Lecturas de interés sobre asuntos globales en este septiembre

Lluís Camprubí

Muchos textos de interés sobre asuntos globales en este arranque de curso. Permítanme hacerles una selección de los que me han parecido más relevantes.

Sobre el conflicto geopolítico entre fósiles y renovables. Me ha interesado este texto de La guerra global de Trump contra la descarbonización de Mark Blyth y Daniel Driscoll donde explican que la ofensiva anti-renovables y pro-fósiles de Trump puede venir por dos factores más o menos conocidos: a) el ideológico en contra de la intervención/planificación estatal industrial/energética y b) el apoyo a la industria amiga fósil/petrolera, pero que conviene tener presente un tercero, c) ayudar a mantener la hegemonía estadounidense ya que las fuentes de energía que sean dominantes ayudan a que la potencias que se basan en ellas sean dominantes. En este sentido, de interés The Coming ecological cold war, en el que Nils Gilman plantea que un factor central en las futuras alianzas y conflictos globales será el eje pro-fósiles (liderados por USA) versus los descarbonizadores/renovables, liderados por China. Así como el texto de Bill McKibben sobre la revolución -imparable- solar que estamos viviendo: 4,6 Bilion years on, the sun is having a moment.

Sobre Gaza. Mucho se ha escrito y descrito sobre los actos de genocidio para generar una limpieza étnica que estamos viviendo. Difícil seleccionar, quizás destacar por su limitada difusión dos testimonios de voces “occidentales” relevantes. La primera es la vivencia y reflexiones del historiador Filiu: “Es el laboratorio de un mundo sin derechos”. La segunda, el texto honesto de Gideon Rachman, articulista principal sobre asuntos exteriores en el Financial Times, y que puede ser termómetro de cambios de fondo en buena parte del establishment liberal ilustrado, en el que narra su evolución en los últimos años de “pro-Ukraine & pro-Israel” a “pro-Ukraine & pro-Palestine”: How Ukraine and Gaza scrambled the ideological map.

Banqueros centrales por una Europa independiente. Considero relevantes dos intervenciones por su claridad y peso específico. Ambas, partiendo de los retos a los que se enfrenta Europa en esto nuevo mundo de “carnívoros”, hacen un conjunto de diagnóstico y propuestas, tanto en el ámbito económico como sobre la autonomía estratégica. Son las conferencias de Mario Draghi y de Christine Lagarde.

Sobre Ucrania y seguridad europea. En primer lugar, recomendar todos los posts recientes de Phillips P. Obrien , en ellos se señala la debilidad analítica de la narrativa “Rusia tiene todas las de ganar y es imparable” y se ilustra el potencial estratégico del ataque sostenido sobre infraestructuras petroleras rusas por parte de Ucrania. En segundo lugar, el policy brief de Sven Biscop:  Summits and Sanctions, War and Peace: Is the EU Still in the Game? Sobre como Europa debería situarse en este contexto marcado por las relaciones conflictuales con y entre grandes potencias. Y finalmente, la tribuna de Josep Borrell: Por una defensa europea más integrada donde señala que una Unión Europea que aspira a ser un actor global no puede ser un “protectorado”, esperando que otros decidan por ella.

Guardianes de la democracia

Verónica Ugarte

Helen Thomas, periodista quien cubrió las ruedas de prensa de la Casa Blanca desde el mandato de Kennedy hasta el de Obama, escribió un libro donde aprecia que los periodistas son los guardianes de la democracia. En él hace énfasis en que siempre fue crítica y tuvo la fuerte convicción de que muchos Presidentes pudieron hacer mejor las cosas.

La Primera Enmienda expresa que nunca un gobierno puede censurar la libertad de expresión y que los medios de comunicación pueden publicar información y opiniones sin restricciones. En otras palabras, la Prensa es el cuarto poder dentro de un Estado Democrático, ya que su obligación es informar, de manera clara y sin tomar partido, de los hechos que acontecen en un gobierno (propio o extranjero) sin tener que medir el tono de sus palabras.

La Primera Enmienda es una de las más importantes, admiradas y ejemplares legislaciones debido a la protección de libertad de palabra, opinión y religión entre otras. Se estudia en varios campos sociales, y se sabe bien que su incumplimiento es un peligro serio para la población a la que defiende.

Los famosos Padres Fundadores fueron, en este sentido, más atrevidos en su tiempo y dicha Enmienda ha sido desarrollada, cuestionada, casi quebrantada (el Watergate, Nixon), pero al día de hoy, y después del asesinato del ultra derechista Kirk, violentada por el loco que está arrastrando a su país a una dictadura de facto.

Jamás se había escuchado a un Presidente de EEUU decir que si un medio no hablaba bien de él, le quitaría la Licencia para las transmisiones. Lo más cerca que posiblemente se había estado de una censura, fueron los tiempos de Nixon acerca de Vietnam y luego las escuchas al Partido Demócrata. Amenazar directamente y sin ambages a la libertad de prensa y de opinión, añadiendo en la peor de las interpretaciones de una mala ranchera que su palabra es la ley, nos lleva directos al abismo.

Porque no es un problema único de EEUU. Es un problema global. Entre las piezas de ajedrez que dicho país posee en el tablero llamado mundo, mueve a su antojo países (como Italia, donde la serie “M”, cuya primera temporada fue un éxito, la segunda fue cancelada, aduciendo a que los momentos que vive Italia no son los mejores para la acogida de una seria que está basada en la pentalogia de Scurassi acerca de la vida de Mussolini) y medios de comunicación que ocultan los hechos, y direccionan el pensamiento del Pueblo, o mejor dicho, sus simpatías y fantasmas eternos.

El asesinato de Kirk ha dado más fuerza a los variopintos personajes, fuerzas ocultas o ya ni siquiera ocultas, del ultraderechismo. La cancelación de programas nacionales donde se criticaba a Kirk, a Trump, a Vance, ha iniciado el peligroso viaje hacia tiempos que otros países conocieron. No habrá censura religiosa o militar. Está siendo la censura del patán que fue votado nuevamente gracias al circo mediático orquestado y alimentado por personajes como Kirk.

La creencia incrustada en más de una mente: blancos, protestantes, americanos puros, ha sido clave desde la época de Reagan para algunas votaciones, pero en estos momentos estamos ante el abismo de la locura. Ya no importa el color de la piel, ya no importa quién fue tu padre. Importa MAGA. “

“Las cosas que usted busca, Montag, están en el mundo; pero el noventa y nueve por ciento de los hombres solo puede verlas en los libros”. Ray Bradbury

Deus lo vol

Julio Embid

Los fines de semana me gusta mucho ir al Galacho de Juslibol. Este es un espacio natural a las afueras de Zaragoza formado por meandros abandonados de la margen izquierda del río Ebro. Es un lugar único, verde y lleno de agua y de vida rodeado por zonas calizas secas donde no crece nada. Está junto a la Academia General Militar y puedes oír los tanques si salen de maniobras y al lado de un pequeño pueblo rodeado de huertas que carece de Ayuntamiento y forma uno de los llamados barrios rurales de Zaragoza: Juslibol.

El origen de este pueblo y de su nombre proviene de la Edad Media, del periodo de la conquista de Zaragoza, entre el Reino de Aragón y la Taifa de Saraqusta a comienzos del siglo XII, que además coincide con la Primera Cruzada que el Papa de Roma organizó junto al Reino de los Francos, el Reino de Inglaterra, los genoveses y varios nobles alemanes para recuperar los lugares sagrados del cristianismo en Oriente Medio. Pues bien, en este pequeño rincón donde resido, al norte de Zaragoza, llegó procedente de Huesca el rey Pedro I de Aragón en 1101 y fundó un pequeño campamento en un cerro donde se podía ver toda la gran capital y lo llamó Deus lo vol (Dios lo quiere). Como el rey no tenía descendencia fue sustituido por su hermano Alfonso I Sánchez de la dinastía Jimena, más conocido como “El Batallador”.

Este rey, tras conquistar las Cinco Villas y cortar en dos la Taifa de Zaragoza, separándola de Tudela, inició un largo asedio para tomar la ciudad que duró nueve meses en 1118. Vinieron veteranos de las cruzadas de toda Europa, bearneses, gascones, germanos, franceses, castellanos y navarros que se reunieron en Deus lo vol para construir máquinas de asedio y sitiar la ciudad, matando a sus pobladores por hambre y destruyéndola con lanzapiedras desde lejos, subidos a una montaña al otro lado del río Ebro. A Saraqusta, que entonces tenía 25.000 habitantes, le llegaron refuerzos desde Valencia y desde Granada, pero no fueron suficientes y en diciembre la ciudad cayó.

El Batallador entró en Zaragoza prometiendo respeto a la población musulmana, que en su mayoría acabó huyendo. La ciudad fue repoblada con colonos navarros y del sur de Francia, y al año siguiente de su conquista, tras asegurar y jurar que mantendría las mezquitas, el rey ordenó derribar la Mezquita Mayor para levantar en su lugar, en pleno centro de la ciudad, la Catedral del Salvador, más conocida como La Seo. Ahí terminó, de hecho, el mito de las “tres culturas”. En Deus lo vol, después conocido como Juslibol, junto al galacho, se levantó un palacio de veraneo para los arzobispos, porque los veranos zaragozanos, entonces, ahora y siempre fueron insoportables.

Hace nueve siglos, Alfonso el Batallador justificó su conquista en el mandato divino. Y hace apenas dos años, en octubre de 2023, otro dirigente volvió a recurrir a Dios para amparar la violencia: Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel. Su ejército inició un asedio sobre Gaza que no puede llamarse guerra: no hay dos bandos equivalentes. Hamás, tras los atentados de aquel año, fue prácticamente aniquilado. Lo que ha seguido desde entonces es una campaña sistemática de destrucción.

Decenas de miles de palestinos – según distintas estimaciones, más de 65.000, entre ellos unos 20.000 niños – han muerto bajo bombardeos, hambre o falta de asistencia. No se trata de bajas militares, sino de civiles – dos tercios del total de muertos – asesinados en sus casas, en hospitales, en las colas de reparto de alimentos. Una limpieza étnica encaminada a vaciar Gaza y sustituirla por colonias agrícolas e instalaciones turísticas en la costa mediterránea. Otro Marina D’Or es posible sobre la sangre de millones de víctimas.

En el Parlamento de Israel – la Knesset – son cada vez más numerosos los grupos parlamentarios de partidos religiosos que basan la política en lo que dicen que su dios les dijo. El libro del Génesis de la Biblia dice que Yahvé le prometió a Abraham, y a sus descendientes (esto es lo importante), toda la tierra que hay desde el Nilo hasta el Eufrates, desde el actual Egipto hasta el actual Iraq. Y a eso se aferran Netanyahu y sus secuaces para empuñar las armas, a la voluntad de Dios. Sólo espero que dentro de mil años, en el Parque Grande de Ciudad de Gaza, no se alce una colosal estatua de Netanyahu. Sería señal de que, como seres humanos, al menos, habremos mejorado algo. 

Si son niños son nuestros

Alfons Salmerón

Si hay algo que me indigna profundamente es la mentira. Y vivimos en el reino de la mentira. La era de la posverdad. La posverdad ha pasado de ser un concepto académico a un lugar común en el discurso político. Cuando el relato se disocia de los hechos, la verdad es una quimera. He ahí la crisis de la credibilidad contemporánea. En el contexto de la modernidad tardía, la posverdad no solo describe una dinámica cultural; es un recurso de la hegemonía del sistema económico y político que se apoya en redes sociales, plataformas digitales y conglomerados mediáticos para moldear percepciones a escala global. Es gobierno de lo perverso.

Las palabras de Ayuso o de Feijóo tildando de violenta una protesta pacífica que trataba de denunciar la complicidad de la Vuelta en la operación propagandística del gobierno israelí para blanquear la muerte de casi 50.000 víctimas civiles, 18.000 de las cuáles son niños me producen verdadero asco. Tratar de convertir en un debate jurídico el asesinato sistemático por parte de un Estado de decenas de miles de personas civiles solo puede ser propio de personas perversas sin alma. Habíamos crecido en consensos que parecían incontestables más allá de las adscripciones ideológicas. El asesinato de civiles sistemático de civiles no es un hecho colateral, sino un crimen de guerra. Creíamos haber crecido con la lección aprendida del holocausto nazi. Algo que nunca más debería volver a ocurrir y sin embargo, algo parecido está volviendo a suceder frente a nuestras narices y resulta aterrador que no exista un consenso democrático capaz de nombrarlo.

Suele decir Jorge Luis Tizón, psiquiatra y psicoanalista que tuve el honor de tener como profesor de Máster de Psicopatología, que hay que estar muy atentos a las emociones que nos despierta el otro. Cuando una persona nos provoca una emoción de asco, sostiene, es muy probable que estemos delante de una persona perversa. El asco es una de las emociones más primitivas y elementales, presentes en nuestro cerebro reptiliano. Una emoción básica para nuestra supervivencia que nos protege de comer alimentos en mal estado por ejemplo. Es importante fiarse de las emociones, siempre y cuando uno tenga bien afinado su sistema límbico. Lo que ocurre es que este entramado de personalidades perversas y narcisistas que dirige el mundo se empeña en darle la vuelta a la realidad, pervirtiendo su significado, imponiéndonos su relato con todos los instrumentos de poder que tienen a su alcance.

“Solo le pide a Dios que el dolor no me sea indiferente” escribía León Gieco para que luego nos lo cantaran tantas voces maravillosas como Mercedes Sosa o en nuestro país Ana Belén. Qué sencillez, ¿no es cierto? Una sola frase que encierra el sentido de ser humanos, del hecho de ser humano, que no es otra que la capacidad que tenemos para sentirnos conmovidos por el dolor ajeno. ¿Han visto ustedes sufrir de dolor a un solo niño sin que no hayan sufrido ustedes también? ¿Verdad que no? Eso espero. El llanto sin consuelo de un solo niño es un hecho insoportable que puede corroborar cualquier persona que lo haya vivido. Pues bien, en Palestina han sido asesinados 17.921 niños según datos oficiales. Un ejército de hombres hechos y derechos han matado a casi 18.000 niños ¿Es posible pronunciar esta frase sin experimentar dolor, rabia o impotencia? No es posible, a menos que sea usted también una persona perversa y merezca también todo nuestro desprecio.

Vivimos el ascenso de un neofascismo global en la expresión cultural de este capitalismo tardío que se caracteriza por la financiarización extrema, el consumo hipersegmentado y la hegemonía de plataformas digitales, que requiere de narrativas que sostengan su legitimidad. La economía de la atención convierte las emociones en mercancía y recompensa los mensajes virales, aun cuando sean falsos. Este modelo favorece la polarización, simplifica los conflictos complejos y castiga los matices creando un terreno fértil para la desinformación. Mata cualquier posibilidad de debate serio al prescindir de los hechos, reinventando y renombrando la realidad. La máxima de Goebbels llevada a su máxima expresión. Una mentira repetida hasta la saciedad se convierte en verdad.

Por todo eso es tan importante lo que ocurrió el domingo en las calles de Madrid. Madrid otra vez, el Madrid popular que desmiente tantos relatos, el Madrid del no pasarán y el de las Asambleas de la Puerta del Sol. Es importante por lo que tiene de resistencia frente a la mentira. Una resistencia íntima que se convierte en un hecho político colectivo. Porque en tiempos de la posverdad no hay acto más revolucionario que el llamar a las cosas por su nombre. Como nos recuerda Jorge Drexler en su última canción:“Un refugiado es un refugiado/Un niño es un niño y el miedo es el miedo/Destierro es detierro/Y una hipocresia es una hipocresía (…) El dedo que aprieta el gatillo debería saber esto/No hay tuyos ni suyos ni míos, si son niños son nuestros”

Amarás a Dios sobre todas las cosas

Verónica Ugarte

Blanco, protestante, estadounidense, hijo de trumpistas, con contacto con las armas desde pequeño. Algunas de las características del asesino de Charlie Kirk

Uno de los predicadores acerca de la verdad absoluta de lo que ocurre en EEUU, fan de Trump, no era más que una marca, una de tantas. Racista, sin empatía (palabra que menospreciaba) hacia el sufrimiento de los inmigrantes indocumentados, niños entre ellos. No le importaba decir que si violaban a su hija, ella debería tener al bebé. Pro Vida, entendía que la vida empieza en la concepción y no en el parto (no era muy inteligente, dado que desconocía las etapas de la menstruación).

En otras palabras, otra voz amenazante que hacía de gran orador pero estudiantes de Cambridge o de un instituto lo podían hundir en un debate debido a su ignorancia, su desprecio por las voces diferentes a la suya y su peligroso populismo que apelaba a la Segunda Enmienda.

Que un aspirante a político no sepa debatir habla de la pobreza de su educación. De su exceso de ignorancia y de atrevimiento. De su falta de responsabilidad por nutrirse de lo que hay más allá de lo que sus ojos y oídos alcanzan. Kirk era un altavoz para los paletos y basura blanca que han dado paso a que llegase Trump la primera y segunda vez al Despacho Oval. También es responsabilidad de individuos así la compra masiva de armas en las calles, los tiroteos en las escuelas y decir “gracias, Dios, por la Segunda Enmienda”.

Tenemos al otrora mejor país del mundo, a la otrora potencia mundial, desnuda. No es solo Trump el Presidente. Vemos claramente quienes lo apoyan: personas que no tienen el menor interés por el bienestar de nadie que no sea el suyo propio.

Kirk era agresivo, violento. Tenía claro que su papel como hombre blanco era el de dirigir y oprimir los derechos de mujeres, minorías. Decir sin arrobo que los inmigrantes debían volver a su país porque eran criminales. Decir que el sistema se había convertido en laxo gracias a las tasas de racismo positivo y por ello tenía el derecho y deber de dudar si un hombre negro estaba capacitado para hacer su trabajo, algo que jamás cuestionaría si fuese blanco.

La extrema derecha de EEUU tiene ahora mismo lo que más necesitaba: un mártir a quien llorar. Un pseudo hombre a llevar a las alturas de panfletos, ceremonias, mítines… Un mártir para la causa ayuda a un Trump que ha llevado al país a su límite de exacerbación, dolor y rencor.

No se trata solo de una polarización política, sino también social. El inglés como idioma no de colonización, sino de supremacía. El color de la piel importa más que nunca. Y un Dios que algunos dicen que existe, lleva a su lado a un “buen cristiano, padre y esposo”.

Las RRSS, gracias a la infame IA, arden de mentiras que deben contrastarse si se es responsable. Si eres un paleto, te crees lo que digan los algoritmos de quienes poseen tu cerebro y tus $100 dólares semanales.

El video de la señora Kirk clamando a la venganza, al odio, es la realidad a la que nos enfrentamos en la profundidad de ese país. Peor fue verla besando al cadáver. Pero como he dicho antes, todo se trata de una marca. De un frente común a favor de lo peor que se puede sacar de una sociedad absurda, racista e ignara.

“Pon la otra mejilla”. “Ama a tu prójimo”. Palabras para ingenuos.

Clinton, Obama y Biden llamaron a la unidad. Trump a la guerra. En política llamar a la esperanza es una necedad. En política se llama a la responsabilidad y se exige que el Congreso esté a la altura para detener esta barbarie. Estamos muy lejos de una guerra civil. Tan solo el mencionarla da rubor. Pero la violencia diaria no debe intensificarse.

En un país donde Dios está en el dólar, debemos decir:

Si tu hermano peca, repréndelo; y, si se arrepiente, perdónalo. Aun si peca contra ti siete veces en un día, y siete veces regresa a decirte “Me arrepiento”, perdónalo. Lucas 17:3b-4.

Israel, déjate de milongas: el PP no aprende

LBNL

Ayer la Vuelta ciclista a España tuvo que suspender su etapa final en Madrid tras varios incidentes en varias etapas anteriores por el boicoteo popular a la participación (obligada al habérsela ganado por puntos) de un equipo propiedad de un judío canadiense amigo de Natanyahu con el nombre de Israel. Servidora, que es aficionado al ciclismo, oyente habitual de la radio deportiva (especialmente la COPE) y admirador desde que destacó en el tour con el Reynolds de Pedro Delgado, está encantado. Y mis amigos israelíes, y judíos de otros lares, también. Uno me ha comentado “As a South African Jewish struggle Comrade wrote to me today: The Spain cycling stuff is the equivalent of the New Zealand protests against Springboks in ’81…”

Es escandaloso que tras la suspensión internacional de Rusia de todas las competiciones internacionales a raíz de su invasión de Ucrania, ninguna instancia deportiva internacional haya tomado la misma medida con Israel. Recordemos: Desde febrero de 2022 se estima que Rusia ha matado a unos 90 mil ucranianos, de los cuales 13 mil civiles. En cambio, se estima que desde octubre de 2023 cuando Hamás la atacó, Israel ha matado a unos 65 mil palestinos en Gaza, de los cuales unos 43 mil civiles. Es decir, el triple de civiles en dos años frente a tres y medio. Cuando la cosa alcanza la condición de barbarie es estéril hacer distingos pero el Israel gobernado por Netanyahu hace bueno a Putin. Pese a lo cual, Israel sigue participando en las competiciones internacionales de futbol, baloncesto, etc, aparte de Eurovisión y lo que sea. Y como se te ocurra argumentar que no debería ser así, más vale que tengas coartada de no antisemitismo, porque te cae seguro, aunque seas judío (“self-hating Jew” les dicen).

Cuando el asedio a Sarajevo salieron 80 mil españoles en Barcelona a denunciarlo (muchos de los cuales no tendrían claro dónde estaba, me atrevo a sospechar). Cuando Bush jr. decidió invadir Iraq para imponer la libertad y la democracia, España volvió a salir a la calle indignada. Ahora el pueblo español no hace sino mantener su quijotismo (entendido como dignidad con independencia del coste) secular contra la barbarie en vista del doble rasero internacional frente a Rusia e Israel. Y a diferencia de otros lares (Francia, Países Bajos…), no son “moros”, islámicos, “marrones” los que se manifiestan sino blancos, oriundos, solidarios y dignos los que lideran las protestas. Y no, los ex etarras, indepes y extremistas no son capaces de movilizar a una gran mayoría del pueblo español que, mal que les pese a la COPE y a Pedro Delgado, sienten que vale la pena arruinar la Vuelta ahora que teníamos la posibilidad de actuar para poner coto a la indignidad internacional.

Israel era un proyecto ilusionante, nunca perfecto pero extraordinario, desde muchos puntos de vista. Su filo-socialismo originario contrastaba con su pecado colonialista pero heredó lo mejor de la democracia británica y verdificó el desierto, se orientó hacia el I+D+i y generó un espacio de libertad de género antes que muchos otros. Los ashkenazíes europeizados laícos decayeron frente a los sefardíes medio-orientales más religiosos y de aquellos polvos estos lodos. Hoy es una democracia muy debilitada que ha perdido toda credibilidad internacional como miembro del club de las “naciones civilizadas”. Porque por muy malo que sea, no se puede matar a un terrorista al precio (en víctimas civiles “colaterales”) que sea. Y menos si son decenas de miles, incluidos niños, mujeres y mayores. O matarles de hambre.

En el gobierno liderado por Netanyahu hay ministros que pertenecen a partidos otrora condenados por terrorismo y odio y el propio Netanyahu lleva décadas (se dice pronto) dejando claro que no quiere paz, que quiere derrotar a la legítima aspiración palestina a un Estado propio, cuando menos a no seguir bajo ocupación militar israelí.

Es mucho más difícil describir todo esto en un artículo como este que percibirlo. Y al pueblo español no le hace faltan artículos para sentirlo. Afortunadamente. No estamos solos. En Irlanda, muy sensibles a la ocupación extranjera, lo sienten igual. Pero Irlanda no es tan grande como España. Ni Eslovenia, ni Luxemburgo, ni Bélgica, ni siquiera los Países Bajos, tradicionalmente filo israelíes (Anna Frank, ocupación alemana) pero hoy a la cabeza también de los que reclaman medidas contundentes de la UE.

La Presidenta de la Comisión Europea, la alemana von der Leyen, anunció la semana pasada medidas contundentes, que se sustanciarán esta semana. Lo habrá hecho por convicción o, más seguramente, por concitar el apoyo de los social-demócratas en el Parlamento Europeo. Lo mismo cabe dudar de Pedro Sánchez. Acosado por todos los lados, el frente israelí sin duda le viene muy bien para desviar la atención. Pero ¿qué hay de mal en hacer lo correcto por mucho que te beneficie?

Algo que no parece ser capaz de entender el PP. Las críticas de Ayuso, Almeida y Feijóo tras la suspensión de la Vuelta han mimetizado las llegadas desde el gobierno ultra de Israel. ¿No son capaces de aprender a no enfrentarse a la mayoría del pueblo español?

Segundo

Juanjo Cáceres

Dicen que las cosas pueden cambiar en un segundo. Yo mismo me di cuenta de ello unas semanas atrás, cuando yendo algo despistado a cruzar la calle, repentinamente, caí en la cuenta de que un grupo de coches se acercaba a mí a toda velocidad. Felizmente, supe recular y la cosa quedó en una vivencia que podía cobrar forma en un texto adecuado para insertarla.

Pero no siempre somos conscientes de lo rápido que puede cambiar todo por una decisión. Ni tampoco, de que algunos cambios que parecen producirse en un instante, en realidad se vienen forjando desde mucho antes.

Puede que convenga traer esto a colación para hacer algunas reflexiones. Hace ya casi 20 años, los estados europeos que hoy componen la Unión Europea, con la firma del Tratado de Lisboa, consolidaban la cesión de buena parte de sus competencias exclusivas e intransferibles a varios órganos supranacionales y en particular a la Comisión Europea. Aunque nos insistieron mucho en que con ello la UE avanzaba en la unión política, inicialmente todos interpretamos que eso no era más que una vía para alinear los Estados con un escenario de liberalización económica un poco más profundo, especialmente siendo este tratado el sucesor del fallido proyecto de Constitución Europea de 2004. Y, en efecto, en esa época de crisis inminente, que podemos resumir como la del «neoliberalismo por un tubo», no fueron pocos los fines relacionados que fructificaron (muchos de ellos en el marco de la OMC), ni tampoco las tentativas que al final sucumbieron (como el ya olvidado AMI – Acuerdo Multilateral de Inversiones-).

A base de reglamentos y directivas, la UE ha ido cambiando el marco jurídico de nuestros Estados y las disposiciones en un sinfín de materias. Todo ello, ciertamente, de forma algo despótica, dada la infinita distancia existente entre comisarios y ciudadanía y la enorme incidencia de los lobbys de Bruselas en cada nueva disposición. Pero con sus titubeos, al menos hasta 2004, lo dimos por bueno, ya que en muchas materias las cosas mejoraron sensiblemente, gracias a esa visión modernizadora venida de fuera que aportaba Europa, pero también por la necesidad de armonizar normas y territorios en momentos críticos – recordemos, por ejemplo, la crisis de las vacas locas y el cambio radical que se implementó después en la gestión europea de la seguridad alimentaria.

También unas décadas atrás, los Estados seguían cortando el bacalao y hoy en día, la labor del Consejo Europeo y del Consejo de la Unión Europea sigue siendo fundamental, pero igualmente la Comisión ha sabido ganar peso político con motivo de ciertos eventos y situaciones. Ello lo hemos notado especialmente en los últimos meses, cuando el mundo se ha inclinado por el amor hacia los altos liderazgos, mientras asistimos desde hace más tiempo a una sensible perdida de materia gris en toda la UE y a una labor legislativa mucho más discutible. Ello ha culminado en las últimas elecciones europeas en un Parlamento que empezaba a ser para darle de comer aparte, una primera espada al frente de la Comisión que produce no pocas inquietudes, la alemana Ursula von der Leyen, y una Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, la estonia Kaja Kallas, que déjala correr.

Pues bien, llegados a 2025, en plena efervescencia armamentística y bélica, hay algunas preguntas sencillas que cabe plantearse.

¿Seguimos estando de acuerdo con el modelo de gobernanza europeo plasmado en el Tratado de Lisboa, teniendo en cuenta que ya no se trata de armonizar las democracias o los espacios económicos, sino que además ahora nos enfrentamos a un cambio drástico en cuanto a la política de seguridad, de guerra y el abordaje del belicismo?

¿Sigue siendo igual de oportuno poner las cuestiones de seguridad en representantes de países que viven obsesionados por supuestas amenazas militares sobre sus fronteras y que como contrapartida solo ofrecen la carta de más inversión en seguridad y más disposición a movilizar tropas fuera del territorio de la Unión Europea con fines defensivos y, si es necesario, ofensivos?

Es obvio que sin la debida autocensura y autocancelación, los fuertes cambios de rasante que se están dando en materia de defensa habrían suscitado un debate mucho más amplio y profundo en el seno de la UE del que están suscitando (no confundir debatir con patalear o con darse golpes en el pecho). Algunos dirán que los tiempos no están para tanta fiesta, ante la amenaza de la extrema derecha, pero como señalaba el antropólogo Manel Delgado en sus redes sociales estos días: “El espantajo de la extrema derecha le va bien a todo el mundo. En la extrema derecha porque se le hace propaganda. A la derecha porque al final quedan como centro. Y a la izquierda porque se entretiene y nos entretiene estando en contra de algo y a favor de nada”. Y en ese “todo el mundo”, podemos incluir el gigante de Bruselas.

Tampoco está de más señalar que ese coloso llamado Unión Europea, en sus funciones más importantes hasta la fecha, que sería el mejorar el desarrollo social y económico de sus Estados y su posicionamiento en el mundo, está haciendo aguas por varios lados. Por un lado, la economía de países claves como Alemania y Francia -especialmente esta última- está hecha unos zorros. Por el otro, no hay que olvidar ni la extrema debilidad exhibida ante la administración Trump, ni su voluntad de inhibirse en lo de profundizar relaciones con otros socios del planeta. De modo que aquí también tenemos una buena incógnita.

¿Para qué sirve este espantajo hoy en día? No está claro, pero la pregunta más importante es: ¿A quién sirve? Y cómo pregunta-resumen, en una única palabra: ¿Sirve?

Departamento de Guerra… ¿civil?

Carlos Hidalgo

La Administración Trump hace tantas barbaridades al día que es muy difícil seguirle el ritmo. E incluso pararse a escoger cuál de las barbaridades que comete es la que merece la pena resaltarse a la hora de comentar la situación en los Estados Unidos.

Tal vez, como me gusta mirar las noticias de economía, sí que me gustaría resaltar que los EE. UU., que siempre rozan el pleno empleo, han dejado de crear trabajo en los últimos meses. Algo que es un poco extraño, teniendo en cuenta que ahora mismo no hay ninguna crisis económica en marcha, aunque las medidas del constructor metido a presidente tal vez la terminen desencadenando. Lo más obvio es decir que este frenazo en la creación de empleo se debe a la cambiante y absurda política arancelaria que, en lugar de crear puestos de trabajo en los Estados Unidos, los resta, porque muchas de las materias primas y productos semi-manufacturados que necesitan las industrias estadounidenses han dejado de llegar. O cuestan mucho más caros. Por poner un ejemplo que tal vez pueda sonar absurdo: en Estados Unidos no hay fábricas capaces de producir dados y fichas de juegos a gran escala. Por tanto, las grandes industrias jugueteras estadounidenses como Hasbro o Mattel, sufren un bruco parón, esperando encontrar proveedores que no sean de China o de México. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con la industria del juego en Las Vegas o Atlantic City, que no solo ha visto su negocio desprovisto de algunas de sus materias primas, sino que además ha experimentado un descenso en el número de extranjeros que vienen a gastarse dinero en sus salones, temerosos de encontrarse metidos en una redada del ICE y deportados a Uganda sin juicio previo.

Otro ejemplo, más alejado de los juegos de mesa y de los de azar, es la redada que se ha hecho en Georgia, donde el ICE ha detenido a dos centenares de trabajadores surcoreanos (y a 300 de otras posibles nacionalidades) en una fábrica de las surcoreanas Samsung y LG. Muchos se encontraban en situación legal dado que contaban con un visado que les permite trabajar durante 90 días y habían ido a reuniones puntuales. Otros tenían un permiso temporal, dado que la administración estadounidense, en cuadro también gracias a la política de despidos masivos de Trump y Musk, se retrasa más de lo habitual en conceder los visados. Lo más gracioso es que ese golpe a las operaciones de la fábrica es un golpe autoinfligido de los propios estadounidenses, que imposibilita a los surcoreanos cumplir los objetivos de inversión y negocio dentro de EE.UU. de un tratado firmado hace poco por el mismo Trump.

El presidente, que despacha todas estas cosas como asuntos sin importancia, también ha cambiado el nombre del Departamento de Defensa (que tiene su sede en el famoso Pentágono y está presidido por el presentador de televisión y alcohólico Mike Hegseth) por el de Departamento de Guerra, un nombre que recuerda a tiempos decimonónicos pero que a Trump, que no ha hecho la mili, ni servido en las FFAA un solo día de su vida, le parece más viril.

De momento parece que Trump le interesa más usar a sus militares para ocupar las ciudades de su propio país. Ya lo está haciendo en Washington, lo hizo a medias en Los Ángeles y apunta ahora hacia Chicago. De hecho, ha anunciado lo de Chicago añadiendo “ahora sabrán por qué le he cambiado el nombre a Departamento de Guerra”.  Aunque también es cierto que Hegseth está acumulando barcos de la Armada Estadounidense cerca de las costas de Venezuela. En principio, para ponerlos a combatir el tráfico de drogas, aunque en la práctica esto se ha traducido solo en la destrucción de una lancha en la que había 11 civiles, que han sido volatilizados en aguas internacionales sin juicio o agresión previa a los navíos estadounidenses, lo que viene a ser considerado ilegal por el derecho internacional.

Está por ver qué clase de “guerra” quiere Trump, pero en un país cada vez más polarizado, al que se somete ilegalmente a la ley marcial, en el que se persigue a los opositores políticos del presidente y que está gestando a la vez crisis de empleo, económica y sanitaria, hace temer que la guerra a la que Trump quiera dedicarse sea una guerra civil.

La política exterior Europea en coma

LBNL

En los últimos tiempos la UE es prácticamente incapaz de acordar medida alguna sobre las dos crisis que dominan el escenario internacional, a saber, Gaza-Israel y Ucrania-Rusia. Hasta el borrador más estéril de declaración conjunta es inmediatamente vetado por Hungría pero también, sobre todo en el caso de Gaza-Israel, por Chequia, Rumanía, Bulgaria e incluso Alemania. De forma que, con la excepción de las sanciones a Rusia, cuyos sucesivos paquetes – se está tramitando el 19º – consiguen superar las barreras a trancas y barrancas a base de concesiones indecorosas y presiones soterradas, la UE no puede actuar.

La buena noticia – no se contenta quien no quiere… – es que, en ambos casos, un grupo de Estados miembros ha decidido actuar por su cuenta, tanto conjunta como individualmente. Sobre Gaza-Israel son una veintena los Estados europeos que han tomado o están preparando medidas individuales para reaccionar a lo que si no es genocidio se le parece tanto. Genocidio o no, la salvajada es evidente. En las guerras de Yugoslavia murieron grosso modo unas 125.000 personas durante una década. Por todos los bandos. En Gaza, Israel ha matado a unas 65.000 personas – dos tercios civiles no combatientes – en menos de dos años.

No es que vayan a cambiar el mundo ni parar la guerra pero al menos esos países europeos, con España en el pelotón de cabeza, están reconociendo al Estado palestino – medida más diplomática-simbólica que efectiva, haciendo declaraciones críticas, apoyando a la Corte Penal Internacional en su procesamiento de Netanyahu (y de varios jefes de Hamás ya asesinados) y proponiendo sanciones económicas a Israel. Estas últimas no prosperarán porque hasta la fecha Alemania sigue votando en contra, incluso contra las misérrimas propuestas de la Comisión Europa para excluir a algunas compañías israelíes del programa de I+D de la UE.

Israel está invadiendo el norte de Gaza y el sufrimiento de los gazatíes no cesa. Parecería que fuera ganando por goleada. Sin embargo, la realidad es que pese a la destrucción de Hamás, Hezbolá y el daño infligido a Irán, la viabilidad a medio y largo plazo de Israel tiene peor pinta que nunca. Internamente el Israel ilustrado, laico, democrático, paladín del I+D+i y defensor de la libertad sexual homosexuales incluidos, ha prácticamente sido reemplazado por una sociedad en la que priman los ultra religiosos mesiánicos y los nacionalistas fascistoides violentos sin escrúpulos para desmontar las garantías democráticas. Y el mundo toma nota, países y sociedades, incluida una parte de la diáspora judía. Con excepción de la española, alineada de siempre con el ala más extrema del PP y Netanyahu… Para alguien que ha disfrutado del Manhatan mediterráeneo en el paraíso de Jaffa, es muy triste sentir que dentro de una, dos o, todo lo más, tres décadas, Israel habrá desaparecido o, en el mejor? de los casos, será otro Estado fallido de Medio Oriente.

Pasando a Ucrania-Rusia, el sátrapa húngaro opera como quinta columnista dentro de la UE, a partes iguales por coincidencia ideológica con su socio “iliberal” Putin como para tratar de asegurarse no ser pasto futuro de sus pulsiones imperialistas. Como la UE no tiene un procedimiento para echar a sus miembros por comportamiento desleal, no cabe sino contemporizar .Y actuar al margen de la UE. De ahí que los integrantes europeos del G-7 (Francia, Alemania, Italia) más Polonia y Finlandia como países fronterizos y la Comisión Europea, además del Reino Unido laborista de Starmer, se ha constituido como la voz europea sobre Ucrania-Rusia. Lideran la “Coalición de los Dispuestos” que trabaja sobre las futuras garantías de seguridad para Ucrania si se alcanza un alto el fuego, le comen la oreja a Trump para que no deje caer a Ucrania y trabajan para desarrollar una defensa europea que nos permita defendernos de la amenaza rusa sin depender de EE.UU.

Mucho se ha criticado el acuerdo comercial con Trump por el que la Comisión Europea aceptó una asimetría en principio totalmente inaceptable. Pero cabe hacer un par de matizaciones importantes. La primera, que el acuerdo es el mejor de todos los alcanzados por otros socios comerciales de EE.UU., lo que puede ser no mucho decir. La segunda es que no parece muy sensato replicar la estulticia de Trump con medidas que van a perjudicar a los consumidores europeos. Al contrario, parece más útil ayudar a encontrar mercados alternativos para nuestros exportadores, como por ejemplo con los acuerdos con Mercosur y México lanzados este miércoles.

Pero la tercera y a mi juicio la más importante, es que cuando estás desnudo enfrente de un violador reincidente como es Rusia y el guardia de seguridad que ha velado por ti durante las últimas cinco décadas amenaza con largarse, no puedes entablar un regateo con él en igualdad de condiciones. Es decir, si eres vasallo más vale interiorizar tu condición y actuar como tal o puedes acabar todavía peor.

De ahí los esfuerzos para desarrollar las capacidades de defensa europeas. Salvo si tienes los vecinos de Costa Rica, si no quieres depender de otro para tu seguridad, tendrás que trabajártela tú mismo. Por eso me irritan tanto las críticas de mis correligionarios de izquierda que braman contra Estados Unidos y, a la vez, contra el incremento del gasto en defensa que nos permitiría ser independientes de EE.UU. Si no gastamos en defensa seguiremos siendo vasallos, más vale tenerlo claro. Y seguiremos teniendo que aceptar que Trump decida los términos que Ucrania tendrá que aceptar para alcanzar la paz. Y no poder oponernos de ninguna manera efectiva al apoyo continuado norteamericano a Netanyahu.

Epílogo: No creo que vaya a haber paz ni en Ucrania ni en Gaza a corto plazo. Me encantaría equivocarme pero mi sombrío diagnóstico se basa en que tanto Netanyahu como Putin están mucho mejor si la guerra no se detiene. La paz sería letal para Netanyahu y una amenaza considerable para Putin, que ya no podrían contar con la polarización provocada por el enemigo exterior satanizado como principal aliada.

Primero

Juanjo Cáceres

Tras un verano repleto de incendios, de realidades bélicas, de pugnas partidistas, de salseo futbolístico, de fallecimientos de artistas, ¿qué es lo primero? ¿Por dónde debemos empezar? Es difícil de decir.

Consideramos la última semana de agosto y a la primera de septiembre como las de inicio del curso político, pero en realidad el curso que estamos evocando no es el político, sino el educativo. Buen ejemplo este, por cierto, de apropiación desde lo político y lo mediático de nociones que no son suyas, pero es algo que sucede muy a menudo. El caso es que, además, el curso educativo no comenzará hasta unos días más tarde, y preveo, por cierto, que se dejarán sentir en él alguno de los titulares notables que también ha dejado este verano: por un lado, el escándalo de las asignaciones de plazas a funcionarios e interinos en Catalunya, para las que el Departament d’Educació se saltó a la torera las disposiciones más elementales de nuestro derecho administrativo y hubo que echar al ruedo deprisa y corriendo a un cabeza de turco; por otro, el fracaso de las oposiciones docentes en varias comunidades autónomas, donde numerosas plazas convocadas se quedan vacantes por los abundantes suspensos y por la falta efectiva de gente que participe en un buen número de materias.

¿Puede ser que estas escenas de la administración y el profesorado guarden alguna relación con los decrecientes rendimientos académicos del alumnado en todos los niveles educativos? ¿O nos limitaremos a echarle la culpa a las pantallas, que como el cabeza de turco catalán mencionado acaban siendo siempre la excusa socorrida? En todo caso, cuando oigan a alguien decir que si los jóvenes de ahora esto, que si los jóvenes aquello, interpélenle sobre cómo son sus padres y sus profes y sobre cómo ejercen sus funciones.

Esto es lo primero que ha salido, pero no sé si es lo primero en importancia. Por momentos se diría que lo único importante en el mundo está protagonizado por Trump. El hombre que todo lo puede, pero que nada consigue, no deja de ocupar páginas y más páginas de nuestros diarios digitales, pero eso de acabar con la guerra en Europa parece que se está complicando. De hecho, si algo nos indica el bueno de Trump es que no tiene demasiados problemas para facilitar que un estado agresor maltrate sin piedad un territorio, como demuestra ampliamente su relación con el genocidio de Gaza. No en vano es Netanyahu quién lo ha propuesto para el Premio Nóbel de la Paz, en una de esas bromas macabras que nuestra civilización nos gasta de vez en cuando.

Pero hay que ser francos y aprovechando que no me lee nadie, comentaré que Trump y Netanyahu pueden ser malos, pero la Unión Europea, en su conjunto y en un sentido distinto, es mucho peor. Respecto a Israel nuestros líderes europeos actúan con una prudencia diplomática tan extrema, que cualquier cosa que digan o hagan se produce con la boca pequeña y de forma muy pasajera. La semana pasada Almodóvar y compañía requerían la ruptura de relaciones diplomáticas, comerciales y de todo tipo con Israel, pero hemos visto y seguimos viendo que los líderes europeos prefieren una posición “chamberleinesca” en la materia.

Menos “chamberleinescos” son cuando hablan de Rusia y Ucrania, pero aparte de estorbar, no hacen mucho más. La premisa esa de que, si cae Ucrania, después invadirán Lituania y después Andorra, tan manoseada ella, no es que les impulse tampoco a aportar gran cosa verdaderamente útil para frenar el desastre ucraniano, pero es ideal para alargar la agonía de una población que vive bajo la amenaza permanente de unos drones que cada vez más a menudo se usan de forma inclemente por parte del agresor. Al estilo de Gaza, donde los europeos saben perfectamente cómo va a acabar el asunto y allí sí que está claro que no mueven un dedo para evitarlo.

Pero donde realmente se aprecia su verdadera talla de estadistas es mediante las visitas a la Casablanca. La última de todas, la de la foto sentados alrededor del sheriff, se ha traducido en algunos logros -ninguno más allá de mantener ese statu quo bélico ucraniano en su forma actual- y mucha sensación de vasallaje. Esto último es lo que más les ha recriminado la prensa internacional a los europeísimos líderes, especialmente porque todo esto tuvo lugar tras una Cumbre con Putin en la que el tipo se hizo las mejores fotos de los últimos años y recibió un reconocimiento diplomático que Europa solo ofrece a Zelenski. Yo, francamente, he de decir que no veo el problema a que vayan de aduladores y a tragarse después el sapo de los centinelas de los medios que condenen la escenita, si eso es lo mejor para el mundo. El problema es que no está claro que nada de lo que hace la Unión Europea, inmersa en una gigantesca crisis de proyecto, sea lo mejor para nadie.

Entretanto en España no han hecho falta drones para que la gente se quede sin casa. Lo de los incendios del noroeste es un drama en el que no se ha insistido lo bastante, sobre todo en comparación con la DANA, porque todo el mundo estaba de vacaciones y porque allí vive mucha menos gente que en la costa. En efecto, porque no decirlo, los incendios han remarcado que las dos Españas de hoy son la España radial-litoral y la España vaciada, y lo que ocurra en la España vaciada, siempre va a tener un impacto menor que lo que ocurre en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Málaga o Bilbao. Hay menos altavoces, menos masa crítica y, no nos engañemos, menos capacidad de sus comunidades autónomas para ejercer con eficacia las mismas competencias que las comunidades de mayor población y poder económico. Y sí, le podemos echar la culpa a los políticos fachas de por ahí. Y sí, podemos preguntarle a Feijóo qué tiene que ver su labor gubernamental con el estado en que ha quedado la zona de Ourense. Pero no menos cierto es que nuestras administraciones, autonómicas o estatales, hacen aguas porque los problemas les sobrepasan y porque en ellas, las ganas de trabajar y de arremangarse tampoco son muy grandes.

Es un momento un poco desestructurante. Las estructuras de que disponemos no funcionan con la eficacia que sería necesario. Las estructuras que necesitamos no se desarrollan. Y, además, aquellas cosas nuevas que consiguen ver la luz, sufren de precariedad sistémica. Nos hacemos viejos. No nos preocupamos de nosotros, aun menos de las generaciones que vienen detrás y damos por bueno nuestro decadente ciclo demográfico, condenando a los más jóvenes a la imposibilidad de tener un techo en edad de procrear y de cobijarse en él. Entretanto les ofrecemos un dispositivo electrónico, varios streamings y un Tik Tok para que no se den cuenta de los que les pasa, ni de lo que pasa en el mundo, facilitando así que cualquier iluminado de las redes les explique la vida a su manera. Pero esa vida es lo que les hemos dejado nosotros, por incomparecencia.

Bien mirado, tal vez los jóvenes deberían de ser lo primero así que, por favor, hagamos al menos una cosa: ya que además les toca pagarnos las pensiones, ¡dejemos de confiscarles todos sus ingresos mediante las rentas inmobiliarias!