar a los extremistas y enardecer a los bárbaros incluso con la mejor de las intenciones.

Queda para la historia universal de la infamia no tanto la organización de una flotilla de propaganda salvadora con aire de kermesse irresponsable, sino la participación samaritana de una unidad de la Armada (en aguas internacionales, naturalmente) para el supuesto rescate de rescatadores por la presión del histrionismo del inevitable movimiento Podemos.

Reyes Mate se preguntaba desde las páginas de El País que «no debemos perder de vista a la otra parte: la torpeza Palestina desde 1948 y el terrorismo de Hamas. cuando veamos flamear las banderas de Palestina en las metas deberíamos preguntarnos qué ocurriría si tuvieran ellos el poder militar que tiene Israel. Y, mirando hacia dentro, Hamás dice tener a Alá por objetivo, a Mahoma como modelo y al Corán como Constitución… Solo este fundamento totalitario explica que habiendo Hamás provocado una guerra (y la sigue provocando), sacrificando a su pueblo solo para dejar en evidencia la brutalidad de Israel, no encuentre respuesta entre los médicos, maestros y ciudadanos palestinos que sufren la violencia israelí y no dicen una palabra sobre la opresión interna. Por todo eso las imágenes en las metas transmiten una imagen falsa: como si Israel fuera el problema y las banderas palestinas, que los manifestantes exhiben, la solución.»

Afortunadamente la UE sigue siendo plural, la prensa libre no tolera el pastoreo de seres que se creen iluminados y tampoco liderazgos sobrevenidos por condicionantes internos.

Alemania , Italia y Dinamarca han resistido a la estrategia de la izquierda internacional de reconocer incondicionalmente Palestina como un Estado sin exigir a cambio la liberación de los rehenes israelíes en Gaza y sin poner fin al terrorismo de Hamás que fue quien expulsó de la franja a la autoridad nacional Palestina de Mahmud Abbas.

El propio canciller alemán, Friedrich Merz, reiteró que la seguridad de Israel es un fundamento normativo innegociable para Alemania y aseguró que las críticas por la ofensiva en Gaza no deben convertirse en excusa para el antisemitismo y no justifican que Berlín le de la espalda a Tel Aviv. «El compromiso alemán con la existencia y con la seguridad del Estado de Israel es una parte innegociable de los fundamentos normativos de nuestro país», señaló en texto difundido por la oficina de prensa de la cancillería, durante un acto con ocasión del 75 aniversario de la creación del Consejo Central de los judíos en Alemania.

En tanto, el ministro de Exteriores de Dinamarca, Lars Lokke Rasmussen, planteó cinco condiciones indispensables para que su Gobierno esté dispuesto a reconocer a Palestina como un Estado, después de que a principios de mes el Ejecutivo de la primera ministra socialdemócrata Mette Frederiksen eliminase el requisito de que Israel dé su aprobación a este paso. «Se trata de lograr la liberación de los rehenes. Se trata de conseguir el desarme de Hamás. Se trata de que Hamás no desempeñe en el futuro un papel en el gobierno de Gaza y se trata finalmente de mantener a la Autoridad Palestina en el sendero de la reforma», declaró Rasmussen al medio danés DR. La quinta condición es que debe existir la «certeza» de que «un futuro Estado palestino estará desmilitarizado», enfatizó, antes de participar en la Asamblea General de Naciones Unidas. Rasmussen agregó que estas condiciones están en línea con lo que demandan otros países y aseguró que su Gobierno «quiere reconocer» a un Estado palestino, pero que «depende de los palestinos» cumplir los requisitos necesarios.

No sé si es por el clima, los espíritus del bosque, la vecindad hosca de una Rusia acomplejada y exaltada buscando siempre su alma atribulada por una Iglesia cismática, pero me parece que puestas en una balanza las motivaciones aventureras de la flotilla alimentadas por el desvarío de Macron y Sánchez contrastan de tal manera con las posiciones de Alemania y Dinamarca que en esta ocasión mi corazón no tiende al Sur y me apena.